"Cree a aquellos que buscan la verdad, duda de los que la han encontrado" (André Gide)
"No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defendería con mi vida tu derecho a expresarlo" (Voltaire)

"La religión es algo verdadero para los pobres, falso para los sabios y útil para los dirigentes" (Lucio Anneo Séneca)
"Cualquier hombre puede caer en un error, pero solo los necios perseveran en él" (Marco Tulio Cicerón)
"Quien no haya sufrido como yo, que no me de consejos" (Sófocles)
"No juzguéis y no sereis juzgados" (Jesús de Nazaret)
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viernes, 3 de septiembre de 2010

No, no ha sido un sueño.

Los jueves, Quijote.

Para el grupo de lectura del Quijote en LA ACEQUIA.

Ojalá lo hubiera sido. Pero no: D. Quijote ha sido real y verdaderamente vencido en la playa de Barcelona, y creo que el lector se queda frotandose los ojos, incrédulo ante esta derrota, que sucede cuando menos lo esperabamos. ¡N’est pas possible! Parece una broma del destino, y buscamos alguna explicación: quizás Arcalaus, Merlín, Frestón o algun otro encantador haya hecho otra vez de las suyas: pero no. D. Quijote ha sido vencido, esta vez sí, y ha de regresar a su casa.

Nada es eterno, y todo se acabó: D. Quijote no podrá volver a levantar espada, la cual ha de cambiar por la “rueca”, como el mismo reconoce en un deje de amargura profunda.

Y por fin nos enteramos de quien es, en verdad, el caballero de la Blanca Luna, aunque ya nos lo barruntábamos. Cuando leí por primera vez el Quijote (yo era un niño de doce años) me deprimí enormemente leyendo el episodio de su derrota; pero luego, al saber en el capitulo siguiente (el 65, el que comentamos esta semana) quien era el caballero de la Blanca Luna (Sanson Carrasco), lloré, pero de ira, de rabia, de indignación contenidas; no comprendía como el bachiller podia enfrentarse a D. Quijote. ¿Qué motivos tenía? Interrumpí la labor de mecanografiar la novela casi un mes, me quedé en el capitulo anterior a éste, aunque luego la reanudé, y finalmente la culminé, lo recuerdo perfectamente. Pero es como si el Quijote hubiera perdido sabor para mí, casi perdí mi interés por leerla, y termine de mecanografiarla -lo confieso- casi como un autómata.

¿Volver a su pueblo durante un año entero? Si; el odioso bachiller, “socarrón”, “de nariz chata”, "boca grande", “carirredondo”, de “maliciosa” condición, “perpetuo trástulo y regocijador de los patios de las escuelas salmanticenses” y “amigo de donaires y de burlas” (las palabras entrecomilladas son del propio Cervantes, recordémoslo, al cual deduzco que no debia de caerle muy bien dicho personaje, parece obvio) vence sin misericordia a D. Quijote y nos priva, a todos, lectores de ayer, hoy y de siempre, del gozo de sus aventuras. Y no me fiaba (y ahora, con mis 45 años, menos aún) de sus intenciones: creo que volvió a enfrentarse con D. Quijote por simple venganza, no con la buena intención con la que, falsamente, le habla a D. Antonio Moreno (tengamos memoria y recordemos las palabras del bachiller cuando era el caballero de los Espejos y fue vencido: “…y no me llevará ahora a buscarle el deseo de que cobre su juicio, sino el de la venganza, que el dolor grande de mis costillas no me deja hacer más piadosos discursos”).

Otra cuestión es el por qué Cervantes elige al bachiller como causante de la ruina final de nuestro querido hidalgo: quizás para que las generaciones futuras le tuviesen la misma antipatia (o parte de ella) que, estoy seguro, Cervantes ya sentia hacia Carrasco, el cual pasara a la historia como el gilipollas de turno y graciosillo ocurrente, cuya odiosa socarronería acabó con el sueño de D. Quijote. La madre que lo parió. Bueno, contente un poco y frena tu ira, Cornelivs, pues, al fin y al cabo: ¿no es Carrasco una representación de la realidad? ¿No es la vida algo burlesco y socarrón, que nos despierta de nuestros sueños a golpes de realidad?

