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"Cualquier hombre puede caer en un error, pero solo los necios perseveran en él" (Marco Tulio Cicerón)
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lunes, 27 de abril de 2009

El viejo Centurión (Parte VII)


En ese momento Póstumo guardó silencio. Un enorme venado macho se acercó al remanso, y se trataba de un gran ejemplar. Estuvieron esperando unos diez minutos, hasta que se acercó lo suficiente. El animal miró fijamente a todos los lados y al no divisar peligro alguno se dedicó a beber tranquilamente. Justo en ese momento Póstumo se alzó y lanzó su pilum al animal, alcanzándole en los cuartos traseros, comenzando éste una infructuosa huida que fue cortada en seco cuando una segunda lanzada, esta vez de Lucio, hizo que el venado cayera desplomado. Póstumo saltó de gozo.

-¡La primera sangre ha sido la mia! Para ser un viejo soldado retirado, no está nada mal. Vienen estos, ya hablaremos más tarde.

-Has estado lento Póstumo, por poco se te escapa -le advirtió Lucio.

Al poco, llegaron los demás veteranos.

-¡Habia decenas, Póstumo! –le dijo Marcelo-. Pero casi todas eran hembras y crias. Por eso solo hemos podido cazar a tres machos.

-¡Vaya, entonces tenemos cuatro en total, tenemos buena carne para unos cuantos días!

Todos habían cazado a los venados con sus lanzas, era indudable que mantenían el pulso firme y la puntería ajustada. Se trataba de cuatro buenas piezas. Allí había mucha carne, y no de mala calidad. Y como ya se acercaba la hora en la que el sol llegaba a su cenit, emprendieron el viaje de regreso a Nemausus, cargados con sus piezas. Convinieron de mutuo acuerdo dirigirse todos a la casa de Póstumo, y reunirse allí con sus mujeres, que se encargarían del descuartizamiento y despiece de los venados. Estas reuniones eran relativamente frecuentes pues aunque cada veterano hacia su vida con su familia, de vez en cuando les gustaba celebrar estas placenteras reuniones y comer y beber durante todo el día hasta hartarse recordando su época militar. Pero había un pequeño problema, y era que Póstumo había agotado las reservas de vino de sus odres, con lo cual mientras todos los demás se dirigían a la vivienda de Póstumo, a hacer los preparativos, él y Lucio se encaminaron a la Taberna donde habían estado la noche anterior, para comprar vino.

-Si tengo que comer sin beber, me muero Lucio –dijo Póstumo durante el trayecto-, eso si que es un delito que los dioses inmortales no perdonan, y además, una gravísima ofensa a Baco.

-Asi es, Póstumo. Pero, ¿Cómo sabes tantos detalles sobre mi vida?

-¡Nunca has sido sordo Lucio, ya me has oido antes! –le replicó Póstumo-. Los veteranos teníamos instrucciones de vigilar y seguir a los jóvenes, yo fui vuestra sombra sin que vosotros lo advirtierais. Y en cuanto a lo de tu mujer, todo se sabe. El problema es que ya no está en Massalia, como te he dicho antes, y tu estas aquí para buscarla. Pero ten confianza, la encontraréis. Quedaos Publio y tu con nosotros hoy, quiero gozar este dia de vuestra compañía, ¡los dioses sabrán cuando nos volvamos a ver de nuevo! Mañana podréis seguir vuestro viaje.

-Mis hijos tambien han desaparecido –le dijo Lucio-. Publio no sabia que yo habia tenido hijos con Iulia. Se lo dije en el Acuartelamiento de Tarraco.

-Jamás le dije por qué llegaste tarde la noche de la gran nevada. Pero también los encontrarás. Sonríe, bravo soldado, esa tristeza tan afeminada que llevas no me gusta…¡cualquiera diría que eres un soldado! Y el caso es que lo has disimulado muy bien durante todos estos años. Pero a mi no me engañaste, bajo esa corteza de militar romano duro e inflexible se esconde un corazón enamorado de una mujer. De una sola mujer, ¡oh dioses, que extraño pero que bonito al mismo tiempo! Si yo hubiera estado en tu lugar, quizás también esa hija de Venus tan bella me habria vuelto loco como a ti.

-Jamas –le dijo Lucio-, he amado a nadie como a ella Póstumo, la tengo en mi pensamiento a cada instante, y solo deseo encontrarla.


