"Cree a aquellos que buscan la verdad, duda de los que la han encontrado" (André Gide)
"No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defendería con mi vida tu derecho a expresarlo" (Voltaire)

"La religión es algo verdadero para los pobres, falso para los sabios y útil para los dirigentes" (Lucio Anneo Séneca)
"Cualquier hombre puede caer en un error, pero solo los necios perseveran en él" (Marco Tulio Cicerón)
"Quien no haya sufrido como yo, que no me de consejos" (Sófocles)
"No juzguéis y no sereis juzgados" (Jesús de Nazaret)
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sábado, 2 de agosto de 2008

Hasta pronto

No se vosotros; pero yo no conozco a nadie a quien le gusten las despedidas (excepto a mi vecino, que goza muy sinceramente cuando se despide de su suegra), con lo cual yo no voy a ser una excepción. No me gusta despedirme.

Cuando creé mi blog, ya hace algun tiempo, jamas pensé que “esto” llegaria a engancharme por las noches, y no imaginé que iba a conocer a gente tan agradable como todos vosotros. Me habeis mimado demasiado, me habeis “malcriado”, y habeis “vertido” contra mí toda suerte de elogios completamente inmerecidos, porque os juro por todos los dioses inmortales (juramento sagrado de todo buen romano) que me considero una persona muy normalita, que tiene unas poquitas virtudes y un monton de defectos. (Asi que si estoy un poco tonto y gachoso, vosotros teneis la culpa.)

Este calor que me proporcionais cada dia hace que me quede perplejo y sin habla. ¡Pero si esto es un simple diario! Y me he encontrado con la sorpresa de que me seguís con interés, me dedicais vuestro precioso tiempo, me brindais vuestro cariño, y os importa lo que escribo, esteis o no esteis de acuerdo con el post en cuestión. Muchisimas gracias de corazón a todos.

No me merezco tanto.

“Esto” será todo lo virtual e intangible que se quiera, pues es cierto que carecemos del cara a cara. Pero tambien son intangibles el amor, el sentimiento, las emociones, y la amistad; y el alma predispuesta a captar a la otra se pueden entender tambien perfectamente por este medio. Claro que falta el consuelo del abrazo fisico; pero todo llegará, el tiempo nos dirá todo lo que tenga que venir. A veces, con una sola frase escrita en un comentario, en un solo minuto o en un solo segundo se puede sentir mas calor humano (del bueno y noble) del que una pareja instalada en la rutina y en el vacio se haya proporcionado mutuamente durante años.

Por eso, sois vosotros los que habeis aportado vuestro grano de arena para que me reconcilie dia a dia con el ser humano. El mundo tiene una gran sequia de cariño. Ya dije en un anterior post que el amor es contagioso, y “la prueba del algodón” consiste en tocar a una persona con un poquito de sentimiento. Es curiosa la reacción: aunque solo sea una millonesima de gramo de cariño, muchas personas se abren inmediatamente. Necesitamos de los demás, y creo que es fantástico reconocerlo, primero porque es la verdad; y segundo, porque no solo es un detalle de humildad, sino una filosofía práctica de la vida.

Podría decir muchas mas cosas; pero las despedidas prefiero que sean cortas. Además, esto no es una despedida, sino un ¡hasta pronto!, solo diez o quince dias, no os penseis que os vais a librar de mí tan fácilmente.

Siempre termino mi post con mi palabra “Saludos”. Hoy no, hoy lo haré de otra forma.

Os voy a echar de menos.

UN ABRAZO A TODOS.
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viernes, 1 de agosto de 2008

Incertidumbre

Tengo un buen "vigilante" interior contra las incertidumbres y las dudas. Pero no somos máquinas, sino simples seres humanos, con toda nuestra humanidad, debilidades, alturas y bajezas. Por ello algunas veces, sobre todo cuando uno esta cansado como ahora, y el “vigilante” está medio dormido, la paz interior me abandona, las dudas me asaltan como hienas hambrientas en busca de su presa y siento un torbellino dentro de mí. Mis alarmas se disparan, algunas veces sin existir un peligro serio. En esos momentos me replanteo muchas cosas porque detengo mi camino, hago examen de la situacion, y me hago a mismo mil preguntas, tratando de adivinar si son gigantes o si por el contrario solo son molinos de viento.

¿Estaré haciendo las cosas bien? ¿Seguro? ¿Sabré educar a mis hijos? ¿Qué me deparará el futuro? ¿De veras soy como yo creo que soy? ¿Sigues tu mismo tus consejos, como decia en un post el otro dia nuestra amiga? A ver, tu, Cornelivs, que tanto hablas del nosce te ipsum, ¿por qué no te lo aplicas a ti mismo?

Miedo al futuro, incertidumbres, debilidad humana… Y la autoestima, si bien sigue en su lugar, presenta algunas grietas. ¿Qué ha sido de ella, Cornelivs? ¿No será que siempre te pasa lo mismo todos los años el 31 de Julio, cuando cierras tu Despacho, y al bajar la guardia de tu ritmo de trabajo te sobreviene un bajón enorme y profundo, porque estas cansado, fisica y psíquicamente? Me siento como el centinela que está siempre en guardia ante el enemigo, y cuando éste por fin se aleja y se relaja, le sobreviene el bajón.

Y por su fuera poco, las responsabilidades familiares, economicas, etc, etc.

En esos momentos, se siente uno fatal. Quizás sea por el cansancio de todo el año, pero estoy hecho polvo. Muy cansado. No quiero minimizar los problemas, pero tampoco maximizarlos, me gustaria ser ecuánime y acertar en mi analisis. Me gustaria, pero, ¿lo consigo?

Bueno, tengo por delante dos semanas para estar tranquilo, relajarme y darme “curas de sueño” a fin de recuperar el sueño atrasado que llevo arrastrando desde hace meses. Quizás sea por el deseo de las vacaciones.

Y el mismo dilema de siempre: ¿conseguirás desconectar? ¿Haras otra vez el idiota como el año pasado, llevandote contigo el móvil?

Como me gustaria estar en estos momentos con vosotros, en vivo y en directo, y charlar…

Saludos.
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jueves, 31 de julio de 2008

¡ I have a dream...!

