"Cree a aquellos que buscan la verdad, duda de los que la han encontrado" (André Gide)
"No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defendería con mi vida tu derecho a expresarlo" (Voltaire)

"La religión es algo verdadero para los pobres, falso para los sabios y útil para los dirigentes" (Lucio Anneo Séneca)
"Cualquier hombre puede caer en un error, pero solo los necios perseveran en él" (Marco Tulio Cicerón)
"Quien no haya sufrido como yo, que no me de consejos" (Sófocles)
"No juzguéis y no sereis juzgados" (Jesús de Nazaret)
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sábado, 21 de febrero de 2009

Linda

Este invierno ha sido muy frio, y lo que es mucho peor para un motero, anormalmente lluvioso por esta zona, de modo que los que además de nuestro trabajo tenemos afición a las motos no hemos podido apenas salir con ellas. Y no por el frio, pues los moteros tenemos equipación necesaria y suficiente para combatirlo, sino por el agua y el viento que son mucho más peligrosos.

Casi todo el invierno he tenido abandonada a mi querida "Linda", la podeis ver en la foto. ¿Verdad que es una preciosidad? Esta mañana he ido a verla y me ha mirado con ojos tristones, reprochándome estos tres meses de abandono. A pesar de dormir en su cochera, estaba un poco sucia con algo de polvo acumulado. Pero como el tiempo ya va acompañando, esta mañana la he llevado al taller, donde le han dado un lavado en profundidad, y le han revisado los niveles, presion de neumáticos, en fin, la han puesto a punto. Ha salido de allí reluciente, limpia, sonriente, feliz, mirandome con sus ojos coquetos. Está guapisima, me he vuelto a enamorar de ella, pues es mi gran amor de los fines de semana.

Cuando la he acariciado y la he puesto en marcha ha vibrado con ese dulce sonar suyo tan caracteristico y tan sugerente que tanto me gusta. Me he dado un breve paseo por el pueblo y los alrededores, unos 15 kilometros mas o menos, muy poquito. La temperatura es agradable y el sol nos acompañaba en un cielo despejado. Me he sentido bien, feliz. Incluso me ha sugerido tener una nueva aventura conmigo, y no he podido resistirme a su insinuación, de modo que mañana domingo haré una salida con ella, una buena ruta; quizás vaya a Loja (a 135 km. aprox) o a la zona de Despeñaperros (a 120 km. aprox) como tantas veces, a dar un buen paseo, tomaremos un café, haré algunas fotografias de aquella zona (el paisaje es precioso), y creo que sobre la hora de comer estaremos de vuelta.

La primavera de los moteros…ha llegado.

Saludos.

viernes, 20 de febrero de 2009

Un regalo para todos.

Os voy a hacer un regalo a todos con todo mi cariño. Siempre he opinado que uno de los mejores regalos que se puede hacer es un buen libro. Y de eso se trata, del texto de un clásico, un texto breve, que quiero compartir con todos vosotros. Y os propongo un juego: a continuación copio y pego el texto, pero el nombre del autor y el titulo de la obra solo constará al final. Si tenéis un poquito de tiempo, seguro que adivinaréis de quien se trata, o al menos, os lo barruntaréis.

Quizás muchos ya lo conozcais. Para los que no, solo os voy a dar una pequeña pista. Es un librito de consejos. Y es que no olvido a los grandes sabios que ya atravesaron por numerosas tribulaciones en esta vida y como se enfrentaron a ellas con sabiduría y coraje. En mi humilde opinión, esas enseñanzas son muy provechosas; al menos a mí siempre me ha resultado muy útil la lectura de este texto, y de vez en cuando lo releo y lo medito. Espero que os guste.

Bien, este es el texto. Por cierto, se trata del texto íntegro.

