"Cree a aquellos que buscan la verdad, duda de los que la han encontrado" (André Gide)
"No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defendería con mi vida tu derecho a expresarlo" (Voltaire)

"La religión es algo verdadero para los pobres, falso para los sabios y útil para los dirigentes" (Lucio Anneo Séneca)
"Cualquier hombre puede caer en un error, pero solo los necios perseveran en él" (Marco Tulio Cicerón)
"Quien no haya sufrido como yo, que no me de consejos" (Sófocles)
"No juzguéis y no sereis juzgados" (Jesús de Nazaret)
. . .

sábado, 25 de abril de 2009

El final.

Van pasando los años. Ellos van notando que su frente se va llenando de arrugas. El poco pelo que les ha quedado adquiere una tonalidad canosa de nieve sucia. La vista falla. Sus brazos, piernas y resto de miembros no tienen la fuerza ni la energía de antaño. Su salud física, en general, se resiente, y su memoria y resto de facultades intelectuales también.

Apenas concebidos en el vientre de nuestra madre ya firmamos nuestra Sentencia de muerte, capitulando al nacer. Desde ese momento ya estamos sometidos a la fugacidad del tiempo. Todo se quedará aquí. De la naturaleza venimos, y a ella volveremos. Porque el inexorable paso del tiempo hace estragos en el ser humano. Y al final nos dejará a todos viejos y enfermos, teniendo acaso como único patrimonio final el olvido...y el recuerdo. Finalmente, partiremos.

Antes tendremos que pasar el duro trago de despedirnos de nuestros padres, los que nos dieron el ser. Luego vendrán los hijos, como un soplo de aire fresco, con sus risas y su alegria; pero son aún más efimeros, pues son aves de paso que un buen dia volaran solos y abandonaran el nido. Y nos dejaran solos.

Y por mucho que hemos logrado entender lo que es el concepto de eternidad, a pesar de que casi sabemos ya como fue el primer instante de creación de este universo, y aun habiendo logrado desvelar muchos grandes misterios de la ciencia...seguimos siendo mortales, temporales, finitos. Aun no hemos podido detener la maquina del tiempo. Ni podremos hacerlo nunca.

Si. Ya lo sé.

¡Pero, oh Dioses…! ¿ Para esto nacemos? ¿Para morir?

¡Que dificil resulta a veces aceptar lo inevitable!

Saludos.

viernes, 24 de abril de 2009

Confieso que he pecado.

Cornelivs. Padre, confieso que he pecado otra vez.


El confesor. ¿El mismo pecado?


Cornelivs. Si, es superior a mis fuerzas. He aguantado cuatro meses, pero al final, he vuelto a caer en sus redes.


El confesor. Pero hijo mio, ¡esto ya es pasarse! ¡Ya van dos pecados graves en este año, y estamos en Abril, imaginate cuando lleguemos a Diciembre…!


Cornelivs. Es que se experimenta un placer tan intenso…


El confesor. ¡Cállate, pervertido! Domínate un poco, el camino de la virtud es angosto, no se consigue la pureza sin sacrificio, y no te estas esforzando lo suficiente.


Cornelivs. ¿Qué no me estoy esforzando? Usted sabe que antes pecaba una o dos veces al mes, y ahora no. Llevo tres años de lucha. ¡Ya le he dicho antes que he aguantado cuatro meses! ¿Que mas quiere que haga?


El confesor. Aguantar los doces meses del año.


Cornelivs. ¡Dioses, que martirio! Es que es muy difícil luchar contra esa tentación. Es demasiado poderosa.


El confesor. ¿Pero bueno, hijo mio, como ha sido esta vez?


Cornelivs. Uff, esta vez ha sido terrible. He visto el objeto de mi deseo en casa de un amigo, y cuando lo he visto no he podido evitarlo: como me lo ha ofrecido, me lo he traido a casa. Pero he calculado mal el tiempo, porque mi mujer ha llegado un poco antes, y me ha sorprendido en pleno acto.


El confesor. ¿Qué tu mujer te ha sorprendido en pleno acto?


