"Cree a aquellos que buscan la verdad, duda de los que la han encontrado" (André Gide)
"No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defendería con mi vida tu derecho a expresarlo" (Voltaire)

"La religión es algo verdadero para los pobres, falso para los sabios y útil para los dirigentes" (Lucio Anneo Séneca)
"Cualquier hombre puede caer en un error, pero solo los necios perseveran en él" (Marco Tulio Cicerón)
"Quien no haya sufrido como yo, que no me de consejos" (Sófocles)
"No juzguéis y no sereis juzgados" (Jesús de Nazaret)
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sábado, 19 de septiembre de 2015

Reflexiones en la madurez


Tomando un rápido café ayer en el artesano con mi mujer y unas compañeras de trabajo, a quienes envío un cordial saludo desde estas lineas, surgió el tema de este post: las reflexiones que un ser humano puede hacerse cuando ha atravesado el ecuador de su vida. Bueno, ya se supone que tenemos un bagaje vital de experiencias y acontecimientos que nos permiten tomarnos las cosas con mas serenidad, con animo mas tranquilo. Cierto que tenemos mas experiencia,   conocemos mucho mejor lo que es el mundo y la vida y estamos en una edad estupenda (al menos yo lo siento así), que nos permite asumir retos y riesgos mas elevados, incluso, que en nuestra juventud. En una palabra: no le tememos a nada, o al menos tenemos esa sensación.  Pero tambien corremos el riesgo de creer que ya lo sabemos todo, cuando lo cierto y verdad es que no sabemos tanto, o bien nuestro ego nos puede confundir y llevarnos  a pensar que estamos de vuelta de todo, cuando lo cierto y verdad es que no hemos ido a tantos sitios; aunque afortunadamente, en momentos de sinceridad con nosotros mismos, nos damos cuenta de que muchas veces tenemos la sensación de que mientras mas mayores somos, menos sabemos, o por mucho amor que nos rodee en nuestra familia, en algunos momentos sentimos soledad.

Hablemos de ello. 

Cuando me disponía a redactar esta entrada, buscando en internet y en mi base de datos jurisprudencia sobre cierto asunto, me topé por casualidad con la imagen de Einstein,  que podeis ver a la izquierda, y me vino a la memoria una de sus frases:

"¿Que sabe el pez del agua en la que vive durante toda su vida?" 

Viene a colación esta frase por lo que he dicho antes. Apenas sabemos nada. Y en mi opinión, quizás esta frase encierre muchas de las respuestas a las grandes preguntas que el hombre se ha formulado durante toda su vida, si, esas preguntas que grandes sabios de todas las épocas han buscado en su eterna búsqueda e investigación sobre la verdad. Pero ¿Quién la encontró?  Tu también te has cansado en esa búsqueda, ¿verdad? Bueno, el término cansado no es propiamente exacto, de hecho siempre he sido consciente de que no encontraré la verdad, que  siempre se hace esquiva, de modo que se acostumbra uno a vivir así, y eso  aleja toda posible sombra de cansancio.

En todo caso todos tenemos nuestra verdad, nuestra propia verdad, como yo, que también tengo la mía como un lienzo en blanco  que los diferentes acontecimientos y experiencias vitales han ido pintando a lo largo de los años. ¿Y qué colores predominan en ese lienzo? De todo hay aunque la base inicial, pintada en los lejanos tiempos de mi niñez y primera adolescencia,  es oscura con predominancia de pardos y ocres,  parece un cuadro tenebroso de Goya propio de la Quinta del Sordo. No obstante, en los últimos trazos de ese cuadro ya se adivinan colores vivos: amarillos, naranjas, azules intensos como el cielo y verdes primavera profundamente evocadores y bellos. Poco a poco el cuadro se va llenando de color, aunque de vez en cuando alguna sombra ocre vuelta a brindar al lienzo ese aspecto general un poco lúgubre, aunque ya menos.

La verdad... ah si. A veces pienso que nos hubiéramos ahorrado mas de uno bastante dolor si no hubiéramos perseverado en esa búsqueda, tan aparentemente infructuosa. Al menos, eso puede parecer a primera vista,  un  desgaste innecesario, pero con el tiempo aprende uno que es un gasto muy conveniente: al fin y al cabo se trata de ganar libertad. Tu libertad. Libertad de criterio, deseo de caminar por tu propia senda y no por la que otros transitaron,  y sobre todo olvidarte de los prejuicios que te encadenan. Pero no olvidemos que "Es mas fácil desintegrar un atomo que un prejuicio", y eso tambien lo dijo Einstein, desintegrar un prejuicio es un esfuerzo individual que lleva su tiempo, ya lo creo que si, es una lucha a veces agotadora, que puede durar años. Pero cuando uno lo consigue… que calma, que paz se alcanza... alcanzas asi la madurez y en sosiego.

