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domingo, 29 de marzo de 2009

El viejo centurión (Parte IV)

I Parte. II Parte. III Parte.

Satisfechos por haberse encontrado al cabo del tiempo y por haber recibido su paga y su titulo de propiedad, los dos viejos soldados montaron en sus caballos y tomaron el camino que les conduciría a Massalia. El clima era muy favorable pues aquella primavera estaba siendo especialmente benigna. El paisaje era digno de contemplar, y un inmenso follaje verde ocultaba muchas veces los rayos del sol. Andaban por los mismos bosques por los cuales hace unos años hubiera sido mortal para un romano ir solo, pero ahora todo estaba pacificado, la Galia era ya provincia romana.


El viaje fue tranquilo y no tuvieron ningún contratiempo. El camino, muy frecuentado, estaba plagado de
cauponas, tabernas de muy mala calidad, mugrientas y sucias, que habian degenerado en burdeles baratos. La impaciencia de Lucio, que estaba deseoso de llegar a Massalia para indagar noticias sobre el paradero de Iulia y de sus hijos, asi como la de Publio, ansioso por llegar por fin a una buena tabernae limpia, con mujeres de calidad, hizo que aligeraran un poco la marcha.

Tras
dos dias de viaje se incorporaron a la Via Domiciana, construida por el Procónsul Domicio Enobarbo algunos años antes para asegurar el camino hacia Hispania y cuyas tabernas, para regocijo de Publio, tenian mucho mejor aspecto que las que dejaban atrás. Bordeando el Mare Nostrum atravesaron las tierras de los Volscos, llegando al asentamiento galo de Nemausus, ciudad importante y muy poblada, que se habia convertido en colonia romana diecinueve años antes. Tierra de Ligures. Su nombre derivaba de la expresión latina "Desde el Nilo", pues los veteranos de las campañas de César en el Nilo habian recibido lotes de tierra en la llanura de dicha ciudad; de ahí emblema de su escudo, que era un cocodrilo.


Ya solo se hallaban a 120 km. de Massalia, y el corazón de nuestro viejo centurión se inflamó de alegría por la esperanza de localizar a los suyos. Como sus obligaciones habian terminado, un solo objetivo brillaba en su mente: encontrarlos. Hasta el aire le traia el perfume de su recuerdo, lo cual unido a la cercanía de su destino hizo que incluso se olvidara de todas las fatigas del viaje. Estaba radiante. Por su parte, Publio gozó al contemplar la infinidad de Tabernae de lujo que salpicaban la ciudad.


-Calma, Lucio,
-le dijo Publio-, no espolees tanto al caballo, ahora tenemos todo el tiempo del mundo para encontrarlos, y los encontraremos. Te lo juro por todos los dioses. Ademas, lo pasaremos bien aquí, encontraremos muchos hermanos de armas, vino, buena comida, mujeres…¡estamos en el paraíso, hermano!


-Quieran los Dioses que así sea –respondió Lucio.


La mayoría de la población de Nemausus estaba compuesta de soldados veteranos de Cesar; y éstos, al verlos desfilar y conocer por su uniforme su graduación, les saludaron al estilo militar, con respeto, despertando la curiosidad de las mujeres y de los niños que alli se encontraban. La ciudad estaba bien estructurada, y en su centro habia varias tabernas,
dirigiéndose a la que le pareció la mejor de todas, y no se equivocaron. Contaba con habitaciones bien iluminadas y ventiladas, decoradas con pinturas propias del lugar, mesas muy limpias, y sobre todo, mucha higiene. Aquello despertó enormemente la libido de Publio, que contempló con lujuria indisimulada a las bellas y atractivas mujeres de allí, todas bellas y jóvenes, fijandose muy especialmente en una morena de ojos azules, muy bien formada, y de andares elegantes y sinuosos. Pero tambien incitó el apetito de Lucio que estaba muy hambriento y deseoso de darse un buen banquete.

Quiso el destino que acertaran a coincidir en la Taberna con
otros diez o doce soldados veteranos, como ellos, que vivian allí y se habian casado con mujeres de la zona regularizando su situación. Reconocieron a varios antiguos compañeros de su primera Legión, la X Gémina.

