"Cree a aquellos que buscan la verdad, duda de los que la han encontrado" (André Gide)
"No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defendería con mi vida tu derecho a expresarlo" (Voltaire)

"La religión es algo verdadero para los pobres, falso para los sabios y útil para los dirigentes" (Lucio Anneo Séneca)
"Cualquier hombre puede caer en un error, pero solo los necios perseveran en él" (Marco Tulio Cicerón)
"Quien no haya sufrido como yo, que no me de consejos" (Sófocles)
"No juzguéis y no sereis juzgados" (Jesús de Nazaret)
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martes, 8 de febrero de 2011

Dedicatoria

Alguien dijo: ten cerca a tus amigos; pero más cerca aún a tus enemigos.

Por ello, dedico esta entrada, con mi más sincero agradecimiento, a todos los que  me dieron una puñalada por la espalda; a todos los hipócritas y traidores que se dedicaron, alguna vez, a segar la hierba bajo mis pies; a todos los que me hicieron sufrir de algun modo; a todos los que me han engañado, mentido, ú odiado; a todos los que me han puesto obstáculo tras obstáculo;  a todos los que se llevaron mi candidez, llenando el vacio de desencanto; a todos los causantes de mis malos momentos, de rabia, de dolor, de impotencia, y, por ultimo, a todos los que, llevandose mis ilusiones perdidas por el camino, me enseñaron y me sigan enseñando el duro oficio de vivir.

Fueron mis maestros y me enseñaron a progresar. Tener un enemigo fiel es una  inmensa suerte: es una fuente continua de aprendizaje. Sin ellos, no estariamos donde estamos.  

¿Tienes enemigos? Enhorabuena, porque tienes mas suerte de lo que crees. Y no olvides al gran Oscar Wilde, que dijo aquello de  "Como no fue genial, no tuvo enemigos"; y tambien esto otro: "Perdona siempre a tu enémigo , no hay nada que le enfurezca mas".

De modo que recuerdalo, estimado amigo/a.  No te vengues de los enemigos; no merece la pena. Pero si alguna vez quieres hacerlo, hazlo al estilo de Marco Aurelio: "El verdadero modo de vengarse de un enemigo es no asemejársele".

Saludos.

lunes, 7 de febrero de 2011

Del sentimiento trágico de la vida

Lo tengo en mi biblioteca, y asi se llama precisamente: "Del sentimiento tragico de la vida". Autor: Miguel de Unamuno. Una obra maestra de inaplazable lectura.

He de confesar que durante mucho tiempo, cada vez que lo he mirado, he sentido un escalofrio, recordando la epoca en que leí este libro  por primera vez, cuando era joven.  Me dejó un sabor de boca agridulce; y es que hay que saber entender a Unamuno, autor que siempre ha gozado de mis simpatia, la cual se convirtió en admiración cuando conocí su incidente con Millan Astray en la universidad de Salamanca, incidente del que alguna vez os hablé en este blog.

Ahora, mucho después, creo compenderlo bastante mejor, pues los años te  brindan la experiencia necesaria como facilitarte la comprensión de lo que se resiste a tu intelecto de joven.

De modo que, con el ánimo bien dispuesto, me propongo releerlo este verano, con tiempo, veinte años despues de la primera lectura que hizo aquel joven que fuí. Despacio, tranquilamente, sin prisas: gozando de su prosa y, sobre todo, de su mensaje, intentando comprenderlo. ¿Que es nuestra vida al fin y al cabo, sino una eterna lucha por comprender las cosas...?

Y no he podido resistirme. Voy a mi biblioteca, buscaba jurisprudencia y doctrina sobre un determinado aspecto concreto del juicio cambiario, cuando, de pronto lo he visto allí: Lo he cogido: tiene el olor a viejo, un olor caracteristico que a mi me gusta: el del papel que ya tiene años.

Lo abro por la primera pagina y al leer estas razones, lo juro, he sentido un mágico hechizo:

"...Kant reconstruyó con el corazón lo que con la cabeza había abatido. Y es que sabemos, por testimonio de los que le conocieron y por testimonio propio, en sus cartas y manifestaciones privadas, que el hombre Kant, el solterón un sí es no es egoísta, que profesó filosofía en Koenigsberg a fines del siglo de la Enciclopedia y de la diosa Razón, era un hombre muy preocupado del problema. Quiero decir del único verdadero problema vital, del que más a las entrañas nos llega, del problema de nuestro destino individual y personal, de la inmortalidad del alma. El hombre Kant no se resignaba a morir del todo. Y porque no se resignaba a morir del todo, dio el salto aquel, el salto inmortal de una a otra crítica.

Quien lea con atención y sin anteojeras la Crítica de la razón práctica, verá que, en rigor, se deduce en ella la existencia de Dios de la inmortalidad del alma, y no esta de aquella. El imperativo categórico nos lleva a un postulado moral que..."

Mas abajo leo tambien esto:

"Por lo que a mí hace, jamás me entregaré de buen grado, y otorgándole mi confianza, a conductor alguno de pueblos que no esté penetrado de que, al conducir un pueblo, conduce hombres, hombres de carne y hueso, hombres que nacen, sufren, y aunque no quieran morir, mueren; hombres que son fines en sí mismos, no sólo medios; hombres que han de ser lo que son y no otros; hombres, en fin, que buscan eso que llamamos la felicidad. Es inhumano, por ejemplo, sacrificar una generación de hombres a la generación que le sigue, cuando no se tiene sentimiento del destino de los sacrificados. No de su memoria, no de sus nombres, sino de ellos mismos..."

Tengo que dejarlo aquí porque el tiempo me persigue; tocan al timbre, tengo visita, y he de atender.

Definitivamente: creo que voy a disfrutar de su lectura este verano.  Y os animo a que hagais lo propio: en serio, merece la pena.

Saludos.



domingo, 6 de febrero de 2011

Memento homine...

...quia pulvis est et in pulviris reverteris. Todo llega y todo pasa. Todo. Absolutamente todo. Es obvio que lo nuestro es pasar, decía Machado. Ya lo barruntaba Teresa de Avila: 

todo pasa, 
nada queda.

Lo que quizás ya no sea tan obvio es la respuesta a esta pregunta: ¿Por qué nos cuesta tanto trabajo aceptarlo?

¿Por qué?

Saludos.