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viernes, 11 de abril de 2008

Presunción de inocencia

Dicese de la presunción de inocencia del derecho fundamental que tienen los ciudadanos a ser considerados inocentes mientras NO se demuestre lo contrario. En resumidas palabras: mientras que una Sentencia firme de un Tribunal no demuestre lo contrario, todo el mundo es inocente. El principio de la presunción de inocencia es uno de los ejes fundamentales del Estado de Derecho y como tal está sancionado en el articulo 24 de nuestra Constitución. Este gran logro sirve para regular la justicia penal que imparte el Estado y es una garantía porque tiene dentro de sus objetivos limitar y obstaculizar la utilización irracional de la coerción estatal en la justicia penal.
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Se nos presume inocentes, a todos, pero tal presunción es sólo "iuris tantum", de manera que puede ser desvirtuada por prueba en contrario, si bien para tal desvirtuación es necesaria una mínima actividad probatoria, producida con las garantías procesales, que, de algún modo, pueda entenderse de cargo y de la que se pueda deducir, por tanto, la culpabilidad del imputado.

Forma parte de un sistema de garantías que, históricamente, ha costado sangre, sudor y muchas lagrimas conquistar. Los primeros en intuirlo, como no, fueron mis amados y geniales romanos. Ya en Roma supuso un increíble avance. En el Corpus Iuris Civilis de Justiniano, podemos leer con asombro: “In dubio, pro reo”. En la duda, hay que estar a favor del reo.
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Posteriormente vino la Edad Media y su oscurantismo. La regla general era la contraria: a todo el mundo se le consideraba culpable. No hacia falta ser cogido “in fraganti¨” cometiendo el delito; la simple sospecha (herejia, judaísmo, homosexualidad, copular con persona no bautizada, etc), autorizaba al Estado a poner en marcha su inmisericorde maquinaria coactiva. Y si no, que se lo pregunten a la iglesia y a sus famosas Ordalías o Juicios de Dios, y sobre todo a la inquisición. Ante la sospecha de que habia un delito, o lo que la ignorancia de la epoca dio en llamar brujería, al sospechoso le metian la mano en agua hirviendo o le hacian coger un hierro al rojo; si la sacaba sin herida, era inocente; y si se quemaba, era culpable. Una mujer de la que su marido tuviera sospecha de adulterio era sometida a tales Ordalias, y ya se puede suponer el resultado: todas eran culpables.

No son cuentos. Sucedió realmente. Torturas, sangre, horror…cuanto linchamiento en las plazas de los pueblos, ejecuciones publicas, etc, nadie estaba a salvo. Faltaba todavía mucho tiempo hasta que la Constitución de 1.812 derogó el tormento, la tortura.
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El genio de Cervantes volvió a intuirlo: “no es mejor la fama del juez riguroso que la del compasivo”.

La primera teorización moderna se produce teniendo como marco el pensamiento jurídico de la Ilustración. He aquí, en 1.764, la expresiva formulación de Cesar Beccaria: "Un hombre no puede ser llamado reo antes de la sentencia del juez, ni la sociedad puede quitarle la pública protección sino cuando esté decidido que ha violado los pactos bajo los que le fue concedida". Y también la propuesta de Filangieri de
"tratar al acusado como ciudadano, hasta que resulte enteramente probado su delito".

Hoy, afortunadamente, la presunción de inocencia está recogida en distintos Textos Legales, como nuestra Constitución, la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano, de 1789; la Declaración Universal de Derechos Humanos, aprobada por la ONU en 1948 y la Convención de Salvaguardia de los Derechos del Hombre y de las Libertades Fundamentales, aprobado en Roma en 1950, entre otros muchos. En fin, como decía Ferrajoli, lo que interesa a la sociedad es que los culpables sean generalmente castigados; pero lo que mas le interesa aún es "que todos los inocentes sin excepción estén protegidos".

Pero yo me formulo dos preguntas. ¿Sabemos valorar la presunción de inocencia? ¿Hemos evolucionado con los tiempos? A veces pienso que no. Me explico. La sociedad avanza, está en constante evolución; y pide reformas legales, insiste en que las leyes o las normas están atrasadas, etc; es como si la sociedad fuera delante, y la ley detrás. Pero en el caso de la presunción de inocencia creo que es al revés; muchas veces pienso que esa magnifica conquista está años luz por delante de lo que la sociedad piensa, dice y hace. No somos conscientes de su importancia.
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Parece mentira que estemos tan adelantados en unas cosas y tan atrasados en otras. Quiero decir que sobre el papel esta muy bien, pero luego, muchos ciudadanos de a pie ni entienden (o no quieren entender) la esencia de la presunción de inocencia, ni la acepta, o bien se dejan llevar por emociones puntuales que, por muy humanas y comprensibles que sean, no deben provocar la quiebra de nuestro sistema de garantías. Un gran sector de la sociedad, casi siempre condena a las personas sin darles siquiera el beneficio de la duda. “Piensa mal y acertarás”, como decía en mi anterior post sabio país todos condenan al presunto delincuente como delincuente declarado. “Es que lo es”. Pero bueno, ¿y tu como puñetas lo sabes, es que lo has visto?
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Y ya está. En nuestro fuero interno y externo la mayoría lo condena y el sujeto ya es culpable, sin juicio previo, sin darle siquiera la posibilidad de defenderse, como en la Edad Media, muchos si pudieran lo quemarían vivo, lo cual supone que ni respetamos su condición de persona, ni le damos el respeto y la consideración que todo ser humano se merece, en cualquier caso y circunstancia, para preservar la dignidad humana.

Atrasamos la maquina del tiempo mil años. Eso si, luego que no seamos nosotros los que tenemos un problema, porque entonces si que nos gustaría agarrarnos a la presunción de inocencia, y tener un proceso con todas las garantías, ¿o no?
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La ley nos hace el precioso regalo de la presunción de inocencia a todos los ciudadanos. Y nosotros no nos acordamos de ella nada más que cuando nos toca. ¿Pero que nos pasa? ¿Volvemos a los tiempos de la inquisición? ¿Tan poco hemos evolucionado?

Salu2.

1 comentario:

Cosmo dijo...

Cuando se cometió un delito informático con la I.P. " supuestamente" de mi casa, la policía tenía que conseguir una confesión nuestra fuera como fuera. Saludos