"Cree a aquellos que buscan la verdad, duda de los que la han encontrado" (André Gide)
"No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defendería con mi vida tu derecho a expresarlo" (Voltaire)

"La religión es algo verdadero para los pobres, falso para los sabios y útil para los dirigentes" (Lucio Anneo Séneca)
"Cualquier hombre puede caer en un error, pero solo los necios perseveran en él" (Marco Tulio Cicerón)
"Quien no haya sufrido como yo, que no me de consejos" (Sófocles)
"No juzguéis y no sereis juzgados" (Jesús de Nazaret)
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martes, 24 de mayo de 2011

Afrentas

"... ...Por lo que toca a Catón, te dije que no había para qué te congojases, porque ningún sabio puede recibir injuria ni afrenta; y que los dioses nos dieron a Catón por más cierto dechado de un varón sabio, que en los siglos pasados a Ulises o Hércules: porque a éstos llamaron sabios nuestros estoicos por haber sido invictos de los trabajos, despreciadores de los deleites, y vencedores de todos peligros.

Catón no llegó a manos con las fieras, que el seguirlas es de agrestes cazadores, ni persiguió a los monstruos con fuego o hierro, ni vivió en los tiempos en que se pudo creer que se sostuvo el cielo sobre los hombros de un hombre: mas estando ya el mundo en sazón, que desechada la antigua credulidad había llegado a entera astucia, peleó con el soborno y con otros infinitos males; peleó con la hambrienta y ambiciosa codicia de imperar que tenían aquéllos, a quien no parecía suficiente el orbe dividido entre los tres; y sólo Catón estuvo firme contra los vicios de la República, que iba degenerando y cayéndose con su misma grandeza, y en cuanto fue en su mano, la sostuvo, hasta que arrebatado y apartado se le entregó por compañero en la ruina, que mucho tiempo había detenido, muriendo juntos él y la República, por no ser justo se dividiesen; pues ni Catón vivió en muriendo la libertad, ni hubo libertad en muriendo Catón. ¿Piensas tú que a tal varón pudo injuriar el pueblo porque le quitó el gobierno y la garnacha, y porque cubrió de saliva aquella sagrada cabeza? El sabio siempre está seguro, sin que la injuria o la afrenta le puedan hacer ofensa.

Paréceme que veo tu ánimo, y que, encendido en cólera, te aprestas a dar voces, diciendo: 

«Estas cosas son las que desacreditan y quitan la autoridad a vuestra doctrina: prometéis cosas grandes, y tales, que no sólo no se pueden desear, pero ni aun creer. Decís por una parte con razones magníficas que el sabio no puede ser pobre, y tras eso confesáis que suele faltarle esclavo, casa y vestido. Decís que no puede estar loco, y no negáis que puede estar enajenado, y hablar algunas razones poco compuestas, y todo aquello a que la fuerza de la enfermedad le diere audacia. Decís que el sabio no puede ser esclavo, y no negáis que puede ser vendido, y que ha de obedecer a su amo haciendo todos los ministerios serviles; con lo cual, levantando en alto el sobrecejo, venís a caer en lo mismo que los demás, y sólo mudáis los nombres a las cosas. Lo mismo sospecho que sucede en lo que decís, que el sabio no puede recibir injuria ni afrenta; proposición hermosa y magnífica a las primeras apariencias. Mucha diferencia hay en que el sabio no tenga indignación, a que no reciba injuria. Si me decís que la sufrirá con gallardía de ánimo, eso no es cosa particular, antes viene a ser muy vulgar, por ser paciencia que se aprende con la continuación de recibir injurias. Pero si me decís que no puede recibir injuria, y en esto pretendéis decir que nadie puede intentar hacérsela, dígoos que dejando todos mis negocios me hago luego estoico.» 

Yo no determiné adornar al sabio con honores imaginarios de palabras, sino ponerle en tal lugar, donde ninguna injuria se permite. ¿Será esto por ventura porque no hay quien provoque y tiente al sabio? En la naturaleza no hay cosa tan sagrada a quien no acometa algún sacrilegio; pero no por eso dejan de estar en gran altura las divinas, aunque hay quien sin haber de hacer mella en ellas, acomete a ofender la grandeza superior a sus fuerzas.

Yo no llamo invulnerable a lo que se puede herir, sino a lo que no se puede ofender. Daréte con un ejemplo a conocer al sabio. ¿Puédese dudar de que las fuerzas no vencidas son más ciertas que las no experimentadas, pues éstas son dudosas, y las acostumbradas a vencer constituyen una indubitable firmeza? En esta misma forma juzga tú por de mejor calidad al sabio a quien no ofende la injuria, que al que nunca se le hizo. Yo llamaré varón fuerte aquel a quien no rinden las guerras, ni le atemorizan las levantadas armas de su enemigo; y no daré este apellido al que entre perezosos pueblos goza descansado ocio. El sabio es a quien ningunas injurias ofenden; y así no importa que le tiren muchas flechas, porque tiene impenetrable el pecho, al modo que hay muchas piedras cuya dureza no se vence con el hierro; y el diamante ni puede cortarse, herirse ni mellarse, antes rechaza todo lo que voluntariamente se le opone; y al modo que hay algunas cosas que no se consumen con el fuego, antes conservan su vigor y naturaleza en medio de las llamas; y al modo que los altos escollos quebrantan la furia del mar, sin que en ellos se vean indicios de la crueldad con que son azotados de las olas; de esta misma suerte, el ánimo del varón sabio, estando firme y sólido, y prevenido de sus fuerzas, estará seguro de las injurias como las cosas que hemos referido... ..."

