"Cree a aquellos que buscan la verdad, duda de los que la han encontrado" (André Gide)
"No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defendería con mi vida tu derecho a expresarlo" (Voltaire)

"La religión es algo verdadero para los pobres, falso para los sabios y útil para los dirigentes" (Lucio Anneo Séneca)
"Cualquier hombre puede caer en un error, pero solo los necios perseveran en él" (Marco Tulio Cicerón)
"Quien no haya sufrido como yo, que no me de consejos" (Sófocles)
"No juzguéis y no sereis juzgados" (Jesús de Nazaret)
. . .

viernes, 8 de octubre de 2010

¡Adios Silvestre!

Me voy de fin de semana, amigos y amigas de la blogosfera, de modo que no posteraré ni os podré comentar hasta el domingo por noche, que es cuando tengo previsto mi regreso. No me puedo ir de puente (ojalá hubiera sido asi), porque mis obligaciones no me dejan.

Por cierto, tengo nuevas de la polémica guerra sin cuartel entre Piolin (mi querido jilguero, podeis apreciar en la imagen, tomada de internet, uno extremadamente parecido al mio)  y Silvestre (mi gato, inicialmente llamado Rocky). 

Los que no estéis al tanto de esta cruenta e interesantisima batalla, podeis poneros al dia consultando la entrada pertinente,  haciendo clik aquí.

Mal pintaban las cosas para mi jilguero ante la abrumadora mayoría de mujeres de mi casa (esposa e hijas) partidarias del lindo gatito, hasta el punto de que yo ya estaba haciéndome a la resignada idea de que, tarde o temprano, el gato se comeria a mi piolín. 

En esto, que los dioses, siempre tan buenos y tan misericordiosos, acudieron en mi ayuda. Os cuento: hay algo que mi mujer adora por encima de todo: las plantas y el orden en la casa.  Y sucedió algo ¡absolutamente maravilloso! Digamos que no me molestó excesivamente cuando Silvestre se subió a dos macetas que, con su peso, se volcaron y rompieron. Y por si fuera poco, arañó una silla de la cocina, cosa que tampoco impedí, quedando a la espera de la reacción de mi esposa.

Reacción que fue la que yo esperaba ("gatos...¡fuera!"), de modo que todo solucionado :)  ¡Gracias a los dioses...!

De modo que ahora nos llevamos a Silvestre a Pozo Alcón, su pueblo de origen, y lo endosaremos a mi cuñado,que tiene mucho más sitio allí.  Le deseo la máxima de las felicidades al minino, que sea papá  muchas veces (se ha librado de la castratio por los pelos, de haber seguido aquí un poquito más), y que pueda cazar muchos ratones, como todo buen gato que se precie. Pero por fin mi piolin podrá respirar tranquilo, y yo seguiré deleitándome con sus preciosos cantos y trinos matutinos.

¡Hasta el domingo...!

Saludos.

jueves, 7 de octubre de 2010

Despedida de los duques. Rumbo a la aldea.

Los jueves leemos el Quijote. Para el grupo de lectura del Quijote en La Acequia.

Terminada la farsa de la resurrección de Altisidora, “cada mochuelo vuelve a su olivo”, es decir, cada protagonista se retira a su estancia. Sancho y D. Quijote al mismo aposento, cosa que no gusta a Sancho, que sabe que a D. Quijote le gusta la plática nocturna, y su temor sale verdadero: empieza D. Quijote a preguntarle sobre el tema de Altisidora, pero Sancho corta por los sano: quiere dormir. Bastante ha tenido ya con los alfilerazos y con las mamonas. Mientras duermen, Cervantes nos cuenta como se fraguó esta burla, y los pormenores del viaje de ida y venida a Barcelona de Sansón Carrasco, (con recalo en castillo de los duques incluido), causante, en definitiva, de todo esto: causa última de esta última burla. No haré mayor comentario sobre ello. 

Lo que si quisiera destacar de este capitulo 70 son estos cuatro puntos:

Primero. Vuelve Cervantes a sorprendernos (ya lo ha hecho varias veces) con el suceso del encantamiento de Dulcinea: Sancho mismo fue el encantador y artífice “desta máquina”, pero es tan simple el escudero que luego le hacen creer que verdaderamente está encantada: ¡y se lo cree el buen hombre!, ante el regocijo (imagino) de Sansón Carrasco cuando se enteró de ello, al contárselo los duques.