Cornelivs. Si, cuando más estaba gozando y mayor era el placer, y obviamente se ha enojado mucho conmigo.


El confesor. Y además con razón. La última vez que se enteró ya se enfadó mucho contigo y te lo tiene prohibido. Desde luego, no se si darte la absolución o condenarte a las penas del infierno. ¡Que barbaridad! Oye, por cierto, una pequeña curiosidad: ¿Cómo estaba…eso?


Cornelivs. Mmm... de puro vicio. Delicioso. Si usted lo probara, caería tambien.


El confesor. Pero, ¿no te dijo el médico que tuvieras cuidado con las grasas?


Cornelivs. Si, padre; pero estos callos eran artesanales, cuatro meses son muchos meses, y usted sabe que aunque el espiritu es fuerte…la carne es flaca.


El confesor. Bueno, pero al menos te arrepentiras de haber pecado ¿no?.


Cornelivs. Ese es el problema: ¡que no estoy muy seguro!


Saludos.


P.D. Como podeis apreciar, este post lo he hecho hoy en clave de humor. Jose E. Ruiz Cejudo, dueño del Bar Central, es el bendito responsable: me ha regalado una tarrina con unos maravillosos callos artesanales, completa y absolutamente deliciosos e irresistibles. Gracias.

jueves, 23 de abril de 2009

Una curiosidad saciada.

Uno de los Consejos que D. Quijote da a Sancho cuando va a gobernar la Insula Barataria, es este:

“…has de poner los ojos en quién eres, procurando conocerte a ti mismo, que es el más difícil conocimiento que puede imaginarse. Del conocerte saldrá el no hincharte como la rana que quiso igualarse con el buey…”

¿Rana que quiso igualarse con el buey? ¿Que quiere decir? Por desidia, por dejadez, o por falta de tiempo, el caso es que no habia indagado nunca sobre el tema. Pero esta mañana, afortundamente, me he decidido a saciar mi curiosidad, y lo he conseguido. He de reconocer que me he quedado a gusto. Y además me he llevado una agradable sorpresa, pues todo viene de Gayo Julio Fedro (15 a.C.-55 d.C.), escritor romano de Fábulas que vivió en mi añorada Roma en su epoca dorada. Aunque era esclavo, recibió una esmerada educación desde joven (sobre todo en latín, puesto que su lengua natal era el griego). Esto hace suponer a los críticos que fue llevado a Roma siendo todavía niño y que allí entró a formar parte del grupo de esclavos de Augusto, del que luego fue liberto. Este dato se encuentra en el título del principal manuscrito de Fedro (Codex Pithoeanus, del siglo IX), que lo presenta como "liberto de Augusto".

Bajo el gobierno de Tiberio se ganó la enemistad del poderoso ministro Sejano, quien le acusó de haber hecho maliciosas alusiones personales tras la máscara anónima de los animales de sus dos primeros libros de fábulas. Fue condenado por ese supuesto delito y cayó en desgracia. Su estado de absoluta precariedad económica lo llevó a pedir el apoyo de libertos ricos e influyentes como Eutico y Particulón, a quienes dedicó dos de sus libros. Escribió sus tres últimas obras ya mayor y vivió hasta la época del emperador Claudio (41- 54 a.C.) o, en todo caso, del emperador Nerón (54- 58 a. C), si bien se ignora el año exacto.

De Fedro se conserva más de un centenar de fábulas en verso (122 aproximadamente), agrupadas en cinco libros. ¡Como no me va a gustar la antigua Roma...! Si es que fue una civilización que dió tantas cosas...es increible. Hasta fabulistas.

Y hoy que celebramos el dia del Libro, que mejor que hacerlo repasando libros antiguos e historias que se escribieron hace dos mil años. Me apasiona. Es un placer para mí encontrarme con la versión original en latin que, por supuesto, traduzco al español. La fábula de Fedro, que luego Cervantes recogería 1.600 años después, nos da a entender de modo metafórico la importancia de conocernos, estimar y desarrollar nuestra propia identidad, sin deslumbrarnos ante tantos modelos que nos entrega nuestro entorno social. Puede que algunos politicos debieran de leerse esta fábula. Este es el texto, en latin y español, que quizás Cervantes leyese también.