Pero hay otra cosa mas: las palabras que D. Antonio Moreno dirige a Carrasco cuando éste revela su identidad y los motivos de su actuar. Estas palabras me hacen aplaudir a D. Antonio Moreno, y me lo confirman como hombre bueno, cuya intención era divertimento sano a costa de D. Quijote, pero con un limite de nobleza. Y me explico. Fijémonos en la enorme diferencia que existe en el comportamiento que con D. Quijote guarda D. Antonio Moreno -de quien Cervantes no dice que fuese noble ni nada por el estilo- y los duques. ¡Que enorme diferencia con la perversa e incalificable burla continua de los odiosos duques hacia D. Quijote! A estos duques tan majaderos no le importaban un pimiento la salud fisica ni psiquica del hidalgo manchego; no tenian en cuenta que detrás de D. Quijote vivia Alonso Quijano, un ser humano, y no le mostraron respeto ni conmiseración alguna, lo unico que querian era divertirse a toda costa de él, pasara lo que pasase, querian tener un bufón gratis todo el tiempo que les fuese posible. Menos mal que por fin nos libramos de ellos. (¿O no?)

Veamos ahora lo que dice D. Antonio Moreno.

-¡Oh, señor —dijo don Antonio—, Dios os perdone el agravio que habéis hecho a todo el mundo en querer volver cuerdo al más gracioso loco que hay en él! ¿No veis, señor, que no podrá llegar el provecho que cause la cordura de don Quijote a lo que llega el gusto que da con sus desvaríos? Pero yo imagino que toda la industria del señor bachiller no ha de ser parte para volver cuerdo a un hombre tan rematadamente loco; y, si no fuese contra caridad, diría que nunca sane don Quijote, porque con su salud no solamente perdemos sus gracias, sino las de Sancho Panza su escudero, que cualquiera dellas puede volver a alegrar a la misma melancolía. Con todo esto, callaré y no le diré nada, por ver si salgo verdadero en sospechar que no ha de tener efecto la diligencia hecha por el señor Carrasco.

Estas palabras me dan a entender que D. Antonio Moreno muestra mucha mas nobleza: se divierte enormemente con D. Quijote, pero no parece divertirse de él, sino con él -no es lo mismo- e intenta demostrar hacia el mismo una nota de humanidad y hasta de cariño. Yo creo percibirlo así: D. Antonio Moreno no dice que se ria de D. Quijote, sino del “gusto que da con sus desvarios”, es decir, con su comportamiento y con sus acciones; y muestra disgusto, por la partida del hidalgo, pero al mismo tiempo caridad hacia D. Quijote.

Paso por alto el suceso de Ricote con Ana Felix.

Saludos.

jueves, 2 de septiembre de 2010

Sobre evolución, ADN y cromosomas.

Venimos aquí desnudos de cuerpo y vacios de mente: nada hay en nuestro cerebro cuando nacemos. Aprendemos poco a poco, sobre todo de nuestros errores; y serán en la mayoria de las ocasiones los mismos errores que antes de nosotros ya cometieron las generaciones que nos precedieron.

Por ello cada nacimiento es un nuevo inicio de la creación, un nuevo comienzo de todo: un eterno punto de partida, una perpetua vuelta a empezar.

¡Si al menos la experiencia y la sabiduría de tantas generaciones pasadas se pudieran transmitir a un recién nacido, si la evolución hubiera dotado a la especie humana de mecanismos que hicieran posible transmitir esa información a las nuevas generaciones de algun modo, por el ADN, o vía cromosómica, por ejemplo, de modo que no tuvieramos que empezar de nuevo cada vez, quizás el mundo avanzaría de veras, y por supuesto más rápido...! Claro que, quizás entonces nos convertiríamos en dioses o sabios.

Pero no es así. Solo nos podemos aprovechar de los avances tecnologicos y cientificos. Pero nada más.

Porque nadie escarmenta por cabeza ajena: de nada le sirve la sabiduría de los cientos de sabios que nos precedieron a un recien nacido: tiene que comenzar a aprenderlo todo de nuevo.

Y el mundo de los sentimientos, igual. Pues…¡que decir, por ejemplo, de un joven enamorado hasta los tuétanos de una chica! Solo atenderá al corazón, no a la mente. La experiencia aparece con los años. Todos hemos pasado por ahí, ¿verdad?

Y por si fuera poco, cuando queremos vivir, no sabemos; pero cuando ya sabemos vivir, no podemos, porque se nos acaba el tiempo. La experiencia, o ese “peine que nos regalan cuando ya somos calvos”, como muy bien decia nuestro buen amigo el Gaucho, a quien envio un cordial saludo (me gustó mucho esa frase tuya, Gaucho). En definitiva: creo que, o bien esto está mal diseñado, o acaso es manifiestamente mejorable.

Pero es lo que hay.

Saludos.



miércoles, 1 de septiembre de 2010

Que poco hemos cambiado...

