"Cree a aquellos que buscan la verdad, duda de los que la han encontrado" (André Gide)
"No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defendería con mi vida tu derecho a expresarlo" (Voltaire)

"La religión es algo verdadero para los pobres, falso para los sabios y útil para los dirigentes" (Lucio Anneo Séneca)
"Cualquier hombre puede caer en un error, pero solo los necios perseveran en él" (Marco Tulio Cicerón)
"Quien no haya sufrido como yo, que no me de consejos" (Sófocles)
"No juzguéis y no sereis juzgados" (Jesús de Nazaret)
. . .

sábado, 19 de junio de 2010

Premio o castigo

-¿Dices que somos inmortales?

-Lo afirmo porque asi lo creo.

-Entonces, si somos inmortales, ¿Qué sentido tiene venir a este mundo?

-Explicate mejor.

-Veamos. Segun tu fe, y para simplificar, venimos a este mundo para nacer, vivir un promedio de 80 años aproximados, transcurridos los cuales fallecemos, y según hayamos sido buenos o malos, es decir, segun hayamos cumplido o dejado de cumplir los mandamientos de tu religión, iremos al cielo o al infierno, ¿no es eso?

-Asi lo creo.

-Es decir, que para tu fe, en solo esos 80 años de vida terrenal, según el comportamiento que hayamos tenido aquí abajo, acorde o no con dichas normas, nos estamos jugando nada mas y nada menos, que la salvacion o condenación eternas, y además sin posibilidad de remisión, ¿no es eso?

-Asi es.

-Entonces esta vida en la tierra es como un examen, como una prueba que decide tu destino en la otra vida, de modo que el destino de nuestra vida inmortal nos lo jugamos solo en esos 80 años de vida terrenal y mortal ¿no es cierto?

-Por supuesto que si.

-Y después de nuestro paso por la tierra, según tu fe, la vida más alla es inmortal, es decir, no se acaba nunca, ¿no es cierto?

-No podías decirlo mejor.

-Pues a mi me parece que ese examen, o ese periodo de “practicas” en la tierra es demasiado corto, no dura mucho, ¿verdad? Es decir, ¿no te parece extraño, decidir solo en 80 años de existencia aquí, todo tu destino inmortal en la eternidad?

-Eso es lo que indica la fe.

-¿Y no te parece extraño? ¡Piensa un poco, por favor! Es como si yo le impusiera a mi hijo pequeño de 4 años una prueba: que se porte bien durante todo un dia. Que no ponga juguetes en medio, que sea obediente, que no chille ni de voces, y que no derrame ni una sola gota de leche cuando se beba su vaso antes de acostarse, o que no deje sus legionarios romanos de playmobil por en medio. ¡Un niño de 4 años es un niño de 4 años! Y solo por cometer fallos tan pequeños ¿lo voy a condenar a la cárcel durante el resto de su existencia?

-No es lo mismo. Además, la fe es la fe.

-Pero, insisto: ¿no te parece ilógico? ¿Es que Dios, suponiendo que exista, no tiene en cuenta nuestras limitaciones ni comprende nuestros defectos? Si es verdad que nos creó él, seremos sus hijos, de modo que debe conocernos más que nadie, ¿verdad? De lo contrario seria un Dios muy injusto, ¿no crees? ¡¿Qué clase de juez tan implacable condenaría a alguien con una pena tan pesada por un delito tan liviano?!

-Bueno, la libertad y la responsabilidad van aparejadas. Tienes libre albedrio, ¿no? Entonces si puedes optar por uno ú otro camino, tu eres responsable de tu decisión.

-¿Tu crees que un niño de 4 años es responsable de lo que elige?

-¡Por supuesto que no! Le falta madurez y conocimiento.

-Entonces, del mismo modo te pregunto: ¿tu crees que el hombre es plenamente responsable de su elección? ¿No es el libre albedrio un concepto puramente filosofico, un invento humano para coaccionar a los débiles de espiritu?

-Mmm...

-Con esa historia del castigo o del premio futuro, ¿no estas atentando contra la libertad del hombre? ¿No estas induciéndolo indirectamente a obrar? Es como si le dijeras: "haz lo que quieras, pero si optas por este camino ya sabes las consecuencias". ¡Es una coacción indirecta, no le estas permitiendo elegir libremente! Es artificioso y falso, ¿no crees?

-¡Soy libre para elegir! Y solo yo seré el responsable de mis actos.

-¡Volvemos a lo mismo de antes! ¡Ese niño de cuatro años, y solo el, sera el culpable de la pena de prision perpetua que le caera si pone juguetes en medio o derrama la leche! ¿No te parece excesivo? Veamos, ¿quien es mas bueno, un padre normal, o Dios?