1. Nuestra vida se extiende mucho para quien sabe administrarla bien.
2. ¿Se atreve alguien a quejarse de la soberbia del otro cuando él mismo nunca tiene tiempo libre para sí?
3. Nada puede ejercitarse bien por un hombre ocupado, ni la elocuencia, ni las artes liberales, pues cuando un espíritu es distraído, no cobija nada muy elevado, sino que todo lo rechaza como si fuese inculcado a la fuerza.
4. A los hombres más poderosos, los que están situados en altos cargos, se les escapan palabras en las que anhelan el descanso, lo alaban, lo prefieren antes que a todos sus bienes.
5. Hay que suavizar todas las cosas y hay que sobrellevar todas con buen ánimo.
6. Aquel que dedica todo el tiempo a su propia utilidad, el que dirige cada día como si fuese el último, ni suspira por el mañana, no lo teme.
7. Debe conservarse con sumo cuidado lo que no se sabe cuando va a faltar.
8. El mayor impedimento para vivir es la espera, porque dependiendo del mañana se pierde el hoy.
9. Este camino de la vida, continuo y apresuradísimo, que, en vela o dormidos, recorremos al mismo paso, no es visible a los hombres ocupados sino hasta que han llegado al final.
10. Es propio de una mente segura y tranquila el recorrer todas las partes de su vida. Los espíritus de las personas ocupadas, como si estuviesen bajo un yugo, no pueden volver, ni mirar hacia atrás.
11. El tiempo presente sólo pertenece a los hombres ocupados, el cual es tan breve que no puede atraparse, y este mismo se les sustrae, turbados como están en sus muchas ocupaciones.
12. Hay que ser indulgentes con el espíritu, y hay que darle descanso una y otra vez.
13. Es ocioso aquel que tiene sentido para su ocio.
14. No son ociosos aquellos cuyos placeres encierran buena parte de trabajo.
15. De todos, sólo son ociosos quienes tienen tiempo libre para la sabiduría, pues no sólo defienden bien su vida: cualquier tiempo lo añaden al suyo.
16. La vida mas breve y mas llena de inquietudes es la de aquellos que olvidan el pasado, miran con indiferencia el presente, temen el futuro.
17. La vida de quienes preparan con un gran esfuerzo lo que poseerán con un esfuerzo mayor es desgraciadísima. Con gran trabajo consiguen las cosas que quieren, con ansiedad mantienen las que han conseguido, entretanto no hay ningún cálculo del tiempo, de ese que no va a tornar nunca más.
18. No esperes hasta que las circunstancias te dejen en libertad, sino sepárate tú mismo de ellas.
19. Es enemigo de la serenidad un compañero perturbado y que se lamenta de todo.
20. Hay que pensar cuánto más leve sea el dolor de no tener que el de perder, y comprenderemos que a la pobreza le corresponde un tormento menor en cuanto es menor la posibilidad de mermar.
21. Habituémonos a desprendernos de la pompa y a valorar la utilidad de las cosas, no sus adornos.
22. En todas partes es un vicio lo que es excesivo.
23. Da entrada a la razón en las dificultades: pueden ablandarse las circunstancias duras, dársele amplitud a las estrechas y las graves oprimir menos a quienes las soportan con elegancia.
24. No envidiemos a los que están situados por encima de nosotros: las cosas que parecían más excelsas se derrumbaron.
25. Quien tema a la muerte, no hará nunca nada por un hombre vivo, pero quien sepa que este hecho estaba pactado en el mismo momento en que fue concebido, vivirá según la ley de la naturaleza, y, a su vez, con la misma fortaleza de espíritu, se mantendrá firme para que ninguna cosa que le suceda sea inesperada.
26. Es más tolerable y más fácil no adquirir que perder.
27. Que no se apodere de nosotros la inconstancia, vicio en extremo enemigo de la serenidad.
28. Quien se dedica a muchas cosas, a menudo entrega a la suerte el dominio de sí mismo.
29. Es propio del hombre reírse de la vida antes que lamentarse.
30. Es mejor aceptar con tranquilidad las costumbres públicas y los defectos humanos, y que no se escapen involuntariamente ni la risa ni las lágrimas.
31. En tus males conviene que te conduzcas de tal modo que des al dolor sólo cuanto la naturaleza ordene, no cuanto ordene la costumbre.
32. No es grata y segura la vida de quienes viven siempre bajo una máscara.
33. Hay que mezclar y alternar estas cosas: la soledad y la compañía de la multitud.
34. No hay que tener la mente en la misma tensión constantemente.
35. Hay que dar un alivio a nuestros espíritus: tras haber descansado surgen los mejores y más vivos proyectos.
36. A través de las ocupaciones se pasa la vida.
37. Ante todas las cosas es necesario evaluarse a uno mismo, porque las más veces nos parece que podemos más de lo que en verdad podemos.
38. Los patrimonios, causa máxima de las aflicciones humanas.
39. La mejor medida del dinero es no caer en la pobreza ni alejarse demasiado de la pobreza.
40. ¡Qué tarde es comenzar a vivir cuando hay que abandonar la vida!

