"Cree a aquellos que buscan la verdad, duda de los que la han encontrado" (André Gide)
"No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defendería con mi vida tu derecho a expresarlo" (Voltaire)

"La religión es algo verdadero para los pobres, falso para los sabios y útil para los dirigentes" (Lucio Anneo Séneca)
"Cualquier hombre puede caer en un error, pero solo los necios perseveran en él" (Marco Tulio Cicerón)
"Quien no haya sufrido como yo, que no me de consejos" (Sófocles)
"No juzguéis y no sereis juzgados" (Jesús de Nazaret)
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viernes, 6 de junio de 2008

Guerra implacable.

Flotan en el aire vientos de guerra. El ejército enemigo se aproxima, pues el verano climatológico ha llegado, y es en esta época cuando la furibunda armada enemiga intensifica sus ataques contra victimas inocentes. La otra noche, en la calida oscuridad, se infiltró un explorador de la armada enemiga. Se dedicó a reconocer el terreno. Planeando con su avión suavemente y esquivando los radares, volando muy silenciosamente y a baja altura para no ser detectado, se posó sobre un pequeño sector del inmenso campo, y lo arrasó, dejando la tierra dolorida. Esta ha sido su primera incursión. Cuando a la mañana siguiente los vigías otearon el horizonte, el daño estaba ya hecho y no pudieron hacer nada. El enemigo había huido con un sustancioso botín, y es seguro que dicho explorador habrá informado del éxito de su misión a su Alto Mando.

El ejercito enemigo es cobarde pero astuto; nunca dan la batalla durante el día, abiertamente; se presentan sobre todo por la noche, cuando sus victimas están inermes, descansando, y sus acciones se ajustan a un plan de batalla minuciosamente preparado.

Se han confirmado mis peores temores, pues esta noche han sido tres los exploradores del ejército enemigo que han acudido realizar sus actos de rapiña. Tras una pequeña escaramuza, uno ha podido ser destruido, pero los otros dos, inteligentemente, han regresado con sus aviones poco después, por una ruta distinta, justo cuando los vigías acababan de recoger los restos del avión enemigo siniestrado, y han arrasado otro sector del campo, dejando otra vez la tierra dolorida y humeante, y portando en la panza de sus aviones un gran botín.

La guerra va a ser terrible. Ahora ya no tengo ninguna duda de que a la vista del éxito de la misión de los exploradores, vendrán muchos más. Cualquier noche acudirán escuadrillas enteras de aviones enemigos, surcando los cielos en perfecta formación, rumbo al inmenso campo.

La guerra es inevitable. Reunido el Consejo, se ha acordado reforzar la vigilancia, los radares y los cañones antiaéreos; y sobre todo se ha previsto utilizar armas y sustancias químicas para intentar destruir a estos fieros e implacables enemigos …

¡Malditos mosquitos…!

Saludos.
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1 comentario:

La sonrisa de Hiperión dijo...

El otro día se coló una en mi habitación que parecía una vespa de las antiguas