Lucio se fijó especialmente en el rostro de uno de ellos, el más viejo. Tendría unos 58 años, completamente calvo y con la cara poblada de arrugas que apenas tenia dientes y al cual la vista empezaba a fallar. Como era muy buen fisonomista lo conoció de inmediato, y al reconocerlo su corazón brincó de gozo y de alegría, tocando con el codo a Publio que también lo reconoció al primer golpe de vista. Su rostro esbozó una amplia y luminosa sonrisa. Ambos se acercaron a él, y le preguntaron.


-¿Ya no te acuerdas de nosotros, viejo Póstumo?


-Me suena vuestra cara y conozco esa voz, creo haberte acunado en mis rodillas alguna vez.


-¡En Alesia nos hirieron a los dos en la pierna, y nos curaron juntos! -repuso Lucio sonriendo y abriendo los brazos.


-¡Dioses! Entonces tu eres…¡por Baco, tu eres Lucio Druso Medulino, si, ahora me acuerdo de ti! ¡Hijo, cuánto tiempo! El heroe de Actium hace dos años! ¡Hemos oído hablar de tus proezas! ¡Hermanos venid, mirad a quien ha venido a vernos!


-Y a éste, no lo recuerdas?


-Tambien me suena mucho su cara, es de los nuestros no hay duda.


Publio se acercó a él y el viejo Postumo le cogio el rostro con ambas manos, mirandolo. De pronto dio un gran alarido de satisfacción, lo habia reconocido.


-¡Oh, por Júpiter, tu eres Publio Licinio Colatino, el heroe de Farsalia…! ¡El soldado más bravo y alegre de toda la legión! ¡También a ti te he llevado en mis rodillas
y hasta te he amamantado de joven! ¡Vaya pareja que ha venido a vernos, los dioses nos han bendecido con vuestra visita!


El viejo Póstumo se emocionó muy especialmente y no pudo contener las lágrimas. Hacia ya quince años que se habia licenciado, y cuando Publio y Lucio eran unos recien llegados al ejercito Póstumo ya tenía más de una década de veteranía. Habia sido uno de los más bravos y terribles soldados de la Legio X Gemina, la amada de Cesar, fuerte, duro, rudo y mortal con su gladius en la mano, pero siempre había tenido animo paternal con los jóvenes, y especialmente con Publio y Lucio, a quienes brindó muy buen entrenamiento y mejores consejos que, a la larga, harian que llegaran a sobrevivir.
Licenciado quince años atrás, se había casado con una gala, muy bella, que había fallecido al año siguiente de unas fiebres, con lo cual se encontraba viudo y solo. La ceguera le había atacado con fiereza al ojo izquierdo, con el cual apenas veía. Tenia una confortable casa en Nemausus y vivía desahogado económicamente, aunque solo.


Fue un nuevo placer para Lucio y Publio el gozar de la libertad de su recién estrenada veteranía en compañía de aquellos viejos compañeros de armas, todos muy queridos para ellos, soldados valientes con los cuales habían pasado muchas fatigas en el ejército y en el campo de batalla. Todos se habían casado con mujeres galas, tenian hijos, y llevaban con muy buen humor su vida de veteranía. Pero el encuentro con el viejo Póstumo alegró especialmente el corazón de Lucio y de Publio.

Se sentaron juntos en la mesa, y pidieron comida y vino en abundancia. Estaban felices.Les sirvieron a todos una muy buena mesa, hacia mucho tiempo que no degustaban manjares como aquellos, desde luego no era la tipica comida del Campamento. Pronto el vino les desató la lengua a todos y comenzaron a hablar de su pasado y a recordar sus batallas.


-Yo estuve en la Décima con Cesar desde el principio –recordó Póstumo-. Me he recorrido toda la Galia. Sufrimos mucho hasta someter poco a poco a todas las tribus galas. Pero al final, en Alesia la cosa se nos puso difícil, muy difícil… lo pasamos muy mal,
pero vencimos. Cesar era mucho Cesar, bendito sea de los dioses. ¿Recordais la batalla? Enseñame la herida de tu muslo, Lucio.