El titulo de la obra es este: “Consejos para una vida plena”. Su autor es Lucio Anneo Seneca. Parece mentira que se haya escrito esto hace dos mil años.

Saludos.

jueves, 19 de febrero de 2009

La bondad de la tolerancia

No se si me equivoco, pero creo que estamos asistiendo a una progresiva radicalización de las actitudes sociales. Estoy hablando en general. Y son obvias las bondades de la tolerancia y su necesidad, ser dialogante y respetar el pensamiento del otro, aunque no lo compartamos. Todos los dias, en los medios de comunicación somos testigos de polemicas de este tipo en asuntos sociales, politicos, religiosos y otros, que han generado a lo largo de la historia infinidad de conflictos, algunas veces incluso virulentos; hasta se han sucedido guerras por posturas beligerantes e irreconciliables. Se me ocurren muchos ejemplos pero citaré solo algunos, y hablaré de las posturas mas extremas.

Por ejemplo, ahora que se está hablando tanto de la posible modificación de la actual Ley reguladora de la Interrupción del Embarazo, y ampliar sus supuestos. En los periódicos podemos ver y leer todos los dias posturas muy rígidas y opuestas. Los partidarios sostienen que la mujer debe decidir exclusivamente. “Nosotras parimos, nosotras decidimos”. Ante violaciones, enfermedades, exclusión social y otras circunstancias, las mujeres desean tener la libertad total de decidir. Sin embargo los adversarios a ello piensan que se está olvidando que un embarazo no es una enfermedad, pues aquí no se trata de extirparse un pólipo un mioma, ú otro tipo de tumor, sino que se trata de una nueva vida, que no tiene culpa de nada, y para la cual ha sido necesario el concurso de una segunda persona: el padre.

En tema religioso, la cuestión es aún más peliaguda. Los unos abogan por una sociedad con acuerdo a sus creencias religiosas, intentando obviamente que la sociedad las respete, pero a veces traspasan esa barrera e intentan también imponerlas. Y obviamente a los laicos les repugna lo anterior.

Son solo dos ejemplos muy gráficos, y he hablado de estos temas como podía haberlo hecho de otros. Y que conste que respeto profundamente la opinión individual que el individuo pueda tener, sea la que sea, y se trate del asunto de que se trate.

Pero es que, lo que más me preocupa, y mucho, es el fanatismo en la creencia de la propia idea; es decir, la negación recalcitrante de la idea contraria, y lo que es peor: el intento de imponer la creencia propia a la fuerza, mediante insultos, descalificaciones, silenciando la libertad de expresión, boicots de muchos tipos, y a veces con medios coactivos; quizás poco a poco se está perdiendo el sentido del respeto al modo de pensar de los demás. No se juzga a los demás por lo que son, por sus virtudes, valores personalidad o acciones: se les juzga por lo que piensan.

El otro dia me encuentro con una pintada en una ciudad: “Abortar es un crimen”. Y debajo otra en tinta de otro color: “Pues no lo hagas”. Y mas pintadas: “la TV destruye a la familia”. Debajo la contestación: “Pues no la veas”. Es como si dijera: si usted cree eso de la televisión, bien, no la vea: pero no impida que los demás usen su derecho a ver la televisión cuando, como y donde les apetezca. Y con la primera pintada, lo mismo. Creo que para defender la idea propia, en buena lid, no es necesario avasallar a la opinion contraria.

Quizás convendría desdramatizar un poco el tema, lo cual no significa tomárselo a la ligera, ni mucho menos; pues me parece lo suficientemente serio como para meditar en ello. Los grandes filósofos pensaban que a medida que vamos cumpliendo años y la vida va desfilando ante nosotros dándonos cada día más experiencia de las cosas, comprendemos que el saber, el conocimiento, es tan infinito, tan amplio y tan vasto, que nos sentimos cada vez más minúsculos. Por ello no comprendo a los que dicen defender “la” verdad (pues para ello ya deberían poseer todo el saber y haberla descubierto) y menos aún que intenten imponer su pensamiento al prójimo. En todo caso, será “su” verdad. Y otra cosa que me da mas miedo aún es que dichas corrientes de pensamiento se utilicen como arma electoral, sacrificándose asi la bondad intrínseca de una buena idea por un puñado de votos.

