"Cree a aquellos que buscan la verdad, duda de los que la han encontrado" (André Gide)
"No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defendería con mi vida tu derecho a expresarlo" (Voltaire)

"La religión es algo verdadero para los pobres, falso para los sabios y útil para los dirigentes" (Lucio Anneo Séneca)
"Cualquier hombre puede caer en un error, pero solo los necios perseveran en él" (Marco Tulio Cicerón)
"Quien no haya sufrido como yo, que no me de consejos" (Sófocles)
"No juzguéis y no sereis juzgados" (Jesús de Nazaret)
. . .

viernes, 3 de abril de 2009

Ultimo discurso y muerte de Sócrates.

Todo el mundo conoce, hasta la saciedad, la famosa frase de Sócrates: “Solo se que no se nada”. Pero pocos profundizan en esta frase, que a mi modo de ver constituye una de las frases más famosas (y ciertas) de toda la historia de la filosofia. A Sócrates lo conocemos por Platón, el cual nació en Atenas en el año 427 a.C. Fué seguidor de Sócrates del que recibió lecciones durante ocho años, y que escribió la "Apologia de Sócrates (haced click)". Una pequeña obra que constituye una auténtica joya, de inaplazable e imprescindible lectura.

En este Discurso, que eso precisamente significa "apología", Sócrates nos cuenta cómo comenzó su desgracia, ganandose la enemistad de tantos grupos de la sociedad ateniense. Comenzó cuando Querofonte, amigo suyo, preguntó al Oráculo de Delfos si había alguien más sabio que Sócrates, a lo que la pitonisa respondió que no. Sócrates, sorprendido, buscó la razón en la que se basaba el dios para decir tal cosa, ya que él no se consideraba más sabio que ningún otro hombre. Sin embargo según iba conociendo e interrogando a políticos, oradores, poetas y artesanos que se decían sabios deducía que no sabían tanto como ellos creian, y se lo hacía ver, con lo que empezó a enemistarse con todos ellos. Así llego a la conclusión de que él no sabía nada ni creía saber algo, y al no creer que sabía lo que no sabía, es un poco mas sabio.

Esto fue lo que le dio a entender el Oráculo, “La sabiduría humana es escasa o, más bien, nula”, es decir, “el más sabio de los hombres es el que reconoce, como hace Sócrates, que su sabiduría no tiene valor alguno”.

Ante el Tribunal, Sócrates se defiendió valientemente de todas las acusaciones, pero al final lo condenaron. La ignorancia condena a la sabiduría, escena que no ha hecho sino repetirse a lo largo de la historia. Sócrates no le tiene miedo a la muerte, y prefiere morir a resignarse a escapar y vivir sin poder continuar mostrando a la gente cómo la mejor manera de aprender es reconocer la ignorancia, la ausencia de saber, la insignificancia del saber humano.

De la lectura pausada de la obra de Sócrates se desprende que para poder aprender hay que reconocer no saber “yo solo sé que no sé nada”. Si uno va por delante creyendo que es más inteligente que los demás, creyéndose que ya lo sabe todo y no se abre al saber que le puede proporcionar el prójimo tiene un gravísimo problema: esta cerrado en su propia ignorancia. En el fondo, como defendía Sócrates, los realmente sabios son aquellos que reconocen no saber lo que no saben, quienes no van por ahí diciendo ser sabios, que no se enojan cuando otro puede demostrar la escasez de su sabiduría. La sabiduría se encuentra en reconocer la ignorancia de uno mismo y estar dispuesto a aprender de otro. Además, esos presuntos “sabios” tienen otro problema colateral: la gente se rie de ellos. Recuerdo aquel famoso estudiante, caso real, que vino del Colegio presumiendo de que ya se sabia "todas " las matemáticas. Todos se asombraban. Hasta que una vez, uno le preguntó: "Bueno, si es cierto eso sabrás lo que es una integral". El "sabio" respondió: "No, eso no son matematicas" (!)

