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viernes, 10 de septiembre de 2010

El regreso a casa

Los jueves, Quijote.

Para el grupo de lectura del Quijote en LA ACEQUIA.

-"
¡Aquí fue Troya! ¡Aquí mi desdicha, y no mi cobardía, se llevó mis alcanzadas glorias, aquí usó la fortuna conmigo de sus vueltas y revueltas, aquí se escurecieron mis hazañas, aquí finalmente cayó mi ventura para jamás levantarse!"

Y así será. D. Quijote jamás volverá a ejercer el noble oficio de las armas. La lectura de estas palabras me sigue conmoviendo hoy dia casi tanto como la primera vez que leí la novela, si bien ahora creo entender a D. Quijote mejor que antes, porque me voy acercando a su edad (“frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años”), y ya tiene uno algo de experiencia de la vida como para entender más de una cosa. Me gusta meterme en el pellejo de los personajes de la novela, en el mundo de sus sentimientos y de sus motivaciones personales, que me ha fascinado siempre y en el cual me desenvuelvo muy agusto; me gusta narrar mis impresiones personales, muchas de ellas seguramente no las compartiréis, otras quizás si; pero es lo que a mí me dice el corazón, mi opinión personal, desde la perspectiva de mi tiempo: la actualidad. Otra cosa es la crítica literaria en si, la profesional: esta la dejo a los entendidos.

Cuando yo era joven los ultimos capitulos del Quijote perdieron para mi su sabor: todo se terminaba y D. Quijote vencido ya no era el mismo. Terminé mi trabajo casi maquinalmente, sin ilusión, ya lo dije la entrada anterior. Pero en esta lectura colectiva que estamos haciendo con Pedro Ojeda, le estoy sacando un sabor muy especial a estos últimos capítulos de la obra, capítulos que, en honor a la verdad, jamás me llamaron demasiado la atención, con excepción del último capitulo, el maravilloso y grandioso acto final de la obra.

Indudablemente, D. Quijote está moralmente hundido, no está “ni para dar migas a un gato”. Cuando se le expone el problema del gordo y del flaco, responde dejando la cuestión a Sancho. Y es obvio el sentido común del ex gobernador baratario: que el gordo se “...monde, entresaque, pula y atilde, y saque seis arrobas de sus carnes”. (A este gordo me lo traía yo a correr conmigo mis 10 km. diarios y en dos meses se lo devolvía a Sancho preparado para la carrera).

Sancho es ahora, que curioso, el paño de lágrimas de D. Quijote. Calma e intenta animar a su amo, mostrando una sagacidad impropia del escudero (“no se quien te lo enseña”, dice D. Quijote). Se me ocurre pensar que como el Sancho de Avellaneda era borracho, glotón y no tenia gracia alguna, quizás Cervantes para marcar diferencias con el otro Sancho adorna al nuestro de estas virtudes; puede ser; aunque no lo se. Todo esto me sabe como a guiso recalentado: no olvidemos que la primera parte Cervantes dijo de Sancho que tenia “muy poca sal en la mollera”. ¿Entonces?

Con la anécdota de las armas, el socarrón de Sancho vuelve a meterse con Rocinante. Ya sabíamos que este “jamelgo” no era sino un saco de huesos; pero eso de decir que “si no fuera por la falta que para el camino nos había de hacer Rocinante, también fuera bien dejarle colgado”, aparte de provocarme una sana risa (genial Sancho) me parece un “gravisimo” ;) insulto de Sancho hacia la dignidad del caballo de nuestro héroe; Sancho no se calla ni bajo del agua. Obviamente, D. Quijote responde muy en su lugar.

En cuanto a lo de Tosilos, más de lo mismo: para D. Quijote todo es obra de los encantadores. Me acuerdo de Andrés, el muchacho de la primera parte a quien su amo golpeaba diciéndole: “la lengua queda y los ojos listos”. Mal final tuvo el pobre. Aquí sucede algo parecido. Pero nótese como Cervantes pasa por este suceso como de puntillas: quizás no le interese tanto lo que pasó con este lacayo Tosilos y la hija de la dueñisima, ahora presta más atención a nuestros heroes, a sus sentimientos: quizás no tanto a los sucesos.

Lo que sí está claro es que a D. Quijote le han quitado el ideal de su vida: la caballería. Nunca lo superará.

No se olvide que el final, inexorable final, se está acercando. Y por eso hay algo que me gusta: ese ambiente de tristeza, de melancolía que rodeará estos ultimos capitulos de la novela, es como el final de toda aventura humana: todo comienza y todo termina. La novela se está terminando: ya no hay caballero andante ni escudero andado. Ahora hay dos personas que vuelven a su pueblo, desengañados de tantas cosas…y Cervantes, siempre magistral Cervantes, está rematando su obra maestra poco a poco, con sagacidad, con maestría, con una elegancia inimitable: el final de la obra está siendo precioso.

Si, poco a poco, estamos asistiendo al final de la inmortal novela. Que curioso, y que paradójico: cuando se pone el sol el cielo adquiere una tonalidad preciosa, quizás mas bella que nunca. No puedo olvidar a Holderling:

"En los juveniles dias, a la mañana sentia regocijo
por la tarde lloraba
y ahora, mientras más viejo soy, dudando empiezo el dia
aunque no obstante, sagrado y apacible es para mi su fin".

