"Cree a aquellos que buscan la verdad, duda de los que la han encontrado" (André Gide)
"No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defendería con mi vida tu derecho a expresarlo" (Voltaire)

"La religión es algo verdadero para los pobres, falso para los sabios y útil para los dirigentes" (Lucio Anneo Séneca)
"Cualquier hombre puede caer en un error, pero solo los necios perseveran en él" (Marco Tulio Cicerón)
"Quien no haya sufrido como yo, que no me de consejos" (Sófocles)
"No juzguéis y no sereis juzgados" (Jesús de Nazaret)
. . .

sábado, 18 de abril de 2009

El mayor asesinato cultural de la historia.

Tarde de sábado, desapacible y lluviosa. Decido no salir de casa. Me apetece escribir algo sobre la Biblioteca de Alejandría, pues llevo mucho tiempo pensando en hacer una entrada sobre dicha Biblioteca. Y no puedo dejar de sentir pena: la barbarie y la intolerancia destruyeron, como veremos enseguida, el mayor templo del saber que el mundo antiguo conoció.

Desde siempre, este luctuoso suceso ha sido uno de los acontecimientos históricos que más me ha impresionado y entristecido: siempre es causa de pena la muerte del conocimiento y del saber a manos de la intolerancia. Situada en la ciudad de Alejandría, se cree que fue creada a comienzos del Siglo III a.C. por Ptolomeo I Sóter, y que llegó a albergar hasta 700.000 volúmenes, e incluso pudo alcanzar los 900.000 volúmenes cuando Marco Antonio ofreció 200.000 volumenes a Cleopatra, traidos desde la Biblioteca de Pérgamo.

El fin de esta Biblioteca fue una gravisima perdida y además irreparable: el mundo occidental se vio sumergido en una oscuridad cultural intolerable e indescriptiblemente triste. Culturalmente hablando, el final de la Biblioteca fue una terrible tragedia, pues, junto con otras causas, dejó al mundo del saber en una completa –y lamentable- oscuridad que sumergió a Europa en la ignorancia, en la superstición y en la barbarie de la Edad Media.

Y el caso es que el fin de la Biblioteca de Alejandría no deja de ser un misterio. Algunos autores atribuyen erróneamente el final de la Biblioteca al ataque de Julio Cesar, en su guerra de persecución contra Pompeyo, pero parece que según Seneca solo se vieron afectados unos 40.000 volumenes. Pero después del desastroso incendio, la muerte de César y del ascenso de Augusto, Cleopatra VII se refugió en la ciudad de Tarso (en la actual Turquía) junto con Marco Antonio. Parece que fue entonces cuando el triunviro le ofreció los 200.000 manuscritos traídos desde la Biblioteca de Pergamo, que Cleopatra depositó en la biblioteca como compensación por cualquier posible pérdida.

La existencia de la Biblioteca tras su supuesta destrucción queda confirmada por una inscripción hallada a principios del siglo XX, dedicada a Tiberio Claudio Balbilo. Balbilo desempeñaba un cargo «supra Museum et ab Alexandrina bibliotheca» combinando la dirección del Museo y las bibliotecas como si se tratara de una academia.

Tras una serie de graves conflictos que afectaron a la Biblioteca en el Siglo II y III, llegamos al Siglo IV. La suerte del mayor templo del saber del mundo antiguo estaba echada. Parece que a finales del Siglo IV, el emperador Teodosio el Grande, en respuesta a una petición del patriarca de Alejandría, envió una sentencia de destrucción contra el paganismo en Egipto: en el año 391, el patriarca Teófilo de Alejandría demolió el Serapeo al frente de una muchedumbre fanática y sobre sus restos se edificó un templo cristiano. Parece que es en este momento cuando la Biblioteca-hija del Serapeo fue saqueada y desperdigada o destruida. El historiador romano Sócrates de Constantinopla proporciona el relato de la destrucción en el libro V de su Historia ecclesiastica, escrita alrededor del año 440: “A petición de Teófilo, obispo de Alejandría, el emperador publicó una orden para demoler los templos paganos en esa ciudad, ordenando también que debía ser puesto en ejecución bajo la dirección de Teófilo. Aprovechando la oportunidad, Teófilo se esforzó al máximo para exponer los misterios paganos al desprecio público. Y para comenzar ordenó que el Mithreum fuese limpiado y se exhibiesen los símbolos de sus sangrientos misterios, que caricaturizó en público. Luego destruyó el Serapeum, que también mostró lleno de supersticiones extravagantes, e hizo arrastrar el falo de Priapo por el foro. Así acabaron esos disturbios, con el gobernador de Alejandría, y el comandante en jefe de las tropas de Egipto ayudando a Teófilo a demoler los templos paganos”