In prato quondam rana conpexit bovem
et tacta invidia tantae magnitudinis
rugossam inflauit pellem; tum natus suos
interrogauit an bove esse latior.
Illi negarunt.
Rursus intendit cutem maiore nisu,
et simili quaesavit modo, quis maior esset.
Illi dixerunt bovem.
Novissime indignata dum vult validus
inflare se, rupto iacuit corpore.
Inops potentem dum vult imitari perit.

Una vez una rana observó a un buey en el prado
y tocada por la envidia de tanta magnitud
infló su rugosa piel; entonces interrogó a sus hijos
si era más ancha que el buey.
Ellos lo negaron.
De nuevo extendió la piel con mayor esfuerzo,
y preguntó de modo similar, quién sería mayor.
Ellos dijeron, el buey.
Por último, indignada mientras quiere más vigorosamente
inflarse, yace con el cuerpo roto.
El pequeño perece cuando quiere imitar al poderoso.

Saludos.

miércoles, 22 de abril de 2009

Diez minutos de breve reflexión

Muy de vez en cuando este mundanal ruido de prisas, agobios, preocupaciones, alegrias, penas, desilusiones y sorpresas nos da un respiro. A veces, solo algunas veces, nos detenemos por un breve espacio y meditamos sobre lo que nos gusta y sobre lo que nos gusta menos: como nos vendrá el futuro, nuestros problemas laborales, nuestro entorno social, desarrollo fisico y emocional de nuestros hijos y su educación y en general los problemas del vivir cotidiano que a todos nos preocupan y nos afectan.


Solo son diez minutos de meditación, y a veces menos; pero, ¿tenemos tiempo para tomarnos esos diez minutos? A veces pasan días, semanas o incluso meses en los que nos agobian nuestros problemas, y estamos dedicados en cuerpo y alma a solucionarlos, pero no tenemos tiempo para nosotros mismos. Y pienso que esos diez minutos de meditación pueden ser fundamentales. Detenernos, respirar lentamente, olvidarnos por un momento de preocupaciones diarias, y meditar. ¿Pero sobre qué meditamos?


Vivimos en la "sociedad de la preocupación". Veo en la sociedad mucha ansiedad y mucha preocupación. Quizás demasiada. Hablando en general, la gente está muy irascible. Vivimos preocupados ante el futuro; preocupados por la salud; preocupados por nuestro bienestar, en general. Queremos vivir lo mas digna y cómodamente posible, y tenemos derecho, por supuesto. Además, muchos tenemos responsabilidades familiares, y es logico preocuparse por atenderlas todas. Claro que si. Pero quizás cometamos el error de pensar en nosotros y en los nuestros solamente, desde nuestro egocentrismo, pensando que somos inmortales, y me explico: quizás pensamos -involuntariamente, claro está- que vamos a vivir para siempre, y olvidamos que un buen dia tenemos que morir.


Y es obvio lo que acabo de decir, todo el mundo lo sabe: es la obviedad de las obviedades por excelencia, todo lo que tiene principio tiene fin. Un buen día tenemos que partir de aquí, pero casi nadie lo tiene presente. Y aunque nuestro subconsciente lo sabe muy bien, nuestra mente parece olvidarlo, actuamos como si no lo supiéramos, viviendo cómodamente instalados en una sensación de “eternidad” aparente, que no es real. Vamos, como si fuéramos a estar aquí siempre.


Conviene algunas veces recordar lo obvio, y que dos y dos son cuatro. Y puede que me repita, pero invoco como eximente (o al menos, como atenuante) la famosa frase de André Gide: "Todo esta ya dicho; pero como nadie escucha, hay que repetirlo". Una reflexión que a mí siempre me ha consolado mucho es la que antes he anticipado: que lo cierto y verdad es que nacemos desnudos, y que nos moriremos desnudos. Hasta la ropa que nos pongan en la mortaja se quedara aquí; se desintegrara nuestro cuerpo lentamente, pero nada nos podremos llevar. Al menos objetos materiales. Nacemos desnudos completamente del vientre de nuestra madre, y asi nos iremos, desnudos.


