"Cree a aquellos que buscan la verdad, duda de los que la han encontrado" (André Gide)
"No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defendería con mi vida tu derecho a expresarlo" (Voltaire)

"La religión es algo verdadero para los pobres, falso para los sabios y útil para los dirigentes" (Lucio Anneo Séneca)
"Cualquier hombre puede caer en un error, pero solo los necios perseveran en él" (Marco Tulio Cicerón)
"Quien no haya sufrido como yo, que no me de consejos" (Sófocles)
"No juzguéis y no sereis juzgados" (Jesús de Nazaret)
. . .

viernes, 8 de enero de 2010

Comienza el "cachondeo"

Para el grupo de Lectura del Quijote en La Acequia.

En este capitulo 31 veo a D. Quijote alucinado de satisfacción, inicialmente está en el limbo o mejor, en el paraíso. Y es que tras tanto traspié con la dura realidad, por fin le parece que los encantadores le dan un respiro y ve las cosas como son en sus libros encantados: ve un castillo porque real y verdaderamente está en un castillo. Y no es un castillo cualquiera: es un castillo de unos grandes señores. Por si fuera poco, a él lo tratan ahora de la misma forma y con idéntica solemnidad a como trataban antiguamente a los caballeros andantes, de modo que D. Quijote está lleno de satisfacción y me lo imagino afirmándose con gallardía encima de Rocinante, y disfrutando, pero, oh cosa curiosa: también muy sorprendido. Dice Cervantes: ”de todo lo cual se admiraba don Quijote; y aquel fue el primer día que de todo en todo conoció y creyó ser caballero andante verdadero, y no fantástico, viéndose tratar del mesmo modo que él había leído se trataban los tales caballeros en los pasados siglos.”

Pero hay un problema: el escudero no está a su altura, y D. Quijote lo sabe de sobra. Es lo único que le va a incomodar durante muchos dias: su escudero. D. Quijote conoce a Sancho, y le reprende y conmina a que se esté calladito, pero de poco le va a valer. Recordemos que en la primera parte, cuando eligió a Sancho le asaltaron las dudas: no había leído nunca en sus libros que ningún escudero cabalgara asnalmente, ante lo cual se decidió a cambiar al borrico de Sancho por el primer caballo que se presentase. “Vuestras grandezas manden echar a este tonto…”, dice D. Quijote, el cual, insisto, está muy incómodo con Sancho, y quiere que hable lo menos posible: no se fía de él ni un pelo. Pero la malvada duquesa le da cuerda, con lo cual Sancho campa a sus anchas.

Y los duques, "cuyo titulo aún no se sabe" –y quizás mejor así- comienzan el cachondeo. Si, se van a reir hasta hartarse de nuestros dos protagonistas, a quienes ya conocen pues -al igual que nosotros- habían leído ya la primera parte de la novela. Lo primero en lo que piensan los duques al ver a D. Quijote y a Sancho es en pasárselo bien divirtiéndose y riendose de ellos muy a su placer todo el tiempo que pudieran. Pensarian: "¡Vaya, mirad que dos vienen a vernos, tenemos bufones gratis por unos dias, ya tenemos la risa asegurada!" No me parece muy ético que digamos. Les falta tiempo a estos dos chorizos redomados (si, asi llamo a los duques) para reírse del caballero andante y del escudero andado, pues no han llegado aún su castillo cuando ya hacen que se adelanten sus criados para organizarlo todo y darle la bienvenida caballeresca a D. Quijote, comenzando así una coña marinera que va a durar unos cuantos dias.

El capitulo es extraordinario y maravilloso, y como el mejor comentario ya lo escribió Cervantes y es el capitulo mismo, disfrutemos de su lectura. Si acaso, destacar dos maravillas: una es el coloquio entre Sancho y la dueña doña Rodríguez. Y la otra maravilla es el cuento que narra Sancho. Dos piezas deliciosas.

En mis anteriores colaboraciones para La Acequia ya hablé del cambio de actitud de Cervantes hacia su propio personaje: D. Quijote. En la primera parte se ríe de él. En esta segunda, lo respeta y termina amándolo (he dicho bien), mimándolo, casi emocionándose Cervantes al final, como comprobaremos en su momento oportuno. Entonces, si tanto ha evolucionado el personaje de D. Quijote, responde Cornelivs: ¿Por qué permite Cervantes que ahora unos desalmados duques se burlen de el?

Cervantes es una mente maravillosa y sabe lo que hace: sabe que D. Quijote mueve a risa al personal, (tengase en cuenta que los duques habían leído la novela) de modo que realiza, en mi humilde opinión, una auténtica proeza: ¡enfrenta al personaje de la novela…con su propio público, con sus propios lectores, con los que han leído la novela!