Aproximadamente en el año 416, el teólogo e historiador hispanorromano Paulo Orosio vio con mucha tristeza los restos de la biblioteca del Serapeo, confirmando que «sus armarios vacíos... fueron saqueados por hombres de nuestro tiempo».

En la epoca arabe, se destruyeron los pocos restos que quedaban. El cronista y pensador Ibn al-Kifti, afirmó en la Crónica de los sabios que Amr se entrevistó con el comentarista Juan Filópono, quien le pidió tomar una decisión sobre el futuro de los libros de la Biblioteca debido a que las actividades de este lugar estaban momentáneamente suspendidas. Amr no se atrevió a responder, y prefirió enviar otra misiva al califa, pidiendo instrucciones. La epístola tardó más de treinta días en llegar a las manos del polémico Omar, quien estaba ocupado para ese entonces en sus conquistas y en la redacción escrita del Corán. Pasados treinta días más, Amr recibió la respuesta través de un mensajero y leyó a Filópono la decisión de Omar: “Con relación a los libros que mencionas, aquí está mi respuesta. Si los libros contienen la misma doctrina del Corán, no sirven para nada porque repiten; si los libros no están de acuerdo con la doctrina del Corán, no tiene caso conservarlos.” Amr lamentó este criterio, pero fue obediente, según el historiador Abd al-Latif, y no vaciló en cumplir la orden recibida, con lo que la biblioteca de Alejandría fue incendiada y totalmente destruida. Fuente: WIKIPEDIA.

Os dejo estos cuatro videos con los cuales realmente he disfrutado esta tarde, con la esperanza de que, si lo deseais, paseis un agradable rato y que sean de vuestro agrado. (Silenciad el ipod de la musica para oirlos bien).













Saludos.

miércoles, 15 de abril de 2009

Incertidumbres (2ª Parte)

No es la primera vez que hago una entrada para contestar a vuestros comentarios. Por los que me habeis dejado en el post de ayer (Incertidumbres) deduzco que el tema os ha interesado, de modo que este post va dedicado a todos vosotros, primero, como sincero agradecimiento a todos, al tiempo que os mando un cordial saludo y abrazo; y en segundo lugar, como contestación a ellos.

Efectivamente, como muchos suponéis, el dialogo de ayer iba sobre la contraposición ú oposición entre razon y fe, o si se quiere, entre creencia y conocimiento. Mi opinión personal ya la dejé suficientemente clara en mi entrada "El hijo de la duda" (La Eterna Pregunta, 2ª Parte), -haced clidk-, que publique el 13 de Julio de 2.008, y que podeis consultar si lo deseais.

En mi opinión, y tal y como bien insinuan Señor De la Vega, Andaya, Myr y otros, la tolerancia y el respeto mutuo han de ser la base de todo, la primera piedra que hemos de colocar en el edificio del dialogo sobre estos temas, y efectivamente, asi lo dije en cierta ocasión en mi blog y no ceso de repetirlo. Cada uno tiene, indiscutiblemente, el derecho a pensar, sentir y opinar como bien le parezca, tanto el ateo, como el creyente, como el escéptico, grupo éste último en el que me incluyo. Es por ello grave el error que se ha cometido históricamente, cuando los dogmas o las creencias han tratado de imponerse a base de fuego y espada, como bien dice Cecilia Alameda Sol, que manifiesta que no cree en ninguna verdad que haya que aplicar con espadas por delante, y yo estoy totalmente de acuerdo con ella.

En mi opinión, creencia y conocimiento no son lo mismo, ni muchisimo menos. Estoy con Juan Carlos Lozano, en el sentido de que creencia y ciencia, es decir, creencia y conocimiento no son lo mismo; pues mientras que para creer no se necesitan pruebas (se cree porque se tiene fe o confianza plena en algo), por el contrario, para saber si es necesario probar: es preciso conocer la prueba en que cristaliza la certeza del hecho o del conocimiento en si. Hay muchos tipos de creencias, lo cual demuestra que son algo subjetivo, que depende de cada persona (respetables todas, insisto); pero hay un solo conocimiento: por ejemplo, el hecho de que la tierra es redonda y que gira alrededor del sol esta probado y es un hecho objetivo y unico para todos.