Martin Luther King tuvo ese bendito sueño. Nació en Atlanta (Estados Unidos) y desde muy joven se manifestó como un gran luchador por la defensa de los derechos de la población negra. Siempre se negó a emplear la violencia para conseguir estos objetivos, abogando por una resistencia pasiva. Esta actitud le hizo merecedor del Premio Nobel de la Paz en 1964. Murió de un disparo que segó su vida en 1968, en Memphis.
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Solo tenía 39 años, y falleció sin ver cumplido su sueño. Luchó durante toda su vida por la causa de la igualdad y me parece todo un héroe, mereciendose todo mi aplauso y mi admiración. Yo tambien tengo el mismo sueño que tuvo Martin Luther King, y lo comparto, con él y con vosotros; y tal y como están las cosas en el mundo, con más motivo aún. Su mensaje me parece muy actual.
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Pienso que el mejor regalo y tributo que puedo hacer a la memoria de este gran hombre del mundo es recordar aquí el discurso más famoso que jamás pronunció durante toda su vida: su conocido I have a dream, que pronunció en Washington, Capital Federal de los Estados Unidos, el día 28 de Agosto del año 1.963.
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Y lo voy a hacer desde este mí humilde diario, con la sana intención de que, transcurridos ya cuarenta años desde su muerte, este bello y estremecedor discurso no se olvide jamás y siga calando en el corazón de todos los Gobernantes, Legisladores, Politicos, Autoridades y demás hombres de buena voluntad que quieran y se atrevan a escucharlo; para que este mensaje siga vivo en nuestro pensamiento y en nuestro corazón. Y por último, para recordárselo a algun que otro duro de oído, que “haberlos haylos”, entre las altas esferas de ciertos países. Lo transcribiré literalmente, tal cual, y estoy dispuesto a traducírselo a su lengua, si es preciso. Y aunque sé bien que no hay mejor sordo que el que no quiere oir, al menos me queda el consuelo que me proporciona la esperanza de pensar que algun dia todos tengan ese sueño y sobre todo que luchen porque deje ya de ser un sueño y se haga realidad.
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Este es el discurso:
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“Estoy orgulloso de reunirme con ustedes hoy, en la que será ante la historia la mayor manifestación por la libertad en la historia de nuestro país. Hace cien años, un gran estadounidense, cuya simbólica sombra nos cobija hoy, firmó la Proclama de la emancipación. Este trascendental decreto significó como un gran rayo de luz y de esperanza para millones de esclavos negros, chamuscados en las llamas de una marchita injusticia. Llegó como un precioso amanecer al final de una larga noche de cautiverio. Pero, cien años después, el negro aún no es libre; cien años después, la vida del negro es aún tristemente lacerada por las esposas de la segregación y las cadenas de la discriminación; cien años después, el negro vive en una isla solitaria en medio de un inmenso océano de prosperidad material; cien años después, el negro todavía languidece en las esquinas de la sociedad estadounidense y se encuentra desterrado en su propia tierra.
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Por eso, hoy hemos venido aquí a dramatizar una condición vergonzosa. En cierto sentido, hemos venido a la capital de nuestro país, a cobrar un cheque. Cuando los arquitectos de nuestra república escribieron las magníficas palabras de la Constitución y de la Declaración de Independencia, firmaron un pagaré del que todo estadounidense habría de ser heredero. Este documento era la promesa de que a todos los hombres, les serían garantizados los inalienables derechos a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.
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Es obvio hoy en día, que Estados Unidos ha incumplido ese pagaré en lo que concierne a sus ciudadanos negros. En lugar de honrar esta sagrada obligación, Estados Unidos ha dado a los negros un cheque sin fondos; un cheque que ha sido devuelto con el sello de "fondos insuficientes". Pero nos rehusamos a creer que el Banco de la Justicia haya quebrado. Rehusamos creer que no haya suficientes fondos en las grandes bóvedas de la oportunidad de este país. Por eso hemos venido a cobrar este cheque; el cheque que nos colmará de las riquezas de la libertad y de la seguridad de justicia.
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También hemos venido a este lugar sagrado, para recordar a Estados Unidos de América la urgencia impetuosa del ahora. Este no es el momento de tener el lujo de enfriarse o de tomar tranquilizantes de gradualismo. Ahora es el momento de hacer realidad las promesas de democracia. Ahora es el momento de salir del oscuro y desolado valle de la segregación hacia el camino soleado de la justicia racial. Ahora es el momento de hacer de la justicia una realidad para todos los hijos de Dios. Ahora es el momento de sacar a nuestro país de las arenas movedizas de la injusticia racial hacia la roca sólida de la hermandad.
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Sería fatal para la nación pasar por alto la urgencia del momento y no darle la importancia a la decisión de los negros. Este verano, ardiente por el legítimo descontento de los negros, no pasará hasta que no haya un otoño vigorizante de libertad e igualdad.
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Este año de 1963 no es un fin, sino el principio. Y quienes tenían la esperanza de que los negros necesitaban desahogarse y ya se sentirá contentos, tendrán un rudo despertar si el país retorna a lo mismo de siempre. No habrá ni descanso ni tranquilidad en Estados Unidos hasta que a los negros se les garanticen sus derechos de ciudadanía. Los remolinos de la rebelión continuarán sacudiendo los cimientos de nuestra nación hasta que surja el esplendoroso día de la justicia.
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Pero hay algo que debo decir a mi gente que aguarda en el cálido umbral que conduce al palacio de la justicia. Debemos evitar cometer actos injustos en el proceso de obtener el lugar que por derecho nos corresponde. No busquemos satisfacer nuestra sed de libertad bebiendo de la copa de la amargura y el odio. Debemos conducir para siempre nuestra lucha por el camino elevado de la dignidad y la disciplina. No debemos permitir que nuestra protesta creativa degenere en violencia física. Una y otra vez debemos elevarnos a las majestuosas alturas donde se encuentre la fuerza física con la fuerza del alma. La maravillosa nueva militancia que ha envuelto a la comunidad negra, no debe conducirnos a la desconfianza de toda la gente blanca, porque muchos de nuestros hermanos blancos, como lo evidencia su presencia aquí hoy, han llegado a comprender que su destino está unido al nuestro y su libertad está inextricablemente ligada a la nuestra. No podemos caminar solos. Y al hablar, debemos hacer la promesa de marchar siempre hacia adelante. No podemos volver atrás.
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Hay quienes preguntan a los partidarios de los derechos civiles, "¿Cuándo quedarán satisfechos?" Nunca podremos quedar satisfechos mientras nuestros cuerpos, fatigados de tanto viajar, no puedan alojarse en los moteles de las carreteras y en los hoteles de las ciudades. No podremos quedar satisfechos, mientras los negros sólo podamos trasladarnos de un gueto pequeño a un gueto más grande. Nunca podremos quedar satisfechos, mientras un negro de Misisipí no pueda votar y un negro de Nueva York considere que no hay por qué votar. No, no; no estamos satisfechos y no quedaremos satisfechos hasta que "la justicia ruede como el agua y la rectitud como una poderosa corriente".
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Sé que algunos de ustedes han venido hasta aquí debido a grandes pruebas y tribulaciones. Algunos han llegado recién salidos de angostas celdas. Algunos de ustedes han llegado de sitios donde en su búsqueda de la libertad, han sido golpeados por las tormentas de la persecución y derribados por los vientos de la brutalidad policíaca. Ustedes son los veteranos del sufrimiento creativo. Continúen trabajando con la convicción de que el sufrimiento que no es merecido, es emancipador.
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Regresen a Mississipí, regresen a Alabama, regresen a Georgia, regresen a Louisiana, regresen a los barrios bajos y a los guetos de nuestras ciudades del Norte, sabiendo que de alguna manera esta situación puede y será cambiada. No nos revolquemos en el valle de la desesperanza.
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Hoy les digo a ustedes, amigos míos, que a pesar de las dificultades del momento, yo aún tengo un sueño. Es un sueño profundamente arraigado en el "sueño americano".
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Sueño que un día esta nación se levantará y vivirá el verdadero significado de su credo: "Afirmamos que estas verdades son evidentes: que todos los hombres son creados iguales".
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Sueño que un día, en las rojas colinas de Georgia, los hijos de los antiguos esclavos y los hijos de los antiguos dueños de esclavos, se puedan sentar juntos a la mesa de la hermandad.
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Sueño que un día, incluso el estado de Mississipí, un estado que se sofoca con el calor de la injusticia y de la opresión, se convertirá en un oasis de libertad y justicia.
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Sueño que mis cuatro hijos vivirán un día en un país en el cual no serán juzgados por el color de su piel, sino por los rasgos de su personalidad.
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I have a dream! ¡Yo tengo un sueño!
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Sueño que un día, el estado de Alabama cuyo gobernador escupe frases de interposición entre las razas y anulación de los negros, se convierta en un sitio donde los niños y niñas negras, puedan unir sus manos con las de los niños y niñas blancas y caminar unidos, como hermanos y hermanas.
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I have a dream! ¡Yo tengo un sueño!
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Sueño que algún día los valles serán cumbres, y las colinas y montañas serán llanos, los sitios más escarpados serán nivelados y los torcidos serán enderezados, y la gloria de Dios será revelada, y se unirá todo el género humano.
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Esta es nuestra esperanza. Esta es la fe con la cual regreso al Sur. Con esta fe podremos esculpir de la montaña de la desesperanza una piedra de esperanza. Con esta fe podremos trasformar el sonido discordante de nuestra nación, en una hermosa sinfonía de fraternidad. Con esta fe podremos trabajar juntos, rezar juntos, luchar juntos, ir a la cárcel juntos, defender la libertad juntos, sabiendo que algún día seremos libres.
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Ese será el día cuando todos los hijos de Dios podrán cantar el himno con un nuevo significado, "Mi país es tuyo. Dulce tierra de libertad, a tí te canto. Tierra de libertad donde mis antecesores murieron, tierra orgullo de los peregrinos, de cada costado de la montaña, que repique la libertad". Y si Estados Unidos ha de ser grande, esto tendrá que hacerse realidad.
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Por eso, ¡que repique la libertad desde la cúspide de los montes prodigiosos de Nueva Hampshire! ¡Que repique la libertad desde las poderosas montañas de Nueva York! ¡Que repique la libertad desde las alturas de las Alleghenies de Pensilvania! ¡Que repique la libertad desde las Rocosas cubiertas de nieve en Colorado! ¡Que repique la libertad desde las sinuosas pendientes de California! Pero no sólo eso: ! ¡Que repique la libertad desde la Montaña de Piedra de Georgia! ¡Que repique la libertad desde la Montaña Lookout de Tennesse! ¡Que repique la libertad desde cada pequeña colina y montaña de Mississipí! "De cada costado de la montaña, que repique la libertad".
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Cuando repique la libertad y la dejemos repicar en cada aldea y en cada caserío, en cada estado y en cada ciudad, podremos acelerar la llegada del día cuando todos los hijos de Dios, negros y blancos, judíos y cristianos, protestantes y católicos, puedan unir sus manos y cantar las palabras del viejo espiritual negro: "¡Libres al fin! ¡Libres al fin! Gracias a Dios omnipotente, ¡somos libres al fin!"
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Scriptum in memoriam et in laudem Martin Luther King.
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Saludos.
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miércoles, 30 de julio de 2008