Saludos

12 comentarios:

pancho dijo...

Ésa es precisamente una de las causas de la grandeza del Quijote y de los clásicos en general: permiten tantas percepciones como lectores atentos.

No me maltrates de esa forma a la gente de peso.

El crecimiento desproporcionado de la inteligencia de Sancho se corresponde con el Sancho glotón, chabacano y excesivo de Avellaneda, eso cuentan los expertos.

Bonito y literario remate al comentario.

Myriam dijo...

Me gusta mucho tu forma de ver este comienzo del final de la Novela que es también, no lo olvidemos el comienzo del final de la vida de Cervantes.

Cervantes caminaba hacia el ocaso junto con sus personajes, con la sabiduría ganada de Sancho y el sinsabor de la derrota de DQ. Más allá de la diferencia que quisiera marcar con Avellaneda, que desde luego le picaba el trasero...creo que estos capítulos son también la conclusión de su vida y su epitafio.

Un abrazo

Paco Cuesta dijo...

La razón indica a don Quijote que no volverá a las aventuras; cuando ésta le falla se siente de nuevo caballero que volverá por sus fueros tras cumplir la penitencia.

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

En efecto, a todos nos pasó en aquellas primeras lecturas que hacíamos, sobre todo si éramos muy jóvenes. Estos capítulos nos sentíamos mal y ni siquiera los recordábamos después.
Hoy estamos en condiciones de apreciarlos en todo lo que valen.

El Gaucho Santillán dijo...

Acuerdo con los anteriores comentarios. los ùltimos capìtulos, ni los recuerdo.

Yo querìa otro final, donde lo bajaran de un hondazo, al de "la blanca luna".

Pero bueno, es lo que hay.

Saludos

MA dijo...

Hola Cornelivs gracias por tu comentario estimado amigo los sentimientos no tienen precio.

Paso ha leer tu capitulo.
El regreso a casa y quedarme con la exencia de tu bello escrito del Quijote que pronto llega a su fin.

Besos de MA para ti.

Merche Pallarés dijo...

Muy melancólicos estos capítulos... No sé que voy a hacer ¡sin mi Quijo y Sancho! ¿Morirme? Bueno, por lo menos habré leído "El Quijote"... Besotes, M.

Isabel Romana dijo...

Qué reflexión tan bonita, querido amigo. Creo que sí, que la experiencia de la vida nos permite comprender mejor muchas cosas. Según decía Torrente Ballester, creo (tiene una obra deliciosa sobre El Quijote), hacia el final de la obra Sancho se quijotiza y don Quijote se sanchifica. Quizá eso explique tu asombro por la racionalidad que muestra Sancho. Besos, querido amigo.

Asun dijo...

Como para mi es la primer vez que leo el Quijote no sé qué habría pasado de haberlo leído de jovencita.
Lo que sí sé es que a pesar de la pesadumbre de nuestro protagonista estoy disfrutando de estos diálogos entres caballero y escudero.

Besos

Natàlia Senmartí Tarragó dijo...

Para desengrasar(lo cual resulta provechoso tanto para vientres como para cerebros) o sea, entiéndame, para quitar empaque y relajar sin ánimo de ofender ni asumir vanas glorias inmerecidas, propongo que visiten-si les queda un momento breve o despistado- la entrada sobre el Hidalgo que hice o dejé o apunté o soñé, en mi blog hace unas jornadas, antes de las calores opresoras. El título de la retrasada entrada: PALABRAS MÁGICAS
Resulta que vuestra opinión docta y sincera me resultaría muy, pero que muuuy oportuna, pues a las letras, una tras otra, dedico mis fatigas, quizás vánamente, pero para mi solaz, eso sí. En esa entrada, yo, insolente e irreverente pero juguetona, me atreví a dar otro verbo a la quijotesca andanza. Se me perdonen estos pecados o que me mate el caballero de la Media Luna o el bachiller Carrasco o Terry Gilliam o quien sea, ante mi playa barcelonesa de tan infausta memoria.
!Ave!

Manuel de la Rosa -tuccitano- dijo...

buen comentario...pero pienso que aunque Cervantes ha conseguido casi su objetivo: la ridiculización de las novelas de caballerías... a Don Quijote no lo pinta como "renunciador" a ser lo que pretendió, caballero andante, toda vez que vuelve por cumplir una promesa hecha en un lance contra el Caballero de la Blanca Luna con la intención de volver...salud

Abejita de la Vega dijo...

Es verdad, en mis lecturas anteriores estos capítulos no me dejaron huella. No era tan joven, qué caramba, en la última frisaba mi edad en los cincuenta. Esta lectura es muy enriquecedora, al ser compartida, y somos más conscientes del declive del héroe.

A don Alonso lo han dejado vacío, ya nada es como antes. Sólo nos queda acompañarle. Todo es remedo pálido de lo anterior. El héroe va a morir y el escritor también.

Un abrazo