En cuanto a la manera de vivir de cada persona, obviamente cada ser humano es libre para elegir vivir como le de la gana, por supuestisimo que si, como dice Andaya: Si te hace feliz creer, cree. Y si tienes dudas, no creas. Bien, estamos de acuerdo Andaya, la libertad de criterio ante todo. Edgardo tambien lo dice claramente: "¿Qué importa si es verdad o mentira, mientras a uno (y sobre todo al resto) le hagan bien? Como ... nadie tiene certeza sobre el asunto, que cada cual crea lo que mejor le haga y más le sirva a la vida". Por supuesto que si.

Pero ya entramos en el modus vivendi de cada uno, y del orden de prioridades que cada cual se marque: habrá personas que prefieren vivir tranquilamente sin cuestionarse estos problemas pues prefieren dedicarse a otras cuestiones (bien porque no tienen tiempo, bien porque no les interesa, o por lo que sea, opción totalmente respetable por supuesto), y habrá tambien otras personas que, como yo, tienen dentro de si el gusanillo de la eterna curiosidad: el saber de las cosas, y fundamentalmente, la “historia” de esas cosas, el que busca la verdad de todo.

Yo quiero dar un paso mas. Soy un ser curioso por naturaleza, me defino como un humilde investigador que solo trata de comunicar y compartir con vosotros sus experiencias y sus reflexiones. Yo sí me he remontado a las fuentes, he leído la Biblia varias veces, he investigado, he “devorado” con fruición a muchisimos autores, tratados extraordinarios sobre la genesis y formación de los textos evangelicos; he repasado y estudiado profundamente la historia del catolicismo. Estoy con Hada Saltarina, que dice no vale discutir sobre apreciaciones que no se tiene el coraje de investigar, añadiendo que ella investiga, y que ha sido su campo. Fantastico, Hada, porque ese tambien es mi campo. Y Neogeminis añade que si bien respeta la fe, cuestiona las cosas, buscando el camino conscientemente, diciendo que esa es la manera mas sabia de avanzar en el crecimiento. Yo tambien lo creo asi.

Es decir, trato de suscitar, promover o incentivar (en la medida de mis humildes posibilidades y con todo el respeto del mundo) la curiosidad por investigar, por saber, por avanzar en el conocimiento; por remontarnos al origen de todo. Ahí creo que está la clave. A poco que se investigue y se estudie todo, os llevareis, os lo aseguro, algunas grandes sorpresas; porque historicamente la verdad primitiva se ha adornado y maquillado con tanto dogma, con tanto formulismo y tanto Código, que es muy difícil adivinar cual es esa verdad. Perdonadme por el burdo ejemplo, pero es como un diamante al cual le han puesto encima diversos ropajes: yo trato de quitarle esos ropajes y quiero ver el diamante original en su configuración y estado original.

Una verdad se ha tenido por verdadera durante miles de años. Respetemos a todo el que lo crea así. Pero respetemos también a aquellos que un buen día se levantan y se atreven a preguntarse: “¿Y si estuviera en un error? Investiguemos el asunto desde sus raices”. Personalmente pienso que, indudablemente, merece la pena hacer un examen interior, y es sano que el creyente se plantee sus creencias, o que el cientifico se replantee sus postulados, haciendo un re-examen de su creencia o convicción; es decir, no quedarse estancado, sino estudiar, evolucionar, luchar, investigar, analizar, pensar. Meditar. Para mi no es ninguna perdida de tiempo, en absoluto, antes al contrario: es avanzar en el conocimiento desde la perspectiva de tu propia experiencia. Es crecer. Con lo cual no comprendo las reservas que la Iglesia ha puesto siempre al avance cientifico, como p. ej., el episodio que muchos conocereis, acontecido alla por 1.992 entre Juan Pablo II y Stephen Hawking, a quien el primero le dijo claramente que no debia de investigar el momento original del Big Bang, porque era el momento de la creación. ¿Por qué esas reservas? ¿No quedamos en que “la verdad os hará libres”? Entonces, ¿Que mal le hace a nadie una persona que, sinceramente y de buena fe, busca la verdad, respetando la creencia o convicción que cada uno tenga? No lo entiendo.