Cada vez que aprendemos algo nuevo, más cuenta nos damos de que no sabemos nada, que el saber es infinito. Tambien en materia religiosa criticaba a los sacerdotes o creyentes que decian saberlo todo sobre los dioses. Sócrates partia de la base de que los dioses, de existir, serian infinitos e inmortales, siendo impotente la mente humana, finita, para abarcar tanto conocimiento infinito; y criticaba a los que decian “saberlo todo” sobre los dioses, arrastrando a las masas ignorantes, cuando lo cierto es que no sabian nada en absoluto. El mismo lo dijo: “Si fuésemos razonables, Hermógenes, confesariamos que nada sabemos acerca de los dioses, ni de sus personas, ni de sus nombres" .

En cuanto a su gloriosa muerte, leamos a Platón, que nos lo cuenta en su obra "Fedon". Sócrates ha de beberse el veneno, a fin de morir. He quí un breve extracto:

"—¡Qué hombre tan amable! Durante todo el tiempo que he pasado aquí vino a verme, charló de vez en cuando conmigo y fue el mejor de los hombres. Y ahora ¡qué noblemente me llora! Así que, hagámosle caso, Critón, y que traiga alguno el veneno, si es que está triturado. Y si no, que lo triture nuestro hombre.

—Pero, Sócrates —le dijo Critón—, el sol, según creo, está todavía sobre las montañas y aún no se ha puesto. Y me consta, además, que ha habido otros que lo han tomado mucho después de haberles sido comunicada la orden y tras haber comido y bebido a placer, y algunos, incluso, tras haber tenido contacto con aquellos que deseaban. Ea, pues, no te apresures, que todavía hay tiempo.

—Es natural que obren así, Critón —repuso Sócrates—, ésos que tú dices, pues creen sacar provecho al hacer eso. Pero también es natural que yo no lo haga, porque no creo que saque otro provecho, al beberlo un poco después, que el de incurrir en ridículo conmigo mismo, mostrándome ansioso y avaro de la vida cuando ya no me queda ni una brizna. Anda, obedéceme —terminó— y haz como te digo.

Al oírle, Critón hizo una señal con la cabeza a un esclavo que estaba a su lado. Salió éste y, después de un largo rato, regresó con el que debía darle el veneno, que traía triturado en una copa. Al verle, Sócrates le preguntó:

—Y bien, buen hombre, tú que entiendes de estas cosas, ¿qué debo hacer?

—Nada más que beberlo y pasearte —le respondió— hasta que se te pongan las piernas pesadas, y luego tumbarte. Así hará su efecto.

Y, a la vez que dijo esto, tendió la copa a Sócrates.

Tomola éste con gran tranquilidad, sin el más leve temblor y sin alterarse en lo más mínimo ni en su color ni en su semblante, miró al individuo de frente, según tenía por costumbre, y le dijo:

—¿Qué dices de esta bebida con respecto a hacer una libación a alguna divinidad? ¿Se puede o no?

—Tan sólo trituramos, Sócrates —le respondió—, la cantidad que juzgamos precisa para beber.

—Me doy cuenta —contestó—. Pero al menos es posible, y también se debe, suplicar a los dioses que resulte feliz mi emigración de aquí a allá. Esto es lo que suplico: ¡que así sea!

Y después de decir estas palabras, lo bebió, conteniendo la respiración, sin repugnancia y sin dificultad.

Hasta este momento la mayor parte de nosotros fue bastante capaz de contener el llanto; pero cuando le vimos beber y cómo lo había bebido, ya no pudimos contenernos. A mí también, y contra mi voluntad, caíanme las lágrimas a raudales, de tal manera que, cubriéndome el rostro, lloré por mí mismo, pues ciertamente no era por aquél por quien lloraba, sino por mi propia desventura, al haber sido privado de tal amigo. Critón, como aun antes que yo no había sido capaz de contener las lágrimas, se había levantado. Y Apolodoro, que ya con anterioridad no había cesado un momento de llorar, rompió a gemir entonces, entre lágrimas y demostraciones de indignación, de tal forma que no hubo nadie de los presentes, con excepción del propio Sócrates, a quien no conmoviera.