Segundo. D. Quijote se despide por fin de los duques. Cierra Cervantes de modo insuperable la presencia de los duques en la segunda parte de la novela. D. Quijote se va de allí y no volverá jamás. Pero antes de partir de allí, Cervantes se despide de los duques haciendo un juicio durísimo contra ellos, pues dice que Cide Hamete “…tiene para sí ser tan locos los burladores como los burlados, y que no estaban los duques dos dedos de parecer tontos, pues tanto ahínco ponían en burlarse de dos tontos.” Yo creo que todos pensamos igual que Cide Hamete. Pero alabo la corrección, la prudencia y el comedimiento de Cervantes (“que aunque los agravios despiertan la cólera en los mas humildes pechos, en el mío ha de padecer excepción esta regla”, nos dice en el Prologo de la 2ª Parte).

Tercero. Cervantes vuelve a referirse al Quijote apócrifo de Avellaneda, y se nota su irritación y su desconsuelo. Dos demonios estaban jugando con el libro apócrifo en el infierno y lo mandan a los más profundos abismos del infierno. Los diablos hablan del libro: “¿Tan malo es?'', respondió el otro. ''Tan malo -replicó el primero-, que si de propósito yo mismo me pusiera a hacerle peor, no acertara''. Y D. Quijote anticipa cual será el final de esa obra apócrifa: “Si ella fuere buena, fiel y verdadera, tendrá siglos de vida; pero si fuere mala, de su parto a la sepultura no será muy largo el camino. “ Y así será.

Cuarto. Y ahora, una pequeña y amistosa controversia. Ya dije en el capitulo anterior que en mi opinión, D. Quijote no era consciente (ni fue consciente) de que se los duques se burlaban de él (“que en esta casa todo es cortesía y buen comedimiento”, dijo D. Quijote cuando por segunda vez lo llevaron al castillo de los duques). D. Quijote se lo tragó todo y lo creyó todo.

Pero algunas colaboraciones del grupo de lectura de La Acequia, quizás al ver que D. Quijote se reía cuando vió a Sancho con el vestido de llamas y con el capirote, supusieron que D. Quijote sabia o estaba al corriente de que todo era una farsa. Incluso nuestro maestro y querido amigo, Pedro Ojeda (a quien desde aquí mando un cordial abrazo), dijo en su siempre excelente análisis que como D. Quijote se ríe del vestido de Sancho, y éste dice que las llamas no le queman ni los demonios se lo llevan, nuestros protagonistas “…se relajan a través del humor puesto que han reconocido en todo lo que pasa una broma más”; o el propio Pancho, a quien envio otro cordial abrazo, insinúa que D. Quijote se retiró a rumiar su cobardía por no defender a su escudero”.

Discrepo humildemente de vuestras muy autorizadas opiniones, amigos mios.  Creo que D. Quijote se ríe para desdramatizar los autos de fe,  esa es la intención de Cervantes, no porque esté al corriente de que todo es una burla. Si D. Quijote hubiera presentido que aquello era una burla hubiera defendido inmediatamente a Sancho, recordemos como lo protegió cuando intentaron lavarle las barbas a Sancho, capitulo 2.32. (-“¡Hola, señores caballeros! Vuesas mercedes dejen al mancebo…tomen mi consejo y déjenle, porque ni él ni yo sabemos de achaque de burlas”).

Yo me ratifico en mi punto de vista: creo que D. Quijote no fue consciente de que los duques se reían de él. Creyó que todo pasó verdaderamente como el lo vió, y que Altisidora murió y resucitó, y así nos lo indica el propio Cervantes: “Altisidora -en la opinión de don Quijote, vuelta de muerte a vida-…”, o sea, que creyó integramente que quien hablo fueron real y verdaderamente los genuinos jueces del infierno Minos y Radamanto, y no otros; por ello no defendió a su escudero, pero no por cobardia: ¡es que aquello estaba pasando de verdad, es que D. Quijote no podia hacer nada! (Insisto, fijaros como defendió a Sancho con lo del lavatorio de barbas: cobarde no era D. Quijote precisamente). Oigamos a D. Quijote:  "Ten paciencia, hijo, y da gusto a estos señores, y muchas gracias al cielo por haber puesto tal virtud en tu persona, que con el martirio della desencantes los encantados y resucites los muertos..."

