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viernes, 12 de febrero de 2010

La condesa Trifaldi

Para el grupo de lectura del Quijote en La Acequia.

En este capitulo 36 nos enteramos de que en la pasada burla un mayordomo del duque hizo el personaje de Merlín (el de la "voz algo dormida y lengua no muy despierta"), y algo que jamas perdonaré a los duques: que ¡un paje! hiciera de Dulcinea, lo cual explica su "desenfado varonil y su voz no muy adamada", como nos dice Cervantes, lo cual vuelve a confirmarme aún más lo “cochambroso” que resultó la primera burla de los duques. Se trata de una burla muy burda, basta, chabacana, impropia de gente de titulo, y mucho menos de nuestros protagonistas. Me remito a mi comentario de la semana pasada, que aquí reitero.

Lo que si queria decir es que, respetuosamente por supuesto, disiento de quien considera a estos espectáculos burlescos de los duques como una especie de homenaje o agasajo a Sancho y a don Quijote; según esta opinión se supone que al ser ya personajes famosos, -tras haber leído los duques la primera parte de la novela-, tanta máquina y tanta farándula supone o podria suponer una especie de agasajo ducal hacia los protagonistas. El caso es que a mi no me lo parece, pues en mi humilde opinion pienso que había otras maneras mejores de agasajarlos, si esa hubiera sido la intención de los duques. Pero no: yo creo que tratan de burlarse de ellos despiadadamente, para pasar el rato, usándolos como bufones. Además, estos duques no son delicados, se burlan de nuestros protagonistas sin estilo alguno.

Hasta los duques mismos tuvieron que darse cuenta de lo chabacana que resultó la primera burla, porque ahora viene una segunda burla que nos tendrá ocupados varios capítulos: la de la Condesa Trifaldi. Pero en esta segunda burla se conoce que los guionistas (los duques) tienen mas cuidado, está mejor diseñada, hay mas elegancia. Por lo pronto, los actores han mejorado mucho; el que hace el papel de escudero de la condesa Trifaldi tiene la voz “grave y sonora” y, en general, de la descripción que hace Cervantes de los personajes, indumentaria y prosopopeya se desprende muy claramente que los duques prepararon esta burla mucho mejor y más cuidadamente que la anterior, y consecuentemente, con mucha más malicia, casi con premeditación y alevosía, diria yo.

El escudero de la condesa, muy inteligentemente, no se dirige a D. Quijote, a quien finge no conocer, sino al duque, preguntando por nuestro héroe. Todo tiene que dar la apariencia de auténtico. Y los duques, insisto, actúan con más astucia que la vez pasada, situándose en un plano distinto al de la burla, como si la cosa no fuera con ellos, como si no estuvieran al tanto de nada, a fin de que D. Quijote no sospeche; cuando el escudero de la Trifaldi se ha ido el duque le dice a D. Quijote, aparentemente asombrado, estas razones: “apenas ha seis días que la vuestra bondad está en este castillo, cuando ya os vienen a buscar desde lueñas y apartadas tierras”.

Claro que si. Y es que este par de sinvergüenzas ya conocen que D. Quijote ayuda a los menesterosos. Leyeron en la primera parte que D. Quijote ayudó a la princesa Micomicona y ahora, seguros están de que hará lo propio con la desventurada Dueña Dolorida. Y no se equivocan. Ese es el cebo, y D. Quijote obviamente acepta. Pero no se olvida nuestro héroe del “rapapolvos” que el eclesiástico le dio capitulos atrás, pues hace ahora una encendida defensa de su profesión.

¿Y que decir de la carta de Sancho a su mujer? Una delicia. El va a lo que van todos, a hacer dinero. Que poco ha cambiado el mundo. De nuevo se ve, desde lejos, la mezcla de características que conforman la personalidad de Sancho. Por un lado, la codicia del escudero es tanta que hasta la duquesa le recrimina por ello, instándole a que se modere o al menos, que disimule. Sancho sabe que para ser gobernador tiene que azotarse: es su precio. Pero tiene tanta gana de gobernar que esta dispuesto. Y no obstante, al mismo tiempo rebosa ingenuidad: quiere a su familia, se acuerda de su mujer y de sus hijos, y como siempre hace gala de una excelsa fidelidad hacia su rucio; no se separa de su asno ni al sol ni a la sombra, pues le dice a su mujer que el rucio esta bueno y que le manda recuerdos, y que no piensa apartarse de él aunque le nombraran Gran Turco. ¡Al rucio que nadie lo toque...!

Saludos.

11 comentarios:

Merche Pallarés dijo...

¡¿Nos tendrá ocupados varios capítulos?! ¿Hasta cuando va a durar este martirio? No me lo digas que iré leyendo. Besotes, M.

pancho dijo...

Aparece el interesante personaje del mayordomo que es el valido de los duques, a semejanza de Sus Majestades, verdadero urdidor y protagonista principal de la farsa.

Bien argumentada visión. Creo que algo sobre el homenaje dije yo. Eso lo leí en algún sitio y me gustó. Lo tomo como un homenaje que hace Cervantes a su propia obra, éxito que supone antes de su publicación, una vez vista la repercusión de la primera parte.

mariajesusparadela dijo...

El con su rucio, yo con mis caballos. Sí, la naturaleza que nadie nos la toque.

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

Lo malo, querido Cornelivs, es que lo que hoy nos parece impropio de unos Duques entonces era natural y comprendido por todos. Excepto, claro está, por unos pocos que querían cambiar algo el mundo y debían decirlo entre líneas...
Saludos.

Quidquid dijo...

Hola Cornelivs:
Feliz fin de semana
Saludos,
Luis

Quidquid dijo...

Hola Cornelivs:
Feliz fin de semana
Saludos,
Luis

La sonrisa de Hiperión dijo...

Siempre maravillándonos con tus letras que son alhajas...

Saludos y un abrazo enorme.

mati dijo...

intento siempre que puedo venir por aquí,para que me sorprendas con tus "sabias" palabras y comentarios.
muy interesante este repaso¡¡
si si, me gusta¡
que pases un buen finde¡
un besazo con cariño¡

Paco Cuesta dijo...

Los duques, además de chabacanos permanecen entre bambalinas, da la impresión de que se rien de todos, no les importa convertir a sus criados en travestis, saben que no se pueden negar.
Como dice Pedro era otra época

Antonio Aguilera dijo...

pABLO:


No creo, como tú, que los Duques tuvieran la menor intención de agasajar a nuestros héroes, o mejor dicho antihéroes.
La burla vil y rastrera eslo único que los mueve; aunque a los lectores, el gran Cervantes, nos obligue a reir con las escenas que nos presenta.
Veo siempre un trasfondo de amargura en el subsuelo de la novela. Sólo los escritores muy inteligentes, como Cervantes, son capaces de inducir y provocar
la risa en el lector, aunque él naufrague en la amargura. Cervantes no quiso morir sin dejarnos un heredero que nos deslumbrara: su obra.

Comparto tu opinión por la novela: ¡Qué maravilla, cómo me gusta!!

Un abrazo amigo

Asun dijo...

La lectura de esta entrada la dejo para cuando llegue a la lectura del capítulo, que aún voy en la primera parte.

Espero que te encuentres mejor de tus desánimos de la última entrada.

Besos y una fuerte abrazo amigo.