Tolerar el modo de pensar de los demás es respetarlos. Hablo del verdadero respeto a la libertad de pensamiento de cada uno, el que se escribe, y sobre todo, el que se practica. Por eso algunas veces…me da pánico leer los periódicos y ver “cómo está el patio”.

Saludos.
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miércoles, 18 de febrero de 2009

El viejo centurión (3ª Parte)

Los dos eran veteranos de guerra curtidos en muchas batallas y su piel estaba marcada de cicatrices. Tenian la misma edad y el objeto de su presencia allí era idéntico. Se alistaron juntos y coincidieron en diversas ocasiones. Luego, tras tomar rumbos distintos, al cabo de los años volvieron a reunirse dos años atrás, en la Batalla de Actium, y al año siguiente bajo las ardientes arenas del desierto egipcio, en la Batalla de Alejandría, a las órdenes de Octavio Augusto, que venció en ambas ocasiones a Marco Antonio.

Publio también estaba solo, pues nunca se había casado y no tenia familia alguna. De carácter inquieto, le era imposible echar raíces en un lugar determinado. Eterno viajero, había gozado de la compañía de infinidad de mujeres; y decía que eran algo tan sumamente bello y divino que le era muy difícil decidirse por ninguna. Sabía vivir bien la vida; se echaba los problemas a la espalda, y estos le resbalaban. Igualmente, era de ánimo noble y valiente, casi temerario; pero más alegre que Lucio, nuestro viejo Centurión, cuya historia conocía perfectamente.

-¿Te acuerdas de Actium? Tuviste mucha suerte, pocos han sobrevivido a un tajo como el que te llevaste.

-Los dioses me hicieron nacer otra vez -respondió Lucio, descubriéndose una profunda y larga cicatriz que le surcaba todo el pecho.

En aquella batalla, Lucio había dado lo mejor de sí. El ya era Centurión y como tal tenía un alto grado de responsabilidad para con sus hombres, siempre estaba dispuesto a sacrificarse para evitar una inútil perdida de legionarios, como todo buen centurión que se preciara de serlo. Aquella herida, y su heroica lucha en medio del fragor del combate, le valió el reconocimiento del propio Augusto, que directamente lo ascendió a Primipilus, o sea, el Centurión más importante y con más meritos de toda su Legión, con derecho a portar la espada al lado izquierdo, al revés que la tropa, convirtiéndose así el primer centurión de la 1ª Cohorte de su Legión, con voz y voto en los Consejos de Guerra. Aquello fue un gran honor para el viejo Centurión.

Pero no presumió de ello. Publio creyó percibir una sombra de tristeza en Lucio, pero prudentemente, no dijo nada, tiempo tendrían luego de hablar.

Había mucha vida en aquel Campamento. El ruido y el trasiego propio de la continua entrada y salida de convoyes con víveres y provisiones para los soldados se mezclaba con el propio del entrenamiento de los reclutas. Estos acababan de llegar, procedentes de hacer una marcha de 24 millas romanas (36 Km) cargados con todo el equipo, y habian tardado más de la cuenta: seis horas. Tenian mucho que mejorar, pues harían tres marchas de este tipo, al mes, durante el resto de su vida militar. Tras un breve descanso, continuaron con el entrenamiento. Apoyados ambos en la balaustrada, presenciaron con placer y simpatía como continuaba la instrucción de los jóvenes, aquello les gustaba. Publio no lo pudo evitar: se levantó, cogió una pesada jabalina, y, para comprobar su puntería, la lanzó hacia una estaca, que se hallaba a treinta metros. Dio en el blanco. Nuestro viejo Centurión no se lo pensó: lo imitó, con idéntico resultado.

Allí, en su mundo, se sentían respetados y reconocidos. Siguieron presenciando durante un buen rato el entrenamiento de los reclutas con las espadas de madera, aun no había llegado el momento de entregarles las auténticas. Tenían mucho que aprender. Publio, que se hallaba desarmado, de nuevo fue allá: se acercó a un recluta, el más alto y fuerte y que parecía más ágil que el resto y le pidió que lo atacara con la espada. Lucio, el viejo centurión, sonrió con ironía presenciando la escena y adivinando sin dificultad lo que iba a pasar. El instructor también presenciaba complacido. El recluta atacó lo mejor que pudo, con mucha idea; pero Publio lo esquivaba una y otra vez, hasta que en un rápido movimiento lo cogió por la muñeca y lo arrojó al suelo.