Es una aventura apasionante, bella, es solo mi opinión. Me siento libre buscando la verdad por mi propio camino y no siguiendo las sendas que otros marcaron, quizás porque me sucede lo mismo que a Pedro Ojeda: prefiero una incertidumbre a mil certezas. Lo digo humildemente: no me gusta que nadie me diga lo que es correcto o no: prefiero equivocarme yo solito. Me defino como un buscador de la verdad; y aunque soy consciente de la dificultad (por no decir imposibilidad) de encontrarla, pues todos somos minusculos en este pequeño rincón apartado del universo en el que nos encontramos, alguna vez que otra miro a las estrellas, y se que la Verdad está alli arriba, aunque nunca la encuentre.

Gracias a todos...!

Saludos.

martes, 14 de abril de 2009

Incertidumbres.

-Dicen que una mentira repetida hasta la saciedad a lo largo de dos mil años puede llegar a convertirse en verdad.


-Es que no es una mentira, es verdad.


-¿Y como lo sabes tu?


-Porque lo se, me lo enseñaron de niño, y generación tras generacion todos hemos creido lo mismo. Eso no puede ser mentira.


-O sea, que te basas en la tradición, en lo que te han enseñado, pero ¿te has preocupado alguna vez de contrastar la veracidad de esa información?


-No, no lo necesito, se que es verdad.


-Pero ¿has investigado el origen de todo?


-Es la tradición, siempre se nos ha enseñado así, y yo lo creo.


-¿Te has remontado alguna vez al origen de las fuentes, te has preocupado por bucear en la verdad historica de los hechos?


-No, no lo necesito. Yo se que es cierta mi creencia a la luz del corazón.


-Y ¿no prefieres tener convicción personal a la luz de la razón y del conocimiento antes que creencia?


-No, se que mi creencia es cierta.


-Pero ¿como lo sabes? ¿Creencia es igual que conocimiento?


-Asi lo afirmo.


-Pues yo entiendo que no; y además, creo que existen dos tipos de mentes poéticas: una apta para inventar fábulas y otra dispuesta a creerlas, como decia Galileo.


-Pero, ¿Cómo sabes tu que todo es una fábula?


-Y tu, ¿Cómo sabes que todo es verdad?


Saludos.


lunes, 13 de abril de 2009

El viejo Centurión (Parte V)

Parte I Parte II Parte III Parte IV

"-Si, -intervino Lucio, el viejo Centurión-. Recuerdo que construimos muros de 18 km de largo y 4 metros de alto con fortificaciones espaciadas regularmente, y fuimos rápidos, solo tardamos tres semanas. Esta línea la seguimos hacia el interior por dos diques de cuatro metros y medio de ancho y cerca de medio metro de profundidad. El más cercano a la fortificación se llenó de agua de los ríos cercanos.

-Y también hicimos campos de trampas -agregó Publio, no perdiendo ni por un momento de vista a la bella gala en la cual se había fijado-, y hoyos frente a las empalizadas con el fin de que su alcance fuese todavía más difícil, más una serie de torres con artillería y espaciadas regularmente a lo largo de la fortificación.