Quizás nos preocupamos demasiado por nuestro bienestar material y el de los nuestros, por tener, por atesorar; por enriquecernos, por vivir comoda y dignamente, y es lógico y necesario que cada uno se ocupe por su bienestar material y el de los suyos; pero quizás nos agobiamos demasiado con esta idea. Claro, el mundo está tan mal que no podemos relajarnos lo mas mínimo. Y lo comprendo. Pero yo no digo que no nos preocupe; lo que si digo es que no ha de preocuparnos mas de lo que sea estrictamente necesario, no nos agobiemos mas de la cuenta. Hay que "ocuparse" de ello, no "preocuparse" por ello. Quizás convendría relativizar un poco las cosas, quitarnos presión y no agobiarnos excesivamente con esa idea, porque si llegas a tener lo suficiente, puedes cometer el error de querer más; y cuando tienes más, entonces seguirás queriendo más y más, lo cual es una escalada, en mi humilde opinion, muy peligrosa.


Hablando en general, la sociedad se ceba en el "mundo material", pero parece haber olvidado completamente el mundo de los “valores humanos”. el "mundo del espiritu". ¿Tenemos amigos? ¿Solo recibimos o tambien estamos dispuestos a dar? ¿Hacemos felices a los que nos rodean? Alimentamos nuestro cuerpo todos los dias, pero ¿hacemos lo propio con nuestra alma, con nuestro espiritu? ¿Leemos libros que nos hagan reflexionar, por ejemplo?


No debemos olvidar que no somos dueños de nada, aunque lo parezca, sino solo poseedores temporales de bienes materiales que la muerte nos arrebatará. Y dado que nada material nos podremos llevar, quizas fuera bueno que pensáramos en atesorar bienes inmateriales, valores humanos: amistad, amor, generosidad, altruismo, y mil más. Quizás debieramos cultivarlos un poco más, y abonar asi el mundo del espiritu, que no solo de pan vive el hombre.


No tengamos el triste final que tuvo cierto fallecido, del cual dijeron: “Murió tan pobre, tan pobre, tan sumamente pobre…que al final de su vida, lo unico que le quedó fue dinero”.


Saludos.

martes, 21 de abril de 2009

Retazos de una breve conversación.

Ha sucedido esta misma mañana de hoy, cuando en una cafeteria se encuentran varios conocidos. Todos son personajes muy conocidos en su localidad y tienen buena posición social.

Este es un fragmento de esta conversación real, con estos tres protagonistas reales, cuyos nombres omito, que he presenciado a primera hora. La he reconstruido casi con las mismas palabras que allí se dijeron. Fácil es sacar conclusiones. Lo malo del asunto es que, por desgracia, no se trata de un hecho puntual o aislado...

Sr. D. Lo mejor es ser de derechas. Yo toda mi vida la he votado, y mi familia tambien.

Sr. I. Pues en mi casa siempre hemos votado a la izquierda, que siempre ha luchado mas por la sociedad.

Sr. D. Estas soñando. Con los gobiernos de la derecha, la economia española ha progresado más.

Sr. I. No estoy de acuerdo, además se olvidaron de las prestaciones sociales a favor de los mas desfavorecidos. Ademas, hasta querian quitar las pensiones.

Sr. D. Y la izquierda es corrupta: mira lo que pasó con Filesa, el Gal, el despacho del hermano del Guerra y asi sucesivamente. Y ahora este Gobierno, ante la crisis no hace nada de nada.

Sr. I. Vaya, y me lo dices tu, que mala memoria tienes, ¿ya no te acuerdas del Prestige, el Yakolev y tantos casos?

Sr. D. La verdad es que todos los politicos son iguales, todos van a lo suyo, cuando estan ahí arriba se les pasa todo su afan de servicio. Pero a pesar de eso votare a la derecha siempre, estoy convencido de que es la mejor opción.