-Las canas –le contestó Póstumo- van domesticando nuestra mente y nuestro corazón. Nos hemos tirado veinticinco años sufriendo calor, frío, agua, viento, granizo, nieve; entrenamiento y trabajo y más trabajo sin cesar; siempre con heridas en el cuerpo, muchas veces se nos soltaban los puntos que los médicos nos daban y tenían que volvernos a coser; comida mala; paga escasa; y el único consuelo que teniamos era la disciplina, disciplina y mas disciplina. Hemos sido soldados, y un soldado no debe amar: debe matar. Esta ahí para eso. Nuestras legiones son el mejor ejercito del mundo, pero también el mas despiadado. Cuando era joven no comprendía estas cosas; ahora si, y por eso te comprendo a ti también. Cuando los años pasan y el ardor de la sangre se templa, el soldado vuelve a ser un hombre, a vivir y sentir como un ser humano. Y como no nos oye nadie, a ti si puedo decirtelo: apuesto a que ahora hubieras sido muy capaz de renunciar a toda tu gloria militar por haber estado siempre con ella ¿verdad? Se que si, y yo quizás también. Y lo peor de todo es nuestro triste final, hijo mio: mírame ahora, estoy viejo y solo, y cuando quiero la compañía de una mujer siempre tiene que haber unas monedas de por medio. ¡Brava recompensa y triste vejez para un hombre que se ha dejado las tripas por su patria durante tantos años…! Ya llegamos Lucio: seguiremos hablando luego, tengo que informarte de algo.

Una vez en Nemausus, se dirigieron directamente a la Taberna, donde adquirieron a buen precio cuatro grandes odres de buen vino de Sorrento. Tras cargarlo en sus caballos, se dirigieron sin más dilación hacia la casa de Póstumo, que estaba a cosa de una legua de la ciudad.

Llegaron a la casa de Póstumo. Era cálida y acogedora. Estaba orientada hacia el interior y era de un solo piso. La luz penetraba abundantemente por el atrio, que era la pieza central de la parte anterior de la casa, y se trataba de un gran espacio vacío con su apertura en el techo, o impluvium, y en torno al cual se abrian las estancias menores construidas en torno. En el pavimento, en correspondencia con el impluvium, estaba abierta una pila de forma rectangular, que era el compluvium, adornado con hermosos revestimientos y cuyo destino era recibir el agua de la lluvia. El agujero del impluvium, abierto en la parte central del techo, daba mucha luz a las habitaciones construidas alrededor. Pero la parte que mas le gustó a Lucio fue su peristilo, más luminoso aún que el atrio, que era un jardín rodeado de un pórtico sostenido por columnas, y aunque era de medianas dimensiones, era muy acogedor. A su alrededor estaban las habitaciones mas importantes de la casa: la exedra, una sala abierta al pórtico, y sobre todo el comedor, o triclinio, junto con otras habitaciones. Póstumo enseñó su casa a nuestros amigos con orgullo. Le habia costado mucho tiempo y trabajo levantarla.

Justo al lado, Póstumo tenía su propiedad, una extensión de ocho hectáreas de terreno, en el cual abundaban olivos, naranjos, limoneros, cerezos y otros árboles frutales. Ese año habia sembrado trigo, y todo prometia una muy buena cosecha. Cuando llegaron, los demas veteranos ya se afanaban ayudando a sus mujeres en el despiece de los venados y en la preparación de las viandas. Habian acudido todos, con sus mujeres y con sus hijos, un total de unas cincuenta personas aproximadamente.

Al entrar en el interior de la casa con objeto de dejar el vino, se encontraron con una grata sorpresa: Publio, sonriente, los aguardaba, en compañía de Isania, Drusila, y Corina.

Ya atardecía y era incesante el trasiego en la casa. Tras el despiece de los venados, dejaron enfriar la carne durante tres horas. Póstumo, orgulloso, mostró sus odres de vino, lo cual fue recibido por todos con gran alegria, y como señal de buen augurio: no había peor cosa que comer sin vino. Como la temperatura era agradable, decidieron realizar el almuerzo al aire libre, al lado de la puerta principal de entrada a la casa. Las mujeres comenzaron a servir las viandas: legumbres, carne de jabalí y de cerdo, tres pavos rellenos, una enorme fuente con mariscos y sardinas traidas directamente desde Massalia, frutos secos, pescado en salazón y como no, la preciada salsa garum. Aquello solo era el aperitivo. Se sentaron todos en las mesas con muy buen humor, y el propio Póstumo sirvió el vino. De pronto, Lucio reparó en que Publio no aparecía por ningún lado, haciéndose conjeturas todos sobre su paradero. Póstumo, sonriendo con sorna y con una chispa de malicia en los ojos, dijo:

-No os preocupéis, a buen seguro que no lo esta pasando mal, ni muchisimo menos. Volverá pronto.