-Golpea así, de frente, no hagas arcos con la espada, le darás tiempo al enemigo, que te evitará y te tirara al suelo como yo, pero no tendrá piedad de ti. Levántate, serás un buen soldado.

Estuvieron alli hasta que terminó el entrenamiento. Y como el General no los recibiría hasta el día siguiente, al estar fuera, toda la tarde la pasaron en la mejor Taberna que habia en Tarraco. Pidieron comida en abundancia y dieron buena cuenta de las viandas. Tras de ello, bebieron en abundancia y conversaron muy largo y tendido, intercambiándose sus sucesos y recordando sus vivencias juntos y las batallas en las que habían tomado parte. Nuestro viejo centurión estaba feliz; pero su mirada, paulatinamente, volvió de nuevo a perderse a lo lejos recordando las dulces noches de amor que había pasado con Iulia, en Massalia (1), de donde ella era. Viendo que el ánimo del viejo centurión no mejoraba, Publio le riñó.

-Los dioses te castigarán si sigues así, Lucio. Deberías estar alegre, has vivido para llegar a recibir tu licenciamiento y tu paga y tienes la misma cara que un condenado. ¡Compórtate, recuerda que eres un soldado de Roma!

-He sido un soldado –matizó Lucio-. Me siento viejo, hermano.

-Te ríes de mi. Los reclutas de ahí fuera tardarán meses en poder tirar la jabalina como nosotros hemos hecho antes, y dices que te sientes viejo? ¿Tu, Lucio Druso Medulino, héroe veterano, a quien el propio Augusto besó en Actium hace dos años?

Publio miró fijamente a nuestro Centurión. Le cogió con las dos manos por los hombros, y le obligó a sostener la mirada. Percibió en sus ojos una infinita tristeza, adivinando pronto la causa de todo.

-¡Por todos los Dioses…! Recuerdo esa mirada. Es ella… ¿verdad? ¡Sabía que pasaría esto! Nunca he conocido a un soldado mas valiente que tu, pero tampoco he conocido a ningún hombre más tonto que tú. Pudo contigo lo que ningún enemigo ha podido en todos estos años. Y mira que te lo avisé, eres un soldado, la ley nos prohíbe casarnos con una mujer…¡pero, por Júpiter, nos deja tener muchas!. Te lo dije muchas veces, pero no me hiciste caso, te volviste loco con ella. ¿Recuerdas aquella noche, la de la gran nevada? ¿Recuerdas los quince días de arresto que te impusieron al llegar tarde al relevo de guardia por culpa de ella? No la has olvidado, ¿verdad?

-Ni un solo instante. Moriria antes, Publio. Esos ojos verdes…ni Venus los tiene igual. Me hubiera gustado ser un simple labrador, en vez de un soldado. Ahora no estaría solo, ni lo habría estado antes.

-Pero ahora la vida te sonríe, puedes comenzar de nuevo –repuso Publio, intentando animarlo-. Cuando acabemos aquí nos vamos a la Galia y te dejaré en sus brazos. Además, ahora puedes legalizar tu situación con ella.

-Marchó de allí hace tres años, no sé donde está. Y mis hijos tampoco.

Publio ignoraba esos dos detalles. Se puso serio. Guardó silencio durante unos minutos. Luego dijo:

-Comprendo. Bueno, tenemos la mejor red de espías que hay en el mundo conocido, y nuestros correos tienen caballos veloces. Y además, como vamos a Roma hemos de pasar forzosamente por Massalia. Me llevo bien con los volscos y con los ligures (2). La buscaremos.

-Pero tu tendrás también tus planes.

-¡Por Baco, claro que los tengo! Ya sabes que donde haya un buen par de pechos de mujer, estarán siempre mis planes. Estoy solo como tu, Lucio, y me aburriria estando todo el dia sin nada que hacer. Además, después de tantas guardias y vigilias nocturnas adoro a Morfeo, el Dios del sueño, hijo de Hipnos y de la noche… me encantará estar todo el día en sus brazos…

Y para rematar, dio un largo y prolongado bostezo, estirándose sin pudor alguno. El viejo centurión recuperó su sonrisa.