"Sin causa alguna se quejan los hombres de que su naturaleza es flaca y de corta duración; y que se gobierna más por la suerte, que por su virtud. Pero si bien se mira, se hallará, por el contrario, que no hay en el mundo cosa mayor, ni más excelente; y que no le falta vigor ni tiempo, sí sólo aplicación e industria. Es, pues, la guía y el gobierno entero de nuestra vida el ánimo, el cual, si se encamina a la gloria por el sendero de la virtud, harto eficaz, ilustre y poderoso es por sí mismo; no necesita de la fortuna, la cual no puede dar ni quitar a nadie bondad, industria, ni otras virtudes. Pero si, esclavo de sus pasiones, se abandona a la ociosidad y a los deleites perniciosos, a poco que se engolfa en ellos y por su entorpecimiento se reconoce ya sin fuerzas, sin tiempo y sin facultades para nada, se acusa de flaca a la naturaleza, y atribuyen los hombres a sus negocios y ocupación la culpa que ellos tienen. Y a la verdad, si tanto esmero pusiesen en las cosas útiles, como ponen en procurar las que no les tocan, ni pueden serles de provecho, y aun aquellas que les son muy perjudiciales, no serían ellos los gobernados, sino antes bien gobernarían los humanos acaecimientos, y llegarían a tal punto de grandeza, que, en vez de mortales que son, se harían inmortales por su fama.

Porque como la naturaleza humana es compuesta de cuerpo y alma, así todas nuestras cosas e inclinaciones siguen unas el cuerpo y otras el ánimo. La hermosura, pues, las grandes riquezas, las fuerzas del cuerpo y demás cosas de esta clase pasan brevemente; pero las esclarecidas obras del ingenio son tan inmortales como el alma. Asimismo, los bienes del cuerpo y de fortuna, como tuvieron principio, tienen su término; y cuanto nace y se aumenta llega con el tiempo a envejecer y muere; el ánimo es incorruptible, eterno, el que gobierna al género humano, el que lo mueve y lo abraza todo, sin estar sujeto a nadie. Por esto es más de admirar la depravación de aquellos que, entregados a los placeres del cuerpo, pasan su vida entre los regalos y el ocio, dejando que el ingenio, que es la mejor y más noble porción de nuestra naturaleza, se entorpezca con la desidia y falta de cultura; y más habiendo, como hay, tantas y tan varias ocupaciones propias del ánimo, con las cuales se adquiere suma honra.

Pero entre éstas los magistrados y gobiernos, y en una palabra, todos los empleos de la república son en mi juicio en este tiempo muy poco apetecibles, porque ni para ellos se atiende al mérito, y los que destituidos de él los consiguen por medio de fraudes, no son por eso mejores ni viven más seguros. Por otra parte, el dominar un ciudadano a su patria y a los suyos y obligarles con la fuerza, aun cuando se llegue a conseguir y se corrijan los abusos, siempre es cosa dura y arriesgada, por traer consigo todas las mudanzas de gobierno muertes, destierros y otros desórdenes; y, por el contrario, empeñarse en ello vanamente y sin más fruto que malquitarse a costa de fatigas, es la mayor locura; si ya no es que haya quien, poseído de un infame y pernicioso capricho, quiera el mando para hacer un presente de su libertad y de su honor a cuatro poderosos. Entre las ocupaciones, pues, propias del ingenio, una de las que traen mayor utilidad es la historia; de cuya excelencia, porque han escrito muchos, me parece ocioso que yo hable, y también porque no piense alguno que ensalzando yo un estudio de mi profesión, quiero de camino vanamente alabarme. Aun sin esto, creo que habrá algunos que, porque he resuelto vivir apartado de la república, llamen inacción a este tan grande y tan útil trabajo mío; y éstos serán sin duda los que tienen por obra de plebe y captar su benevolencia a fuerza de convites; los cuales, si reflexionan, lo primero en qué tiempos dores míos no los pudieron alcanzar, y además de esto, qué clases de gentes han llegado después a la dores, reconocerán sin duda, que no fue pereza la que me hizo mudar de propósito, como quieren llamarme, soy de más provecho a la república, que ellos ocupados. Porque muchas veces Publio Scipión y otros les inflamaba vehementísimamente el ánimo para la memoria de sus hechos se avivaba en los ánimos de aquellos grandes hombres una llama, que nunca se apagaba hasta igualar con la propia virtud su reputación y gloria. Pero al contrario, ¿quién habrá hoy tan moderado que no exceda a sus antepasados en gastos y riquezas, o que pueda competir con ellos en bondad e industria? Hasta los hombres nuevos y advenedizos que en otro tiempo solían granjearse anticipadamente el grado de nobles a costa de su valor, aspiran hoy a los magistrados y honores, más por vías ocultas y latrocinios que por buenos medios, como si la pretura, el consulado y demás empleos de esta clase fuesen por sí ilustres y magníficos, y no deban solamente estimarse a proporción del mérito del que los obtiene".

Cayo Salustio Crispo, historiador romano (1 de Octubre de 86 a.C – 13 de Mayo de 34 a.C)

Saludos.