"Cree a aquellos que buscan la verdad, duda de los que la han encontrado" (André Gide)
"No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defendería con mi vida tu derecho a expresarlo" (Voltaire)

"La religión es algo verdadero para los pobres, falso para los sabios y útil para los dirigentes" (Lucio Anneo Séneca)
"Cualquier hombre puede caer en un error, pero solo los necios perseveran en él" (Marco Tulio Cicerón)
"Quien no haya sufrido como yo, que no me de consejos" (Sófocles)
"No juzguéis y no sereis juzgados" (Jesús de Nazaret)
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sábado, 26 de septiembre de 2015

Reflexiones en la madurez (2ª Parte)

Dicen que el primer paso para solucionar un problema es localizarlo, y luego afrontarlo. Yo asi lo creo también. Esbozada la primera parte de la cuestión en mi entrada anterior, en esta estudiaremos por qué nos planteamos determinadas cuestiones en nuestra madurez y algunas de las causas o motivos de nuestro comportamiento, de lo que nos sucede en la vida y de lo que nos ha llevado hasta donde estamos; y en la entrada siguiente veremos como podemos cambiar a mejor.  O por decirlo en otras palabras, ahora estudiaremos cual es el problema y su origen,  ¿Qué me ha hecho ser como soy? y en la entrada siguiente, si puede ser, y espero vuestros comentarios, entre todos trataremos de buscar la medicina, o la solución a dichos problemas, o lo que es lo mismo, ¿Cómo puedo pensar, sentir y actuar a partir de ahora para ser un poco mas feliz?

Estudiemos, pues, hoy,  la primera pregunta. Estoy en el ecuador de mi vida.  ¿Qué me ha hecho ser como soy? 

Muchos factores. Un reflexión serena nos indica que cuando vamos creciendo, algo va cambiando dentro de nosotros. Alejandro Dumas, hijo, escribió: “No llego a comprender por qué siendo los niños tan inteligentes, los adultos son tan tontos. Debe de ser fruto de la educación”. Gran verdad,  y yo añadiría que es fruto de la “mala educación”, y me explico.  Efectivamente, el niño es un ser inteligente, abierto al mundo, libre de prejuicios, todo lo contempla con corazón puro y mirada limpia.  Sin embargo, al avanzar en el crecimiento, algo falla en el proceso. Además de apartarnos de los peligros y cuidar de nuestro bienestar, protegiéndonos,  nuestros padres cometen  un error (quizás con buena fe, pero error al fin y al cabo,) y es que, quizás inconscientemente, nos hacen  “a su imagen y semejanza”, esto es, nos hacen  co-participes de sus propios prejuicios ("esto no se dice, esto no se hace, esto no se toca"),  nos los imbuyen desde pequeñitos, de modo que vamos perdiendo poco a poco la virginidad espiritual con la que nacemos,  y me refiero a nuestra facultad de calibrar las cosas por nosotros mismos y no por los demás;  y la terminamos de perder del todo cuando nos enseñan, no a  hacer lo correcto, sino  a hacer lo conveniente, lo cual es un gran error en mi opinión, pues todo iria a mejor al revés, y estoy firmemente convencido de ello: si en vez de hacer lo conveniente hiciésemos lo correcto. Y luego, el mundo, con su triste carga de desengaños, hace que poco a poco  las personas se vuelvan desconfiadas, inseguras, vacilantes, cuando no agresivos, o mil cosas mas.  Volvemos a los clásicos: “El hombre es bueno por naturaleza, pero la sociedad lo corrompe” (Rousseau).

Y asi,  a medida que vamos cumpliendo años, vemos que el mundo no es como nos habíamos imaginado, se nos va cayendo la venda de los ojos, como vulgarmente suele decirse. Y muchos cometen el error de pensar que, con la experiencia, viene la sabiduría, y no es así. Los años dan experiencia, indudable, pero  a fuerza de  experiencia, y mas experiencia muchas personas llegan a equivocarse y pensar que lo saben todo o casi todo: que ya no pueden aprender más, y dicen con aire de suficiencia aquello de “yo estoy de vuelta de todo”; y lo mas grave del problema viene cuando  llegamos a creernos semejante tontería, que no es sino hija directa de nuestro miedo al mundo, y nieta de nuestro sempiterno y estúpido orgullo. Creemos que lo sabemos todo, que ceguera la nuestra, cuando no sabemos nada, volvemos a la frase de Einstein de la entrada anterior. Y no por ser mas viejo eres mas listo,  recordad lo que dice el clásico dicho, a propósito de aquel que   “tonto se fue  a la guerra, y tonto vino de ella”.  En resumen, como dijo Ciceron: "la vejez no cura los defectos del alma".  Estos se curan de otro modo.