Pero entonces nos dijo:

—¿Qué hacéis, hombres extraños? Si mandé afuera a las mujeres fue por esto en especial, para que no importunasen de ese modo, pues tengo oído que se debe morir entre palabras de buen augurio. Ea, pues, estad tranquilos y mostraos fuertes.

Y, al oírle nosotros, sentimos vergüenza y contuvimos el llanto. Él, por su parte, después de haberse paseado, cuando dijo que se le ponían pesadas las piernas, se acostó boca arriba, pues así se lo había aconsejado el hombre. Al mismo tiempo, el que le había dado el veneno le cogió los pies y las piernas y se los observaba a intervalos. Luego, le apretó fuertemente el pie y le preguntó si lo sentía. Sócrates dijo que no. A continuación hizo lo mismo con las piernas y, yendo subiendo de este modo, nos mostró que se iba enfriando y quedándose rígido. Y siguiole tocando y nos dijo que cuando le llegara al corazón se moriría.

Tenía ya casi fría la región del vientre cuando, descubriendo su rostro —pues se lo había cubierto—, dijo éstas, que fueron sus últimas palabras:

—Oh, Critón, debemos un gallo a Asclepio. Pagad la deuda y no la paséis por alto.

—Descuida, que así se hará —le respondió Critón—. Mira si tienes que decir algo más.

A esta pregunta de Critón ya no contestó, sino que, al cabo de un rato, tuvo un estremecimiento y el hombre le descubrió: tenía la mirada inmóvil. Al verlo, Critón le cerró la boca y los ojos.

Así fue el fin de nuestro amigo, de un varón que, como podríamos afirmar, fue el mejor, a más de ser el más sensato y justo de los hombres de su tiempo que tratamos."

Saludos.

jueves, 2 de abril de 2009

El ruiseñor

Era un ruiseñor pechiazul. Lo veía venir, volando lenta y majestuosamente por aquel cielo azul, con sus alas extendidas de bellos colores, era el pájaro que siempre quiso tener y cuyo plumaje había deseado infinitas veces acariciar. Cuando lo observó de cerca le pareció de tal belleza que sintió vivos deseos de cogerlo para llevárselo a su casa y oír siempre sus dulces trinos y melodías. Llegó volando y se posó a su lado, con gracia y elegancia; mas cuando fue a cogerlo, el ave emprendió de nuevo el vuelo y desapareció en el firmamento, yéndose por el mismo camino por donde había venido. No obstante, ella siguió aguardando, y no tardó en aparecer otra ave, tan bella como la primera. Volvió a posarse a su lado, pero cuando fue a acariciarla el ave emprendió el vuelo, dejándola de nuevo sola. A pesar de todo siguió manteniendo la esperanza; pero otras diez o quince veces los pájaros hicieron lo mismo: tras posarse y estar breves instantes con ella, pronto emprendieron el vuelo; y muchas desaparecían instantáneamente. Por ello empezó a pensar que quizás había algo en ella que no gustaba a los pájaros, ó bien que solo eran fruto de su imaginación.


Ella siguió esperando. Si, vinieron mas aves, pero su visita era cada vez mas espaciada. Mientras más ansia mostraba porque viniera alguna, menos aves asomaban por allí. Y asi siguió durante mucho tiempo, sin poder coger ninguna, lo cual la condujo a sufrir una fuerte frustración. Ella insistía y porfiaba en gozar y tener la belleza del ave, para disfrutar también de su bello canto, pero las aves cada vez venían menos y volaban mas lejos.


Profundamente hastiada comenzó pensar que era indudable que algo de ella espantaba a las aves. E incluso hizo un profundo examen de ella misma, pero no acertó a encontrar la causa de por qué ya no acudía ninguna bella ave a volar por allí. Y cierta tarde, profundamente triste, comenzó a llorar sumergiendo su rostro entre sus manos. Pero he aquí que cuando dejó de llorar y miró a su alrededor encontró, muy cerca de ella, el ruiseñor más bello que jamás había visto nunca.