-La respuesta esta en la mano: Dios.

-Un padre humano castigaria a ese niño a prisión de por vida por portarse mal un dia?

-¡Oh, no, seria un animal, un padre desnaturalizado! ¡Es demasiado cruel ese castigo!

-Y el que nos caerá a nosotros, segun tu fe, ¿no lo es?

Saludos.

viernes, 18 de junio de 2010

Encuentro con moriscos.

Los jueves leemos El Quijote.

Para el grupo de lectura del Quijote en La Acequia.

En este capitulo 2.54, los duques deciden seguir con su diversión hasta el final, de modo que ordenan que el desafío de D. Quijote al burlador de la hija de Dª Rodríguez siga adelante. No me sorprende que el “frustrado” yerno de Dª Rodríguez se hubiera ido a Flandes huyendo de su suegra, lo cual indirectamente nos informa de que esta mujer tuvo que ser “de armas tomar”, como suele decirse. Ante la ausencia del causante del agravio, los duques piensan en dar el cambiazo, sustituyendo al huido externo por un lacayo gascón: un tal Tosilos. Total, con echarle luego la culpa a los encantadores, todos contentos, no seria difícil convencer a D. Quijote. Ya lo sabemos por experiencia (Maritornes a quien D. Quijote toma por princesa, el encantamiento de Dulcinea, la “mutación” del rostro del caballero de los espejos, etc.)

Sancho Panza muestra mucho sentido común: ha aceptado y asumido su destino. Durante toda la novela tenía “encajado en los cascos” su obsesión por la ínsula: solo la experiencia le ha hecho madurar y le ha desengañado. Ahora ya acepta que él no es bueno para gobernar, “si no es un hato de ganado, y que las riquezas que se ganan en los tales gobiernos son a costa de perder el descanso y el sueño, y aun el sustento…”

Y nos lleva Cervantes de la mano hacia una tragedia social de aquella época: la expulsión de los moriscos. Sancho se encuentra con Ricote, un tendero morisco de su mismo lugar, que tuvo que partir.

Documentémonos un poco. Los moriscos fueron expulsados de España en el periodo de tiempo que oscila entre la aparición de la 1ª Parte (1605) y la de la 2ª Parte que estamos leyendo (1.615). El acuerdo de expulsión lo votó por unanimidad el Consejo de Estado el 30 de enero de 1608, y aunque en un primer momento sólo se aplicó a los moriscos valencianos, el 9 de abril de 1609 el Duque de Lerma firma el Decreto por el cual la expulsión se hacia extensiva a todos los reinos de España.

La población morisca, según la wikipedia, consistía en unas 325.000 personas en un país donde habia entonces unos 8,5 millones de habitantes. Estaban concentrados en los reinos de Aragón, en el que constituían un 20% de la población, y de Valencia, donde representaban un 33% del total de habitantes. A esto hay que añadir que el crecimiento de la población morisca era bastante superior al de la cristiana. Las tierras ricas y los centros urbanos de esos reinos eran mayormente cristianos, mientras que los moriscos ocupaban la mayor parte de las tierras pobres y se concentraban en los suburbios de las ciudades. Pero en Castilla la situación era muy distinta: de una población de 6 millones de personas, entre moriscos y mudéjares sólo juntaban unos 100.000 habitantes. Debido a este mucho menor porcentaje de población y a la positiva experiencia con los antiguos mudéjares, los cuales llevaban siglos conviviendo con la población cristiana, el resentimiento hacia los moriscos en la corona de Castilla era menor al de la población cristiana de la corona de Aragón. Parece que hacían mejores migas con los cristianos en Castilla que en Aragón y Valencia.

Por ello vemos a Sancho francamente agusto y relajado con la buena compañía de su amigo Ricote y sus compañeros: comen frugalmente y beben de las botas. Finalmente todos se duermen, excepto Ricote y Sancho, “que han comido mas y bebido menos”, y se cuentan los pormenores de sus vidas: Ricote relata como salio de España y las circunstancias de la salida y Sancho le informa como ha abandonado el oficio de gobernador.

Un capitulo muy interesnte, especialmente los detalles que ofrece Ricote sobre su salida de España. Pero esta expulsión escondía en la mayor parte de las ocasiones, auténticos dramas humanos. Cervantes, contemporáneo de los hechos, y testigo excepcional de estos acontecimientos, nos informa de primera mano. Y por cierto: ¿Qué pensaría nuestro insigne novelista de la expulsión de los moriscos?

