"Cree a aquellos que buscan la verdad, duda de los que la han encontrado" (André Gide)
"No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defendería con mi vida tu derecho a expresarlo" (Voltaire)

"La religión es algo verdadero para los pobres, falso para los sabios y útil para los dirigentes" (Lucio Anneo Séneca)
"Cualquier hombre puede caer en un error, pero solo los necios perseveran en él" (Marco Tulio Cicerón)
"Quien no haya sufrido como yo, que no me de consejos" (Sófocles)
"No juzguéis y no sereis juzgados" (Jesús de Nazaret)
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domingo, 15 de septiembre de 2019

Andaraje. Años 70. Recuerdos y elogio de una gran amistad.


Jódar, Jaén, barrio de Andaraje, calle Juan Martin, números 21 y 23.  Mes de Julio/Agosto de 1974. Dos niños, de 9 y 8 años, se disponen a jugar. 

-Rafa, ¿sales?

-Voy, espera que cojo la bici.

Y aquellos  dos niños, con su bicicleta, imaginándose Rafa que era Perurena, y Pablo soñando con ser Eddy Merck, gozaban de su infancia en ese Jódar de los años 70, en el que no había internet, ni móviles, ni falta que nos hacia. No llevábamos reloj, con lo cual volvíamos a casa cuando nos cansábamos, o queríamos beber agua, o acaso porque nos habíamos caído y se trataba de echarnos un poco de alcohol y mercromina en las heridas, casi siempre estábamos con los codos y las rodillas con huellas de caídas y de “sollejones”.  Pero era por poco tiempo, apenas llevábamos dos o tres minutos en casa cuando nos íbamos a la calle otra vez, ante el desconcierto de nuestras madres (¿Donde estara este niño?) si había un terremoto no nos pillaba dentro. Y al dia siguiente, igual, esta vez  era Rafa me buscaba a mi. Recuerdo una vez, no se donde nos metimos Rafa y yo seguramente por la Fuente de Garciez o el Huerto de Melo, que se yo, regresé con la camisa llena de pinchos y de manchas de mora, y esas manchas no salen, lo que me acarreó el consiguiente enfado de mi madre, que me castigó sin salir aquella tarde.

-Pablo, ¿sales?

-No, que estoy castigado.

Pero al dia siguiente se acabó el castigo, y nos fuimos al castillo. Un simple palo era nuestra espada, teníamos mas imaginación que ahora,  juegos inocentes de aquella época, pero que nos hacían disfrutar. Churro, mediamanga, mangotero; jugabamos a las bolas (nada de canicas, nosotros las llamábamos asi), primera, segunda, tercera, pie; matute, y oya. Bola al bolsillo. A las trompas (que no “peonzas”); al futbol, al pilla pilla, al escondite, y corríamos como locos, con brios, con ganas de verdad. Nos metíamos en la fabrica, por entre las torvas, aquello era el paraíso del juego.  O nos sentábamos en la puerta a ver pasar los burros cargados de sacos de aceituna, o con los haces de esparto, y cogíamos una pestuga para darle al burro, o hacerle otras cosas, ideas de críos… hasta jugábamos a la pelota o al tenis en plena calle; como pasaba un coche por la carretera cada media hora, o mas, nos daba tiempo para hacer buenos peloteos en la pared de la fabrica, cosa que me granjeaba, automaticamente,  el enfado de mi padre y de mis tios, porque con el agua (llovia mas que ahora), dejábamos la pared como un Picasso.  Ibamos a comprar el pan al Horno de Ines (en las Callejuelas), el pan podia ser "blanco" y "bazo", a mi me gustaba mas el segundo. Cuando llegaban las navidades íbamos a la carpintería de su primo, enfrente, a coger serrin, para montar el Belen. Eramos felices, solo teníamos una cadena de televisión, y en la mesa se comia y se hablaba, no se estaba con el móvil, como ahora hacen nuestros hijos. A veces su hermana Encarni, a quien mando un beso desde estas líneas, se venía con nosotros.

Por las noches, nos sentábamos a tomar el fresco en la calle, costumbre, hoy, lamentablemente perdida. Oíamos ya aquellos primeros ensayos de ese incipiente grupo Andaraje (su hermano Pepe Nieto y Jesus Barroso fueron los fundadores), que luego se haría famoso, canciones como “La Tarara”  o aquella canción de los de la aurora, que cuando iban por andaraje, ”… llegaban a casa de la Rebeca a que les dieran un buen potaje”, y otras mil anecdotas parecidas, como aquella noche  que no pegué ojo porque mi hermano nos contó un cuento de terror.

Y asi discurría nuestra vida hasta que un buen dia me llevé una mala noticia, un mazazo. Rafa tenia 8 o 9 años, y yo un año mas. Mi amigo  y su familia, se iban para Granada, a vivir.  Recuerdo perfectamente la tristeza que me invadió. Se iba mi amigo. ¿Y ahora que? Me quedo sin Rafa, sin mi amigo, sin mi compañero. ¡Y ahora con quien juego! Pensaba entonces mi mente de aquel niño de 10 años que yo era entonces.