-Si, lo recuerdo como si fuera ayer –dijo Lucio, tras enseñarle una cicatriz transversal en la cara posterior del muslo izquierdo-. Fue en el año 52 a.C. Eran cónsules ese año Quinto Cecilio Metelo Pio Escipion, y Gneo Pompeyo el Magno, y l
os generales de Cesar eran Marco Antonio, Tito Labieno y Cayo Trebonio. Nosotros llevabamos solo dos años alistados, eramos jóvenes soldados rasos de la 2ª Cohorte. Teniamos veinte años de edad, recien cumplidos. Fue una de nuestras primeras batallas serias.


-Aun estabais verdes los dos –siguió diciendo Póstumo-. La cosa venia de algunos años antes de alistaros vosotros. Escuchadme.
Cesar ya llevaba seis años en La Galia. Tras terminar su consulado, fue elegido por el Senado como gobernador de la Galia Cisalpina, pero luego, al morir por accidente su gobernador, también le concedieron la Galia Transalpina, la que hay al otro lado de Los Alpes, teniendo autoridad absoluta en estas provincias. Yo lo acompañé por toda la Galia, y una a una fuimos derrotando a las tribus galas como la de los Helvecios, los Belgas o los Nervios y logramos que muchas otras le juraran fidelidad. Cesar se hizo muy rico, pero el éxito le trajo nuevos enemigos, porque el primer triunvirato, el que formó con Pompeyo y Craso se fue a los infiernos cuando Craso murió en la batalla de Carrhae, donde muchos de mis parientes murieron.

-¡Que jóvenes eramos entonces! –recordó Publio-.

-Si, -dijo Postumo, cogiéndolos de las manos-, recuerdo que os cortasteis las manos la primera vez que cogisteis las espadas autenticas. No sabíais nada entonces, pero nos dimos cuenta de que llegaríais lejos, porque teniais lo mejor de todo: agallas, valentía y desprecio a la muerte. Ya aprenderíais, y asi ha sido, yo os enseñé todo lo que sabeis ahora, mirad adonde habéis llegado. Ahora mi corazón goza con vosotros aquí.

Póstumo siguió recordando el pasado, y dijo:

-Los Eburones ya estaban pacificados, pero su jefe, Ambiorix, se rebeló contra Cesar, y destruyeron la XIV Legión, en una emboscada bien estudiada. Este fue un importante golpe contra César, porque había perdido una parte de sus tropas y, lo que era peor, parte de su prestigio militar, y por si fuera poco Roma no le daba refuerzos. Esa derrota despertó los sentimientos nacionalistas de todos los galos. Lo pasamos muy mal, Cesar no dormía, parece que lo estoy viendo ahora mismo, paseando de madrugada, nervioso, dando vueltas de un sitio a otro, e incluso gustaba de hablar con nosotros, cuando estábamos de guardia. Casi un año le llevó retomar el control de la situación. Pero cuando todo se había pacificado, vino lo peor, pues los galos se dieron cuenta de que solo unidos nos podrían vencer. Todas las tribus galas se reunieron en Bribacte, y eligieron como Jefe de todos los galos a Vercingetorix, de la tribu de los Avernos. César entonces se encontraba en el campamento de invierno de la Galia Cisalpina, desconociendo la alianza que se había formado en su contra. Los galos comenzaron una matanza de todos los ciudadanos romanos, comerciantes y colonos, en las ciudades galas más importantes. Cuando Cesar se enteró marchó apresuradamente cruzando los Alpes, todavía cubiertos de nieve, hasta la Galia central. Fue tan rápido que sorprendió a los galos. Tras varios forcejeos y batallas como la de Gergovia, en la que nos vimos obligados a retirarnos, luego fuimos nosotros los que los vencimos a ellos en algunas ocasiones, pero no conseguimos nada definitivo, y Vercingetorix se reagrupó con sus tropas en la fortaleza de Alesia. Ese fue el principio de su fin. Alesia estaba situada en la cima de aquella colina que todos recordáis, rodeada por valles y ríos y contaba con importantes defensas. Como un asalto frontal sería suicida, César consideró mejor que forzaramos un asedio de la fortaleza para rendir a los galos por hambre. Como había cerca de 80.000 hombres fortificados dentro de Alesia junto con la población civil, el hambre y la sed forzarían rápidamente la rendición de los galos, asi que para garantizar un bloqueo perfecto César ordenó que construyeramos un perimetro de fortificaciones.

Continuará.

Saludos.