D. Quijote se lo creyó todo, de cabo a rabo. Incluso hablando con Altisidora D. Quijote demuestra estar convencido de que esta chica está enamorada de él, no se da cuenta de que todo es una burla, y vuelve a frenarla: “Muchas veces os he dicho, señora, que a mí me pesa de que hayáis colocado en mí vuestros pensamientos… yo nací para ser de Dulcinea del Toboso … suficiente desengaño es éste para que os retiréis en los límites de vuestra honestidad, pues nadie se puede obligar a lo imposible.”

La respuesta de Altisidora (“¡Vive el Señor, don bacallao, alma de almirez…¿Pensáis por ventura, don vencido y don molido a palos, que yo me he muerto por vos? Todo lo que habéis visto esta noche ha sido fingido; que no soy yo mujer que por semejantes camellos había de dejar que me doliese un negro de la uña, cuanto más morirme”) “desteta” -por fin- a D. Quijote de sus falsas ilusiones, y nos demuestra que nuestro héroe creyó real y verdaderamente hasta ese mismo instante que Altisidora “moría de amores” por él. 

Y menos mal que Altisidora le dijo la verdad: si no, nuestro pobre hidalgo aún lo estaría pensando.

Saludos.

miércoles, 6 de octubre de 2010

Saturno

Saturno era el hijo menor de Coelus, el Cielo, y de la antigua Tellus, la Tierra. Tras derrocar a su padre, Saturno obtuvo de su hermano mayor Titán el favor de reinar en su lugar. Titán puso una condición: que Saturno debía matar a toda su descendencia, para que la sucesión del trono se reservase a sus propios hijos.

Saturno se casó con Ops (Rea), con quien tuvo varios hijos que devoró ávidamente, como había convenido con su hermano. Sabiendo además que un día sería a su vez destronado por uno de sus hijos, exigía a su esposa que le diese a los recién nacidos, para comerselos a todos.  Sin embargo, Ops logró salvar a Júpiter. Éste, una vez adulto, hizo la guerra a su padre, derrotándole y expulsándole del cielo.

Culto. El culto a Saturno estaba muy extendido. En la antigua Roma se celebraban las Saturnales (en latin Saturnalia), una de las mas importantes festividades romanas, en las mismas los esclavos recibían raciones extras, tiempo libre y otras prebendas. El cristianismo de la antigüedad tardía tuvo fuertes problemas para acabar con esta fiesta pagana, intentando sustituirla. Las Saturnalia se celebraban del 19 al 25 de diciembre en honor al dios Saturno, a la luz de velas y antorchas, se celebraba el fin del período más oscuro del año y el nacimiento del nuevo período de luz, o nacimiento del Sol Invictus, coincidiendo con la entrada del Sol en el signo de Capricornio (solsticio de Invierno).

Probablemente las Saturnales fueran la fiesta de la finalización de los trabajos del campo, celebrada tras la conclusión de la siembra de invierno, cuando el ritmo de las estaciones dejaba a toda la familia campesina, incluidos los esclavos domésticos, tiempo para descansar del esfuerzo cotidiano.

Eran siete días de bulliciosas diversiones, banquetes e intercambio de regalos. Las fiestas comenzaban con un sacrificio en el templo de Saturno (en principio el dios más importante para los romanos hasta Júpiter), al pie de la colina del Capitolio, la zona más sagrada de Roma, seguido de un banquete público al que estaba invitado todo el mundo. Durante las Saturnales, los esclavos eran frecuentemente liberados de sus obligaciones y sus papeles cambiados con los de sus dueños.

Posteriormente, el nacimiento del Sol y su nuevo período de luz fueron sustituidos por la Iglesia, quien hizo coincidir en esas fechas el nacimiento de Jesús de Nazaret con el objetivo de acabar con las antiguas celebraciones. Gradualmente las costumbres paganas pasaron al Día de Año Nuevo, siendo asimiladas finalmente por la fiesta cristiana que hoy en día se conoce universalmente como el Día de Navidad.

El cuadro. Recuerdo la primera vez que vi este cuadro, me refiero al de arriba a la izquierda, que todos conocéis.  “Saturno devorando a un hijo”, de Francisco de Goya (el cuadro que veis a la derecha es de Rubens, luego hablamos de él).  Fue en un libro de texto, yo tenía 12 años, y estudiaba 6º curso de la entonces conocida como EGB. Me hizo tanta impresión el cuadro que tuve pesadillas durante varios dias, aunque todo paso pronto.