Jerusalen...el final.

Nos encontramos en el año 67 despues de Cristo. El emperador Nerón ha enviado al general Tito Flavio Vespasiano a Palestina para sofocar una rebelión de la población judaica, que ya hacía años que duraba. Vespasiano vence a los judíos en Galilea y, en la conquista de la ciudad de Jotapata hace prisionero a un joven muy inteligente llamado José ben Matías, un sabio en escrituras de la escuela patriótico-ortodoxa de los fariseos, que era considerado como caudillo y jefe espiritual de los rebeldes de Galilea. Este José ben Matías no fue crucificado ni obligado a salir a la arena, como solía hacerse con los que se rebelaban contra el poder romano; al contrario, aquel cabecilla supo ganarse el favor de Vespasiano y se convirtió en el acompañante inseparable del general en todas sus campañas victoriosas por Palestina. Según la tradición, eso fue debido a que José ben Matías profetizó a Vespasiano que pronto sería emperador de Roma. No se necesitaban especiales dotes de profeta para hacer semejante vaticinio, porque quien conociera las circunstancias del momento, podía muy bien calcular que, a la caída de Nerón, subiría al trono el hombre que tuviera las legiones más fuertes, y quien poseía las legiones más fuertes era Vespasiano. Cuando al cabo de dos años, Vespasiano entró en Roma como emperador, llevó consigo a José ben Matías, le concedió la ciudadanía romana y lo nombró historiador oficial del imperio. A partir de aquel momento, el antiguo fariseo vivió en la capital del mundo y, entre otras cosas, escribió una historia del pueblo judío, de la cual algunos pasajes se incorporaron al libro bíblico de los Macabeos. Ahora se llamaba Flavio Josefo y su libro, escrito con la intención de dar a conocer al mundo grecorromano la historia de su pueblo hasta entonces casi ignorada, es considerado hasta hoy, al lado del Antiguo Testamento, una de las fuentes esenciales para la época primitiva de Palestina, de aquel país pequeño, pero aún así sumamente importante, situado en la encrucijada de las grandes culturas.
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Jerusalén está cercada por todos los lados, y nadie puede entrar ni salir en la ciudad. Su fin está cerca. Lejos quedan ya los dias de gloria de Salomón y de David, reyes de Israel. Pronto, muy pronto, solo quedará polvo, desolación, miseria y muerte sobre el solar de lo que fue la gran ciudad de Jerusalén, y de su templo no quedará piedra sobre piedra.
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Asi dice Flavio Josefo sobre los ultimos dias de Jerusalén:
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“Les fué quitada a los judíos la licencia y facultad que tenían de salir, y con esto perdieron la esperanza de alcanzar salud ni poder salvarse: el hambre había ya entrado en todas las casas generalmente y en todas las familias. Estaban las casas llenas de mujeres muertas de hambre, y de niños, y las estrechuras de las calles estaban también llenas de hombres viejos muertos: los mozos y mancebos andaban sin color, casi como muertos, por los mercados y plazas; y cuando sucedía que alguno muriese, todos quedaban muy amedrentados, pues no podían sepultar los muertos por el gran trabajo: y aquellos en quien aun alguna fuerza quedaba, se avergonzaban y no podían hacerlo, parte por ver tanta muchedumbre, y parte también porque no sabían el fin que ellos mismos habían de alcanzar.
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Morían, finalmente, muchos encima de los que sepultaban; muchos huían a sepultarse vivos antes de que llegase el fin de sus días, y no se oían en tan grandes males llantos ni gemidos, porque la grande hambre que padecían no daba lugar para ello. Los que morían postreros miraban a los muertos primeros con los ojos muy secos y sin virtud para poder echar una lágrima, y con las bocas y vientres corrompidos.
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Estaba la ciudad con gran silencio, toda llena de tinieblas de la muerte, y aun los ladrones causaban mayor amargura y llanto que todo lo otro. Vaciaban las casas, que no eran entonces otro que sepulcros de muertos, y desnudaban los muertos; y quitándoles las ropas y coberturas de encima, salíanse riendo y burlando. Probaban en ellos las puntas de sus espadas, y por probar o experimentar sus armas, pasaban con ellas a algunos que aun tenían vida. Cuando alguno les rogaba que le ayudasen o que acabasen de matarlo, por librarse del peligro del hambre, era menospreciado muy soberbiamente.Los que morían volvían sus ojos hacia el templo, pesándoles y sintiendo mucho que dejaban vivos a los revolvedores solamente.
Estos, al principio, con gastos públicos tenían cuidado de hacer sepultar los muertos, no pudiendo sufrir el hedor grande; pero no bastando después a ello, por ser tantos, no hacían sino echarlos por el muro en los valles y fosos.
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Como Tito, que andaba rodeando la ciudad, los viese tan llenos de cuerpos muertos, y la corrupción que de ellos salía por estar podridos, condolióse mucho y gimió, y extendiendo las manos altas a Dios, decía con alta voz que no era él causa de tanto daño: de esta manera, pues, estaba toda la ciudad.
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Viendo los romanos que ninguno de aquellos revolvedores osaba salir, porque ya la tristeza y hambre también les tocaba, pasaban sus días con placer, teniendo abundancia de trigo y de todo mantenimiento, el cual traían de Siria y de todas las otras provincias vecinas y cercanas de allí. Muchos de los que estaban cerca de los muros, mostrándoles la gran abundancia que tenían de pan y mantenimientos, encendían más con esto el hambre de ellos. Con estas destrucciones y daños no se movieron aquellos revolvedores y sediciosos que dentro de la ciudad estaban, y sintiéndolo mucho Tito y teniendo compasión de todo el pueblo que vivo quedaba, dábase prisa por librar a lo menos los que quedaban. Por lo cual comenzaba otra vez a levantar sus montes, aunque dificultosamente podía alcanzar el aparejo y materia, a los menos la que era para ellos necesaria, porque en levantar los primeros habían ya gastado todas las selvas vecinas de la ciudad; pero los soldados pro veían todavía a ello, lo cual traían de noventa estadios de allí lejos, y levantaban sus montes por cuatro partes delante de la torre Antonia, mayores que habían sido los primeros.
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Iba Tito rodeando la obra, animando su gente; y dándoles prisa a todos, mostraba claramente a los ladrones que ya estaban en sus manos. Pero ellos habían ya perdido todo su arrepentimiento, y servíanse de sí mismos como de cosas extrañas y ajenas, o como si no tuvieran ambas cosas juntas, es a saber, sus almas y sus cuerpos; porque ni ellos tenían en sus almas señal alguna ni afición de mansedumbre, ni sentían en sus cuerpos el gran dolor que los atormentaba; antes despedazaban como perros los muertos y encarcelaban a los enfermos que se quejaban.
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No habiendo ya qué robar en el pueblo, los judios se pusieron a hacer sacrilegios y dar saco al templo, y hurtó muchas cosas de las que habían presentado, y muchos vasos de los necesarios para el servicio y honra divina, muchas copas, tazas y mesas, y aun tampoco dejó de tomar aquellos jarros que Augusto César, emperador, había presentado.
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Los emperadores romanos habían siempre honrado mucho el templo, y habían presentado muchos ornamentos, y entonces un natural judío los destruía y sacaba: decía a sus compañeros, sin miedo alguno, que debían usar mal de las cosas sagradas, y que los que guerrean por la honra de Dios y por la del templo, debían ser alimentados y mantenidos con las riquezas que él tenía, y que, por tanto, les era cosa muy lícita derramar el aceite que los sacerdotes para sus sacrificios guardaban y conservaban, tomar el vino sagrado; por lo cual lo repartió entre toda su gente, v ellos se untaban v bebían de él sin algún acatamiento.No dejaré de decir lo que el dolor me fuerza que no calle. Pienso que si los romanos se detuvieran algún tiempo, y tardaran de venir contra esa gente tan mala, o que la tierra se .abriera y tragara la ciudad, o pereciera por diluvio, o que había de padecer y ser abrasada con el fuego de Sodoma, porque muy peor y más impía era esta gente, que aquella que lo había padecido; murió finalmente todo el pueblo, y pereció por la pertinacia y desesperación de éstos.
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¿Qué necesidad hay ahora de contar particularmente las muertes que dentro se hicieron? Manneo, hijo de Lázaro, habiéndose pasado a Tito, dijo que por una puerta la cual le había pido a él encomendada en guarda, habían sacado de la ciudad ciento quince mil ochocientos ochenta hombres muertos; desde el día que fué puesto el cerco a la ciudad, es a saber, desde los catorce de abril, hasta el primero de julio. Este número es ciertamente muy grande, y no estaba él siempre en la puerta; pero repartiendo y pagando a los que sacaban los muertos, habíalos de contar por fuerza, porque los otros que morían eran sepultados por sus parientes y allegados; la sepultura que les era dada, era echarlos fuera de la ciudad.Además de esto, los nobles que habían huido, decían que era el número de todos los pobres que habían sido muertos, de más de seiscientos mil, y que el número de los otros no era posible decirlo; pero no pudiendo bastar a sacar los muertos pobres, habían sido los cuerpos recogidos en casas muy grandes. Añadían que la medida del trigo había sido vendida por un talento.Cuando fué la ciudad cercada de muro, no siéndoles ya licito ni posible coger ni aun las hierbas, fueron algunos necesitados y forzados a escudriñar los albañales, y se apacentaban con el estiércol antiguo de los bueyes, y el estiércol cogido, cosa indigna de ver, les era mantenimiento.
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Oyendo los romanos estas cosas, fueron movidos a misericordia grande y compasión; pero los bellacos revolvedores y sediciosos, por verlo no se arrepentían, antes sufrían que tal necesidad llegase hasta este punto: su ventura y suerte los había cegado, y la destrucción, que ya estaba muy cerca, la iban a sufrir ellos y la ciudad."
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Saludos.
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martes, 29 de julio de 2008

Emociones.