Me inclino a pensar que Cervantes, al decir que la expulsión fue una “gallarda resolución” y opinar que entre los moriscos “algunos había cristianos firmes y verdaderos, pero eran tan pocos, que no se podían oponer a los que no lo eran, y no era bien criar la sierpe en el seno” alaba, o al menos comprende y/o justifica tal expulsión.

Pero acto seguido vemos su faceta humana, tiene muy en cuenta la tragedia que tuvieron que sufrir miles y miles de familias; lo veo enternecerse hablando de lo que los moriscos expulsados añoran a España, su patria, y nos conmueve magistralmente relatándonos el sufrimiento de los moriscos expulsados. Leamos al morisco Ricote:

“…Doquiera que estamos lloramos por España, que, en fin, nacimos en ella y es nuestra patria natural; en ninguna parte hallamos el acogimiento que nuestra desventura desea, y en Berbería y en todas las partes de África donde esperábamos ser recebidos, acogidos y regalados, allí es donde más nos ofenden y maltratan. No hemos conocido el bien hasta que le hemos perdido; y es el deseo tan grande que casi todos tenemos de volver a España, que los más de aquellos, y son muchos, que saben la lengua, como yo, se vuelven a ella y dejan allá sus mujeres y sus hijos desamparados: tanto es el amor que la tienen; y agora conozco y experimento lo que suele decirse, que es dulce el amor de la patria..."

Y también nos confirma que muchos expulsados eran cristianos, y que quizás pagaron justos por pecadores, escuchemos a Ricote: “…mi hija y Francisca Ricota mi mujer son católicas cristianas, y aunque yo no lo soy tanto, todavía tengo más de cristiano que de moro, y ruego siempre a Dios me abra los ojos del entendimiento y me dé a conocer cómo le tengo de servir”.

En resumen (y a salvo los expertos infinitamente más autorizados que yo) mi humilde opinión es que Cervantes está de acuerdo con la expulsión, pero no deja de comprender que fue una tragedia social, y quizás, leyendo entre lineas, nos quiera decir D. Miguel que fue una decisión demasiado dura; si no en el fondo, al menos en la forma en que se ejecutó.

Saludos.

jueves, 17 de junio de 2010

Silencio

Infinidad de veces se ha escrito en los blogs sobre que decir cuando no se te ocurre nada que decir, o como yo ahora: cuando no tengo tiempo ni para rascarme (perdonadme, queridos amigos y amigas, no os he comentado estos ultimos dias pero es que, os lo juro, estoy hasta arriba). Muchos bloggers han sentido esa obligacion de escribir, o se han visto compelidos a hacer la entrada del dia, o han reeditado entradas anteriores, a pesar de que las musas ese dia estaban de "permiso".

Me parece muy respetable. Que cada uno haga lo que desee.

Aunque yo lo tengo claro: no me gusta escribir por escribir, o hacerlo por obligacion. No. Hay que ser hijo de la libertad. Siempre he pensado que era mejor callarme cuando no tenia nada que decir o no se me ocurria nada; y he tenido muy presente siempre aquel viejo aforismo del sabio: "Cuando hables, procura que tus palabras sean mejores que el silencio”. No te sientas obligado/a a escribir.

Se libre, ante todo. Tus amigos y amigas, los que de verdad lo son, lo comprenderán y respetarán. Y si no escribes, aprende de ellos, visita sus blogs: cada uno de ellos tiene su propia experiencia que contar; se merecen tu respeto y tu aprecio, y recuérdalo: todos, absolutamente todos, tienen algo que enseñarte. Aprende de todos.

Obviedad de obviedades es todo lo escrito: por eso mismo, querida amiga que empiezas en esto de los blogs; no lo olvides. Acomódate, que el viaje es largo. Animo. ;)

Saludos.

lunes, 14 de junio de 2010

Arrugas

Ese fue uno de sus grandes errores, y quizás el peor de todos: era ya tan viejo que se le arrugó y acartonó no solo la cara sino tambien la mente; y los años fueron el mejor aliado para su comodidad. Perdió sus ganas de aprender, y quiso ganar autoridad a base de certezas de humo. Pensaba que ya se lo sabia todo y que estaba de vuelta de todo, y no se dio cuenta de que habia infinidad de sitios y lugares que sus pies jamás habian pisado.

Saludos.

domingo, 13 de junio de 2010

Prohibido

-Prohibemelo cariño.

-¿El qué?

-Por favor, prohibeme que deje de quererte alguna vez. Prohibeme que nunca me separe de ti.

-Te lo prohibo. ¿Me oyes? ¡Te lo prohibo!

Saludos.