Aunque, dicho sea entre paréntesis, he conocido a algunos viejos estúpidos, de cuya compañía he huido como de la peste,  también  he conocido a muchos viejos y viejas  encantadores/as (uso la palabra viejo con todo mi cariño hacia ellos),  con experiencia de la vida, sí, pero  también lo suficientemente humildes e inteligentes como para no autonegarse su capacidad de aprender,  y morir aprendiendo cosas.  Un signo de sabiduría en un viejo  es este, y creo que es un test que no falla: el viejo que no presume de saber muchas cosas, y que te da consejos solo cuando se los pides tu, ese es sabio. El lo sabe: no necesita demostrárselo a nadie.

Pero sigamos. Por si fuera poco,  con los años nos volvemos cómodos y egoístas (soy muy viejo para empezar este cursillo, o para empezar a hacer deporte, o para aprender tal o cual cosa), y creemos que porque llevamos deambulando por este planeta 40 o 50 años nuestra experiencia nos da derecho, o patente de corso, para dejar de aprender, para “vivir espiritualmente de las rentas”, y para dejarnos dominar por nuestra pereza y por nuestro orgullo, no aceptando consejo ni parecer de nadie.  Que pena: matamos poco a poco al niño/niña que llevamos dentro, y así, perdemos la chispa maravillosa con la que todos nacemos.  Y cuando cometemos un error, no lo queremos reconocer, por orgullo, seguimos aquello de “procurar no errallo; pero si errallo, no enmendallo, sostenello”.  Deberíamos de leer mas a Cicerón: “Cualquier hombre puede caer en un error, pero solo los necios perseveran en el”. Asi somos todos, muchas veces.

Venimos aquí para ser felices y comernos al mundo,  y sin embargo, poco a poco el mundo nos come a nosotros. Y la culpa no es del mundo: es nuestra, que al fin y al cabo el mundo está formado por millones de personas como tu y como yo. Este cambio triste, o nefasta evolución  que sufrimos con los años  tiene gran parte de su causa en nuestro egoísmo: creemos que nos lo merecemos todo, pero pocas personas están dispuestas a darse  a los demás.  Además, nuestro orgullo y nuestra falta de humildad hacen que los reveses de la vida los veamos con espíritu negativo, como las banderillas que se le ponen a los toros, y nos duelen y nos quejamos una enormidad de ellas,  cuando lo procedente seria  afrontarlas con espíritu positivo, como magnificas posibilidades para aprender y crecer espiritualmente.  En vez de afrontar los problemas con animo positivo y procurar su resolución, los vemos como fantasmas negros, como los dementores de Harry Potter, y nos encerramos mas y mas en nosotros mismos.

 Obvio es que a todos nos gustan los buenos ratos, y son imprescindibles, claro que si; pero debemos recordar que se aprende mas del dolor que del placer, y huyendo del dolor  nos negamos a nosotros mismos la enseñanza que nos brinda, y su magnífica consecuencia: que nos hacemos fuertes frente a las dificultades. Decia Seneca que el árbol de raíces fuertes no es aquel  que crece apaciblemente a la orilla del rio, sino aquel que esta en la montaña, permanentemente acosado por el viento, lluvia, nieve y granizo, y el que ha sufrido mil inclemencias.

Otro error clamoroso que cometemos es el de querer controlarlo todo. Es como un programa de ordenador: nos fijamos unos objetivos  nos empeñamos que salga todo a la perfección. Los hijos han de estudiar, mi hijo fulanito medicina y mi hija menganita ingeniero; las vacaciones de verano, las pasaremos en la playa; el fin de semana nos vamos a tal sitio, y el jueves por la tarde nos vamos a cenar casa de esos amigos, y son solo ejemplos.  Si, todo tiene que salir a la perfección, y somos enemigos de los imponderables. Tratamos de controlarlo todo. Diseñamos la vida para que funcione a nuestro antojo, o según nuestras previsiones, queremos controlarlo todo,  la familia, amigos, trabajo, el mundo y la vida, y cuando algo no sale conforme a lo previsto nos sentimos mal, frustrados. Pero bueno, ¿en que he fallado?  Que ingenuos: a lo mejor no hemos fallado. Pero nosotros no podemos dominar el mundo, la vida sigue su curso.  No gira el planeta alrededor nuestro, sino nosotros con él. Entiendo que no deberíamos pensar en que nos hemos equivocado: lo que deberíamos de hacer es trabajar lo mejor que podamos, hacer las cosas lo mejor que sepamos, y luego que sea lo que Dios quiera. Dejemos que la Tierra gire y que todo siga su curso. Si sale bien, perfecto; si sale mal, analicemos el por qué ha salido mal, y asi aprenderemos de nuestros errores para la próxima ocasión. Recordad la frase de aquel sabio: “no hay hombres perfectos, sino intenciones perfectas”.