Pero, mientras, sigo buceando en los ojos tristes y caidos del gran Albert Einstein. ¿Por qué esa tristeza? Quien sabe… Acaso  se dio cuenta de que el ser humano es una criatura muy curiosa. Somos capaces de lo peor, pero también de lo mejor. Podemos verter hacia los demás nuestros más oscuros deseos y dar rienda suelta a nuestros más bajos y detestables instintos; pero también somos capaces de derramar infinito amor sobre los demás, estando realmente interesados en el bienestar ajeno. Podemos destruir y construir; matar y sanar. Podemos engendrar a seres como Hitler, Mussolini, Pol Pot o Stalin; pero también la raza humana ha sido capaz de engendrar a criaturas como Gandhi, Buda, Julio Cesar, Confucio, Jesucristo…

Tenemos en nuestras manos el dominio de nuestras acciones; somos dueños de nuestro destino, gozamos de libre albedrío; podemos elegir (no diré ya entre el bien y el mal, esta maniquea distinción cada vez me gusta menos) entre el egoísmo y la generosidad, entre el mirarnos siempre a nuestro propio ombligo  o mirar a los demás. Y hay de todo: gente que quisiera captar para si hasta los rayos del sol no dejando escapar ninguno, y también otros que gozan (realmente gozan) al ver que su luz nos ilumina a todos. ¿Dónde esta la diferencia? ¿En la escala de valores individual? ¿Por que éste elige hacer la vida feliz a los demas, y aquel otro de mas allá opta por hacerse la vida feliz solo a si mismo, incluso aunque sea a costa del bienestar ajeno? ¿Qué es lo que lleva a uno y a otro a elegir tan distintos caminos? Ah, si, el libre albedrío de antes. Pero no es tan sencillo. ¿Qué otro factores influyen en esa decisión? ¿Personalidad? ¿Educación?

Pero que incautos podemos llegar a ser...porque al final de cuentas tendremos que partir de aquí, queramos o no,  recordémoslo; y lo mejor de todo: nada material  podremos llevarnos allá.  "Polvo eres…" pero te empeñas en ignorarlo y en actuar como si fueras eterno. Y lo cierto es que esta vida es como un corto permiso de la mili, que decían los viejos.

Y en nuestra búsqueda no nos ayuda precisamente ésta maldita sociedad en la que vivimos que, al contrario,  nos enseña a ser competitivos, a brillar más que el otro, a ganar más que el otro, a tener más que el otro, a muchos les hace gozar eso: porque piensan que asi son felices: acumulando bienes materiales,  teniendo mejor coche que tu, mejor casa que tu, mejor mujer que tu; mejor reputación social que tu. Hasta cuando llegan a la tumba procuran lo mismo: tener mejor nicho que tú. ¡Menudo banquete para los gusanos…!  Incluso llamamos "tonto" o "desfasado" al que intenta hacer feliz a los demás, y hay que ser malvado -o acaso inconsciente-  para ello: ni comemos ni dejamos comer; ni somos buenos ni dejamos que otros lo sean. Pero también los hay que, ignorando comentarios u opiniones ignominiosas, optan por la caridad con el prójimo. En mi opinión, eso es el amor: dar. Con mayúscula. 

Por lo que a mi respecta, cada vez comprendo mejor a aquel que dijo: hace falta tiempo, mucho tiempo para aprender a vivir. Y asi, vamos madurando, van pasando los años, te vas dando cuenta de las cosas;  los pocos consejos buenos de los amigos y seres queridos,  y las muchas heridas que la vida te deja en el corazón hacen que madures y despiertes a la realidad del mundo. Pero…que pena que cuando medio hemos aprendido el duro oficio de saber vivir  (porque nunca se aprende del todo), ya es demasiado tarde. Pero bueno, seamos positivos;  nunca es tarde para darse cuenta de un error, asumirlo, y cambiar de actitud.  Dicen los sabios orientales que “el mejor momento para plantar un árbol fue hace 30 años, el segundo mejor momento para plantarlo, es ahora”. Plantémoslo, pues.

Y ademas, es el mejor momento: ahora, si bien esa decisión ha de venir precedida de una serena reflexión que quiero hacer en compañía de todos vosotros, amigos y amigas lectores/as.  Si, cuando llega tu primera madurez, décadas de las 40 o 50, es un momento estupendo para plantearte muchas cosas,  recapitular, y preguntarte: ¿He cogido el camino correcto? ¿Ha merecido la pena lo vivido hasta ahora? ¿Qué he hecho bien? ¿Qué es lo que funciona mal y he de cambiar?  ¿Por qué me siento solo a veces? ¿Cómo puede ser que mientras mas años tengo, en ocasiones siento más inseguridad? Todas estas preguntas entiendo que son normales a estas alturas de la vida, y tienen una causa y una explicación muy sencilla, y muy concreta.

Pero ya basta por hoy.  Aqui me he limitado a plantear el problema. Y lo desarrollaremos,  amigos y amigas,  en la próximas entradas.


Saludos.



1 comentario:

Salvador Cárdenas Viedma dijo...

Pablo, la búsqueda de la verdad posiblemente nos lleve a comprender que no existe una única verdad, es decir, que no existe ese concepto como algo absoluto.