PD.) A partir de ahora, las fechas las colocaré siguiendo la era cristiana, a fin de no despistar al lector. Aunque, obviamente, esto es una incoherencia historica: en aquella epoca el tiempo se contaba segun la fundación de Roma, ab urbe condita; por ejemplo, el año cero de nuestra era cristiana se corresponde con el año 753 a.u.c.


21 comentarios:

genialsiempre dijo...

Perfecto Cornelivs, entretiene y es toda una lección de historia. Se podría hacer una buena película...pero no adelantemos acontecimientos, esperaremos sucesivas entregas.

José María

denise samsara dijo...

Mui bravo!

Luz de Gas dijo...

Genial, la seria continua, no me pierdo una.

Vamos allá.

Besos

Oteaba Auer dijo...

Magnifica lectura para una mañana dominguera(cambio de hora incluido Grr)
Un abrazo y buena semana

DianNa_ dijo...

No veo nada mejor en qué emplear mi tiempo que en leerte.

Lo de las fechas, se agradece, así salen mejor las cuentas :)

Espero que sigas los capítulos, seré tu fan!!

Besos con armadura

Alí Reyes H. dijo...

Esto es ya una novela Cornelivs. Lo que te falta es limpiar, corregir y buscar un editor...Historia pura de a detalles breves.

Antón de Muros dijo...

Pasé por aquí y compartí el momento en la taberna con los soldados romanos (sin beber mucho alcohol, claro ;-))

Un abrazo.

Antón.

Francisco O. Campillo dijo...

Los viejos soldados no tienen mayor patrimonio que sus andanzas.

¡Excelente relato!

Shingen dijo...

Honor y lealtad, de eso sabían mucho los romanos. Es apasionante esta historia del viejo centurión, me tienes enganchado.

Te dejo aquí los ánimos necesarios y esa fuerza para seguir con ella, es genial.

Un fuerte abrazo

David

Manuel de la Rosa -tuccitano- dijo...

Perfecta la crónica- algo larga- haces muy bien en poner la fecha tal y como la conocemos, lo contrario sería ir contra lo aprendido en nuestra cultura...saludos

PAOLA dijo...

Una lección magnífica, que hiizo que repasara esta lectura un par de veces más, deleitándome con todo lo provocado a mi imaginación.
Un abrazo a la espera de la continuación

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

Veo que te animas. Magnífica continuación: ya sabes que este relato me encantó desde el principio.

Selma dijo...

¡qué ilusión volver a recorrer, de tu mano,con tus ojos y los de nuestros Centuriones entre otros lugares, Nemausus... leyendo por un instante se me borraron todo lo que la Nîmes actual es, y la ví en todo su esplendor... No sabes cuanto te lo agradezco, ô Cornelivs Amicus!

Hoy te dejo : Oscula, multa!

Ronini dijo...

no tengo tiempo de leerte corne pero si de desearte una feliz semana, besos

Alimontero dijo...

Subyugada por tu letras, tus relatos, te sigo, como siempre...

Ali

Roy Jiménez Oreamuno dijo...

Que belleza de relato me transporta a esas épocas y está muy bien escrito que me provoca imágenes mentales, en el dialogo de los ahí descritos.

En verdad que los años no perdona y hace estragos en el cuerpo y el alma del ser humano, aquellos bravos y poderosos hombres llegan convertirse en ancianos, lastimados por la fatiga de la guerra, que al final no perdona a nadie.
Saludos

RAMPY dijo...

Yo llego tarde, pero he llegado y estoy enganchado a esta saga. Esperaré noticias nuevas
Un rampyabrazo

loose dijo...

Haces que retroceda en el tiempo y viva el relato desde otra perspectiva.
Muy buena lección de historia. Así da gusto estudiar...;)

Besos. Cuídate.

Pedro dijo...

Esto es mucho más que un entretenido relato de soldados valerosos, es toda una lección magistral de historia romana. Su lectura es fluida y muy amena, le auguro un espléndido futuro.
Has puesto el listón muy alto en estos primeros capítulos, tienes todo un reto ante ti si quieres mantener el nivel.
Un abrazo.

Ana dijo...

A sido estupendo haberte visitado,bonita historia,seguiré pendiente para seguir la siguiente.
Saludos

Cornelivs dijo...

GRACIAS A TODOS.

CORNELIVS OS QUIERE.