Y el ruiseñor le dijo:


-No pretendas atraparnos. Nosotros nacimos para volar. La belleza no se puede atrapar ni coger ni comprar: solo es posible divisarla y gozarla. Te has pasado mucho tiempo procurando saciar tu egoísmo, solo pensabas en apoderarte de nosotros y guardarnos como un trofeo. Y ello te ha impedido ser feliz y disfrutar contemplándonos volar, y también te ha privado de la oportunidad de oírnos cantar: veníamos aquí siempre a entonar nuestros trinos, pero tu nos espantabas intentando cogernos. La belleza no nació para ser poseída sino para ser sentida, apreciada y valorada. Tu también tienes una bella alma, pero has estado tan pendiente de atraparnos que no has tenido tiempo de darte cuenta. Mírate a ti misma y lo comprenderás. Recuerda que hay cosas que tu nunca podrás atrapar: acéptalo. El ave nació para volar y cantar en libertad. Abre tus ojos, y disfruta de la belleza, de todo tipo de belleza, pues hay muchas. Y no quieras atraparnos: goza de nuestro vuelo y de nuestro canto, y también de toda la belleza que te rodea…¿Qué mas quieres?


El ruiseñor elevó de nuevo su vuelo majestuoso, y surcando la línea del horizonte, desapareció.


Saludos.

miércoles, 1 de abril de 2009

Un año juntos.

Hoy “Diario de Cornelivs” cumple su primer año. Tal dia como hoy hace justo un año publiqué mi primera entrada en este humilde blog, que no es otra cosa que un diario personal donde escribo y plasmo mi afición por la historia, junto con mis preocupaciones, critica social, temores, gustos, desdichas, placeres y mis dudas entre otras cosas. Y juro solemnemente que estoy completamente sorprendido: jamás pensé ni soñé que llegaría a estar rodeado de tantos amigos y amigas tan agradables como vosotros, con los cuales durante este año he compartido muchas cosas. Es increíble como pasa el tiempo…

¡Gracias a todos…!


La lengua es la pluma del alma, decian los clásicos. Escribiendo vomitamos nuestra alma, fijaros que frase, y no es mia, es de un escritor del XVIII. Escribir me relaja y me consuela mucho más de lo que yo me había imaginado. Y compartir con vosotros penas y alegrías, sinceramente, creo que merece la pena. Es reconfortante para el alma. Y ademas, creo que todos necesitamos comunicarnos, somos seres sociales, necesitamos sentirnos acompañados, comunicar a los demas nuestras ideas y comprobar que, si no aceptadas, al menos son escuchadas y ojalá que respetadas también; por muy bien acompañado que esté una persona, con mujer, amigos, hijos, padres, madres, novias, etc, etc, etc, siempre hay algun momento en el que la persona se siente solo, bien porque tengas esa sensación, o bien porque tú busques conscientemente momentos de soledad para meditar y pensar. A mi me ha pasado tanto lo primero como lo segundo.


Con el tiempo he comprendido que tener un blog es como tener una luz encendida al mundo. Es un medio de comunicación, de abrirse a los demás, a gente que se encuentra en algunos casos a miles de kilómetros de tu entorno habitual. Un modo más de hacer amigos; de ensanchar tu pequeño mundo y entorno de conocidos y amigos. De unirnos unos con otros, aunque sea a través de un teclado. De darnos mutuamente afecto, cariño y ánimos los unos a los otros, y de ayudarnos también. Es una preciosa unión.


Por ello, si he influido en alguien, aunque sea indirectamente, para que, abriendo su corazón y sintiéndose libre para hablar, se lance al mundo a dar su opinión y a luchar por lo que considera justo; si entre todos le hemos dado una puñalada más al terrible fantasma de la soledad; si he conseguido humildemente concienciar a alguien sobre la necesidad de tener un mundo mejor, mas justo y mas solidario; y sobre todo, si abrir mi blog me ha supuesto conocer a gente tan encantadora como vosotros, entonces ha merecido la pena. ¡Por supuesto que ha merecido la pena!


Hoy descorcharé una botella de lo añejo, y...¡os prometo que me tomaré un par de copas a vuestra salud!