-El mismo Publio de siempre…debería de haberte dejado aquella vez en Pompeya, cuando te hirieron, viviendo como un Leno (3) en las Termas Suburbanas, cerca de la Puerta Marina, ¿recuerdas?

Ambos rieron. Siguieron hablando y bebiendo hasta muy tarde.

A la mañana siguiente terminaron de arreglar su situación y recibieron mejor trato del que esperaban. Los Legados de sus respectivas legiones ya habían enviado previamente un Correo al Centro de Reclutamiento, dándole precisas instrucciones, y destacando especialmente la impecable hoja de servicios de ambos soldados. Los dos recibieron su paga completa.

Pero ya no necesitaban ir a Roma para recoger su titulo de propiedad, las órdenes habían cambiado. Hacia dos años que el Senado enviaba estos títulos directamente a los Centros de Reclutamiento para los veteranos. El General le entregó a cada uno el suyo, firmado y sellado, junto con el salvoconducto especial propio de los veteranos. Desde ese instante ya no eran oficialmente soldados, sino meros ciudadanos; pero como regalo de honor se les permitió conservar todas sus armas y su indumentaria militar con derecho a portarlas y a vestirlas; incluso, si era su deseo, podrían intervenir en combate, pero nunca sin el permiso expreso de un Superior.

Cuando salían por la puerta, el General les dijo:

-Roma enaltece y protege a sus bravos hijos. Coged ambos un caballo nuevo, el que queráis, y dejaros aquí esos viejos pencos. ¡Salud!

Así lo hicieron. Ambos se cuadraron, saludaron y se despidieron.

Saludos.

(1) Marsella.
(2) Tribus galas del sur de Francia.
(3) El Leno era el encargado de mantener el orden en los prostíbulos y cobraba una comisión del servicio de la prostituta.
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martes, 17 de febrero de 2009

A su memoria.

DEDICADO A SU MEMORIA.

MI CARIÑO, MI COMPRENSIÓN, MI AFECTO Y TODO MI APOYO PARA LA FAMILIA DE MARTA DEL CASTILLO, A QUIENES TRANSMITO MI MAS SENTIDO PESAME EN ESTOS DUROS MOMENTOS.

PIDO QUE CAIGA TODO EL PESO DE LA LEY PARA LOS CULPABLES.

DESCANSE EN PAZ.

Saludos.
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lunes, 16 de febrero de 2009

Querer es poder

“No nos atrevemos a emprender muchas cosas porque son difíciles, pero son difíciles porque no nos atrevemos a hacerlas” (Séneca).

Muchas veces hemos dudado de nuestra capacidad para hacer cosas o para afrontar algun reto.

Y cuando nos hemos puesto a ello, hemos comprendido que no eran tan inalcanzables como suponíamos.

Decian los viejos que “querer es poder”. Y creo que no les faltaba la razón. Porque, quizás nunca podamos coger la luna con los dedos: pero, si nos mentalizaramos, nos asombraríamos al descubrir la cantidad de cosas que somos capaces de hacer, y de retos que podemos superar. No deberiamos de sentirnos derrotados antes de hacer la experiencia.

Saludos.
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domingo, 15 de febrero de 2009

El socarrón.

La socarronería se define como burla encubierta efectuada con astucia o disimulo, es decir, con ironía. Un socarrón es, en el fondo y en la forma, una persona que se burla de los demás. Se ríen inmisericordemente de la gente que hay a su alrededor, o de las indefensas victimas que ellos mismos eligen, que normalmente suelen ser buenas personas.

Cervantes nos define a uno de los mayores socarrones de la historia, el bachiller Sanson Carrasco. Dice de él: “Era el bachiller, aunque se llamaba Sansón, no muy grande de cuerpo, aunque muy gran socarrón; de color macilenta, pero de muy buen entendimiento; tendría hasta veinte y cuatro años, carirredondo, de nariz chata y de boca grande, señales todas de ser de condición maliciosa y amigo de donaires y de burlas”. Mas adelante lo define como “…perpetuo trástulo y regocijador de los patios de las escuelas salmanticenses”. Ahí es nada.

Cuando Cervantes los definió como personas “de condición maliciosa”, por algo sería. El propio Cervantes, al describirlo, se burla del socarrón.