Sr. I. Si, mas o menos lo mismo pienso yo. Pero por mi parte votare a la izquierda, porque es la mejor manera de andar en politica. Estoy totalmente convencido de ello.

Justo en ese momento el Sr. W, que se habia mantenido en silencio, les pregunta a ambos:

Sr. W. Parece que estáis muy convencidos; pero, ¿Qué es para vosotros ser de izquierdas o de derechas? Es decir, si yo os preguntara a cada uno que es para ti ser de izquierdas o de derechas que me responderíais?

Se produce un expresivo silencio de ambos.

Sr. W. Pero bueno, vamos a ver, alguno de vosotros se habrá leido el Ideario de su partido politico, o al menos su programa electoral, ¿no?

Sr. D. Yo no.

Sr. I. Yo tampoco.

Saludos.

lunes, 20 de abril de 2009

El viejo Centurión (Parte VI)

(Viene de la Parte V)

"Aun no había salido el sol, aunque ya clareaba la aurora, cuando nuestros dos viejos soldados se dirigieron al bosque, en el cual habían previsto encontrarse con Póstumo y con sus compañeros. La mañana era algo fría, y el cielo amenazaba lluvia; y asi fue, porque al poco de salir las primeras gotas de agua empezaron a caer, perfumando la atmósfera con un agradable olor a tierra mojada. Llegaron al punto convenido, y ambos sonrieron: Postumo los estaba esperando, y además estaba montado a caballo, tenia su gladius y un par de pilum. Estaba radiante y parecia ágil y dispuesto a una buena jornada de caza.

-¡Ea, mis bravos cachorros, buenos días! Llegais tarde, sin duda esas dos bellezas de mujeres os entusiasmaron anoche…! Ja, ja, ja…

Justo en ese momento observaron varias monturas más, que se acercaban a ellos. Eran sus otros compañeros, y todos iban provistos de sus gladius y de dos pilum cada uno, además de arcos y fechas. Todos se saludaron al estilo militar, con el brazo en alto.

-Bueno, -dijo Postumo-, nos vamos a dirigir al arroyo, está a tres leguas de aquí. Alli los venados van por la mañana temprano a beber agua. No nos costará trabajo divisarlos pronto; pero hemos de apresurarnos. Por cierto, buscamos solo machos.

Alli se encaminaron. Publio y Lucio se asombraron extraordinariamente de la agilidad de miembros de Postumo y de su soltura cabalgando, no había duda, era el típico estilo militar romano. Postumo parecía haber rejuvenecido aquella noche veinte años.

-Ya hemos llegado –advirtió Marcelo, otro de los compañeros, tras bajarse rapidamente del caballo y reconocer el terreno-, este es el remanso. Además, mirad, hay mas huellas que en el mes pasado: se conoce que las hembras han parido.

-Bien, ocultémonos –indicó Postumo-. Hagamoslo como siempre: Marcelo, Tito, Quinto y Mucio cruzad el rio y ocultaros en la otra orilla; Publio, Lucio y yo nos quedaremos aquí. Los cercaremos.

Comenzó a llover copiosamente, lo cual para nuestros viejos soldados no fue ningún inconveniente, estaban tan acostumbrados a la dureza del ejército que casi no se dieron cuenta. El arroyo apenas tendría medio metro de profundidad, pero en aquel punto hacia un remanso al cual los animales acudían a beber. Ocultados debajo de las mantas, y esperando que los animales llegasen, se sentían como en su época militar. Asi permanecieron por espacio de casi una hora, en completo silencio, y escondidos detrás de unos matorrales. La lluvia persistente era el único sonido que se escuchaba. Hasta que, al cabo de ese tiempo, Póstumo, hablando a media voz y casi susurrando, para no ser oído por los animales, dijo:

-Hermanos ¡cuantas veces habremos hecho esto! Y no con venados, sino con nuestros enemigos. ¡Como añoro mi vida militar! Hace ya tanto que me licencié, y sin embargo aún lanzo la jabalina casi tan bien como en mis mejores tiempos.

