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jueves, 14 de octubre de 2010

Los azotes de Sancho

Los jueves, Quijote. Para el grupo de lectura del Quijote en La Acequia

Este capitulo 71 de la 2ª Parte es breve pero sustancioso. D. Quijote sigue triste por su derrota, a manos del caballero de la Blanca Luna, pero contento porque tiene esperanza en la “virtud milagrosa” de las carnes de Sancho para resucitar doncellas y desencantar a princesas, en este caso, a Dulcinea.

Sancho iba de otro modo: enojado, porque la resucitada Altisidora no le habia dado las seis camisas que le prometió, y también porque la salud ajena le cuesta alfilerazos, mamonas y azotes. Casi anticipándose a su amo, o previendo que D. Quijote le volviera a insistir otra vez con el tema de los azotes, Sancho le dice que a partir de ahora “la virtud que tiene” costará dinero, no la dará gratis,  porque el abad, donde canta, yanta”.

D. Quijote hila rápido: ofrece pagarle por los azotes, a cuyo ofrecimiento “abrió Sancho los ojos y las orejas de un palmo y dio consentimiento en su corazón a azotarse de buena gana”, no se nos olvide que Sancho era un poco codicioso. D. Quijote no anda fino en el trato: tanta es la prisa que tiene por ver a Dulcinea  que no piensa en otra cosa que en verla desencantada, cueste lo que cueste (“el tesoro de Venecia, las minas del Potosí fueran poco para pagarte”), con lo cual Sancho consigue un trato muy ventajoso.  Y Sancho exprime un poco más su astucia y su codicia, porque primero llega a un precio por azote, y vemos que cuando comienza azotarse, lo dobla. D. Quijte consiente y responde amén a todo.

Esta impaciencia de D. Quijote porque Sancho comenzase su disciplina y además, sin reparar en gastos  –costase lo que costase-, me da a entender que D. Quijote jamas sospechó ni imaginó que el encantamiento de Dulcinea pudiera ser lo que fue: un vulgar embuste de Sancho. Pobre hidalgo manchego, que delicadamente engañado estuvo todo el tiempo.

Ante la azotaina de Sancho, Cervantes nos muestra muy al vivo la actitud de D. Quijote,  que inicialmente pide prudencia a su escudero con objeto de que este termine su disciplina bien y se consiga el resultado (que no queria quedarse sin escudero antes de lograrse el efecto deseado),  pero Sancho se azota tan vehementemente que D. Quijote llega a asustarse, temiendo por la vida de Sancho, y veo en ello que D. Quijote siente aprecio hacia su escudero, y llega a impedir que prosiga con azotándose (“No permita la suerte, Sancho amigo, que por el gusto mío pierdas tú la vida que ha de servir para sustentar a tu mujer y a tus hijos: espere Dulcinea mejor coyuntura, que yo me contendré en los límites de la esperanza propincua y esperaré que cobres fuerzas nuevas, para que se concluya este negocio a gusto de todos.”)

Contrasta este desinterés del hidalgo con la codicia del escudero y con su malicia (azotar a los árboles en vez de azotarse el mismo), con lo cual engaña doblemente a nuestro vencido (y hundido moralmente) caballero andante

Finalmente llegan ambos protagonistas a la venta, en cuyas paredes hay pinturas de la guerra de Troya, parece que muy mal pintadas. Sancho dice que con el tiempo no habrá lugar donde no esté pintada la historia de sus hazañas, si bien le gustaria que fuese con  pintor  más diestro que el que pintó los decorados de la venta. Aprovecha Cervantes para comparar a ese mal pintor con el escritor apócrifo Avellaneda, asocia pintor con escritor (“que todo es uno”), y arremete de nuevo contra Avellaneda, comparándolo con Orbaneja, el famoso pintor de Ubeda que pintaba lo que saliere, y D. Quijote nos  aclara que pintaba tan rematadamente mal que  “Si por ventura pintaba un gallo, escribía debajo: «Este es gallo», porque no pensasen que era zorra.”

Saludos.

9 comentarios:

Paco Cuesta dijo...

Sancho consigue el milagro de azotarse sin daño. Ha progresado mucho.

pancho dijo...

Completo éxito del cambio de planteamiento de DQ, Sancho hace todo lo que haga falta por dinero.

Sancho responde al castigo imposible con más farsa y bolsillo lleno. Cervantes se porta bien con el escudero sólo al final; librándole de la verguenza de llegar derrotado y sin blanca a la aldea. El autor encuentra un término medio y una manera de que los estudiosos echen horas de estudio en el asunto: Sancho se azota a cambio del dinero de los ricos para que encima tenga que estar agradecido a su amo que le permite seguir viviendo. Es un episodio con muchas aristas.

Un abrazo

Abuela Ciber dijo...

Como siempre es ameno leerte .
No siempre dejo mis sentires pero...tu hombre muy capaz te darás cuenta porque.
Te he ido siguiento con "Don Quijote", que fui a mi humilde biblioteca y abri sus dos tomos.
Asi que silencionsamente los estoy siguiente, tambien a Asun, en la lectura compartida.

Recibe mi cariño y el deseo de buen fin de semana!!!!!

Asun dijo...

Más que que DQ no sospechara del embuste del encantamiento de Dulcinea, ¿no será que ve que están a punto de llegar a la aldea y Sancho se va a ir de rositas sin pagar su engaño?

Merche Pallarés dijo...

No creo que la intención de Sancho fuese "burlarse" de Quijo, más bien como pícaro que es prefirió azotar los árboles para salvar sus espaldas del dolor ya que sabe que todo este desencantamiento de Dulci es debido a su "montaje". Muchos besotes, M.

Manuel de la Rosa -tuccitano- dijo...

Algo parecido pienso yo, don Quijote aprecia más a Sancho que viceversa. El dinero....maldito metal que todo lo compra¡!!! Sancho siempre fue ambicioso, ahora la ambición se convierte en codicia

Abejita de la Vega dijo...

Ojos y orejas de un palmo, qué codicioso se muestra Sancho y qué pronto encuentra el truco descortezador. Don Quijote tiene el alma tierna, no quiere que Sancho se dañe gravemente. Ya es suficiente, en la aldea seguirás. La aldea, lo sabe el vejo hidalgo, es la muerte.
Un abrazo, nos quedan tres, nos vemos.

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

Lo bueno de la creación de Cervantes es que, jugando con el perspectivismo en la técnica, permite encontrar razones en pro o en contra de un mismo asunto. He aquí otra de las razones de que siga siendo una obra viva.

Myriam dijo...

Como Cervantes fué con seguridad de familia de judios conversos, les cuento que ésto de los pro y contra de un mismo asunto es una característica muy judía. Hay un dicho popular que dice: "donde discuten dos judios, hay tres opiniones". Esto si no vamos a los Tratados del Talmud en los que se analizan y discuten las múltiples aristas de cualquier tema en km y km de hojas. Como decía, la sangre llama... o, la herncia filogenética da urticaria, jejeje