-Veo que os acordáis bien –siguió recordando Póstumo-. La caballería de Vercintetórix a menudo contraatacaba nuestros trabajos para evitar verse completamente encerrados, pero nosotros contestábamos con nuestra caballería germana, que mantenía a raya a los atacantes. Tras dos semanas de trabajo, parte de la caballería gala pudo escapar de la ciudad por una de las secciones que no habíamos terminado, pero César, que no dormía, y previendo la llegada de tropas de refuerzo, nos mandó construir una segunda línea defensiva exterior protegiendo a los nuestros. El nuevo perímetro tenia 21 km, incluyendo cuatro campamentos de caballería. Aquella construcción fue agotadora para nosotros, pero esta serie de fortificaciones nos protegió mucho cuando las tropas galas quisieron llegar, pues ahora eran sitiadores preparándose para ser sitiados. Luego, las condiciones de vida en Alesia iban empeorando cada vez más. Con los 80.000 soldados galos y la población local había demasiada gente dentro de la fortaleza para tan escasa comida. A finales de septiembre las tropas galas, dirigidas por Commio acudieron en refuerzo de los fortificados en Alesia, y atacaron nuestras murallas exteriores. Vercingetórix ordenó un ataque simultáneo desde dentro. Sin embargo, ninguno de estos intentos tuvo éxito pues conseguimos frenarlos, y a la puesta del sol la lucha había acabado. Al día siguiente, el ataque galo fue por la noche y lograron un mayor éxito que el día anterior. César se vio obligado a abandonar algunas secciones de nuestras líneas fortificadas. Sólo la rápida respuesta de la caballería de Marco Antonio y Cayo Trebonio salvó la situación. La pared interna también fue atacada, pero la presencia de trincheras, y los campos que plantamos de "lirios" y de "ceppos", que los hombres de Vercingetórix tenían que llenar para avanzar, les retrasaron lo suficiente como para evitar que nos sorprendieran. Pero nuestra situación fue muy complicada. El día siguiente, creo que fue el 2 de Octubre, Vercasivellauno, un primo de Vercingetórix, lanzó un ataque masivo con 60.000 hombres, enfocado al punto débil de nuestras fortificaciones, las habíamos ocultado hasta entonces, pero los galos las descubrieron. El área en cuestión era una zona con obstrucciones naturales en la que no se podía construir una muralla continua. El ataque se produjo combinando las fuerzas del exterior con las de la ciudad: Vercingetórix atacó desde todos los ángulos nuestras fortificaciones interiores. Pero Cesar confió en la disciplina y valor de sus hombres, y ordenó que mantuviéramos las líneas. ¿Recordáis que él personalmente recorrió el perímetro animándonos a todos? Siempre Cesar me decía: “Animo, bravo Postumo, los dioses nos sonrien”. Allí, nuestra legión, la Décima, se cubrió de gloria.

Póstumo aguardó un momento, tratando de ordenar sus recuerdos. Pidió otro vaso de vino, que le fue servido por una muy linda moza de las que había allí. Los demás veteranos, todos de la Décima, lo oían con simpatía y afecto, pues también habían estado allí peleando juntos, y lo recordaban muy bien, pero Póstumo era el mas viejo, y el que más detalles conocía de todo.

-Parece que lo estoy viendo ahora mismo –siguió narrando Póstumo, con la mirada brillante por
la emoción del recuerdo-. La caballería de Labieno, fue enviada a aguantar la defensa del área en donde estaba la brecha de las fortificaciones. Ese era mi puesto. Con la presión incrementándose cada vez más nos vimos obligados a contraatacar la ofensiva gala, y logramos hacer retroceder a los hombres de Vercingetórix. Sin embargo la sección defendida por Labieno se encontraba a punto de ceder, con lo cual César adoptó una medida desesperada, tomando 13 cohortes de caballería, unos 6.000 de los nuestros, para atacar el ejército de reserva enemigo, diez veces superior en numero, como unos 60.000 galos, por la retaguardia. La acción sorprendió a los galos. Allí fue justo cuando nos hirieron a Lucio y a mi en el muslo, ¿recuerdas Lucio? ¡Pero seguimos combatiendo! Y viendo Tito Labieno que Cesar afrontaba tan tremendo riesgo, redoblamos todos nuestros esfuerzos. En las filas galas pronto empezó a cundir el pánico y trataron de retirarse, pero todos sabéis que un ejército en retirada desorganizada es una presa fácil para la persecución de los vencedores, y masacramos a los galos. Solo el hecho de que todos estábamos completamente exhaustos, y muchos heridos, como Lucio y yo, salvó a los galos de que acabáramos con todos sin dejar ni uno. Finalmente, Vercingetórix se vio obligado a rendirse sin una ultima batalla, porque al día siguiente presentó sus armas ante Cesar. La Galia por fin era nuestra. Para nuestro César, la batalla de Alesia fue un éxito enorme, tanto militar como político, pero los perros del Senado, manipulados por Catón y por Pompeyo, aunque declararon veinte días de acción de gracias por esta victoria, denegaron el honor a César de celebrar un triunfo en el Campo de Marte, que hubiera sido el punto culminante de su carrera militar. Cesar también fue herido, junto con muchos de nosotros, se dejó su sangre allí por su Senado, y luego éste no le dio el triunfo. Ya sabéis el resto, la tensión se fue incrementando de tal modo que dos años después tuvimos que cruzar el Rubicón. Pero eso es otra historia…

-Asi fue –dijo entonces Lucio-, te recordamos perfectamente manteniendo tu posición sin moverte ni un metro. Nosotros nos pusimos a tu lado. Tomate otro vaso.

