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viernes, 5 de febrero de 2010

Azotes

Para el grupo de lectura del Quijote en La Acequia.

Capitulo 35. Ya sabemos que Sancho fue el encantador y embustero en el asunto del encantamiento de Dulcinea, y “tanta su simplicidad”, dice Cervantes, que creyó que real y verdaderamente estaba encantada. Ahora bien ¿lo creyó de veras o es que quiso creerlo, por la cuenta que le traía? ¿Qué motivaciones tuvo Sancho para creer tan semejante disparate, o hacer como que lo creía? Porque lo que “no me trago” es que Sancho se lo creyera a pies juntillas: ha progresado mucho, como persona y como personaje, y podrá ser rústico, poco espiritual, lo que se quiera: pero no tonto, desde luego. Sancho vio lo que vio: tres labradoras. ¡Y ahora quieren hacerle creer que era Dulcinea! ¡Que su mentira es verdad!

Pero si D. Quijote desea que Dulcinea vuelva a ser la que era, es decir la sin par princesa universal de la hermosura, tendrá que ser a costa de los lomos de Sancho, que deberá de darse 3.300 azotes, quizás sea además un castigo del destino por mentiroso y por haber engañado tan delicadamente a su señor don Quijote. Por cierto, lo que no entiendo es el número. ¿Tiene alguna simbología? Ni idea. Me gustaría que Pedro Ojeda Escudero nos explicase el por qué del numero (han de ser justamente 3.300 y no 1.758 o 6.600).

Pero esto…es muy extraño, muy grotesco, muy basto, no se…me recuerda a la película de Berlanga “La escopeta nacional”, o “El disparate nacional” (con el inolvidable Luis Escobar interpretando al “marqués de Leguineche”, adorables films), lo veo todo muy absurdo, muy “chabacano”, empezando por el “actor” que hace de Merlin, que comienza su interpretación “con voz algo dormida y con lengua no muy despierta”. Por si fuera poco, luego aparece Dulcinea con un lenguaje tan basto, que hasta Sancho el rústico se da cuenta: quiere saber “adónde aprendió el modo de rogar que tiene”, pues viene a pedirle que se abra las carnes a azotes, y lo llama “alma de cántaro” y “bestión indómito”. Hombre, eso no es muy propio que digamos. Mas adelante, el propio Merlin, mago de magos, al referirse a Montesinos dice que aun le falta la “cola por desollar” (¡pero bueno, ni que estuviera en una matanza!); de modo que Sancho les insta a todos que aprendan “a saber rogar y a saber pedir y a tener crianza”, es decir, que se comporten como lo que son: gente de titulo. Hasta Sancho es más elegante que ellos, y eso que Sancho es rústico –y no poco-.

En fin, algo si esta claro: los “guionistas” de la burla no eligieron un lenguaje muy fino, ni muy señorial, ni se distinguieron por su elegancia ni por su sofisticación, no. E inevitablemente, ello me hace pensar que quizás los duques no eran duques “viejos” o de raigambre, sino nuevos, y me explico: seguro estoy que eran duques de un ducado de reciente creación, y apostaría un buen par de rondas de cervezas (que ya hacia tiempo que no apostaba) a que el padre o los abuelos de los duques debieron de ser plebeyos, estoy casi seguro. Obviamente esto es una hipótesis personal mia, quizás errónea, pero es que el comportamiento de este par de “bellotos” (palabra muy “jaenera”, de mi tierra) me lo da a entender; porque si verdaderamente fueran duques de raigambre, hijos, nietos y biznietos de duques, mostrarían mucha más elegancia, nobleza y grandeza de espíritu que la que muestran este par de mequetrefes bellacos. Cervantes sabe retratarlos muy bien, e inteligentemente oculta su titulo: escribiría muy mal de estos duques.

Ante tal panorama, la cólera de Sancho se dispara: Abrenuncio, es decir, ¡a mi culo no lo toca nadie!