-El que nace soldado muere soldado, morirás siendo hijo de Marte, verdad Postumo? –le preguntó Publio, sonriéndole complacido-.

-El dia que me licenciaron –le contestó Postumo- fue el dia más triste de toda mi vida, lo juro por los dioses. Si hubiera tenido dos años menos, me hubiera realistado, pero no me dejaron. ¿Sabeis lo que me dijeron? ¡Que era viejo! ¡Yo, Postumo, maestro de soldados y niñera de cachorros de león, como vosotros, amigo del divino Cesar…! ¡Que humillación! El dia en que muera, seguro que será mucho más dulce que…

De pronto Póstumo guardó silencio, y miró a su izquierda, indicándole a sus dos compañeros que hicieran lo mismo. Divisaron claramente a una cria con su madre, apenas tendría veinticuatro horas de vida, que venían a beber. Estaban solo a unos treinta metros. Los animales estaban empezando a asomarse. Pero ellos no querían a las crias ni a las hembras, sino a los machos.

-Haz la señal, Lucio –dijo Póstumo.

Lucio, que parecia inquieto y estaba deseoso de interrogar a Póstumo, imitó el sonido del búho dos veces, que inmediatamente fue contestado desde el otro lado del arroyo con dos tonos, y al instante con otros dos tonos mas, lo cual significaba que los otros veteranos estaban en sus puestos y que habian divisado varios venados que se dirigían hacia su posición. La lluvia seguía cayendo, incesante y copiosamente.

-Veo en tus ojos que lo que te dije anoche te ronda por la cabeza, hijo, y no te ofenda que te llame hijo, te lo digo con corazón y además porque te llevo quince años y casi podría ser tu padre. Sabes que os quise a Publio y a ti como al hijo que nunca tuve, Lucio. Si no fuera porque te conozco, a mi también me habrías engañado. Excúsame si soy tan directo, pero veo en tus ojos la misma pena que hace tantos años.

-¿Qué pena? ¿Qué quieres decir, Póstumo? –le preguntó Lucio, sorprendido.

-No te hagas el tonto Lucio. Publio y tu sois los mejores soldados que he conocido en toda mi vida, no ha habido nadie como vosotros, de hecho habéis sido los dos unicos que me han vencido en los entrenamientos. Ya sabéis que os lo enseñé todo. Pero hay algo que no os enseñé: no solo a mirar, sino también a ver y a comprender. Cuando os alistasteis tan jovencitos, yo ya estaba harto de guerrear y de matar a enemigos de Roma por toda Europa. Soy más viejo que vosotros, debía de vigilar a los jóvenes, asi se me encomendó y asi lo hice con vosotros. Cuando vosotros ibais, yo ya venía, ¿entendéis? Los mas veteranos seguíamos los movimientos de los más jóvenes, yo os estudié desde el primer momento y os consideré como mis propios hijos, los que yo nunca tuve. Os conozco bien. Os he visto reir y luchar como titanes en el frente de batalla; pero también os he oído llorar y suspirar por las noches, cuando pensabais que nadie os oia. Yo sí. Publio era amigo de la noche en todos los pueblos por los que pasábamos. Tu no, Lucio, tu solo te ausentabas del campamento cada vez que pasábamos por Massalia.

Póstumo le guiñó un ojo y lo cogió del hombro.

-A un zorro viejo es muy difícil engañarlo Lucio... Te repito que has sido uno de los mejores soldados, pero tu vida ha sido una continua lucha. Todos hemos cometido faltas Lucio; tu solo una, que yo recuerde, llegar tarde al relevo de guardia, la noche de la gran nevada en Massalia, y solo te arrestaron quince días porque yo intervine por ti, te ahorré el castigo de los latigazos. Es la única vez que te he visto con el rostro descompuesto.

-Ahora lo comprendo…entonces, lo sabes todo –le preguntó Lucio, recordando aquella noche, y comprendiendo ahora la sorpresiva liviandad del castigo que tanto le había sorprendido en aquel tiempo-.

