Y lo curioso es que lo que siento ahora no es euforia, ni orgullo desbordado. Es algo mucho más sencillo: calma.
Porque durante mucho tiempo este libro no fue un libro. Fue un espacio al que acudía cuando necesitaba aclararme. Cuando algo no encajaba. Cuando tenía la sensación de que estaba viviendo en automático.
Escribir era, en cierto modo, una forma de no engañarme. No había intención de publicar nada. De hecho, si soy sincero, publicar era casi lo último que me apetecía. Porque significaba dejar de esconder esas reflexiones en lo privado.
Y ahí estuvo el verdadero conflicto: seguir escribiendo solo para mí… o asumir que, si aquello tenía sentido, quizá debía salir fuera.
Tardé en decidirme. No por falta de ganas, sino por esa resistencia que todos tenemos a exponernos, y a que otros lean lo que uno ha pensado en silencio. Pero llegó un punto en el que entendí algo muy simple: si todo esto me había servido a mí, tal vez no tenía sentido guardarlo. Y lo publiqué.
Dos meses después, lo que más valoro no es el resultado, ni las ventas, ni hasta dónde pueda llegar. Es haber cruzado esa pequeña barrera interna, y haber hecho algo que, en el fondo, me daba cierto respeto.
El libro no es un manual, ni pretende dar lecciones. Es más bien un reflejo de ese proceso: dudas, ideas, intentos de entender qué hay detrás de esa sensación de que, a veces, incluso cuando todo está bien… no es suficiente.
Si alguien lo lee y se reconoce en alguna de esas preguntas, ya habrá merecido la pena. Y si no, al menos para mí ha tenido sentido; porque escribirlo fue, en realidad, una forma de pararme y mirar con un poco más de honestidad.
Sea como sea, gracias por estar ahí.
Saludos.
.png)
.jpg)
No hay comentarios:
Publicar un comentario