De todo corazón: muchas gracias a todos, repito, a todos, por este año juntos. Cornelivs os quiere.

Saludos.


martes, 31 de marzo de 2009

Sobre música y premios.

Nuestra amiga Loose, (haced click) autora del Blog "Brisa sin Aire", me concede el premio "Blog con Buena Musica". No me lo esperaba. ¡Muchas gracias Loose! La música siempre me ha inspirado. Los que seguís mi blog ya sabeis que mi hora favorita en la cual redacto mis posts es la noche, despues de cenar, cuando todo está tranquilo. Me relaja enormemente escribir, y oir buena musica con los auriculares puestos, para captar mejor los detalles.

Pequeño aviso. Lo que sí he detectado es que la musica de mi blog presenta problemas con el Explorer, a veces no se oye; pero usando el Mozilla Firefox no hay ningun problema, se escucha perfectamente. Yo uso indistintamente uno y otro explorador. Lo digo para los que tengais el Explorer, pues quizás en alguna ocasión no la escuchéis: usad el Mozilla Firefox.

Ahora se supone que debo de contestar a cinco preguntas. Bien, allá van, con sus respuestas:

-Libro favorito: Dificilísima pregunta (¡son tantos!). Citaré a dos: "Grandeza y decadencia de los romanos" (Barón de Montesquieu), y "El mundo como voluntad y representación" (Arthur Schopenhauer)

-Artista favorito: Yo tambien podré dos: Mozart y Peter Gabriel.

-Canción favorita: "The cinema show", de Génesis (uff, que respuesta más dificil, se me quedan un monton en el tintero).

-Actor favorito: Marlon Brando.

-Actriz favorita: otras dos: Ingrid Bergman y Lauren Bacall, por supuesto.

-Color favorito: Blanco.

Y ahora "se supone" igualmente que debo citar a otros cinco blogs. Los que ya me conoceis sabeis que siempre incumplo esta regla, pues no me gusta en absoluto discriminar a unos blogs sobre otros, (¡que dedo me voy a cortar de la mano que no me duela!), con lo cual os lo ofrezco a TODOS vosotros.

Saludos.

lunes, 30 de marzo de 2009

El viejo árbol.

Y allí se quedó.

Recien plantado y nacido a la vida estuvo a punto de perecer como consecuencia de una inundación que asoló aquella zona.

Pero allí siguió.

Luego vino el viento huracanado, la lluvia, y aquellas granizadas que dañaron su corteza y troncharon sus guias.

Pero allí siguió, e incluso hundió sus raices más en la tierra.

Finalmente, paso la insufrible sed de aquellos diez años de sequía en los cuales no cayó ni una sola gota de agua.

Pero allí siguió.

Y azotado por tantas calamidades, desprovisto de ramas y de follaje, no obstante ello aguantó como pudo; todos los arboles de su generación habian sucumbido, pero él seguia allí, firme, inmutable, inquebrantable.

Y finalmente, cansado y agotado, murió. Pero allí se quedó, como eterna y heróica memoria de la resistencia contra los elementos.

Murió de pié.

Saludos

domingo, 29 de marzo de 2009

El viejo centurión (Parte IV)

I Parte. II Parte. III Parte.

Satisfechos por haberse encontrado al cabo del tiempo y por haber recibido su paga y su titulo de propiedad, los dos viejos soldados montaron en sus caballos y tomaron el camino que les conduciría a Massalia. El clima era muy favorable pues aquella primavera estaba siendo especialmente benigna. El paisaje era digno de contemplar, y un inmenso follaje verde ocultaba muchas veces los rayos del sol. Andaban por los mismos bosques por los cuales hace unos años hubiera sido mortal para un romano ir solo, pero ahora todo estaba pacificado, la Galia era ya provincia romana.