Si, son burladores profesionales, y su propio comportamiento elimina el más mínimo atisbo de nobleza que pudiera haber en ellos: ningun noble corazón se burla de otro. Y encima suelen ser cobardes, por propia definición, pues como no se atreven a decir las cosas claramente con palabras llanas, tienen que estar ideando y maquinando continuamente su astucia y su disimulo.

Es fácil detectarlos, y actuan de diversas formas. Muchas veces lo hacen en solitario. Pero otras veces son esos “graciosillos ocurrentes” que todos hemos conocido alguna vez: andan siempre rodeados de su corte de eunucos mentales que aplauden sus presuntas gracias y siempre provocan la risa en su inteligentísima audiencia: ellos no tiran directamente la piedra, pero su gracia es coreada y aplaudida por todos, con lo cual el juego les sale completo. En esta sociedad nuestra, tan deficitaria de cultura, la gente no suele comentar el ultimo libro que ha leido (pues no se lee), pero, oh misterio, siempre sonríe con una buena burla socarrona. “¡Que graciosos y que listos que son, que barbaridad!” E incluso se quedan con la boca abierta, alabando el “ingenio de paja” del socarron. No les falta más que aplaudir.

El último socarrón famoso que conocí fue en Sevilla, en la Facultad de Derecho, cuando estudiaba la carrera. Era un tipo de un pueblo muy cercano a Sevilla. Durante un mes, el ascenso del socarrón fue fulgurante; pero bien pronto terminó solo como la una. Nunca me he enfrentado a ellos, pues jamás me he fiado de un individuo de esta naturaleza, y siempre he huido de su trato: mi silencio es mi mejor respuesta.

Me gusta el humor, el sano, fino y noble sentido del humor, el que no insulta ni desprestigia a nadie: el humor bueno, el blanco, el sano. Hay que ser alegre, es bueno reirse, hasta que te duela el estómago si es preciso; pero para ello no es necesario burlarse de nadie, como hacen estos sujetos. Y que conste que todos, alguna vez, hemos actuado con algo de socarroneria, el que este libre de pecado que tire la primera piedra; pero una persona normal no hace de la socarroneria su pauta normal de conducta.

Porque la socarronería, como actitud ante la vida, me parece muy corrosiva y perniciosa, pues he comprobado que en el fondo hace daño a quien la profesa, de modo que el propio socarrón, a la larga, es victima de su propia socarronería. Lo que sucede es que parecen no darse cuenta de ello, y si se dan cuenta les da igual.

Todos rien la gracia, pero ninguno piensa que la socarronería, en el fondo, solo es una BURLA hacia el prójimo, ninguno se detiene a pensar que el socarrón se está riendo y burlando del blanco de su ironía. Y siempre es censurable burlarse de los demás. Al propio socarrón no le gustaría que se burlaran de él, ¿verdad?

Si despojamos al comentario socarrón de su aparente astucia, y nos quedamos en lo que es (burla hacia otra persona), podremos ver en el socarrón muchas cosas reprensibles. No son personas de fiar. Y encima, pienso que muchos de ellos (he conocido ya a unos cuantos) tienen en su interior una profunda tristeza; quizás en el fondo tengan un pobre concepto de si mismos, que proyectan al exterior mediante sus continuas bufonadas.

Si, son inteligentes; pero no aportan nada; no crean nada; no construyen nada; solo destruyen a los demás. No suelen tener fe en la gente, no quieren a nadie, y por no quererse, a veces pienso que no se quieren ni ellos mismos; se han convertido en unos perpetuos espectadores ácidos, mordaces y tristes de la realidad, que en el fondo desconfian de la bondad del ser humano, lo cual demuestra que tampoco tienen la confianza en si mismos. Destruyen la ilusión, y muchas veces (y esto es peor), la reputación de una persona honrada.

Podrian usar su inteligencia para mejores fines. Podrían tener más confianza en el ser humano y ser de ánimo más generoso. Pues en el pecado llevan la penitencia, porque una persona que se burla y que se rie de los demás no creo que sea un compendio de virtudes o de valores morales.

Todo el mundo conoce a D. Quijote, hasta los que no han leido la novela. Pero ¿Quién conoce a Sanson Carrasco? Dudo que lo conozcan si no han leido la novela.

Saludos.
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