Todos empezaron a degustar las viandas que a modo de entrantes habian dispuesto en las mesas. El vino comenzó a correr abundantemente. Estaban a gusto, felices y comenzaron las bromas, las risas y las carcajadas. Los niños jugaban en el campo cercano, inundandolo todo con sus alegres gritos. De pronto salió de la casa Publio, arreglandose la ropa que tenia un poco mal puesta, mostrando una amplia sonrisa, y con señales inequívocas de haber pasado un buen rato con Isania que tambien apareció casi inmediatamente, corriendo, demudada y poniendose en orden la ropa. Publio dijo:

-¡Pero bueno, ¿tanta hambre teneis? ¡Venus castigará vuestra impaciencia…! Dejadnos algo para nosotros también.

Tal frase fue respondida con una sonora y unánime carcajada por parte de todos los comensales, hombres y mujeres. Isania se fue con ellas, y Publio se sentó con Lucio y con Póstumo.

-Apuesto lo que sea –le preguntó Postumo- que te gusta mas hacer el amor que comer.

-Diez denarios! –aventuró Marcelo.

-Quince denarios! –dijo Quinto.

-Yo apuesto otros quince denarios -aventuró Lucio- a que le importa más comer, Publio ya esta viejo.

-¡Lucio, no presumas de juventud, te recuerdo que tenemos la misma edad! –le espetó Publio-. En fin, hermanos, tranquilos, todos habéis ganado la apuesta. Todo es necesario en esta vida.

Publio miró intensamente a Isania, que se puso colorada y bajó los ojos al suelo. Las mujeres la rodearon y comenzaron a…
(CONTINUARA).

Saludos.

13 comentarios:

genialsiempre dijo...

El relato se hace mundano y se humaniza, lo cual le da una dosis de credibilidad, que aunque innecesaria, viene perfecta para que la lectura se haga más cercana.

José María

IndeLeble dijo...

Espero ansiosa la continuación , muy buen relato , me encantó!

Selma dijo...

Me tienes colgada a tus Entradas.. Nemausus, Massalia.. Provintia Romana: Provence.. ¡Qué viaje en el tiempo tan hermoso y tan presente a la vez...!

Oscula multa, semper, Cornelivs!

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

Yo pongo 100 denarios...
Atrapa.

REIKIJAI dijo...

...Y yo espero algo mas concreto.(ella y los niños).Si come se duerme asi que mejor que haga el amor...honbres al fin.Besitos Silvi.

Myr dijo...

Hmmm se está poniendo cada vez mas interesante!!!!! Me quedo con las ganas de seguir leyendo!


Besos

1mati dijo...

nos acercamos mas a los personajes..
esto se pone interesante..
un besazo

Quidquid dijo...

Desde Tarraco un saludo a los protagonistas y autor. Supongo que el garum estará elaborado en nuestras factorias o quizás en las de nuestra vecina Barcino.Toda Roma lo consumía en grandes cantidades ya que decían que era el de mayor calidad.¿?
La descripción de la Domus, perfecta y el argumento... interesante,
Salve vates divinitus!!!
Luisius

Isabel dijo...

Tus relatos, son humanos, llenos de sensibilidad, y enganchan. Un beso

Silvia dijo...

holis!como me atrapan tus relatos...no me canso de decirte que eres un genio describiendo lugares,personas,escenas,
no parece tan lejana la época...gracias atu forma de contar...
gracias.
espero más.
besotes.
silvia cloud

Amig@mi@ dijo...

A partir de hoy he decidido imprimirlo y leerlo de corrido, así no me acuerdo de un día para otro...
Besos

Rita dijo...

Es estupendo leer estos relatos, la historia es mi pasión, un beso, feliz semana amigo Cornelivs

Gizela dijo...

Aquí sigo "pegada" como dicen en Venezuela.
Tú y Pedro me tienen asombrada y con la boca abierta.
SON DOS NOVELISTAS!!!!!
Abrazos