No obstante, al final la codicia y el interés (¡ay!) consiguen ablandar a Sancho: sin azotes no hay gobierno que valga. Y este gobierno le ha costado muchos palos, kilómetros, manteamientos y ratos de hambre como para echarlo ahora todo a rodar por tan solo 3.300 miserables azotes. De eso nada, monada. Con harto dolor de su anima, el interés por el tan ansiado gobierno le lleva a aceptar su precio: la azotaina. Y es que todo tiene un precio en este mundo.

"Paris vaut bien une messe”, como dijo aquel famoso rey.

Saludos.

12 comentarios:

Manuel de la Rosa -tuccitano- dijo...

lo que es capaz de hacer el hombre por un poquito de poder... un abrazo

MAJECARMU dijo...

El hombre no ha cambiado mucho desde entonces,le gusta el título,el poder y las pertenencias..para SER..!

Lo bueno es que la palabra y la educación desvelan lo que realmente es..y lo que le falta.

Mi enhorabuena por esa magnífica reflexión.
M.Jesús

Merche Pallarés dijo...

Muy buena reflexión, sí señor. Especialmente lo de que los duques eran nuevos y no de rancio abolengo como apuntas. Lo de los 3.300 azotes no sé si el número tendrá algun significado, a ver si nuestro profe nos aclara éste interesante apunte. Besotes, M.

pancho dijo...

Un futuro gobernador como Sancho se merece un respeto, sus posaderas son tan valiosas como las de un noble.

Está claro que el número de azotes es una exageración, una barbaridad. Sólo si son de mosqueo, permisibles. Es otro elemento más a sumar a los recursos que Cervantes pone en la novela. No hay página del Quijote donde no descubramos esa tensión narrativa necesaria para captar la atención del lector. En esto es un maestro. Por ejemplo, se las arregla para poner a DQ en contra de su escudero y que parezca natural su presión sobre S. Luego la alegría se desborda en el momento culminante del relato con los abrazos y besos: ha costado reducir la voluntad de S. Mientras tanto, los duques tramando nueva farsa.

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

En efecto: todo sigue un entramado de engaños y medias verdades. Lo iremos viendo más adelante.
Saludos.

Paco Cuesta dijo...

Se ha enredado tanto el asunto que tanto Sancho como D.Quijote ven con dificultad la salida y cada uno pretende conseguir, a cualquier precio, aquello que más le conviene

Jan Puerta dijo...

Embuste, mentira y burla parecen abonados a Sancho. Don Quijote, con el fin del encantamiento de Dulcinea a la vista, no duda en proponerse como verdugo y dar no tres mil trescientos azotes, sino seis mil si fuera menester.
Lo que hace el amor amigo.
Un capitulo para recrearse en el mismo.
Un abrazo

salvadorpliego dijo...

En fin, pobre Sancho... pero insisto: me sigue cayendo demasiado bien.

Que siga la lectura!!!

Un fuerte abrazo.

Rita dijo...

Un saludo amigo Cornelivs y feliz fin de semana, un abrazo

Quidquid dijo...

Hola Cornelivs:
Feliz fin de semana!
Luis

Myr dijo...

Toda la fanfarria ésta, creo que aumenta el elemento paródico y absurdo de la fiesta con, además, sus personajes exageradamente ridículos, incluidos los Duques poco rancios com dices.

En el medio de todo ese circo se destacan tanto DQ como SANCHO por sus características tan humanas y realistas. DQ dispuesto hasta a azotar a su escudero para conseguir el desencantamiento de su amada y SANCHO que protesta primero con mucho ingenio, ante la presión de todos cede, dejándose azotar en parte, por su amo y sus ppias culpas de sus mentiras y en parte, por la férrea voluntad (más que codicia) de alcanzar sus obejetivos propuestos: EL gob. de una ínsula.

Saludos

Antonio Aguilera dijo...

Estoy de acuerdo contigo en que lo de Sancho habra sido un castigo del destino por mentiroso. Dicen que todo se paga en esta vida, no hay por que esperar ni creer en la otra.

Al final, si, acepta como indicas por codicia, por interes.
Todo en este mundo se mueve por bienes materiales. POr lo que vemos las pasiones no cambian aunque pasen los siglos.

Lo de 3300 azotes, pues para que pudieran pasar varios capitulos con el tira u afloja, ahora me doy ahora no me doy.

Seguimos la semana que viene.

Un abrazo