Un amigo me ha remitido un correo electrónico sobre las emociones. Os pido disculpas si es un poco largo; pero a mi me ha fascinado. Además, me ha resultado tan interesante y tan digno de reflexión y análisis, que no he resistido la tentación de compartirlo con todos vosotros. El texto dice asi:

<<¿Merecemos amor?. Una de las simples verdades de la vida es que una persona no será capaz de aceptar el amor de los demás si antes no se ama a sí misma. Del mismo modo, una persona no será capaz de sentir amor por los demás a menos que también se ame a sí misma. Ello está implícito en las palabras de Cristo, quien dijo “ama a tu prójimo como a ti mismo” (Y que conste que soy escéptico y agnóstico).
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Cuando alguien tiene amor por sí mismo se valora y se preocupa por su propia persona, se ve a si mismo como merecedor de compasión, benevolencia y felicidad. Tiene plena conciencia de sus faltas y errores, pero en lugar de ver sus imperfecciones como prueba de su falta de méritos y de la imposibilidad de que lo amen, las ve como pruebas de su condición humana. Aunque los términos “amor a sí mismo” y “narcisismo” suelen usarse como sinónimos, no lo son. El narcisista es un perfeccionista exigente que se fastidia cuando él y los demás no responden a sus grandes expectativas. En cambio, cuando una persona aprende a amarse más a sí misma se torna más tolerante y deja de juzgarse y juzgar a los demás conforme a modelos imposibles de alcanzar. El individuo narcisista tiene también un marcado sentido de sus derechos y lo impacienta que los demás no lo atiendan como él cree que debería hacerlo. Quien tiene amor por sí mismo, en cambio, considera que merece la mejor vida, pero no que se le debe un tratamiento especial. El narcisista tiene una idea exagerada de su propio valor y se siente superior a los demás. El que se ama a sí mismo tiene una visión realista de su propia persona y se considera un ser complejo, ni superior ni inferior a los demás y valores como seres humanos tan complejos como él mismo.
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El proceso de aprendizaje. Hay quienes están tan acostumbrados a verse a sí mismos de determinada manera, que jamás cuestionan el origen de esa visión, sino que dan por sentado que si sienten desagrado por su propia persona lo más probable es que hayan nacido con ese sentimiento y que sin duda es el destino que merecen Los cierto es que nadie llegó al mundo viéndose a sí mismo feo, malo, estúpido o indigno de ser amado, ni tampoco hermoso, bueno, inteligente o digno de ser amado. En lo que respecta a ideas acerca de nosotros mismos, todos comenzamos la vida con una pizarra en blanco. Ignorábamos por completo si éramos listos o tontos, valiosos o despreciables, lindos o feos, incluso si éramos varón o mujer. Todo lo que sabemos acerca de nosotros mismos, lo hemos aprendido.
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A medida que crecimos y adquirimos ideas definidas acerca de quiénes deberíamos ser. Lo típico es que constantemente comparemos el yo que percibimos con el yo ideal. Si el primero queda muy debajo del segundo, nuestra autoestima será baja.
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No quiero ocuparme de mis sentimientos. El amor es una sensación, un sentimiento. De ahí que para poder amar y sentirse amada, una persona debe primero ser capaz de experimentar emociones. Esto suena simple, tan obvio que algunos podrán decir que es ridículo señalarlo. La verdad es, sin embargo, que muchas personas desean poder amar y sentirse amadas, al mismo tiempo que se mantienen ajenas a lo emocional.