Y si, se fue a Granada, con toda su familia, pero una parte de su corazón se quedó siempre aquí.

Afortunadamente, seguimos teniendo contacto, nunca lo perdimos,  y aquella amistad siguió viva.  Vino la adolescencia, nos escribiamos cartas y nos emplazabamos para cuando vininera el verano, y nos juntabamos de nuevo.  Rafa nunca dejó de regresar a Jódar, vinieron los años de los últimos “guateques”, luego los años de la Universidad, a veces estudiábamos juntos,  el orientó su vida a la Medicina, y yo a la Abogacia. Cotillones de fin de año (¿Recuerdas “Last Christmass”, de Wham?), conoce Rafa a su mujer, Mamen, medico como él, se casan, y yo fui a su boda; luego me caso yo, y ellos vienen a la mia.

Nacen nuestros hijos, pasa el tiempo…corren los años…

Y aquí estamos.  Rafa ya tiene 53, y yo 54.  Además de nuestra amistad, nos une nuestra vocación de servicio a los demás; el,  buen medico, como todo buen medico que se precie, cura o trata de curar enfermedades, con los medios que la técnica actual pone a nuestra disposición; yo, abogado, soluciono, o al menos trato de solucionar los problemas de la gente, inicialmente de modo amistoso, y si no queda mas remedio, mediante la correspondiente demanda ante el Juzgado, a fin de tratar de que el Juez imparta justicia y le de a cada uno lo que es suyo.  Y creo que eso nos llena, concebir tu vida profesional como una vocación de servicio a los demás te llena y te hace feliz. Eso tambien nos une.

Tras algunas vicisitudes posteriores, hace tres años compre la casa de mi niñez, donde me crié, y donde tanto jugamos,  le hice obra y aquí estoy de nuevo, ya con mi mujer e hijos. Siempre vuelve uno al rincón de su infancia…y si no puede, parte de su corazón se queda ahí, para siempre. Y eso es lo que le pasa también a Rafa.  

Ayer, procesión del Cristo de la Misericordia, yo estaba en el balcon de mi casa, con mi esposa, pasaba Rafa  con su mujer e hijos, con la procesión, 14.09.19 y ante mi sorpresa, al pasar por su calle, al verme en mi casa de siempre, donde tanto jugamos, me hizo una foto con el móvil,  y me indica que a la vuelta nos vemos.  Efectivamente, asi fue. Y al ratito, suena el timbre. Y alguien me hace una pregunta, para mi, muy familiar:

-"Pablo, ¿sales?"

Os juro que cuando lo oi, con esa voz tan entrañable, baje corriendo las escaleras con la misma alegría que cuando éramos crios. Nos abrazamos,  y su mujer, Mamen, nos hizo las fotografias que veis.

Pienso que en esta vida es verdaderamente rico  quien consigue hacer feliz a la gente que quiere y quien tiene buenos amigos. Y Rafa es una de estas personas, un ser humano estupendo, como diría Antonio Machado, un hombre “bueno”, en el mejor y mas noble sentido que se pueda imaginar. Tiene un corazón que no le cabe en el pecho y es una persona de oro, con muy buenos sentimientos, ya queda muy poca gente asi.  En medio de este mundanal ruido, el ha sabido, a través de  los años, ser la misma gran persona de siempre, queriendo a los suyos, y no olvidando a sus viejos amigos, como este que escribe.  Me siento afortunado por ello. Hemos sabido conservar y proteger esta buena y gran amistad, y cuidarla con el paso de los años.  El  vive en Granada y yo en Jódar. Pero con el todo es distinto, hay como una especie de “hilo invisible” que nos une, a lo mejor estamos sin vernos meses, o un año o dos, pero cuando nos vemos de nuevo es como si nunca hubiéramos dejado de estar juntos. Es algo maravilloso,  como si nunca se hubiera ido de aquí. Aunque llevemos meses sin vernos, sabemos que estamos ahí,  y eso es un consuelo para el corazón, en  medio de este valle de lagrimas, que es la vida. Siempre es una alegria y un honor  tener grandes, buenos y viejos amigos, como tu, Rafa. Quiera Dios que nos sigamos viendo muchos años.  Y recordad: tenemos una velada “master chef” pendiente en mi casa tu, tu esposa e hijos para cuando queráis, que ojala sea  pronto...! 

Un fuerte abrazo, Rafael,  y que Dios os bendiga. Hasta muy pronto.

Pablo J. Gamez.

1 comentario:

Migue dijo...

Preciosos recuerdos de una niñes y adolescencia con juegos y diversiones que no los pueden tener los de nuevas generaciones.
Hoy hay menos calle y más uso de celulares.
Excelentemente narrada.
Un abrazo.