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viernes, 18 de junio de 2010

Encuentro con moriscos.

Los jueves leemos El Quijote.

Para el grupo de lectura del Quijote en La Acequia.

En este capitulo 2.54, los duques deciden seguir con su diversión hasta el final, de modo que ordenan que el desafío de D. Quijote al burlador de la hija de Dª Rodríguez siga adelante. No me sorprende que el “frustrado” yerno de Dª Rodríguez se hubiera ido a Flandes huyendo de su suegra, lo cual indirectamente nos informa de que esta mujer tuvo que ser “de armas tomar”, como suele decirse. Ante la ausencia del causante del agravio, los duques piensan en dar el cambiazo, sustituyendo al huido externo por un lacayo gascón: un tal Tosilos. Total, con echarle luego la culpa a los encantadores, todos contentos, no seria difícil convencer a D. Quijote. Ya lo sabemos por experiencia (Maritornes a quien D. Quijote toma por princesa, el encantamiento de Dulcinea, la “mutación” del rostro del caballero de los espejos, etc.)

Sancho Panza muestra mucho sentido común: ha aceptado y asumido su destino. Durante toda la novela tenía “encajado en los cascos” su obsesión por la ínsula: solo la experiencia le ha hecho madurar y le ha desengañado. Ahora ya acepta que él no es bueno para gobernar, “si no es un hato de ganado, y que las riquezas que se ganan en los tales gobiernos son a costa de perder el descanso y el sueño, y aun el sustento…”

Y nos lleva Cervantes de la mano hacia una tragedia social de aquella época: la expulsión de los moriscos. Sancho se encuentra con Ricote, un tendero morisco de su mismo lugar, que tuvo que partir.

Documentémonos un poco. Los moriscos fueron expulsados de España en el periodo de tiempo que oscila entre la aparición de la 1ª Parte (1605) y la de la 2ª Parte que estamos leyendo (1.615). El acuerdo de expulsión lo votó por unanimidad el Consejo de Estado el 30 de enero de 1608, y aunque en un primer momento sólo se aplicó a los moriscos valencianos, el 9 de abril de 1609 el Duque de Lerma firma el Decreto por el cual la expulsión se hacia extensiva a todos los reinos de España.

La población morisca, según la wikipedia, consistía en unas 325.000 personas en un país donde habia entonces unos 8,5 millones de habitantes. Estaban concentrados en los reinos de Aragón, en el que constituían un 20% de la población, y de Valencia, donde representaban un 33% del total de habitantes. A esto hay que añadir que el crecimiento de la población morisca era bastante superior al de la cristiana. Las tierras ricas y los centros urbanos de esos reinos eran mayormente cristianos, mientras que los moriscos ocupaban la mayor parte de las tierras pobres y se concentraban en los suburbios de las ciudades. Pero en Castilla la situación era muy distinta: de una población de 6 millones de personas, entre moriscos y mudéjares sólo juntaban unos 100.000 habitantes. Debido a este mucho menor porcentaje de población y a la positiva experiencia con los antiguos mudéjares, los cuales llevaban siglos conviviendo con la población cristiana, el resentimiento hacia los moriscos en la corona de Castilla era menor al de la población cristiana de la corona de Aragón. Parece que hacían mejores migas con los cristianos en Castilla que en Aragón y Valencia.

Por ello vemos a Sancho francamente agusto y relajado con la buena compañía de su amigo Ricote y sus compañeros: comen frugalmente y beben de las botas. Finalmente todos se duermen, excepto Ricote y Sancho, “que han comido mas y bebido menos”, y se cuentan los pormenores de sus vidas: Ricote relata como salio de España y las circunstancias de la salida y Sancho le informa como ha abandonado el oficio de gobernador.

Un capitulo muy interesnte, especialmente los detalles que ofrece Ricote sobre su salida de España. Pero esta expulsión escondía en la mayor parte de las ocasiones, auténticos dramas humanos. Cervantes, contemporáneo de los hechos, y testigo excepcional de estos acontecimientos, nos informa de primera mano. Y por cierto: ¿Qué pensaría nuestro insigne novelista de la expulsión de los moriscos?

Me inclino a pensar que Cervantes, al decir que la expulsión fue una “gallarda resolución” y opinar que entre los moriscos “algunos había cristianos firmes y verdaderos, pero eran tan pocos, que no se podían oponer a los que no lo eran, y no era bien criar la sierpe en el seno” alaba, o al menos comprende y/o justifica tal expulsión.

Pero acto seguido vemos su faceta humana, tiene muy en cuenta la tragedia que tuvieron que sufrir miles y miles de familias; lo veo enternecerse hablando de lo que los moriscos expulsados añoran a España, su patria, y nos conmueve magistralmente relatándonos el sufrimiento de los moriscos expulsados. Leamos al morisco Ricote:

“…Doquiera que estamos lloramos por España, que, en fin, nacimos en ella y es nuestra patria natural; en ninguna parte hallamos el acogimiento que nuestra desventura desea, y en Berbería y en todas las partes de África donde esperábamos ser recebidos, acogidos y regalados, allí es donde más nos ofenden y maltratan. No hemos conocido el bien hasta que le hemos perdido; y es el deseo tan grande que casi todos tenemos de volver a España, que los más de aquellos, y son muchos, que saben la lengua, como yo, se vuelven a ella y dejan allá sus mujeres y sus hijos desamparados: tanto es el amor que la tienen; y agora conozco y experimento lo que suele decirse, que es dulce el amor de la patria..."