El cuadro fue pintado por Francisco de Goya con la técnica de óleo al secco (sobre la superficie de revoco de la pared) como decoración de los muros de su casa, llamada la Quinta del Sordo, que el pintor adquirió en febrero de 1819 y que posteriormente fueron trasladadas a lienzo en 1873 por Salvador Martinez Cubells. Actualmente se conservan en el Museo del Prado de Madrid.

Tuve la suerte de ver el cuadro en el Museo del Prado de Madrid hará cosa de unos ocho o nueve años, y os prometo que me llevé una profunda impresión: no es lo mismo verlo en un libro de texto que en vivo y en directo. Me impresionó, me fascinó...  Os juro que se me pusieron los pelos de punta. La expresión del dios Saturno es terrible, llama poderosamente la atención el horror caníbal del padre devorador de su propio hijo, con la boca abierta, los ojos en blanco, el gigante que ya esta algo viejo, y la masa informe del cuerpo sanguinolento de su hijo. Y los ojos del dios, esos ojos desorbitados, que solo rezuman odio y ambición por reinar, y que nos descubren  un alma  brutalmente infernal, sin sentimiento paternofilial alguno...¡menudo cuadro!.

El hijo devorado, con un cuerpo ya adulto, ocupa el centro de la composición. Al igual que en la pintura de Judit y Holofernes, uno de los temas centrales es el del cuerpo humano mutilado. No solo lo está el cuerpo atroz del niño, sino también, mediante el encuadre escogido y la iluminación de claroscuro extraordinariamente contrastada, las piernas del dios, sumidas a partir de la rodilla en la negrura, en un vacío inmaterial.

Emplea una gama de blancos y negros, aplicada en manchas de color gruesas, solo rota por el ocre de las carnaciones y la llama fúlgida en blanco y rojo de la carne viva del hijo.

Tambien Rubens tiene un cuadro sobre el mismo tema, que podeis apreciar un poco mas arriba, a la derecha,  otra obra maestra. Sin embargo, me quedo con el de Goya. 

Fuente: Wikipedia (aquiaqui y aquí)

Saludos.

martes, 5 de octubre de 2010

Hablando conmigo mismo.

Yo. Escuchame Cornelivs. Te defines como buscador de la verdad. Pues mira lo que te digo: cientos y cientos de sabios y de filosofos que te precedieron buscaron las respuestas que tu buscas ahora, y no las encontraron. ¿Y las vas a encontrar tu? ¿No crees que eres un poco pretencioso?

Cornelivs. No soy pretencioso ni iluso: se que jamás encontraré esas respuestas. Pero, al menos, me siento libre buscándolas por mi propio camino, sin asentir pasivamente a verdades ajenas que otros establecieron. Me gusta estrujarme el coco de vez en cuando.

Yo. ¿Y que ganas con ello?

Cornelivs. El placer de sentirme libre.

Yo. Bueno, pero como tu mismo dices, “hay tiempo para todo”. Que no se te olvide disfrutar de la vida vez en cuando. ¡Sigue tus propios consejos alguna vez!

Cornelivs. Lo intentaré. De hecho, ya lo hago.

Yo. Si.  Pero mira, Cornelivs. Esto es lo que hay, y escuchame bien: “esto" es lo que hay, no conocemos otra cosa, ni lo que hubo antes (si es que lo hubo) ni lo que habrá despues (si es que tiene que haberlo). Disfruta de la vida cada vez que se te presente la oportunidad, y deja ya de preguntarte por aquello de lo que ni los más grandes sabios antiguos hallaron nunca la respuesta. Insisto: si ellos no la hallaron, ¿la vas a hallar tu, que no eres sabio, ni mucho menos, sino que solo eres ( y uso tus propias palabras) un “aprendiz de todo y maestro de nada"?

Cornelivs. Asi es. Por cierto, escuchame, cambiando de tercio: que rico, que riquísimo estos biscotes de crema de Cheddar con este Protos. Este vino es extraordinario.

Yo. Vaya hombre, menos mal, vas aprendiendo.

Cornelivs. Bueno, mas vale tarde que nunca, ¿o no?

Yo. Brindo por ello.

Cornelivs. Aunque no te hagas ilusiones: entre buen rato y buen rato,  seguiré buscando, aunque muera buscando y no encuentre nunca. "Hay tiempo para todo" ¿no?