Aunque tal vez consideren que “enamorarse” apasionadamente es una experiencia deseable, creen que por principio es necesario mantener controladas las emociones, no ceder a ellas ni permitir “que se apoderen de nosotros”. Según esa visión, dejarse llevar por los sentimientos es un signo de debilidad, falta de carácter y/o mala crianza, aunque ser arrastrado por el sentimiento específico del amor, sobre todo el amor romántico o el amor hacia los hijos, puede ser aceptable e incluso deseable.
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Aquellos que padecen las formas más severas de bloqueo “No quiero ocuparme de mis sentimientos” se encuadran en términos generales en dos grandes categorías. La primera la forman las personas que no pueden tolerar la intensidad emocional. Los sentimientos fuertes de cualquier naturaleza los ponen incómodos, aun cuando sean sentimientos “agradables” como el amor. Se empeñan en mantener bajo control sus propios sentimientos, asumiendo un aire de calma imperturbable, y casi siempre también procuran controlar los sentimientos de los demás, para lo cual utilizan un repertorio convencional: “No te sientas de ese modo”, “No puedes dejar que eso te perturbe”, “Estás sobreactuando”, etc. Por mucho que deseen sentirse amados, cuando por fin se les presenta la oportunidad se muestran ansiosos y alterados y sienten que la experiencia les produce una enorme agitación interior, hasta el punto de dejarlos aturdidos, confusos, descolocados. Para ellos, la perspectiva de pasar por la vida sin amor puede ser menos asustante que vivir la inquietante experiencia de ser amados.
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Para el segundo grupo de personas afectadas por este bloqueo, la cuestión no es cuán intensamente sienten, sino qué sienten. Desean sentir en forma selectiva, experimentando sólo aquellos sentimientos que consideran “buenos, agradables, y positivos. No tienen inconveniente en experimentar estos sentimientos “buenos” con intensidad, siempre que no experimenten nunca sentimientos “malos”, tales como “enojo, envidia y resentimiento.
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Ambas actitudes son igualmente efectivas para bloquear la receptividad del amor, porque si lo aceptaran correrían el riesgo de sentirse sacudidas, conmocionadas. Semejante intensidad los excede, son incapaces de absorberla. Las personas del segundo grupo se bloquean para no o aceptar amor porque creen erróneamente que pueden cerrarse sólo a los “malos” sentimientos. No comprenden que dado que todos los sentimientos están inextricablemente vinculados, nadie puede suprimir varios sentimientos “malos” sin perder la capacidad de experimentar también todos los otros sentimientos, incluidos los “buenos”.
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No todas las personas afectadas por el bloqueo “No quiero ocuparme de mis sentimientos” lo padecen en sus formas graves. Tampoco se encuadran todas exactamente en una de las dos categorías descriptas. El bloqueo puede manifestarse en forma sutil: personas que no están permanentemente en guardia contra los sentimientos fuertes, pero que tampoco se sienten del todo cómodos cuando sienten una emoción con auténtica intensidad. Si se sorprenden a sí mismos experimentando un sentimiento que consideran “malo”, digamos resentimiento hacia un ser querido, deseo sexual hacia alguien que no es su pareja, o envidia hacia un amigo, se apresuran a censurar y reprimir ese sentimiento, diciéndose “No debería sentir los que siento”. Y si experimentan una emoción con gran intensidad, ya sea rabia o euforia, los invade el temor de que si no la controlan, esa emoción puede dominarlos y hacer que se comparten de un modo tonto e imprudente que luego lamentarán. No matan la emoción, pero le ponen sordina. Viven el miedo como “incómodo”, la alegría como”agradable” y el enojo como”desagradable”. Si bien son capaces de sentir afecto y amor por los demás, no se permiten amar sin trabas, porque esto implicaría perder el control. Y aunque en el plano intelectual puedan saber que otros los aman profundamente, son incapaces de experimentar la expansiva calidez interior que logra quien se permite a sí mismo abrirse de verdad y dejar que el amor de otra persona penetre en lo más hondo de su ser.
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Influencias culturales. Es indudable que nuestras experiencias familiares tempranas determinan en gran medida el estilo con que manejamos nuestros sentimientos. Pero una de las razones por la que tantas personas se sienten incómodas con sus sentimientos es que somos todos productos de una cultura caracterizada por un fuerte prejuicio antiemocional. En la cultura norteamericana se enseña a admirar la racionalidad “viril” como un rasgo al que se debe aspirar, en tanto que el sentimiento es menospreciado por considerárselo femenino e infantil. La cultura popular ha glorificado al hombre fuerte, silencioso, que nunca “cede” ante sus sentimientos, pintándolo como un ser noble, heroico y hasta sexy. En contraste con ello, la expresión abierta de los sentimientos es vista como algo embarazoso, poco serio o indecoroso, y a quienes manifiestan sus sentimientos se los suele considerar débiles y tontos.
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Por su puesto los diversos grupos étnicos tienen actitudes distintas frente a las emociones y se ajustan a distintas reglas respecto a la manera de expresarlas. En términos generales, las culturas alemana, escandinava, inglesa e irlandesa tienden a una represión emocional mucho mayor que las latinas y mediterráneas. Y en las culturas asiáticas, así como las árabes y africanas, existen distintas creencias respecto e cuáles son los sentimientos aceptables y cuáles los modos permisibles de expresarlos. Cuando hablamos del prejuicio antiemocional que impregna la cultura norteamericana, nos referimos a una tendencia de la corriente cultural dominante, que hasta el presente se halla sometida sobre todo a la influencia de las culturas de Europa del Norte.
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Es verdad que este prejuicio antiemocional tiene su lado positivo. Dado que el comercio y las relaciones sociales serían imposibles si todo el mundo diera rienda suelta a sus emociones, cierto grado de represión emocional es necesario para que podamos vivir en un mundo aceptablemente ordenado, eficiente y civilizado. Pero es igualmente cierto que esa represión torna difícil para mucha gente la saludable aceptación de sus emociones, tan crucial para el bienestar psicológico y el mantenimiento e relaciones satisfactorias.
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Junto con el prejuicio general contra los sentimientos, prevalece en nuestra cultura la idea de que ciertos sentimientos son especialmente malos. Así, por ejemplo, muchas personas consideran que la pena y la tristeza son sentimientos impropios, enfermizos y de mal gusto. En la infancia se les enseño que no tenían derecho a ellos, y que experimentarlos era una tontería, una falta y una grosería. Tal vez sus padres les inculcaron que los “niños grandes no lloran”, trataron de convencerlos de que “en realidad no te sientes de ese modo”, los fastidiaron con expresiones como “apuesto a que no sabes sonreír”, o les dijeron “no tienes derecho a sentir lastima por ti mismo cuando en China (o donde fuere) los niños mueren de hambre”. Aun cuando a un niño se le permitía experimentar pena y tristeza, lo más posible es que se le enseñara a no dejar que tales sentimientos se prolongaran demasiado, pues corría el riesgo de acabar “hundiéndose” en ellos. De ahí que cuando experimentan tales sentimientos en la edad adulta, muchas personas reaccionan con impaciencia y enojo contra si mismo, diciéndose que están en falta y que deben “salir de eso lo antes posible”.