¡Y ahí esta uno de los muchos misterios del Quijote!

Cuando observo a los duques, veo la reacción que nuestra inmortal novela despierta en la sociedad de su tiempo y tambien en la del nuestro: un libro para hacer reír (esto es muy obvio, recordemos a Sansón Carrasco y como define la primera parte de la novela). Veo lo que piensa el público, tanto el del S. XVII como el actual. Veo lo que piensa un espectador que, desde fuera, no profundiza la compleja personalidad de D. Quijote.

Sin embargo, cuando observo al caballero y al escudero, lo que veo es algo muy distinto, pues es como si Cervantes se escondiera tras D. Quijote: veo claramente lo que Cervantes pensaba de esa reacción del público, lo que opinaba del efecto que había causado su novela; y fundamentalmente, el cariño que su personaje llegó a inspirar a nuestro inmortal escritor. Y por que no: quizás supo anticiparse a lo que nosotros ibamos a pensar de todo ello.

Cervantes, maestro de maestros, es increíblemente inteligente. Sabía que se reirían de D. Quijote; pero el eco de la novela fue tan grandioso que observo a D. Miguel acudir en la segunda parte, muy rápida y prudentemente, en consuelo y auxilio de su propio personaje: desde el primer momento se nota el cambio de actitud del autor hacia su personaje, hacia D. Quijote. Y cuando lee a Avellaneda, más, si cabe: lo eleva aún más.

Y atención: nuestro inmortal novelista le da un tirón de orejas a los que se ríen de su caballero, en este caso, a los duques. No se si me explico. Da una de cal y otra de arena. Veamos, aparece en escena un eclesiástico, del cual inicialmente parece hacer un mal retrato (“Destos que…”). Pero yo creo que no es así, pues no lo asegura, ya que dice destos tales, digo que debía de ser el grave religioso que con los duques salió a recebir a don Quijote.”

“Debía de ser”, no dice que lo “fuera” efectivamente. Además, más adelante lo llama venerable varón. Y para colmo, si vemos la reacción que tuvo el eclesiástico, (que llega a enojarse mucho con el duque a quien valientemente llama “sandio”, como veremos) es completamente normal y explicable, al meno yo hubiera reaccionado exactamente igual que él, y desde luego, el eclesiástico se gana toda mi simpatía, pues comparto su enfado , los motivos de ese enfado, y la valentia que tuvo para hablarle a los duques a la cara.

Yo creo que de ahí proviene el contraste de la altura de D. Quijote (un caballero humilde) con la miseria espiritual de los Duques (grandes de España). Y es que la nobleza no se define por el nacimiento sino por nuestros actos, y Cervantes lo sabe perfectamente bien. Y hay mucho más.

Pero no adelantemos, lo veremos en su momento.

Saludos.

9 comentarios:

mariajesusparadela dijo...

Y con ese criado, también ensalza al señor.

Pamela dijo...

QUé maravilla tu blog, le lleva de todo! me encanta!

La sonrisa de Hiperión dijo...

Es que te imaginas a Cervantes echándole huevos a la cosa, y diciendo... de esos me rio yo a carcajada limpia...

Saludos y un abrazo enorme.

pancho dijo...

Esta vida regalada de "la casa de placer" es mejor que las calamidades de Sierra Morena y los caminos manchegos.

Cervantes sabía hasta dónde podía llegar con la crítica a la Iglesia y a la nobleza, además tenía que vivir de ellos si quería dedicarse a escribir, tenía las manos atadas.

Para que la novela pueda continuar de la manera que parece que apunta, el capellán no puede tener una vida larga en ella.

Buena reflexión personal sobre los aspectos esenciales del capítulo.

Paco Cuesta dijo...

En el fondo hace ilusión ver a D. Quijote y Sancho felices. Durante el tiempo que dure la función estará realizados vamos a mantener el telón alzado un ratico más.
Un abrazo

Mai Puvin dijo...

Excelente, me atrapa!... Hacés que le ponga tantas miradas diferentes... y no solo a Cervantes.

Abrazos hidalgos! jajajaja

MA dijo...

Maravillosa alucinaciones de don Quijote , es divino alucinar para estar en otro lugar y vivir como lo deses, de fantasías y sueños y salir de la dura realidad Me encanta entrar en tu espacio y visitar tu casablog .


Un abrazo de amistad de MA

El Hippie Viejo dijo...

ya estoy enganchado con tu relato estimado Cornelivs porque realmente atrapa.

te dejo un abrazo Grande y un deseo de hermoso fin de semana!

Adal

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

En efecto: es un libro que habla de las lecturas en todas sus dimensiones y todo ello sin dejar de mirar la España de su momento. Excelente análisis, querido amigo.