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lunes, 21 de abril de 2008

Don Zipote.



"En un lugar de nuestra España, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivia un autentico imbécil de los que no hay en el mundo entero, codicia antigua, estómago flaco, seso débil, y de habla muy porfiador. Jugosas y abundantes cuentas bancarias hacian reluciente su economía; pero a la hora de comer, una olla de algo más de acelgas que de conejo, gachamigas aguadas los viernes, algun trozo de chorizo duro los sabados, cocido el lunes, y restos del mismo cocido el martes, el miércoles y el jueves. Frisaba la edad de nuestro hidalgo los 66 años. Dedicábase diariamente nuestro pobre hidalgo a comprobar como los saldos de sus cuentas bancarias crecian sin cesar, mientras que su estómago, seco y amojamado, daba gritos espantables, y la nuez de su garganta parecia que se le iba a salir, forzada por la necesidad, a tomar alimento por su cuenta.

Es, pues, el caso, que en los ratos que estaba ocioso, que era todo el año, dedicábase nuestro hidalgo a la lectura de los libros de economía. Desvelabase y marchitabase su intelecto cuando leía las cifras macroeconómicas, de inflación y de crecimiento del p.i.b., pero su pobre juicio, por más que lo intentaba, no acertaba a adivilallas ni a comprendellas. Lo unico que su codicia sí entendia era cada bajada de los tipos de interés, que para el eran peor que las puñaladas, tantas imposiciones a plazo tenía. Y de tanto leer libros de economia, de claro en claro y de turbio en turbio, y de tanta ida y venida a los bancos y cajas de ahorro, vino a perder el juicio. Llenósele la fantasía de todo lo que leia en dichos libros, razones que jamás entendió ni comprendió, aunque él presumía de ser muy leído. En fin, pudiendo su locura más que razón alguna, ya se imaginaba nuestro pobre caballero nadando entre oro.

Rematado ya su juicio, diole en pensar como incrementar sus ya de por si gordas, rollizas y hermosas cuentas bancarias, y dedicábase a dar paseos por su ciudad, como león en busca de su presa. En esto, que un buen día descubrió en una esquina del parque a una muchacha, no de muy buena vista y mal vestida, que no hacia sino babear y dar síntomas evidentes de que su juicio se había extraviado. Esta muchacha enseñaba sin cesar un montón de papeles de colores. Picada la curiosidad de nuestro hidalgo, se acercó, y comprobó que se trataba de billetes de 500 Euros, que, al parecer, la pobre desgraciada vendía, como estampitas, al primero que se presentase.

Nuestro hidalgo, con los ojos como braseros, preguntóle a la muchacha que cuantas estampitas tenia. Esta respondió que unas cien. Haciendo rápidos cálculos, que para eso si era un lince el majadero, pensó que cien billetes de quinientos euros hacen un total de cincuenta mil euros.

¡Válgame Dios, y cuanto disimulo fue menester para que el bellaco aparentase tranquilidad y que no se le notase la codicia que le rebosaba por todo el cuerpo! En esto estaba la conversación, cuando otro caballero, elegantemente vestido, al que el nuestro no conocía de nada, acercóse al lugar de la escena, y enterándose de lo que se trataba, sugirióle a nuestro ingenioso hidalgo comprar a la muchacha todas las estampitas por 6.000 Euros, a pagar por mitades nuestro caballero y el elegantemente vestido. La muchacha se resistió, hizo muy bien su papel, pero las razones del elegante caballero la convencieron.

Nuestro caballero no corria sino que volaba hacia el banco para sacar sus tres mil euros. Llego jadeante y casi sin habla al lugar donde lo esperaba el caballero elegante, y juntos buscaron a la muchacha. Dióle nuestro caballero sus tres mil euros, y la muchacha la bolsa con los cien billetes de quinientos euros.

Cuando nuestro caballero, exhausto, llegó a su casa, jadeante después de la carrera, abrió codiciosamente la bolsa y se encontró solo con un montón de papel higiénico dentro. ¡Habían desaparecido los cien billetes, allí no había nada! ¡Mala burla le hicieron los encantadores que lo perseguian! ¡Ay de nuestro pobre caballero! Allí fue la guerra de Troya, allí los espantables gritos que daba alarmaron a todo el vecindario. Mas, como la risa, la rechifla y el escarnio de sus vecinos llegaron a mosquearlo, pudo al fin su sentido de la vergüenza y del ridículo, y decidió callar; eso si, salió corriendo endiabladamente hacia al parque, pero la muchacha había desaparecido como por arte de encantamiento.

Pobre D. Zipote. Pasados unos dias, y algo más tranquilo, volvió a su vida, a sus bancos y a sus paseos y a comulgar con su sempiterna codicia. Y siempre se le veia en la Iglesia rezando al Nazareno para que lo librara de los malos follones y encantadores que solo piensan en el dinero."

* * *
In memoriam et in laudem D. Miguel de Cervantes Saavedra, autor de Don Quijote, nuestra inmortal novela, y a cuyo ilustre personaje, Alonso Quijano, pido humildemente perdón por haberlo usado como molde para hablaros de este bellaco moderno de D. Zipote. Es una novelación libre que he realizado basada en algunos sucesos reales, de análogas circunstancias, publicados en la prensa algunas veces. Se conoce que estamos en crisis, pues aumentan los timos y el numero de imbéciles que caen en ellos. (ver diario veinte minutos). No me alegro del mal del vecino, y es reprobable ser victima de un fraude; pero mucho peor es que existan aún estos bellacos majaderos avariciosos y codiciosos que tratan de aprovecharse siempre de una persona desvalida. Hay que ser bellaco, insisto. Anda y que te zurzan D. Zipote, te está bien empleado.

Salu2.

4 comentarios:

EasyCure dijo...

amigo cornelivs, cuando he visto don zipote y he visto que la cosa iba de timos me he acojonado!!!

Pensaba que ibas a largar de 'El solitario' y sus largas zarpas...

jajajaja tremendo!!

ultimodelafila dijo...

Sin duda una obra maestra, hay mucho D. Zipote por ahi.

Saludos

Publius Cornelius Scipio dijo...

Que bien me conoces, amigo easycure, a punto he estado de hacello, oye, a punto... jeje.

PEGAME UN TOQUE, TENGO NOTICIAS CATASTRALES.


Ultimodelafila: se me olvidó decirte que del disco Enemigos de lo ajeno, que tanto cita Easycure (una obra maestra), guardo uno de mis mas bellos recuerdos. Algun dia, si nos vemos, te lo contaré.

Salu2 a ambos.

Juan Luis dijo...

Hola Cornelivs.

Ingeniosa adaptación de El Quijote. Tengo que reconocer que este tipo de noticias sobre timos me producen sensaciones contrapuestas; por un lado siento pena por el pobre infeliz, pero por otro me alegro del escarmiento recibido por su codicia.

Un saludo.