"Cree a aquellos que buscan la verdad, duda de los que la han encontrado" (André Gide)
"No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defendería con mi vida tu derecho a expresarlo" (Voltaire)

"La religión es algo verdadero para los pobres, falso para los sabios y útil para los dirigentes" (Lucio Anneo Séneca)
"Cualquier hombre puede caer en un error, pero solo los necios perseveran en él" (Marco Tulio Cicerón)
"Quien no haya sufrido como yo, que no me de consejos" (Sófocles)
"No juzguéis y no sereis juzgados" (Jesús de Nazaret)
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miércoles, 27 de junio de 2012

¿A quien buscaría?


Alguna vez me he hecho a mi mismo esta pregunta: llevo ya veinte años ejerciendo la abogacía. Pero si yo no fuera Abogado y necesitara uno, ¿a quien buscaría? Obviamente buscaría al mejor, pero qué duda cabe de que tal búsqueda es difícil, pues el cliente es lego en temas jurídicos y no puede juzgar sobre cuál es el mejor con criterios objetivos: ha de guiarse por la experiencia ajena, la cual no conduce  nunca a puerto seguro. Por ello, no buscaría al mejor ó al que más éxito tuviera, pues muchas veces el éxito  es una casualidad, o acaso una tremenda injusticia.

Yo buscaría al más sano de corazón, al mas sincero, es decir,  a aquel que me dijera la verdad, a aquel que no me engañase prometiéndome el oro y el moro, porque todos sabemos que quien decide finalmente es el Juez.  Me interesaría por el abogado  que me informara desde el primer momento de las posibilidades reales, he dicho reales, de éxito o fracaso de mi pretensión, coste aproximado del asunto (lo más exacto posible), y que, en definitiva, cumpliera el código deontológico, y disculpad por mi insistencia: que me fuera sincero.

¿Desde cuándo la bondad y la sinceridad son cualidades incompatibles con la eficacia?  Abramos los ojos. Se puede ser sincero y ser igualmente  un profesional eficaz. En mi opinion, el mejor no es el mas pillo, ni el que más chalanea con unos y con otros, sino el que mejor argumenta, el que mejor sabe (o puede) convencer al Juez, claro está, con los medios de prueba que tenga en la mano.

Estoy firmemente convencido de que  se puede perdonar un error, todos nos equivocamos al fin y al cabo, pero perdonar una mentira me parece mas difícil, y máxime si proviene de un profesional que ha de ser honesto, porque coloca al cliente en una posición muy difícil. El cliente no sabe donde va: el abogado si, por eso su obligación de ser honesto y sincero adquiere especial relevancia. Lo que sucede es que en muchas ocasiones la honorabilidad de todo un gremio es puesta en tela de juicio por  las fechorías que comete un sector de ese gremio.

Entiendo que se puede hacer una abogacía basada en principios éticos, en la confianza y sobre todo: en la verdad, en la sinceridad con el cliente: si veo el asunto, lo veo, y si no lo veo, pues mire usted, no lo veo. Y punto. No disminuyamos nuestra propia importancia, pero tampoco la magnifiquemos: que no somos dioses, sino simples personas con conocimientos jurídicos que tratan de solucionar (mejor, contribuir a solucionar) los problemas ajenos.

Trabaja lo mejor que puedas/sepas y duerme tranquilo: que sea lo que el Juez decida.  Ya sabes que tu obligación no es de resultados, sino de medios. Y en tu quehacer diario, un consejo, compañero: procura no equivocarte, pero si cometes un error, reconócelo, y aprende de ese error: se honrado. Aprende de Cicerón, fijate en la frase que tengo en la cabecera de este blog. Pero sobre todo, y por favor, no engañes, hombre, no  engañes al cliente. Por todos los dioses.

 Saludos.