-Sigue contándole, Postumo –intervino entonces Publio-.

-Sí. Solo los suboficiales y yo lo sabíamos –prosiguió Postumo, cogiendo muy suavemente una de las pilum que tenia a su lado y mirando con precaución al remanso-. Y Publio, por supuesto. Pero nadie más. Al principio alguno de ellos se reía de ti, decía que enamorarse de una sola mujer no era propio de un soldado valiente, y menos de un hombre de verdad. Pero luego combatiendo como combatiste, los callaste a todos, que en vez de reírse, empezaron a admirarte. Yo también te he admirado siempre Lucio…tu no eres como los soldados normales, has sido un bravo soldado y has amado a muchas mujeres, pero solo has estado enamorado de una sola, y eso no suele abundar en las Legiones de Roma, y en las de Cesar, menos. Sabes como hemos sido todos: bebedores y vividores en nuestros ratos libres, hemos gozado de buenas mujeres por docenas, pero no por unidades; y nos hemos casado de viejos porque no nos ha quedado más remedio. Pero tu no. Algunas veces no parecías un soldado de Roma; y el caso es que has llegado a ser de los mejores, hasta Augusto te besó en Actium, y pocos pueden presumir de eso. He intentado muchas veces comprenderte, hermano, y te juro que me costó mucho trabajo. En los primeros años te observaba, siempre serio, con el rostro imperturbable como una roca, y cuando estábamos en guerra tu rostro resplandecía de placer y de ardor patrio: gozabas luchando por tu país, eras un legionario fiel a la madre Roma, y no hubieras dudado ni por un momento en dar tu vida por ella.

Postumo hizo un silencio. Otra hembra se acercó al remanso, pero no vio ningun macho. Cuando el animal se fue, siguió hablandole a Lucio.

-Pero luego por las noches alguna vez que otra te notaba esa chispa de tristeza y melancolia, y tu lo achacabas al dolor de tus heridas, pero yo sé que estabas pensando en ella. Esa mezcla de sentimientos era muy extraña, hermano, e incluso pensábamos que podrías desertar; pero nunca lo hiciste, fuiste fiel. Por eso un soldado de Roma no se puede casar, la ley es la ley, y cuando uno se alista casado su matrimonio queda legalmente anulado, no necesito repetírtelo porque lo sabes de sobra. Roma no quiere compartir con nadie el corazón de sus bravos soldados, y con una mujer menos, es un enemigo demasiado peligroso. Aunque con el tiempo comprendí dos cosas: que eras un autentico patriota, y uno de los mejores soldados que he conocido que jamás traicionaría a lo suyos; pero, al mismo tiempo, que jamás olvidarías a Iulia, fijate como conozco su nombre. Yo la conoci, y no te reprocho que te enamoraras de ella: es la mujer más bella que he visto en todos los días de mi vida. L
os diez primeros años de tu vida militar estuviste conmigo, en la Décima; luego el destino nos separó. Pero ayer, cuando os vi en la Taberna y mi corazón brincó de gozo, solo con miraros a los ojos supe como veníais, os lei la mente. A Publio y a ti. Y veo claro que desde que nos separamos hasta ahora tu vida ha sido una continua guerra dentro de ti, y que ha habido en tu corazón una eterna lucha entre el amor a tu país y el amor a una mujer. Eso sucede muy pocas veces, Lucio, pocos soldados caen en ese error; la naturaleza no perdona el instinto, ni el corazón a los sentimientos, pero Roma tampoco perdona el incumplimiento de la Ley por parte de sus soldados. Y has estado con esa lucha dentro de ti durante veinticinco años, ¡oh, dioses, veinticinco años Lucio! Y ahora que puedes regularizar tu situación con ella, resulta que hace tres años que no está en Massalia. Porque vienes a buscarla, ¿verdad?

Lucio, nuestro viejo Centurión, estaba completamente asombrado. Publio, mirando fijamente a Postumo, asintió con la cabeza.