Lucio Anneo Séneca. Extractos de su libro: "De la constancia del sabio".

Saludos.

13 comentarios:

Natàlia Tàrraco dijo...

El astuto Séneca, estoico por fuera y con fincas lujosas a sus expensas, siembra la duda sin decantarse, la retórica como arma, y nos dice, según veo o me equivoco, que es cosa humana, incluida de sabios el no estar cierto, que al sabio nada lo hiere que sea de arma, porque está firme por dentro cual granito. Miraba atrás el cascarrabias Catón, siempre contra el poder rumiando, miraba a los ancestros y le asqueaba la costumbre helénica de discurrir demasiado. Séneca le sigue los pasos, pide templanza y sosiego, alaba al sabio que el cataloga como tal, pero...no dijo otro sabio: Sólo sé que no sé nada.

Muy profunda reflexión nos propones amigo Cornelivs, y temo que debería revisar los textos que me expones para llegar a una, digamos conclusión, que no me aclaro.
!Salve! y gracias por visitar mi novela, que es lo que pretendo que sea algún día. Dejo cap. 9 y luego...queda en manos de Fortuna y los Hados y las esquivas Musas.

Neogeminis dijo...

Cornelius, llego aquí a través de tu comentario en lo de Natalia. No entiendo por qué te había perdido el rastro y no se me actualizaban tus post. Ya mismo voy a solucionarlo.
Un abrazo.

MAJECARMU dijo...

Interesante reflexión de Séneca,el sabio ha de tener temple y consistencia interior para no ser ofendido.Sin embargo,pienso que, también el sabio es limitado y humano,sabe que puede equivocarse y ha de estar permanentemente unido a la humildad,que le permite seguir aprendiendo.
Mi gratitud por compartir y mi abrazo siempre,amigo.
M.Jesús

El Gaucho Santillán dijo...

A Seneca siempre lo tuve por un ilustre taimado.

Escribìa bien, pero en la intimidad, su vida era lujosa y llena de placeres.

Como un polìtico de hoy.

Un abrazo.

MariluzGH dijo...

Ya no quedan sabios... ni tan siquiera aquellos llamados 'monos'. Y los que van de ello tampoco pueden ser heridos por las injurias, de tan poca dignidad como les queda donde poder clavar una lanza.

Profundísima reflexión que al hilo de lo que vivimos en la actualidad bien valdría un retiro de fin de semana para 'rumiar' y lamer heridas

dos abrazos, Cornelivs amigo

Amig@mi@ dijo...

Cuánto tiempo hacía que no nos regalabas algún trocito de autores clásicos!!!
Un abrazo, amigo.

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Si no se existiera el orgullo no existía la ofensa.
Saludos, querido amigo.

Isabel Martínez Barquero dijo...

Profundo texto de Séneca que nos induce a una reflexión serena.
Me ha gustado especialmente la idea de la invulnerabilidad como un no ofenderse. Qué gran sabiduría se precisa para no ofenderse, para ser, en suma, invulnerable.
Un fortísimo abrazo, querido amigo.

Paco Cuesta dijo...

El sabio ocupa poco lugar, lo grande es su obra-

Fernando Manero dijo...

Pocas reflexiones tan atinadas sobre lo que significa la sabiduría y lo que proporciona a quien la consigue. Un abrazo, campeón

María dijo...

Me temo mi querido CORNELIUS,

que Séneca, hablaba de Catón y ambos además de sabios eran estoicos. El resto de los mostales, ni somos sabios, ni estoicos, nos hieren y nos ofenden y aun sin quererlo reaccionamos a la ofensa.

Ojalá una vez heridos, no sintiéramos la ofensa y por tanto no tuviéramos necesidad de reacción, pero como eso no es así al menos que la reacción sea medida y "asertiva"... si consiguiéramos eso, todo sería paradisíaco... de tímida a tímido;-)


Un besito y gracias... leer a los sabios siempre es un placer.


No trabajes mucho...a mi hoy me sale humo por las orejas;-)

La Gata Coqueta dijo...


Me encuentro descansando unos días en mi tierra bañada por el mar Cantábrico.

Pero no por ello dejo de sentir la necesidad de pasar a dejarte unas letras para saludarte y desearte un hermoso fin de semana como presiento va a ser el mio también.

Mis disculpas por no pasar a principio de semana, por más que lo he intentado me ha sido imposible...

Desde este terruño de tan frondoso verdor del que estoy disfrutando te envío un inmenso abrazo de afectos!!

María del Carmen

xlpharmacy dijo...

Miraba atrás el cascarrabias Catón, siempre contra el poder rumiando, miraba a los ancestros y le asqueaba la costumbre helénica de discurrir demasiado