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El enojo es otro sentimiento que a muchos se les enseñó a ocultar, o incluso a no permitirse experimentarlo. El castigo podía ser manifiesto, como en el caso de niños a quienes se les pegaba cuando tenían una rabieta o se enojaban. También podía ser sutil, como en el caso de los padres que retaceaban afecto, aprobación o alimento hasta que sus hijos empezaban a sonreír como ellos creían que debía hacerlo un niño.
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El sexo es un factor de peso para determinar cuáles son los sentimientos que aprendimos a considerar inaceptables. Por ejemplo, a las mujeres se les da por lo general más libertad que a los varones para tener sentimientos y expresarlos. Pero el problema es que esa libertad sólo se aplica al grupo relativamente pequeño de emociones humanas consideradas “femeninas”, tales como la compasión, la ternura, la humildad y el amor romántico y maternal. Otros sentimientos humanos como la ira, la lujuria, la ambición, la agresión, el odio, y la vanidad están catalogados como “no femeninos”. También los varones aprenden que sólo ciertos sentimientos son aceptables. La ambición, el orgullo, los celos y la arrogancia son permisibles; no así las emociones más tiernas y “femeninas”. Y si bien en la infancia se les enseña a niñas y varones que la ira es mala, en la edad adulta los hombres gozan de mayor libertad para experimentarla. Los “jóvenes iracundos” representados por figuras de actores muy famosos y sexys, constituyen un elemento aceptado En cambio no existen imágenes correspondientes de jóvenes iracundas igualmente atractivas. En una sociedad que prohíbe la ira en las mujeres pero las acepta y alienta en los hombres, “a menudo las mujeres se deshacen en lágrimas en lugar de tener un estallido de ira, en tanto que los hombres se enfurecen cuando alguien lastima sus sentimientos y tienen ganas de llorar”.
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El alto precio de la represión emocional. Lo que hacemos con nuestros sentimientos, es decir nuestro comportamiento, puede caracterizarse como correcto o incorrecto, bueno o malo. La renombrada psicoanalista suiza Alice Miller señala este hecho al reherirse a la ira y el odio. Como lo explica la autora. La ira y el odio suelen ser respuestas apropiadas a las crueldades y a la injusticia que muchas personas sufren en el mundo. Ambos son sentimientos normales, y “un sentimiento nunca ha matado a nadie”.
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Es necesario dar salida a los sentimientos de alguna manera, ya sea verbalmente, a través del lenguaje corporal o del comportamiento. Pero en lugar de formas saludables de dar salida a los sentimientos, lo que se le ha enseñado a mucha gente es a practicar la negación (“En realidad no me siento de ese modo”) , a juzgarse y autocensurarse (“No debería sentirme de este modo”) y a provocar que sus sentimientos se ajusten a las expectativas impuestas desde afuera (“Llegaron las fiestas, debo sentirme feliz”). Estas son defensas corrientes contra las emociones y pueden ser eficaces, al menos por un tiempo, para mantener a raya a los sentimientos perturbadores. Pero a la larga es perjudicial manejar los sentimientos de esta manera. En primer lugar, las defensas minan la autoestima. Para sentir auténtica autoestima, un individuo debe estar en condiciones de decir: “Soy un ser que siente, capaz de experimentar toda la gama de emociones humanas, y está bien que así sea”. Dicho de otro modo, respetarse a sí mismo significa respetar los propios sentimientos, sin exclusión de ninguno.
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Cuando alguien censura y reprime sus sentimientos también se priva de una fuente importante de información y guía. El miedo, por ejemplo, puede alertar a una persona sobre el peligro que la acecha, y hacerle ver la conveniencia de tomar precauciones o de huir. La tristeza que al parecer surge “porque sí” puede estar diciéndole a alguien que no cumplió el duelo necesario por una pérdida y que es usada en sus relaciones, ello tal vez sea un signo de que debe poner ciertos límites a lo que los demás pueden exigirle. Pero si alguien está demasiado ocupado censurando sus propios sentimientos, no podrá “oír” lo que éstos tratan de decirle.
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Muchas veces también surgen problemas físicos. Si una persona procura poner coto a sus sentimientos, se hace más vulnerable a una serie de dolencias psicosomáticas, que van desde dolores de espalda, cuello y cabeza o desórdenes digestivos menores, hasta cuadros más graves como asma, úlceras y colitis. Quienes niegan y reprimen sus sentimientos también corren un grave riesgo de caer en adicciones a la bebida o ala droga, pues como bien saben los alcohólicos y los drogadictos en tren de recuperación, la bebida y las drogas se utilizan muchas veces para mantener sepultados los propios sentimientos verdaderos. Estudios recientes sugieren asimismo que en las enfermedades físicas las posibilidades de curación pueden verse afectadas por la forma en que el paciente maneja sus emociones. Así por ejemplo un estudio realizado en San Francisco por la Universidad de California, demostró que entre enfermos de melanoma, una forma grave de cáncer de piel, quienes expresaban con libertad sentimientos como la angustia y la ira mostraban respuestas inmunológicas más positivas que quieres reprimían sus sentimientos.
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Muchas personas creen que si niegan determinados sentimientos como la ira o el resentimiento, éste simplemente se esfumará. Lo cierto, en cambio, es que los seres humanos no podemos hacer desaparecer nuestros sentimientos. Podemos empujarlos al subconsciente, con lo cual en apariencia desaparecerán, pero ello requiere una enorme cantidad de energía, y a medida que transcurra el tiempo se necesitará cada vez más energía, y a medida que transcurra el tiempo se necesitará cada vez más energía para mantenerlos reprimidos. Es inevitable que esto lleve a ataque de agotamiento, o a una fatiga crónica que al parecer no tiene motivos. Y dado que a cada uno de nosotros posee una cantidad determinada de energía psíquica, cuanto mayor sea el caudal de energía que alguien invierte en reprimir sus sentimientos, tanto menos le quedará para otros esfuerzos que le demanda la vida.
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Como pesan en las relaciones los sentimientos reprimidos. La represión de los sentimientos acaba siempre por ser un esfuerzo inútil. Tarde o temprano los sentimientos sepultados afloran. A menudo ello ocurre en el momento más inesperado y con fuerza sorprendente, lo cual puede causar estragos en las relaciones. Bien lo sabe cualquiera que halla estado de pronto con un ser querido, por motivos que nada tienen que ver con el asunto que se plantea en ese momento.