-¿Como sabes todo eso? –le preguntó Lucio-.

-Massalia –contestó Póstumo-, solo esta a tres días de camino, dos si fuerzas al caballo, y yo llevo aquí quince años. No se explica tu presencia aquí como no sea con esa finalidad. Ademas, se oyen muchas noticias, de las que van y vienen por los caminos.

En ese momento Póstumo guardó silencio. Un enorme venado macho se acercó a beber..." (continuará)

Saludos.

domingo, 19 de abril de 2009

Inquietud

Domingo. Está lloviendo. En realidad todo el fin de semana ha llovido. Me he levantado con ánimo de darme una ruta con mi moto; pero la mala meteorología me ha hecho desistir, y no he tenido ánimo de hacer hoy una ruta, prefiriendo dejarlo para otra ocasión.


Ayer fue un buen dia. Por la tarde fue magnífica la velada que tuvimos los blogueros con Juan Duque, de "Luz de Gas" (al que mando un abrazo, junto con mi agradecimiento por acordarse de mi en su aniversario), y por la noche pasé un rato delicioso cenando en mi casa junto con nuestros amigos Isabel y Tomás. Pero hoy, no se por qué, me he levantado con cierto desasosiego, aunque inicialmente no le concedo mayor importancia: es ese viejo e incomodo conocido mío que se instala en mi alma de vez en cuando. Salgo fuera a desayunar, cuando los mios aún están durmiendo, tras de lo cual me tomo mi café y leo el periodico: no encuentro nada que me llame la atención. Vuelvo a casa sobre las diez y pico. Esa sensación de desasosiego va “in crescendo”. Me siento en el salón, y veo algo de televisión, pero me asquea inmediatamente y decido irme a mi refugio: a mi querido Diario de Cornelivs, mi blog. Busco dos entradas antiguas muy concretas y me calmo un tanto; luego visito y leo detenidamente vuestros blogs, mis Diarios amigos, pero ese desasosiego no cesa. Lo achaco a que no he podido salir con la moto, que es mi modo preferido de relajarme y de soltar el estrés acumulado de toda la semana.


Necesito estar solo, asi que sobre las trece horas cojo el coche. Nervioso, me voy a las afueras del pueblo. Ahora si llueve fuerte, pero a intervalos. Apartado de la carretera, diviso el pueblo a lo lejos. También observo la Sierra de la Golondrina, pero no completamente, esta siendo engullida por unas nubes bajas y oscuras, cargadas de agua. Estoy completamente solo en el vehiculo y apago el motor. Alli, libre y sin testigos, mi desasosiego se desparrama, y mi corazón se acelera. Al fin y al cabo comprendo que solo soy una persona con sus preocupaciones, como tantos otros. Mi mente intenta mantener la calma, trata de buscar el relax; pero mi corazón se desboca y mis sentimientos, dulces unos y tristes los otros, vuelan libres por el cielo de mi espiritu. Y el caso es que no encuentro ningún motivo para estar así. ¿Que te pasa Cornelivs?.

El sonido de la lluvia me atrapa y me inunda. Pongo en el CD el Wish you were here de Pink Floyd que hoy podéis escuchar. Cierro los ojos y me dejo llevar por esta musica del año 1.975: su sonido me envuelve. Prendo un cigarrillo y abro unos centímetros la ventana, para que salga el humo. Llueve insistentemente y un agradable olor a tierra mojada, a humedad y a verdor de la naturaleza lo impregna todo.


Poco a poco mi ánimo se va serenando. Me calmo. Templo mis nervios y sereno mi espíritu. A ello me ayuda, indudablemente, esta musica, que siempre me ha relajado desde que era un adolescente. El destino escribirá lo que tenga que ser. Y vuelvo a comprenderlo: la mente juega malas pasadas. Vuelvo a casa sobre las catorce horas, completamente relajado.


Indudablemente, los seres humanos somos criaturas misteriosas. La mente quizás no sea tan fria y analitica como parece; quizás convenga mantenerla tambien a raya en diversas ocasiones.


Saludos.