-Si, y erais de los mejores novatos, peleasteis muy bien, erais cachorritos de león que ya aprendíais a rugir.

Siguieron hablando de su vida militar. El espíritu de Lucio adquirió calma, serenidad. Por un día consiguió que el recuerdo de Iulia y de sus hijos se adormeciera un poco, porque olvidarlo le era imposible. Estaba verdaderamente a gusto con sus compañeros de armas, la guerra había sido su vida y estaba con los suyos, en su salsa, literalmente disfrutando. El los llamaba “hermanos” a todos, y era sincero. Hasta Publio se sorprendió del buen humor y sana alegría que mostraba el viejo Centurión.

Se hizo tarde para los demás compañeros de armas, pues ya empezaba a anochecer, y deseaban volver a sus casas con sus mujeres y sus hijos. Se despidieron muy cordialmente de Lucio y de Publio, no sin antes emplazarse para el amanecer siguiente a fin de recordar los viejos tiempos, cazando tres o cuatro venados, muy abundantes por aquella zona. El viejo Centurión aceptó encantado, aquello era nuevo para él. Tras de ello, los demás veteranos se marcharon y quedaron solos en la mesa de la Taberna el viejo Póstumo, Publio, y Lucio.

Durante todo este tiempo Publio había seguido con mucha atención la disertación de Póstumo, pero no podía evitar que se le fueran los ojos detrás de la bella chica morena de ojos azules y gracioso andar, que había visto antes. La seguía con su mirada atentamente, mirándola fija y persistentemente. Póstumo se dirigió a los dos, mirando alternativamente a uno y a otro.

-Escuchadme. ¿Como estáis, hermanos?

-Cansados Póstumo…son muchos años. ¿Qué te vamos a decir a ti que no sepas?

-Mírame, Publio. Estoy viejo y apenas veo con el ojo izquierdo, pero con el derecho veo aun bien. Has estado todo el rato pendiente de Isania, la de los ojos azules, y no te lo reprocho, es una de las chicas mas guapas que hay aquí. Y tu le has gustado a ella. ¡Sigues siendo el mismo de siempre! ¡Ah, quien tuviera tu edad! Bueno, pues aquí podrás consolarte, tienes esa y muchas mas donde elegir. Te recuerdo muy bien… cuando no tenias guardia y pasábamos cerca de un pueblo, después de la cena te ibas allí y no volvías hasta la mañana siguiente, cuando todavía los demás estábamos durmiendo. Volvías a hurtadillas, como un ladrón, para no hacer ruido. Pero yo te veía. Y…¡por Júpiter!, a juzgar por el buen humor que tenias por la mañana ¡era indudable que lo habías pasado bien! ¡Que mujeriego que has sido Publio! En fin, ¡eres un hombre! No pierdas nunca esa alegría de vivir; la necesitaras y ahora mucho más de lo que imaginas. Siempre has sido feliz en el Ejercito, amigo mío; ahora tienes que serlo fuera también, y acostumbrarte a un día si, y al otro también, a que ya no habrá más guardias, ni más enemigos; ni mas marchas al mes; ni mas afilar tu gladius; ni mas batallas. Tienes que acostumbrarte a esta nueva vida. Y por cierto –aquí elevo un poco la voz Póstumo-, ¿Dónde está mi niña, mi Corina? ¡Corina, ven conmigo, hija!

Publio se sorprendió un poco, no había contado con la perspicacia del viejo Póstumo. Lucio lo contemplaba con mucho afecto, pero guardaba silencio. Póstumo lo miró muy fijamente por un momento, y añadió:

-Sin embargo, tu, Lucio, tú eras distinto en eso. También has gozado de muchas mujeres, pero siempre has sido más callado e introvertido, ha sido muy difícil bucear dentro de ti… menos mal que tu rostro y tu mirada era transparente y clara. Mañana hablaremos más despacio.

El viejo centurión se quedó un tanto extrañado con esta frase de Póstumo, el cual pidió otro vaso de vino. Garraspeó brevemente tras beber un par de buches, se rascó la cabeza, y les preguntó:

-Donde vais a dormir esta noche?