El viaje fue tranquilo y no tuvieron ningún contratiempo. El camino, muy frecuentado, estaba plagado de
cauponas, tabernas de muy mala calidad, mugrientas y sucias, que habian degenerado en burdeles baratos. La impaciencia de Lucio, que estaba deseoso de llegar a Massalia para indagar noticias sobre el paradero de Iulia y de sus hijos, asi como la de Publio, ansioso por llegar por fin a una buena tabernae limpia, con mujeres de calidad, hizo que aligeraran un poco la marcha.

Tras
dos dias de viaje se incorporaron a la Via Domiciana, construida por el Procónsul Domicio Enobarbo algunos años antes para asegurar el camino hacia Hispania y cuyas tabernas, para regocijo de Publio, tenian mucho mejor aspecto que las que dejaban atrás. Bordeando el Mare Nostrum atravesaron las tierras de los Volscos, llegando al asentamiento galo de Nemausus, ciudad importante y muy poblada, que se habia convertido en colonia romana diecinueve años antes. Tierra de Ligures. Su nombre derivaba de la expresión latina "Desde el Nilo", pues los veteranos de las campañas de César en el Nilo habian recibido lotes de tierra en la llanura de dicha ciudad; de ahí emblema de su escudo, que era un cocodrilo.


Ya solo se hallaban a 120 km. de Massalia, y el corazón de nuestro viejo centurión se inflamó de alegría por la esperanza de localizar a los suyos. Como sus obligaciones habian terminado, un solo objetivo brillaba en su mente: encontrarlos. Hasta el aire le traia el perfume de su recuerdo, lo cual unido a la cercanía de su destino hizo que incluso se olvidara de todas las fatigas del viaje. Estaba radiante. Por su parte, Publio gozó al contemplar la infinidad de Tabernae de lujo que salpicaban la ciudad.


-Calma, Lucio,
-le dijo Publio-, no espolees tanto al caballo, ahora tenemos todo el tiempo del mundo para encontrarlos, y los encontraremos. Te lo juro por todos los dioses. Ademas, lo pasaremos bien aquí, encontraremos muchos hermanos de armas, vino, buena comida, mujeres…¡estamos en el paraíso, hermano!


-Quieran los Dioses que así sea –respondió Lucio.


La mayoría de la población de Nemausus estaba compuesta de soldados veteranos de Cesar; y éstos, al verlos desfilar y conocer por su uniforme su graduación, les saludaron al estilo militar, con respeto, despertando la curiosidad de las mujeres y de los niños que alli se encontraban. La ciudad estaba bien estructurada, y en su centro habia varias tabernas,
dirigiéndose a la que le pareció la mejor de todas, y no se equivocaron. Contaba con habitaciones bien iluminadas y ventiladas, decoradas con pinturas propias del lugar, mesas muy limpias, y sobre todo, mucha higiene. Aquello despertó enormemente la libido de Publio, que contempló con lujuria indisimulada a las bellas y atractivas mujeres de allí, todas bellas y jóvenes, fijandose muy especialmente en una morena de ojos azules, muy bien formada, y de andares elegantes y sinuosos. Pero tambien incitó el apetito de Lucio que estaba muy hambriento y deseoso de darse un buen banquete.

Quiso el destino que acertaran a coincidir en la Taberna con
otros diez o doce soldados veteranos, como ellos, que vivian allí y se habian casado con mujeres de la zona regularizando su situación. Reconocieron a varios antiguos compañeros de su primera Legión, la X Gémina.

Lucio se fijó especialmente en el rostro de uno de ellos, el más viejo. Tendría unos 58 años, completamente calvo y con la cara poblada de arrugas que apenas tenia dientes y al cual la vista empezaba a fallar. Como era muy buen fisonomista lo conoció de inmediato, y al reconocerlo su corazón brincó de gozo y de alegría, tocando con el codo a Publio que también lo reconoció al primer golpe de vista. Su rostro esbozó una amplia y luminosa sonrisa. Ambos se acercaron a él, y le preguntaron.


-¿Ya no te acuerdas de nosotros, viejo Póstumo?


-Me suena vuestra cara y conozco esa voz, creo haberte acunado en mis rodillas alguna vez.


-¡En Alesia nos hirieron a los dos en la pierna, y nos curaron juntos! -repuso Lucio sonriendo y abriendo los brazos.