Yo.
No tienes remedio.

Cornelivs. Brindo por ello.

Saludos.

lunes, 4 de octubre de 2010

Vulgaridad

Hace poco hablábamos de la frivolidad; hagámoslo ahora de una prima hermana suya: la vulgaridad. Nuestro diccionario define lo vulgar como lo común o general; persona o cosa que es muy normal o que no tiene ninguna característica especial ú original, o que no tiene elegancia o buen gusto, usándose también para definir al lenguaje que utiliza la gente corriente, en contraposición al que utilizan los especialistas. Otra acepción de vulgar hace referencia a la persona, al lenguaje o a la costumbre que es poco refinada, de poca educación o de mal gusto: de esta última acepción no hablaré en esta entrada, dado lo amplio del tema y lo escabroso de la causa: falta de educación y de cultura; ademas, ya hablé de ello en otro lugar.

Me atreveré a dar una definición, incompleta por supuesto, pero lo hago adrede: el termino vulgar es tan amplio que en esta definición recalcaré un aspecto muy concreto de la vulgaridad,  sobre el que voy a incidir en esta entrada. Dícese de persona vulgar a la persona que “hace lo que hace todo el mundo, o aquel cuyo comportamiento o actitud ante la vida no tiene nada de original”, o lo que es lo mismo: sinónimo de falta de personalidad, o personalidad poco definida. Habrá mejores definiciones que esta, estoy seguro de ello: pero esta es la definición que a mi me gusta.

Lo vulgar, en consecuencia, es lo opuesto a lo original. Lo vulgar es lo común, y lo original es la especialidad singularisima de cada individuo.

La vulgaridad se ha extendido en nuestra sociedad de un modo incontestable. Grandes centros comerciales ponen de moda la ropa que se llevará la próxima primavera o verano, casi de modo vinculante, quedando inmediatamente “demodé” o mal visto el que no se somete a la tendencia mayoritaria. El poder de la televisión y de Internet es tal que no solo en cuestión de moda marcan tendencias, sino también en hábitos, comportamientos, costumbres, espectáculos, etc, y todos estos sectores están invadidos por la vulgaridad. Los niños han de tener –todos- una “nintendo” para que sus compañeros de escuela no los miren como criaturas extrañas: faltaba más. Y el dia que comienzan las rebajas todo el mundo acude  a las grandes superficies comerciales,  aunque realmente no tengan nada que comprar. Llega el dia 14 de Febrero: dia de los enamorados. Resulta que ahora es cuasi-obligatorio comprar algo a la esposa ese dia  (nueva y cursi moda importada no sé de donde)  y llevarla a cenar a un restaurante por lo caro.  Todo  o casi todo el mundo pasa por el aro. Halloween, Navidad…etc. ¿Dónde va Vicente? ¡Donde va la gente! Salvese el que pueda.

Y por cierto, la vulgaridad, "per se" no tiene por que ser intrinsecamente mala o dañina: es lo que hace todo el mundo. Pero asfixia, cuando no impide, el desarrollo de la individualidad: ahi esta el caballo de batalla de esta entrada. La vulgaridad aparece como un gigante enorme que devora a la preciosa singularidad de cada individuo, que tiene la osadia de desmarcarse y seguir su propia idea. Y no solo devora la singularidad: la critica, la arrincona, la maltrata sin misericordia. Fulmina, literalmente hablando, a todo aquel individuo que no se comporta como "es debido": como hace todo el mundo. Finalmente, la fagocita.  Dicho sea entre  paréntesis, os pondré un ejemplo mejor que mil palabras: que a nadie se le ocurra aparecer por la plaza de su pueblo completamente empapado en sudor, en zapatillas de deporte y pantalon corto, despues de haber corrido 10 km. Si lo sabré yo. Y menos mal que es a una hora prudente (sobre las 16, o 16,30 aproximadas), aunque me han dicho de todo. ¡Imaginaros a otra hora...! (Bueno, que sigan hablando, porque yo no voy a dejar de correr, mientras los dioses quieran y las lesiones no me lo impidan).

¿Qué hay en nuestro comportamiento que sea genuinamente nuestro, parido por nuestro intelecto, y no adaptado de la sociedad o copiado de ella?
¿Lo hemos pensado alguna vez? Y que conste que a todos  nos pasa en mayor o menor medida: nadie está libre de la poderosa influencia de la vulgaridad.