-Habíamos pensado dormir aquí, quiero que esa morena me caliente esta noche, viejo Póstumo –dijo Publio.

-A mi tampoco me vendría mal un poco de compañía –repuso Lucio.

-Bien, gozad de la vida hermanos, sois aun jóvenes. Tiempo tendréis de tener mi edad. Pero, escuchadme, mañana me voy con vosotros, a mi uno de esos venados no se me escapa.

-¿Cómo? Aun montas a caballo Póstumo?

-¡Mejor que vosotros! –Póstumo pareció enojarse-. Mañana lo veremos. Un poco antes de que salga el sol, a la entrada del bosque de sauces que hay a las afueras de Massalia, por donde habéis venido, de acuerdo?

-Allí estaremos –contestaron ambos.

-Salud hijos, gozad y dormid. Hasta mañana.

Lucio se quedó un poco sorprendido. Indudablemente, el viejo póstumo parecía conocerlos muy bien a los dos y lo había demostrado. Le daba la impresión de que, o bien Póstumo se había quedado con ganas de hablar con el, o bien que la presencia de Publio le era un impedimento. Pero esto último no tenia sentido, Publio había sido siempre su mejor amigo, su hermano, lo conocía todo de él, y ninguna reserva había tenido para con el viejo y alegre soldado. Aunque también pudiera ser que Póstumo supiera de su vida mucho más de lo que el mismo manifestaba. Por otro lado, el viejo Póstumo demostraba ser mucho más observador, inteligente y experimentado de lo que los dos habían supuesto. Empezó a pensar, y a recordar, quedándose finalmente con el deseo de interrogar más a Póstumo que, según parecía ahora, había sido en algunas ocasiones el ángel guardián de los dos. Se quedó serio, en la mesa, mirando fijamente su vaso de vino y sumido en sus pensamientos.

En esto, se le acercó una moza realmente bella, rubia, de ojos color miel, y de muy buena vista, en cuya presencia hasta entonces no había reparado el viejo centurión. Llegó contorneándose, con los brazos en las caderas, andando muy suave y elegantemente. Tenía el pelo recogido en una larga coleta, y una túnica blanca, a través de la cual se le transparentaban unos senos suaves, pero firmes, y elegantemente desafiantes. Se llamaba Drusila. Ella lo miró muy fijamente, sonriendo abiertamente, y con una voz aterciopelada y muy sugerente, le dijo:

-Buenas tardes, bravo centurión. Me han hablado muy bien de ti. Te veo muy solo. Imagino que no te vendrá mal que te acompañe.

El viejo Centurión apuró de un trago el vaso de vino, la cogió por la cintura y la sentó suavemente en sus rodillas. Publio había desaparecido."

CONTINUARÁ...

Saludos.

domingo, 12 de abril de 2009

Mis amores eternos.

Ayer por la tarde me sucedió algo muy curioso. Recordé que en algún lugar tenia una caja con libros y posters antiguos. No la encontré en casa, asi que me dirigí al trastero, con la esperanza de que estuviera allí, y afortunadamente asi fue. Me la subí a casa y la abrí. Los recuerdos empezaron a aflorar inmediatamente. Cintas de Cassette antiguas, una pequeña colección de llaveros de mi época de estudiante (unos 60 mas o menos), mis libros de física y química de bachillerato y de C.O.U., algunos dibujos y hasta un pequeño diario en el que recogí los pensamientos de aquel jovencito que con trece años se fue a Jaén capital a estudiar el bachillerato. Lo abrí y me sorprendió la letra que yo tenia entonces, era completamente distinta a la de ahora, se trataba de la típica escritura de un adolescente. ¡Como ha pasado el tiempo…!


Pero en el fondo de la caja, había algo mas grande, un bulto que estaba guardado en una bolsa de color verde. Intrigado, abrí el plástico y de pronto aparecieron mis tres posters favoritos, los que colgué en mi pared en mi época de estudiante de bachillerato y que luego me llevé a Sevilla en mi época de universidad, y que igualmente decoraban mi habitación. Tres posters (para mí antológicos) en blanco y negro, de 85 x70 cm. Hacia más de veinte años que
no había vuelvo a verlas. Cuelgo aquí las imágenes, pues he localizado en internet las mismas que tengo en los posters…¡aunque me ha llevado un buen rato!



Si, eran ellas, ