"Cree a aquellos que buscan la verdad, duda de los que la han encontrado" (André Gide)
"No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defendería con mi vida tu derecho a expresarlo" (Voltaire)

"La religión es algo verdadero para los pobres, falso para los sabios y útil para los dirigentes" (Lucio Anneo Séneca)
"Cualquier hombre puede caer en un error, pero solo los necios perseveran en él" (Marco Tulio Cicerón)
"Quien no haya sufrido como yo, que no me de consejos" (Sófocles)
"No juzguéis y no sereis juzgados" (Jesús de Nazaret)
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sábado, 15 de noviembre de 2008

Un pequeño descubrimiento.

La vida puede ser verdaderamente muy dolorosa y hasta estresante. Por muchos motivos. Quizás empezando por los objetivos que nos marcamos que quizás no sean los más adecuados. Por ejemplo, todo el mundo se preocupa en mayor o menor medida por el futuro, empezando por el económico, ansiamos seguridad. ¿Ganaré dinero? ¿Me irá bien en mi trabajo? ¿Me acoplaré bien con mi jefe? ¿Seré capaz de aguantar en mi puesto de trabajo mucho tiempo? Hasta ahí bien, lo cual es lógico y normal. El problema es que llegamos más lejos: todos queremos ganar dinero, ser ricos, tener esa seguridad económica que nos quite de preocupaciones, al menos en ese sentido. “Todos queremos más”. Muchos disimulan, diciendo que no desean tanto, solo que una buena loteria les mandara una ayuda para tapar agujeros, y se callan, pero contemplan al vecino al cual le han tocado cincuenta millones en la lotería con esa mirada y esa mezcla de sensaciones que tan bien conocemos todos.

Y yo no era una excepción. Hasta que un dia en mi mente se abrió la luz. Ese día llegué a mi casa, con mis preocupaciones laborales rondándome por la materia gris. Era sábado, justo a la hora de comer. Mis hijos estaban viendo en la televisión una película de dibujos animados, y mi mujer se afanaba por preparar la comida para todos. Recordé que de salud estabamos bien. Que tenia amigos. Sentí inmediatamente que el calor del hogar me caldeaba y me acariciaba dulcemente en el corazón.

No puedo describir lo que sentí. Me tuve por el ser más afortunado del mundo. Siempre he tenido claro que nací dos veces: una cuando mi madre me trajo a este mundo, y la segunda vez, que fue cuando conocí a mi esposa, que también es mi amiga, amante, confidente y muchas cosas más para mí. Pero ese día lo tuve especialmente claro. Algo debió de notar en mis ojos, porque me devolvió una mirada intensa, profunda, directa al corazón, a través de la cual me llegó una sensación de paz indescriptible. Me sentí muy arropado por mi familia, percibí su calor, su amor.

Comprendí que había estado equivocado muchísimo tiempo. Siempre luchaba por tener dinero, por ser rico.

Y no me daba cuenta de que ya lo era.

Y por descontado que nadie conoce el futuro, ni sabe que vicisitudes nos pueden acontecer en el trabajo, en la casa, en nuestra salud o en otros aspectos, porque puede ser que mañana suframos un accidente, que nos pongamos enfermos, que suframos la muerte de un familiar, que nos echen del trabajo o que nuestra economía se nos ponga en contra, porque hoy estas bien y mañana puedes estar mal, pero, en fin, que sea lo que los Dioses quieran. Y seguiremos con nuestros agobios, con nuestra lucha diaria, con nuestras alegrías y nuestras penas, con nuestras seguridades e inseguridades, y en definitiva, con nuestros éxitos y fracasos.

Pero, al día de hoy, vivamos el presente. Creo que es importante recordar que muchas veces los objetivos lejanos nos impiden ver y comprender que la riqueza, la verdadera riqueza, se encuentra justo a nuestro lado, más cerca de lo que pensamos.

Saludos.
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viernes, 14 de noviembre de 2008

Lo dijo él (2ª Parte)

Nunca hagas juez de la vida a la opinión popular, sino solo a tu conciencia.

Para bien obrar, el que da debe olvidarlo luego y el que recibe, nunca.

La fortuna teme a los valientes y avasalla a los cobardes.

La fortuna puede robarnos la hacienda, pero no el valor.
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Mucho puede la casualidad en nuestra vida, porque vivimos por casualidad.
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Nadie aceptaría la vida si al tiempo de recibirla tuviese entendimiento.

Sin razón se queja del mar el que otra vez navega.

El piloto muestra en la tempestad su saber y su valor.

Lloren los ojos, mas no el alma.

Nunca te rindas a la fortuna.

Sola es loable la ambición por no perder el tiempo.

La prosperidad que más dura es la que vino despacio.

No interesa el que leas muchos libros, mas interesa mucho el que sean buenos los que leas.

Mucho falta al que mucho tiene.

Muy poco nos es absolutamente necesario.

Malo es el consejo que no se puede mudar.

Justa causa de alegría es ver alegre a un amigo.

El que desea hacer una injuria, ya la hizo.

El mayor castigo de la injuria es haberla hecho.

Ninguno es de otro menospreciado, si no lo es antes de sí.

Sé útil primero a los demás, si quieres ser útil a ti mismo.

La sencillez y claridad distinguen el lenguaje del hombre de bien.

Tuyo haces el vicio que a tu amigo disimulas.

El avaro nunca hace cosa acertada sino cuando muere.

Con buena suerte hemos nacido si no la malogramos.

Para nuestra avaricia, lo mucho es poco, y para nuestra necesidad, lo poco es mucho.

Desdichado es el que por tal se tiene.

Dos veces vence el que en la victoria se vence a sí.

Cruel es quien al afligido reprende.

Merece salir engañado el que, al hacer un beneficio, tenía cuenta con la recompensa.

Cuando alguna parte del todo cae, la que queda no está segura.

Determínese despacio lo que para siempre se resuelve.

La amistad y la enemistad proceden de la voluntad.

Por el vicio ajeno enmienda el sabio el suyo.

Menos camino hay de la virtud al vicio, que de los vicios a la virtud.

Dichoso es el que no lo parece a los otros, sino a sí mismo.

Venturoso premio de la virtud es ser aborrecido de los viciosos.

No hay mayor causa para llorar que no poder llorar.

Debemos considerar quiénes somos, y no la reputación en que estamos.

La felicidad es no tener que pensar en ella.

Frases de Lucio Anneo Séneca.

Saludos.
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miércoles, 12 de noviembre de 2008

Preguntas

La otra mañana me encontraba hablando con un compañero a la espera de que nos llamaran para entrar a Juicio, y comentamos el tema de la “Salvación”. El hablaba en broma, en el sentido de que si perdíamos el pleito iríamos al infierno, y si lo ganábamos iríamos al cielo. A la vista de cómo salió todo, creo que iremos al cielo, estoy casi seguro. En fin, ya veremos.

Pero el caso es que después de salir del juicio, y hablando más en serio, han surgido en nuestra plática una serie de cuestiones, aparentemente sencillas, pero que no por eso (estimo) dejan de ser menos interesantes. Ni él ni yo hemos hallado la respuesta. El tiene dos hijos, el mayor cuenta ya con 13 años, y me relató la conversación que hace pocos días tuvo con él, trasladándome las inquietudes de su hijo. Está descubriendo poco a poco su camino, y, con 13 años ya está madurando. Me han encantado la frescura y agilidad mentales del muchacho.

Me comenta que según la Biblia y la doctrina oficial católica, Cristo vino al mundo para “salvarnos del pecado” y llevarnos a la Vida Eterna, de modo que es aquí abajo, en la tierra, donde hemos de ganarnos el premio o el castigo para el otro mundo: si somos “buenos” iremos al cielo, y si somos “malos” iremos al infierno. Pero el premio o el castigo serán “eternos”, es decir, no tendrán nunca fin. Los malos chillarán eternamente en los abismos, y los buenos gozarán eternamente en el cielo. He dicho “eternamente”.

Suponiendo que verdaderamente fuésemos inmortales, hemos de contrastar varios datos. La vida de una persona, y hablo de un promedio normal, serian 80-100 años. Luego fallecemos, pero resucitamos (según la doctrina oficial católica) el dia del “juicio final”, para nuestra salvación o condenación eterna, es decir, indefinidamente, eternamente, por los siglos de los siglos amén, sin posibilidad de recurrir, pedir aplazamiento o de cambiar ese estado de cosas.

Hemos de comparar las dos cantidades: 80 años (el promedio de nuestra vida) con la “eternidad”, o sea, con el infinito. Muy remotamente, parece como si esos 80 años de nuestra vida, en medio de la inmortalidad, fueran como un segundo de tiempo en medio de un milenio (1000 años). Y me quedo corto.

Pregunta: ¿Y solo tenemos ese “segundo” de tiempo para merecer el premio o el castigo para los proximos 1000 años? Si fueramos inmortales de verdad, no se comprende por qué tenemos que “bajar” aquí a la tierra, nacer, luego morir, y en tan poco espacio de tiempo (80 o 100 años), hacer una terrible experiencia para asi ganar el premio del cielo o el castigo del infierno para toda la eternidad.

No se comprende. Solo por 80 años de “practicas”, ya ganamos el premio o el castigo por toda la eternidad, es decir, por el infinito? ¿No es un periodo de “practicas” demasiado corto ese?

Es como si yo castigara a mi hijo durante el resto de su vida a estar en prisión, por el simple hecho de haber derramado sin querer un vaso de leche. Soy demasiado duro con él; además, apenas ha tenido tiempo para demostrarme como es. Y luego resulta que, según las Escrituras, “Dios es amor”, es decir, ama infinitamente a sus criaturas, y es eternamente comprensivo con nuestras debilidades. Pregunta: ¿Un padre amoroso y comprensivo puede castigar a sus hijos a una pena tan terrible y eterna solo por haber “tropezado” en tan poco espacio de tiempo?

Presuntamente el bautismo nos salva del “pecado original”, que según "se" dice, hemos “heredado” de Adán y Eva. Pregunta: ¿Cómo es esa herencia, es decir, en qué consiste, cómo se transmite? El cerebro de un niño no es consciente de su autoexistencia hasta los 3 años aproximados, al menos, es en esa edad a partir de la cual los niños suelen tener sus primeros recuerdos. Porque en el momento del nacimiento, en dicho cerebro no hay información alguna. Esta a cero. Va almacenando información poco a poco.

Y última pregunta: ¿Entonces, una criatura completamente indefensa y pura, como es un bebé recién nacido, ya ha pecado? ¿Por el mero hecho de nacer ya ha “heredado” un pecado que (presuntamente) se cometió millones de generaciones antes de él nacer? Y que me perdone Darwin y su sabia teoría evolucionista. Ya me gustaría que alguien con una perspectiva racional y empírica nos explicara suficientemente estas cuestiones.

El hijo de mi amigo no tiene respuesta; pero creo que yo tampoco la tengo.

Saludos.

martes, 11 de noviembre de 2008

La vida.

Asi se escribe en hindú el nombre de Rajneesh Chandra Mohan Jain, (रजनीश चन्द्र मोहन जैन) maestro espiritual hindú fallecido en 1.990, conocido tambien como Osho (haced click). Hoy este maestro me ha dado una lección que quiero compartir con todos vosotros. A poco que blogueéis un poco vereis infinidad de blogs que citan el texto que voy a transcribir, y que seguramente conocereis. Pero muy pocos citan la fuente. Yo si la cito, el texto es suyo, de Osho. Parece como si a la gente le gustara muchisimo este texto, pero no asi su autor. Dejando al margen de las circunstancias personales de su vida (todos cometemos errores) me ha parecido muy interesante este texto, porque invita a reflexionar. Además, muchas personas están acostumbradas a criticar un texto antes de leerlo. Solamente conociendo el autor ya se forman un juicio precipitado y erroneo y lo rechazan de plano. Craso error. Yo no rechazo ninguna idea hasta que no la he estudiado concienzudamente de principio a fin. A mi me ha servido este texto. Espero que a vosotros también.

El texto, de su obra "El arte de morir", dice asi:

"La vida es vivir. No es una cosa, es un proceso. No hay otra forma de conocer lo que es la vida más que viviendo, estando vivo, fluyendo, discurriendo con ella. Si buscas el significado de la vida en algún dogma, en una determinada filosofía, en una teología, da por seguro que te perderás lo que es la vida y su significado.

La vida no te está esperando en ninguna parte; te está sucediendo. No se encuentra en el futuro como una meta que has de alcanzar, está aquí y ahora, en este mismo momento, en tu respirar, en la circulación de tu sangre, en el latir de tu corazón. Cualquier cosa que seas, es tu vida y si te pones a buscar significados en otra parte, te la perderás. El hombre ha estado haciendo esto durante siglos.

Los conceptos se han vuelto muy importantes, las explicaciones se han vuelto muy importantes y lo real ha sido olvidado por completo. No vemos lo que de hecho ya está aquí, queremos racionalizaciones.

Oí una hermosa historia.

Hace unos años un americano de renombre tuvo una crisis de identidad. Buscó la ayuda de la psiquiatría, pero no resolvió nada porque no encontró a nadie que pudiera revelarle el significado de la vida, que era lo que él deseaba conocer. Poco a poco se fue enterando de la existencia de un venerable e increíblemente sabio gurú que vivía en una misteriosa y casi inaccesible región de los Himalayas. Llegó a creer que solamente ese gurú le podría revelar lo que la vida significaba y cuál debía ser su destino. De modo que vendió todas sus posesiones y empezó su búsqueda del gurú que todo lo sabía. Estuvo ocho años yendo de pueblo en pueblo por todos los Himalayas, buscándole. Y un día acertó a encontrarse con un pastor que le dijo dónde vivía el gurú y como debía llegar a ese lugar.

Tardó casi un año en encontrarle, pero lo consiguió. Se presentó a ese gurú, que desde luego era venerable y tenía más de cien años de edad. El gurú accedió a ayudarle, especialmente cuando escuchó todos los sacrificios que el hombre había realizado buscándole.

«¿Qué es lo que puedo hacer por ti, hijo mío?», le preguntó el gurú. «Necesito conocer el significado de la vida», le contestó el hombre. A lo que, sin dudar un instante, replicó el gurú, «La vida», dijo, «es un río sin fin».«¿Un río sin fin?», dijo el hombre con asombro. «¿Después de recorrer todo este camino para encontrarte, todo lo que tienes que decirme es que la vida es un río sin fin?» El gurú se quedó estupefacto, anonadado. Se enfadó mucho y le dijo, «¿Quieres decir que no lo es?»

Nadie puede darte el significado de tu vida. Es tu vida y el significado ha de ser también el tuyo. Los Himalayas no te servirán de ayuda. Nadie más que tú puede encontrarlo. Es tu vida y solamente es accesible a ti. Solamente con el vivir te será revelado el misterio. Lo primero que me gustaría decirte es: no lo busques en ninguna otra parte. No lo busques en mí, no lo busques en las escrituras, no lo busques en inteligentes explicaciones; son sólo justificaciones, no explican nada. Simplemente atiborran tu mente vacía, no te hacen consciente de lo que es. Y cuanto más está la mente atiborrada de conocimiento muerto, más torpe y estúpido te vuelves. El conocimiento hace a la gente estúpida, adormece su sensibilidad. Se atiborran de él, cargan con él, refuerzan su ego con él, pero no les aporta luz y no les indica el camino. No puede hacerlo. La vida ya está burbujeando en tu interior. Solamente puedes contactar con ella allí. El templo no está en el exterior; tú eres su santuario. Por eso lo primero que has de recordar, si quieres saber lo que es la vida, es: nunca la busques en lo exterior, nunca trates de descubrirla en alguien. El significado no puede ser transferido de este modo. Los Maestros más grandes nunca han dicho nada sobre la vida, siempre te han devuelto a ti mismo.

Lo segundo que has de recordar es: una vez que sepas lo que es la vida, sabrás lo que es la muerte. La muerte es parte del mismo proceso. Por lo general creemos que la muerte llega al final, por lo general creemos que la muerte se opone a la vida, por lo general creemos que la muerte es el enemigo, pero la muerte no es el enemigo. Y si consideras a la muerte como el enemigo esto simplemente demuestra que no has sido capaz de saber lo que es la vida.

La muerte y la vida son dos polaridades de una misma energía, del mismo fenómeno, el flujo y el reflujo, el día y la noche, el verano y el invierno. No están separados y no son opuestos ni contrarios. Son complementarios. La muerte no es el fin de la vida; de hecho es una culminación de una vida, la cresta de la vida, el clímax, el gran final. Y una vez conoces tu vida y su proceso, entonces comprendes lo que es la muerte. La muerte es una parte orgánica, integral de la vida y es muy amistosa con ella. Sin ella la vida no puede existir. La vida existe debido a la muerte, la muerte le da un trasfondo. La muerte es, en efecto, un proceso de renovación. Y la muerte sucede a cada instante. En el instante en que inhalas y en el instante en que exhalas, ambas se dan. Al inspirar, la vida entra; al expirar, viene la muerte. Por eso al nacer un niño lo primero que hace es inspirar; entonces la vida empieza. Y cuando un viejo muere, lo último que hace es exhalar; entonces la vida se va. El exhalar es la muerte, el inspirar es la vida. Son como las dos ruedas de una carreta. Vives tanto debido a que inspiras como a que expiras. El exhalar es parte del inhalar. No puedes inhalar si dejas de exhalar. No puedes vivir si dejas de morir.

El hombre que ha comprendido lo que es su vida, permite que la muerte suceda, le da la bienvenida. Muere a cada instante y a cada instante resucita. Su cruz y su resurrección suceden continuamente como un proceso. Muere al pasado a cada momento y nace una y otra vez al futuro.

Si observas lo que es la vida podrás saber lo que es la muerte. Si comprendes lo que es la muerte, solamente entonces serás capaz de comprender lo que es la vida. Forman un organismo. Por lo general, debido al miedo, hemos creado la división. Creemos que la vida es buena y que la muerte es mala. Creemos que ha de desearse la vida y que ha de evitarse la muerte. Creemos que, de alguna forma, hemos de protegernos contra la muerte. Esta idea absurda crea interminables desgracias en nuestras vidas, porque una persona que se protege contra la muerte se vuelve incapaz de vivir. Es la persona que teme exhalar y entonces es incapaz de inhalar y se queda embarrancada. Entonces simplemente mal vive, su vida deja de ser un fluir, su vida deja de ser un río. Si realmente deseas vivir has de estar dispuesto a morir. ¿Quién en ti teme a la muerte? ¿Teme la vida a la muerte? No es posible. ¿Cómo puede la vida sentirse asustada por su proceso integral? En ti hay algo más que está asustado. El ego es el que teme en ti. La vida y la muerte no son opuestos. El ego y la muerte sí son opuestos. La vida y la muerte no son opuestos. El ego y la vida sí son opuestos. El ego está en contra de los dos, de la vida y de la muerte. El ego teme el vivir y el ego teme el morir. Teme vivir porque a cada paso, al esforzarse en pos de la vida, hace que la muerte se acerque. Si vives, te estás acercando a la muerte. El ego teme morir, de ahí que también tema vivir. El ego simplemente mal vive. Hay mucha gente que ni está viva, ni está muerta. Esto es lo peor. Un hombre que está vivo plenamente también está lleno de muerte. Ese es el significado de Jesús en la cruz. Jesús acarreando con su propia cruz no ha sido plenamente compren-dido. Y les dice a sus discípulos, «Tendréis que llevar vuestra propia cruz». El significado de Jesús llevando su cruz es muy simple, no es nada más que esto: todo el mundo a de acarrear continuamente con su muerte, todo el mundo ha de morir a cada momento, todo el mundo ha de estar en la cruz porque éste es el único modo de vivir plenamente, totalmente.

Siempre que te encuentres con un momento de total vitalidad, de repente también verás ahí a la muerte. Sucede en el amor. En el amor, la vida alcanza un clímax, de ahí que la gente tema al amor.

Me siento asombrado continuamente por la gente que viene a mí y que me dice que teme al amor. ¿De dónde proviene este temor al amor? Se debe a que cuando realmente amas a alguien tu ego empieza a desaparecer y a fundirse. No puedes amar con el ego, el ego se convierte en la barrera. Y cuando quieres destruir la barrera, el ego te dice, «Esto se convertirá en una muerte, ¡cuidado!»

La muerte del ego no es tu muerte. La muerte del ego es en realidad tu posibilidad de vida. El ego es simplemente una cáscara sin vida a tu alrededor. Tiene que ser hecha pedazos y tirada. Surge de forma natural, del mismo modo que cuando un transeúnte pasa, el polvo se deposita sobre sus ropas, sobre su cuerpo y ha de darse un baño para limpiarse de ese polvo.

Al movernos en el tiempo, el polvo de las experiencias, del conocimiento, de la vida vivida, del pasado, se acumula. Ese polvo se convierte en tu ego. Al acumularse, se convierte en una cáscara que ha de ser rota y tirada. Uno se ha de bañar continuamente, cada día, de hecho, a cada instante, de forma que esta cáscara nunca se convierta en una prisión. El ego teme al amor porque en el amor la vida alcanza una culminación. Pero siempre que hay una culminación de la vida también hay una culminación de la muerte. Van de la mano.

En el amor mueres y renaces. Lo mismo sucede cuando meditas o rezas o cuando acudes a un Maestro y te entregas. El ego crea toda suerte de dificultades, de justificaciones, para que no te entregues. «Piénsatelo, medítalo, sé inteligente». Cuando acudes a un Maestro, el ego sospecha, se llena de dudas, crea ansiedad porque de nuevo estás volviendo a la vida, estás volviendo a una llama donde la muerte va a estar tan viva como la vida. Recuerda que la muerte y la vida se alimentan mutuamente, nunca están separados. Si estás un poco, mínimamente vivo, en el mínimo, entonces verás a la vida y a la muerte como dos cosas separadas. Cuanto más te acerques a la cima, más se irán aproximando. En el ápice, se encuentran y se funden en uno solo. En el amor, en la meditación, en la confianza, en la oración, siempre que la vida es algo total, la muerte está allí. Sin muerte, la vida no puede ser total.

Pero el ego siempre está pensando en divisiones, en dualidades. Lo divide todo. La Existencia es indivisible, no puede ser dividida. Eras un niño, luego te hiciste mayor. ¿Puedes delimitar cuándo te hiciste mayor? ¿Puedes señalar el lugar en el tiempo cuándo de repente dejaste de ser un niño y te volviste un joven? Un día te vuelves viejo. ¿Puedes indicar cuándo te vuelves viejo?

Los procesos no pueden ser delimitados. Sucede exacta-mente lo mismo cuando naces. ¿Puedes señalar cuándo naciste? ¿Cuándo comienza realmente la vida? ¿Comienza cuando el niño empieza a respirar, cuando el doctor da unos azotes al niño y el niño empieza a respirar? ¿Es entonces cuando nace la vida? ¿O es cuando el niño entra en el útero, cuando la madre se queda embarazada, cuando el niño es concebido? ¿Empieza entonces la vida? ¿O incluso antes que esto? ¿Cuándo comienza exactamente la vida? Es un proceso que no tiene ni fin ni comienzo. Nunca empieza. ¿Cuándo está muerta una persona? ¿Muere cuando deja de respirar? Muchos yoguis han demostrado científicamente que pueden dejar de respirar y seguir vivos y luego regresar. De modo que el dejar de respirar no puede ser el final. ¿Dónde acaba la vida? Nunca acaba en parte alguna, nunca empieza en ninguna parte. Estamos sumergidos en la eternidad. Hemos estado aquí desde el mismo comienzo, si es que hubo alguna vez un comienzo, y vamos a seguir aquí hasta el final, si es que va a haber un final. De hecho no puede haber un principio ni puede haber un final. Somos vida, aun cuando la forma cambie, los cuerpos cambien, la mente cambie. Lo que llamamos vida es solamente la identificación con un determinado cuerpo, con una determinada mente, con una determinada actitud, y lo que llamamos muerte no es más que el salirse de esa forma, de ese cuerpo, de esa idea.

Cambias de casa. Si te identificas demasiado con una casa entonces el cambiar de casa será algo muy doloroso. Creerás que te mueres porque la casa antigua era lo que tú eras; esa era tu identidad. Pero esto no sucede porque sabes que solamente estás cambiando de casa, que tú sigues siendo el mismo. Aquellos que han mirado en su propio interior, aquellos que han descubierto quién son, llegan a descubrir un proceso eterno, sin fin. La vida es un proceso sin tiempo, más allá del tiempo. La muerte forma parte de él. La muerte es un revivir continuo, una ayuda para que la vida resucite una y otra vez, una ayuda para que la vida se libre de las viejas formas, para librarse de los edificios desvencijados, para librarse de las anticuadas estructuras de modo que seas capaz de fluir y puedas de nuevo volverte fresco y joven y seas otra vez virgen".

Saludos.
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domingo, 9 de noviembre de 2008

El triunfo de los idiotas (SEGUNDA PARTE)

Como he estado todo el fin de semana fuera no me ha sido posible postear, seguir vuestros blogs o comentar vuestras entradas. Mis disculpas. Lo que si me ha sorprendido muy gratamente es la atención que ha despertado mi anterior post (El triunfo de los idiotas), a juzgar por el volumen de comentarios, muy inteligentes, que me habéis hecho, y que ya he contestado. Gracias a todos, de corazón. Todos vuestros comentarios, todos, son excelentes. Algunos se detienen en un aspecto de la cuestión, y otros en otra; pero, en general, todos lleváis razón.

Esto me anima a publicar una segunda parte de esta entrada. Pero el tema es inmenso, con lo cual solo daré unas pequeñas pinceladas, estando abierto a vuestra colaboración, como indicaré al final.

Cuando en mi entrada empecé diciendo que “Se supone que la falta de educación afecta solo a los más jóvenes, por aquello de que el sistema educativo se ha quedado en los huesos en las últimas dos décadas. Nada más lejos de la realidad”, e incidía en que la persona que insultaba era persona de “…más de 70 años, y se crió en la época en que la educación era dorada”, me estaba refiriendo a lo que bien han señalado en sus comentarios Gizela, Isabel Romana, Ginebra y otros más: que si bien el sistema educativo falla, ese no es el principal causante de esto: son los padres con sus “carencias educacionales tan evidentes y tan graves” (como dice Isabel Romana) los que dejando que sus hijos hagan lo que quieran, y están propiciando esta epidemia de mala educación. El problema empieza en la familia, porque la escuela puede ser un complemento de la educación familiar, pero nunca la puede sustituir.

LOS PADRES. Parece que los padres antiguos no querían a sus hijos. A los hijos se les quiere y se les ama ahora, y para demostrarlo hay que dejar que el niño haga lo que le dé la realísima gana, y ojito con darle un azotito con la mano en el culete si se dedica a tirar los espaguetis a la pared, o a morderle a su hermanita hasta hacerle daño, no, de eso nada; hay que dejarlo, no sea que crezca con un trauma incurable.

Un tonto, exacerbado y mal entendido cariño hacia los hijos ocasiona que un padre se preocupe más por la comodidad de su hijo (y que no le falte de nada) que por educarlo: le obsesiona más que el hijo sea feliz (aunque sea consintiéndoselo todo), que su educación. Se nos ha olvidado el famoso dicho que decía que “el que te quiere bien te hará llorar”, y también han olvidado que la simple comodidad material no hace la felicidad. Pues mire usted: si su niño ha hecho una trastada y hay que regañarle, regáñele usted, que para eso es usted el padre, y para eso el Código Civil, en su articulo 154 le autoriza a educar y corregir razonable y moderadamente a lo hijos. Pero tiene usted que empezar cuando el niño es pequeño, no cuando ya tenga 15 años. Siempre se dijo que el arbolito tierno era fácil de enderezar; no ya cuando es un árbol. Y recuerde usted que el mismo art. 154 del Código Civil le recuerda, si a usted, que tiene el deber, respecto de su hijo, de “educarlo y procurarle una formación integral”.

LA ESCUELA. Los padres desacreditan a los profesores y defienden a su niño o niña, al cual le otorgan, iuris et de iure, la presunción de santidad: mi niño es perfecto, es la escuela la que lo maltrata.

Parece que la sociedad ha olvidado que la escuela, como se decía de antiguo, era nuestra segunda madre. Yo así lo creo y lo afirmo. Hace unos años saltó en la prensa el primer caso de un juez que condenó a un maestro por amonestar a un niño que no paraba de molestar en la escuela, desatándose, a partir de entonces, una loca epidemia de denuncias de padres contra maestros. No me extraña la actitud de cautela de estos últimos: no desean complicaciones. Incluso no quieren ni acompañar a un niño pequeño de 3 años que está en primer curso de educación infantil a hacer pipí, no sea que los padres lo denuncien por acoso. Ha habido casos de denuncias de lo más extravagante. Comprendo el miedo o cautela de los maestros, a lo cuales les envío mi comprensión y mi afecto.

Recuerdo perfectamente aquella mañana. Hacia frio, y yo tenia 12 años, cursaba 6º de EGB. Yo estaba callado y atendiendo. A mi lado había un niño que no paraba de hablar y de molestar. Llega el maestro y, pensando erróneamente que era yo el hablador, me propinó una bofetada. Llegué a mi casa llorando, y le conté a mi añorado padre que el maestro me había dado una bofetada sin motivo, porque el niño de al lado no paraba de molestar y me habian echado la culpa a mí injustamente.

La reacción de mi padre, bendita reacción, fue esta: apoyó al maestro (“algo habrás hecho tu también”, no se me olvidarán estas palabras). ¿Por qué lo hacia? Porque comprendía la bondad de la escuela, la absoluta e imperiosa necesidad de la educación, era consciente de su obligación de conseguir que yo respetara a los maestros. Y a fe mia que lo consiguió. La escuela era la escuela. El maestro era el maestro, y punto. Y mi padre confiaba en los maestros.

Ahora el padre denunciaría al maestro ante los Tribunales.

Otra cosa: los padres iban antiguamente casi todos los meses, o incluso con mas frecuencia, a hablar con los maestros e interesarse por como iban sus hijos. Eso ahora es una entelequia.

TELEVISION. Otro aspecto de la cuestión es la televisión y el ritmo de vida que tenemos, como bien dicen Buenos Ayres blog, y otros. He presenciado casos en los cuales se permite a niños con 8 o 10 años ver durante horas el canal de Telenovelas, o películas que no son adecuadas para su edad. No comprendo como un niño de tan corta edad puede ver diariamente 5 o 6 horas de televisión. ¡Y si encima la televisión cumpliera su función de educar a la sociedad…! Pero no. Y no voy a hacer aquí un alegato contra la televisión: todos sabemos perfectamente como está.

“Read more”, lea usted más, y así es. En vez de 5 horas de tele, ponga usted a leer a su hijo un ratito. La lectura es maravillosa, incrementa nuestro vocabulario, hace que las redes neuronales de un niño de tan corta edad se desarrollen mas rápidamente, estimula e incentiva su imaginación…en fin, se cuentan por miles las bondades de la lectura, no las voy a descubrir yo aquí.

Tampoco se trata de imponer la censura. “La TV destruye a la familia”, dicen muchos, y hasta pintadas hay de ello. ¡Joder, pues no la vea usted!, pero no impida que la vea el que quiera hacerlo. Libertad de expresión, de pensamiento, y de opinión siempre: pero es algo incuestionable que es más provechoso para un niño una hora de lectura que una hora de programas chabacanos en la televisión. La TV habrá que verla cuando haya que verla: una película bonita, unos dibujos animados para niños; etc. (por qué no en vez de ver tanta Salsa de Tomate se ve con mas frecuencia los reportajes de la 2, sobre la naturaleza, o concursos como “Cifras y Letras”?

La TV tiene un increíble poder mediático, y es manifiestamente mejorable. Los programas basura que existen, que en mi humilde opinión y salvo honrosas excepciones son la mayoría (y corregidme si me equivoco) puede provocar muchísimo daño a una persona, haciéndole ver las cosas e inculcándole una visión distorsionante de la vida. La TV puede hacer mucho daño a un niño pequeño.

PRINCIPIOS ETICOS. Inculcar valores eticos. Por ejemplo, el respeto. Si yo no te respeto a ti, ¿con qué cara te voy a pedir que tú me respetes a mi? Otro ejemplo, la comprensión. Yo soy un ser humano, y he de recordar que a mi lado tambien hay seres humanos que, a lo mejor son mejores que yo, y he de admitir la posibilidad de aprender algo de ellos. Otro más: desacralizar el “tanto vales cuanto tienes”, ese capitalismo salvaje. No es mas feliz el que más tiene. A mi me gusta mucho usar esa frase que dice: “murió tan pobre, tan pobre, tan pobre, que al final de su vida lo único que le quedó era dinero”. Y como estos, miles.
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Llegamos a casa cansados y fatigados por el trabajo. Los niños molestando: ¡anda, déjalos, que hagan lo que quieran!. Pues no, mire usted; yo estaré cansado, pero si tengo que estar media hora hablando con mi hija porque tiene un problema o ayudandola con los deberes...¡tengo que hacerlo!.

Deberíamos de empezar por nosotros mismos, como muy bien decis en vuestros comentarios. ¿Qué tipo de niños estamos formando? Si no se ataja el problema a tiempo, nuestros hijos se creerán que tienen derecho a cualquier cosa, confundirán libertad con libertinaje, e incluso si no reflexionamos adecuadamente a nosotros se nos olvidará la educación que recibimos, como bien dice Manuel de la Rosa. Me estoy acordando del «decálogo para formar un delincuente» que incluye en su libro «Reflexiones de un Juez de Menores» el extraordinario titular del Juzgado de Menores de Granada, Emilio Calatayud, y que publiqué en mi entrada “Decálogo”, del pasado dia 12 de Abril. Me permitiréis que lo reproduzca.

Dice el Juez:

1.Comience desde la infancia dando a su hijo todo lo que pida; así crecerá convencido de que todo el mundo le pertenece.
2.No se preocupe por su educación ética o espiritual; espere que llegue a la mayoría de edad para decidir libremente.
3.Déle todo el dinero que quiera gastar, no vaya a sospechar que para disponer del mismo es necesario trabajar.
4.No le regañe; podría crearle complejos de culpabilidad.
5.Cuando diga palabrotas, ríaselas; eso le animará a hacer cosas más graciosas.
6.Recoja todo lo que deja tirado; así se acostumbrará a cargar la responsabilidad sobre los demás.
7.Déjele leer todo lo que caiga en sus manos.
8.Cuide de que sus platos y vasos estén esterilizados, pero no de que su mente se llena de basura. Satisfaga todos sus deseos y apetitos; el sacrificio y la austeridad podrían crearle frustraciones.
9.Póngase de su parte en cualquier conflicto que tenga con sus profesores y vecinos.Piense que todos ellos tienen prejuicios contra su hijo y que de verdad quieren fastidiarlo.
10.Riña con su cónyuge en presencia del niño; así no le dolerá demasiado el día en que la familia quede destrozada para siempre.

EPILOGO. Quien observa un problema y no se enfrenta a él, se está convirtiendo en cómplice del mismo. Los idiotas están “pecando” por acción, pero quizás también nosotros lo hagamos por “omisión”, es decir, por nuestro silencio, por no combatir toda esa zafiedad. Me ha encantado el comentario de Ludwig: “sospecho de se trata de una culpa a compartir por los idiotas y por aquellos que se lo consienten”. Totalmente de acuerdo.

Señalar el problema es fácil; lo difícil es buscar soluciones. Como esto solo es un humilde blog, y no un ensayo o un libro, y además el tema es inmenso y daria para mucho, en esta entrada he dejado reseñadas estos aspectos del problema, y he “aventurado” estas posibles soluciones. Es solo un botón de muestra.

Pero hay más. Me gustaría que esta entrada fuera lo más participativa posible, y para ello cuento con vuestra ayuda y con vuestras sabias opiniones, pues entre todos podemos aportar nuestro granito de arena para aventurar posibles soluciones al tema de la mala educación. Como dice Inés en su comentario: “mover y promover la conciencia social y la solidaridad, pero desde la familia, los colegios, las universidades, hay que dar ejemplo”. ¿Y por qué no a través de un blog, como tambien dice Lycans? Me parece un medio tan licito como cualquier otro.

Por ello, dejo esta entrada abierta a vuestras amables colaboraciones. Y no me refiero al hecho de hacer comentarios, que agradezco. Voy más allá: podeis, incluso, aportar vuestra visión del problema y las soluciones posibles que a cada uno se les ocurran, o hacer hincapié en cuestiones que considereis importantes y que yo haya omitido aquí, y seguir escribiendo, aquí donde yo lo he dejado, mediante entradas en vuestros blogs o del modo que creais conveniente. Seguro que todos teneis mucho y muy bueno que decir. Eso si, si alguno desea hacerlo, le agradeceria que me lo avisara, pues es un tema que creo que es muy importante para todos.

Veo que este problema preocupa y es bueno que todos tomemos conciencia del mismo. Si escribiendo aquí podemos, todos, contribuir a extender la concienciación sobre el problema y sus posibles soluciones, y que se vayan tomando medidas, a modo de "freno social", como muy bien decia tambien Pedro Ojeda, creo que no habremos perdido el tiempo.

¿Quién se anima?

Saludos.