He meditado mucho sobre la causa de la vulgaridad: ¿por qué nos dejamos atrapar en sus redes? Yo creo que la principal causa de la vulgaridad es la comodidad, la pereza (la misma fuente de la frivolidad) el deseo de no trabajar, de no pensar, de no meditar: de no estrujarse un poco la materia gris, de no desmarcarse, de no seguir tu propio camino. El individuo no se toma trabajo de pensar, o de innovar, o de crear cosas nuevas, y fundamentalmente de hacer las cosas como a él le gusta hacerlas: supone enfrentasrse al monstruo de la vulgaridad y exponerse a la crítica.  El esfuerzo personal siempre tiene un premio, pero inicialmente supone mucho sacrificio, y el individuo no está dispuesto a pagar ese precio, porque supone remar contra corriente, como el piraguista de la imagen.

Y merece la pena el sacrificio: los grandes éxitos históricos han venido de gente que ha innovado, que ha estudiado; que ha decidido buscar otro camino diferente; de gente que ha ignorado los anchos caminos por donde va todo el mundo y ha buscado sendas intrincadas por las cuales han llegado a auténticos tesoros de saber y conocimiento, de actitudes, de moda (Coco Channel, p. ej., simpre hubo un antes y un después de ella) ¿Por donde va Vicente? Por donde va la gente. Bien, ellos fueron por su propio camino.

Pero no solo la comodidad es causa de la vulgaridad: también el miedo lo es,  es decir, el miedo del individuo a significarse. “Allá donde fueres, haz lo que vieres”, dice el clásico refrán. El individuo se siente arropado, cobijado en la masa, no se distingue y así no se significa, ni se señala: hace lo que hacen todos y así no es el blanco de las miradas ajenas, ni de comentario alguno. Se siente agusto. ¿Como va Vicente? Como va la gente.

Fundamentalmente, pienso que la vulgaridad obstaculiza, o al menos ralentiza el libre desarrollo de la personalidad. Si uno actua como actua todo el mundo no se toma el trabajo de meditar que respuesta es la que mas cuadra con su escala interior de valores, o simplemente, lo que a él le apetezca en un momento dado: ¡se lo dan todo hecho! No tiene mas que hacer lo que hace todo el mundo, cuando, como y donde  lo hace todo el mundo.

Pienso que la prudencia, una vez mas, es una buena tabla a  la que agarrarnos. siempre hay que mantener el equilibrio: ni ser siempre vulgar ni estar siempre obsesionado por ir contra corriente: todo en su justo término. Si te apetece algo que la mayoría comparte, cógelo. Pero que sea porque a ti te apetece, no por no significarte ni para evitar que te señalen con el dedo.

Sobre todo, tengamos con nosotros siempre la libertad. Hagamos lo que hagamos, que sea porque sea eso lo que nos llena por dentro. Hay que sentirse libre: tanto frente a la vulgaridad como frente al deseo exhacerbado de innovar o de desmarcarse. Esto no es una carrera de obstáculos ni ninguna competición. Y hay que tener en cuenta que hay tantas originalidades como personas, y todas son preciosas. Quiero decir con esto, que siempre habrá alguien mas listo que tu, mas alto y mas guapo que tu, o mas simpático que tu, por ello puede que no ganes la carrera del más listo/a o del mas guapo/a. Pero una cosa es segura: nadie habrá como tú, porque eres único/a. Esa batalla, de seguro, la tienes ganada, amigo y amiga. Por ello, no compitas con los demás a ser más que nadie: compite con los demás a ser tu mismo.

Demárcate así de la vulgaridad. Cultiva tu individualidad, no tengas miedo a ser tu mismo. Y no te dejes frenar, ni amedrentar ni coaccionar por el monstruo de la vulgaridad, o por el miedo a ser criticado,  o por la conveniencia de usar patrones de conducta que no son tuyos: sortéalos, ignóralos, y se tu mismo: deja que tu personalidad se desarrolle libre y espontáneamente. ¡Se tu mismo! Sin olvidar tu entorno, ni donde vives,  cultiva lo que te distingue, y no temas remar contra corriente cuando sea necesario.

Quizás debiéramos de recordar que “el mayor desafío es ser tu mismo”. Le moleste a quien le moleste.

Saludos.