-¡Dioses! Entonces tu eres…¡por Baco, tu eres Lucio Druso Medulino, si, ahora me acuerdo de ti! ¡Hijo, cuánto tiempo! El heroe de Actium hace dos años! ¡Hemos oído hablar de tus proezas! ¡Hermanos venid, mirad a quien ha venido a vernos!


-Y a éste, no lo recuerdas?


-Tambien me suena mucho su cara, es de los nuestros no hay duda.


Publio se acercó a él y el viejo Postumo le cogio el rostro con ambas manos, mirandolo. De pronto dio un gran alarido de satisfacción, lo habia reconocido.


-¡Oh, por Júpiter, tu eres Publio Licinio Colatino, el heroe de Farsalia…! ¡El soldado más bravo y alegre de toda la legión! ¡También a ti te he llevado en mis rodillas
y hasta te he amamantado de joven! ¡Vaya pareja que ha venido a vernos, los dioses nos han bendecido con vuestra visita!


El viejo Póstumo se emocionó muy especialmente y no pudo contener las lágrimas. Hacia ya quince años que se habia licenciado, y cuando Publio y Lucio eran unos recien llegados al ejercito Póstumo ya tenía más de una década de veteranía. Habia sido uno de los más bravos y terribles soldados de la Legio X Gemina, la amada de Cesar, fuerte, duro, rudo y mortal con su gladius en la mano, pero siempre había tenido animo paternal con los jóvenes, y especialmente con Publio y Lucio, a quienes brindó muy buen entrenamiento y mejores consejos que, a la larga, harian que llegaran a sobrevivir.
Licenciado quince años atrás, se había casado con una gala, muy bella, que había fallecido al año siguiente de unas fiebres, con lo cual se encontraba viudo y solo. La ceguera le había atacado con fiereza al ojo izquierdo, con el cual apenas veía. Tenia una confortable casa en Nemausus y vivía desahogado económicamente, aunque solo.


Fue un nuevo placer para Lucio y Publio el gozar de la libertad de su recién estrenada veteranía en compañía de aquellos viejos compañeros de armas, todos muy queridos para ellos, soldados valientes con los cuales habían pasado muchas fatigas en el ejército y en el campo de batalla. Todos se habían casado con mujeres galas, tenian hijos, y llevaban con muy buen humor su vida de veteranía. Pero el encuentro con el viejo Póstumo alegró especialmente el corazón de Lucio y de Publio.

Se sentaron juntos en la mesa, y pidieron comida y vino en abundancia. Estaban felices.Les sirvieron a todos una muy buena mesa, hacia mucho tiempo que no degustaban manjares como aquellos, desde luego no era la tipica comida del Campamento. Pronto el vino les desató la lengua a todos y comenzaron a hablar de su pasado y a recordar sus batallas.


-Yo estuve en la Décima con Cesar desde el principio –recordó Póstumo-. Me he recorrido toda la Galia. Sufrimos mucho hasta someter poco a poco a todas las tribus galas. Pero al final, en Alesia la cosa se nos puso difícil, muy difícil… lo pasamos muy mal,
pero vencimos. Cesar era mucho Cesar, bendito sea de los dioses. ¿Recordais la batalla? Enseñame la herida de tu muslo, Lucio.


-Si, lo recuerdo como si fuera ayer –dijo Lucio, tras enseñarle una cicatriz transversal en la cara posterior del muslo izquierdo-. Fue en el año 52 a.C. Eran cónsules ese año Quinto Cecilio Metelo Pio Escipion, y Gneo Pompeyo el Magno, y l
os generales de Cesar eran Marco Antonio, Tito Labieno y Cayo Trebonio. Nosotros llevabamos solo dos años alistados, eramos jóvenes soldados rasos de la 2ª Cohorte. Teniamos veinte años de edad, recien cumplidos. Fue una de nuestras primeras batallas serias.


-Aun estabais verdes los dos –siguió diciendo Póstumo-. La cosa venia de algunos años antes de alistaros vosotros. Escuchadme.
Cesar ya llevaba seis años en La Galia. Tras terminar su consulado, fue elegido por el Senado como gobernador de la Galia Cisalpina, pero luego, al morir por accidente su gobernador, también le concedieron la Galia Transalpina, la que hay al otro lado de Los Alpes, teniendo autoridad absoluta en estas provincias. Yo lo acompañé por toda la Galia, y una a una fuimos derrotando a las tribus galas como la de los Helvecios, los Belgas o los Nervios y logramos que muchas otras le juraran fidelidad. Cesar se hizo muy rico, pero el éxito le trajo nuevos enemigos, porque el primer triunvirato, el que formó con Pompeyo y Craso se fue a los infiernos cuando Craso murió en la batalla de Carrhae, donde muchos de mis parientes murieron.

-¡Que jóvenes eramos entonces! –recordó Publio-.

-Si, -dijo Postumo, cogiéndolos de las manos-, recuerdo que os cortasteis las manos la primera vez que cogisteis las espadas autenticas. No sabíais nada entonces, pero nos dimos cuenta de que llegaríais lejos, porque teniais lo mejor de todo: agallas, valentía y desprecio a la muerte. Ya aprenderíais, y asi ha sido, yo os enseñé todo lo que sabeis ahora, mirad adonde habéis llegado. Ahora mi corazón goza con vosotros aquí.

Póstumo siguió recordando el pasado, y dijo:

-Los Eburones ya estaban pacificados, pero su jefe, Ambiorix, se rebeló contra Cesar, y destruyeron la XIV Legión, en una emboscada bien estudiada. Este fue un importante golpe contra César, porque había perdido una parte de sus tropas y, lo que era peor, parte de su prestigio militar, y por si fuera poco Roma no le daba refuerzos. Esa derrota despertó los sentimientos nacionalistas de todos los galos. Lo pasamos muy mal, Cesar no dormía, parece que lo estoy viendo ahora mismo, paseando de madrugada, nervioso, dando vueltas de un sitio a otro, e incluso gustaba de hablar con nosotros, cuando estábamos de guardia. Casi un año le llevó retomar el control de la situación. Pero cuando todo se había pacificado, vino lo peor, pues los galos se dieron cuenta de que solo unidos nos podrían vencer. Todas las tribus galas se reunieron en Bribacte, y eligieron como Jefe de todos los galos a Vercingetorix, de la tribu de los Avernos. César entonces se encontraba en el campamento de invierno de la Galia Cisalpina, desconociendo la alianza que se había formado en su contra. Los galos comenzaron una matanza de todos los ciudadanos romanos, comerciantes y colonos, en las ciudades galas más importantes. Cuando Cesar se enteró marchó apresuradamente cruzando los Alpes, todavía cubiertos de nieve, hasta la Galia central. Fue tan rápido que sorprendió a los galos. Tras varios forcejeos y batallas como la de Gergovia, en la que nos vimos obligados a retirarnos, luego fuimos nosotros los que los vencimos a ellos en algunas ocasiones, pero no conseguimos nada definitivo, y Vercingetorix se reagrupó con sus tropas en la fortaleza de Alesia. Ese fue el principio de su fin. Alesia estaba situada en la cima de aquella colina que todos recordáis, rodeada por valles y ríos y contaba con importantes defensas. Como un asalto frontal sería suicida, César consideró mejor que forzaramos un asedio de la fortaleza para rendir a los galos por hambre. Como había cerca de 80.000 hombres fortificados dentro de Alesia junto con la población civil, el hambre y la sed forzarían rápidamente la rendición de los galos, asi que para garantizar un bloqueo perfecto César ordenó que construyeramos un perimetro de fortificaciones.

Continuará.

Saludos.

PD.) A partir de ahora, las fechas las colocaré siguiendo la era cristiana, a fin de no despistar al lector. Aunque, obviamente, esto es una incoherencia historica: en aquella epoca el tiempo se contaba segun la fundación de Roma, ab urbe condita; por ejemplo, el año cero de nuestra era cristiana se corresponde con el año 753 a.u.c.