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El bloqueo “No quiero ocuparme de mis sentimientos” interfiere en las relaciones de distintas maneras. Dado que la forma principal en que las personas se vinculan y llegan a intimar es a través de experiencias y emociones compartidas, a menudo intensas, quienes se esfuerzan por no mostrar sus sentimientos -o directamente por no tenerlos- necesariamente se sienten solos, apartados y no amados, aun en medio de relaciones en apariencia íntimas. La alineación que experimentan respecto de los demás es el reflejo de la alineación en que se hallan respecto de sus propias emociones.
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Cuando un individuo muestra intolerancia y rechazo y está asustado de sus propios sentimientos, suelen adoptar la misma actitud hacia los sentimientos de los demás. De ahí que a veces pueda causar una falsa impresión de de insensibilidad. Aunque se diga a sí mismo que al reprimir sus sentimientos “negativos” protege a los demás de hecho su falta de calidez, tolerancia y naturalidad emocional lastima a los demás y los aleja.
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Otra consecuencia de no asumir los propios sentimientos es la proyección. Esta situación se da cuando una persona ubica mentalmente sus sentimientos en otra, imaginando que esta última quien experimenta las emociones que en realidad es él quien siente. Por ejemplo, una mujer que está enojada con su marido pero no se permite a si misma admitirlo, se aferrará a la idea de que es él quien está enojado con ella. O un hombre que se siente inseguro en una relación puede proyectar sus sentimientos de vulnerabilidad sobre su pareja, pues en ella le parecen mucho menos amenazantes. “nos fuimos a vivir juntos porque ella necesitaba esa cercanía”, dirá él, sin reconocer nunca que él lo necesitaba tanto como ella. La proyección es un mecanismo habitual en toda clase de relaciones y genera buena parte de los malentendidos entre las personas.
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El amor y la intimidad siempre entrañan el riesgo de salir lastimado. Cuando nos importa otra persona abiertos para recibir su amor, somos vulnerables a las vicisitudes de su personalidad individual y a los acontecimientos exteriores que la afectan. Inevitablemente habrá momentos en los que personas que son importantes para nosotros nos criticarán, nos defraudarán, nos subestimarán o nos harán sufrir de alguna manera. Y siempre existe el riesgo de que alguien con cuyo amor contamos se retire en forma parcial o total de la relación o muera, dejándonos con un sentimiento de abandono y desamparo, dolidos por la pérdida.
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Muchas personas consideran que vale la pena correr estos riesgos en vista de los placeres y los beneficios que las relaciones íntimas pueden potencialmente procurarnos. Para otros, en cambio, pesa más el riesgo de que los lastimen. En lo hondo de su ser sienten que el amor siempre lleva al sufrimiento, un sufrimiento tan terrible que el dolor supera de lejos al posible placer. Los que eluden el sufrimiento y los que lo buscan. Quienes padecen el bloqueo 'Es inevitable que salga lastimado' pueden agruparse en dos categorías generales: los que eluden el sufrimiento y los que son adictos al sufrimiento. A los primeros los motiva principalmente el miedo al sufrimiento que están seguros habrán de padecer si se permiten a sí mismos amar y ser amados. Según sea la dimensión y la naturaleza exacta de su miedo, o se abstienen por completo de toda relación íntima, o bien establecen relaciones pero luego se distancian o escapan apenas empieza a desarrollarse una auténtica cercanía.
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Los adictos al sufrimiento también tienen la certeza de que el sufrimiento será inevitable si se permiten a sí mismos amar y ser amados. Lo que los diferencia de la categoría anterior es que están más que dispuestos a sufrir sin límites en aras del amor. De hecho, es frecuente que se sientan atraídos –como la polilla por la lana- precisamente hacia aquellas personas que más habrán de lastimarlos. Para ellos, una relación no entraña cierto caudal de sufrimiento, obviamente no es una verdadera relación amorosa.
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Por otro lado, algunos hombres suelen poseer también ciertas cualidades muy atractivas, y pasan por momentos o períodos en los que pueden ser muy cariñosos, cosa que habitualmente ocurre incluso con los 'peores' padres. Este punto crucial es la clave para comprender el comportamiento de los adictos al dolor. Hasta los niños más seriamente maltratados rara vez crecen con una falta total de amor. Padres que por lo general son fríos, indiferentes o abusivos con sus hijos, tienen momentos en los que se muestran bondadosos, atentos, risueños y afectuosos. Es el carácter impredecible de la conducta de los padres el que hace que los hijos se 'enganchen' en relaciones dolorosas. SI los padres se muestran SIEMPRE fríos e indiferentes, los hijos pueden simplemente dejarlos de lado y dirigir su búsqueda de amor hacia otras personas capaces de brindárselo en forma consecuente. Pero cuando los padres son OCASIONALMENTE cariñosos, los hijos se empeñan en generar situaciones que susciten esa actitud afectuosa. Convencidos de que sus padres son buenos 'en el fondo', los hijos hacen todo lo posible por hacer aflorar esa bondad. Cada vez que el padre o la madre indiferente da alguna muestra de bondad y afecto, los hijos tratan de recordar con exactitud qué fue lo que hicieron y dijeron para que ello ocurriera. Piensan que si vuelven a hacer lo mismo, recibirán nuevas muestras de amor. Si esto no ocurre, los hijos no advierten que la conducta de los padres nada tiene que ver con ellos, y suponen que no han hecho lo que correspondía, o no lo han hecho exactamente como debían. Cada fracasado intento de hacer aflorar el lado afectuoso de sus padres los convence de que los culpables de esa falta de amor son ellos, y que sin duda algo malo habrán hecho.
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Quienes funcionan de este modo repiten el mismo esquema trágico en sus relaciones adultas, sobre todo en las relaciones amorosas. Una y otra vez se embarcan en relaciones con personas tan duras para brindar amor como lo eran sus propios padres. Ansiosos de conseguir por fin el amor que nunca recibieron de sus padres, son arrastrados a una clásica compulsión repetitiva, una necesidad inconsciente de volver a vivir sus relaciones familiares tempranas hasta que logren el dominio de la situación y puedan cambiar el resultado final. La decisión inconsciente que toma el adicto al sufrimiento es ésta: 'Voy a hacer esto una y otra vez hasta que me salga bien'.
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Podría argumentarse que las personas adictas al sufrimiento, sobre todo las mujeres, son masoquistas, o sea que el dolor les produce placer. Pero a los adictos al sufrimiento no les resulta para nada placentero el dolor que sus relaciones les acarrea; por el contrario, lo encuentran insoportable. El sufrimiento no les parece BUENO, sino JUSTO, porque les es muy familiar. Es fácil impacientarse con los adictos al sufrimiento y decir que si son desdichados en sus relaciones es por su propia culpa, por elegir siempre a personas que no les convienen. En verdad, lo que hacen al revivir su sufrimiento temprano es tratar de encontrar una manera de poner fin al dolor. 'Si paso por esto una vez más', piensan, 'podré por fin encontrar una salida'.>>
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SALUDOS.
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lunes, 28 de julio de 2008