Y también nos confirma que muchos expulsados eran cristianos, y que quizás pagaron justos por pecadores, escuchemos a Ricote: “…mi hija y Francisca Ricota mi mujer son católicas cristianas, y aunque yo no lo soy tanto, todavía tengo más de cristiano que de moro, y ruego siempre a Dios me abra los ojos del entendimiento y me dé a conocer cómo le tengo de servir”.

En resumen (y a salvo los expertos infinitamente más autorizados que yo) mi humilde opinión es que Cervantes está de acuerdo con la expulsión, pero no deja de comprender que fue una tragedia social, y quizás, leyendo entre lineas, nos quiera decir D. Miguel que fue una decisión demasiado dura; si no en el fondo, al menos en la forma en que se ejecutó.

Saludos.

15 comentarios:

Manuel de la Rosa -tuccitano- dijo...

Bien documentado...pero si quieres saber sobre este tema y a la vez distraer el tiempo te recomiendo leas "La mano de Fátima" que si como historia es algo triste, como documentación histérica es genial...un abrazo

Pamela dijo...

Interesante y conmovedor, no he tenido a veces tiempo de comentarte acerca de estas lecturas, que me son tan caras, pero hoy una vez más he sentido en plenitud eso que hace a un clásico como lo es Cervantes, siempre sólido, siempre vigente y siempre certero.

Merche Pallarés dijo...

Excelente comentario quijotesco. Pienso que Cervan, debido a su humanidad y mundología, no debería de estar muy de acuerdo con esas expulsiones pero, como lo hace en toda la novela, se cuida muy mucho de ir contracorriente de las normas establecidas de la época. Besotes, M.

La Gata Coqueta dijo...

Podría
recitarte
una poesía
en unos instantes

Donde
mi corazón
pudiera

Reflejar
sus sentimientos.

Si están danzando
o han sollozado

Si sueñan
despiertos
o viven dormidos...

...pero para no
abrumarte
tan solo te diré...

Que al terminar
la semana
te sentirás afortunad@
por haber permitido
a los tuyos vagar

Ya que a veces
los sentimientos
necesitan
que se les ceda
el beneplácito del sosiego

María del Carmen

Paco Cuesta dijo...

La expulsión fué verdaderamente un drama humano. Como es habitual las minorías y los débiles pagaron las consecuencias.

Asun dijo...

Vemos que injusticias se han cometido en este país desde los tiempos de los tiempos. Muy buen comentario.

Besos

MA dijo...

Fantástica entrada de post amigo. Grato rato de lectura he pasado en tu blog, donde es un placer leer tus entradas de post.
Como siempre pagando justos por pecadores, las injusticias se cebaron en esa época.
Besos de MA,
para ti amigo.

El Gaucho Santillán dijo...

Muy interesante y didàctico.

Un abrazo.

Abuela Ciber dijo...

Te deseo un muy buen fin de semana!!!!!

Cariños

pancho dijo...

En España llevaban expulsando gente desde que terminó la Reconquista, qué afán cuando eran tan pocos.

Flandes estaba demasiado lejos para el hidalgo y su caballo, había que buscar contrincante en casa.

El posicionamiento de Cervantes es doblemente valioso al venir de quien había combatido a los de su religión, lo habían dejado manco y sufrido cautiverio; pocos así, gran tipo.
Buen trabajo, un abrazo.

Myriam dijo...

Y yo me pregunto: ¿ese párrafo al que aludes a la supuesta justificación o "pro" de Cervantes a la expulsión, no lo habrá puesto Cervantes especialmente para que se quedara contento el Censor del Tribunal de La Santa Inquisición que tenía que dar el visto bueno a la publicación de la obra?

¿Podría ser?

Para mi esos 3 renglones quedan contradichos por el resto del discurso del capítulo.

Si Cervantes hubiera dicho todo abiertamente no sé como el texto hubiera pasado la censura (que encima alaba la Reforma portestante).

Abrazo

Quidquid dijo...

Hola Cornelivs:
Feliz fin de semana!
Cordiales saludos,
Luis

Antonio Aguilera dijo...

Excelente análisis del capítulo y magna clase de Historia.
Antes de leer este capítulo ignoraba que los moriscos fueran gente ilustrada y con buena posición social muchos de ellos: agricultores, o comerciantes como nuestro amigo Ricote.

Reitero mis abrazos

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

Estoy de acuerdo en lo esencial contigo, querido amigo, pero con un matiz muy favorable a Cervantes: no deja de alabar la figura de un cristiano nuevo.

Abejita de la Vega dijo...

Ni blanco ni negro, hay gris. Eso nos quiere transmitir Cervantes que, por supuesto, no se pone en contra de la expulsión.
Muy buen comentario, Cornelivs.
Un abrazo