Buscamos seguridad interior. Y está perfecto eso; pero busquemos esa seguridad como hay que buscarla,  por la via adecuada,  no  quedándonos cómodamente sentados en el abismo de la prepotencia y del orgullo.  Nos equivocamos todos, sin excepción,  y todo el mundo comete errores; asumir eso cuesta una enormidad   a muchas personas: piensan que asi se volverán inseguros, cuando justamente el aceptarse uno a si mismo como es es el primer paso del buen camino. El primer paso para crecer en sabiduría es aceptarlo, asumirlo, todos cometemos errores, pero el error es necesario para triunfar y aprender.  Recordemos la frase de los sabios del Himalaya: “Sabeis lo que hay detrás de cada flecha que da en el blanco? Cien flechas erradas”.

En resumen, todos deberíamos de darnos cuenta de que no podemos cambiar el mundo, ni la vida; pero sí podemos cambiar la actitud con la cual nos enfrentamos hacia los problemas.

Asi, con esta perspectiva, mediado ya el ecuador de nuestra vida, es lógico preguntarse si somos de los que piensan que están de vuelta de todo, y si somos  también de los que creen que ya no se puede aprender, o que es tarde para empezar. Insisto en que esta edad nuestra es una magnífica oportunidad,  y os pondré un simil, esto es como un partido de futbol; terminada la primera parte, los primeros 45 minutos,  estamos en el descanso. Solo no quedan 45 minutos: luego, todo acaba. Por eso, se trata de recapitular,  darnos cuenta de los errores que hemos cometido, y procurar que la segunda parte de nuestra vida sea mas rica espiritualmente, mas feliz, y, por supuesto, que no nos llevemos los malos ratos que nuestra juventud o inexperiencia nos provocó antaño.  Analizas, recapitulas, descubres errores y tratas de corregirlos para el futuro: eso es el proceso normal. Y obvio es que tendrás dudas, miedos, incertidumbres, pero eso es muy bueno, porque el camino del autoesclarecimiento  (fijaros que palabreja me ha salido, aunque quizás la haya leido en algún sitio) esta lleno de dificultades y de dudas, y eso es normal   al fin y al cabo y  es muy lógico dudar, pero también es muy bonito dudar, porque demuestras asi que te hallas en pleno camino para buscar la verdad de las cosas, o al menos, tu verdad.  

¿Tienes 50 años? ¿Has vivido? ¿Tienes experiencia? Bien, compártela con los demás, con tus hijos, con tus amigos, con la gente que te quiere, trata de ayudar. Pero no te niegues a ti mismo tu capacidad para seguir aprendiendo, la vida es un continuo aprendizaje, nunca termina uno de aprender.  No pienses que con 50 años ya lo sabes todo; sigue aprendiendo. No te vuelvas cómodo ni egoísta: hay que seguir adelante, recuerda que, aunque maduro, aun te quedan muchos años de vida.

Al fin y al cabo, todos somos “aprendices de todo y maestros de nada”.  Y sobre todo, no pienses que es muy tarde para plantar el árbol que tenias que haber plantado hace 30 o 40 años:  ¡No te rindas tan deprisa! ¡plántalo ahora! Recuerda que te quedan todavía 45 minutos de partido.  ¿O te vas a pasar el resto de tu vida sintiéndote viejo, frustrado y cansado, lamentándote de lo que pudo haber sido y no fue, y viviendo en un pasado que no volverá?  Animo. Que nadie nace enseñado.

Os contaré una anectoda real. En una ocasión, al gran Charlie Chaplin, cuando ya era mayor,  le preguntaron cierta cuestión, acerca de la diferencia entre los  actores  aficionados y  los que, como él, eran actores profesionales. Y él,  un icono perpetuo, y uno de los mas grandes actores que dió y dará el cine, respondió:  “En esta vida todos somos  aficionados.  La vida es tan corta que no da para mas.”

Saludos


2 comentarios:

Campurriana Campu dijo...

Nunca es tarde para tantas cosas...
Me han gustado tus reflexiones. Yo, en esto de la vida, aún estoy en pañales.

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Y aprender cada día...
Un abrazo.