De vuelta

El fin de semana ha sido relajante, pero extenuante. Llegamos a la casa rural el viernes, sobre las 12,30 de la mañana, bien provistos de viandas, tanto sólidas como liquidas, y con una buena carga de buen humor y ganas de relajarnos todos.

Cuatro parejas: Faustino, Francisco, Jose Maria (son hermanos) y un servidor, con sus respectivas esposas, y seis niños pequeños, incluidos los mios.

Mis acompañantes son buenos amigos mios, y muy buenas personas. Apenas llegar, alguien sugirió que se habia asustado durante el viaje por el gran calor que hacia en la carretera, motivo suficiente como para quitarse el susto con una buena cerveza fresquita, a la cual siguieron muchas más. Como un imán, todos seguimos su ejemplo.

La casa, perfecta, en un sitio muy bonito, aislada, sin coches, sin semáforos, sin moviles ni televisión ni nada. Bueno, televisión si habia, pero ninguno de los adultos la hemos visto, a excepción de los niños, por eso de los dibujos animados. Los niños, por cierto, se han portado bastante bien, cosa de la que estoy harto sorprendido, y han vuelto “negros”, parecen grajos, se les ha pegado bien el sol. Estaban todo el dia en la piscina, y los mayores nos dabamos un chapuzón de vez en cuando.

Por las tardes, después de comer, partidas de dominó los hombres, y las mujeres plática, café y cigarro en la terraza. Un chapuzón en la piscina, para hacer algo de apetito, y por la noche a darle un buen repaso a las viandas.

Cuando mas a gusto se estaba era por la noche. Silencio…sosiego… paz. Un cielo estrellado precioso, y un fresquito encantador, se conoce que la Sierra de Cazorla y de Tiscar está cerca, y no hace el calor insoportable que en nuestra ciudad. Un ron con limon, o un wiski con cola para apagar la sed… y muy buen humor.

Hemos estado muy bien, y aunque la excursión ha sido breve ha merecido la pena. Lo que me traigo de allí es el inmejorable ejemplo de buena amistad y amor que me han dado estos tres hermanos. La relación entre ellos es inmejorable, y cada uno de ellos esta pendiente de los otros dos. Un cariño familiar y una armonia entre ellos digna de admiración y de alabanza.

Saludos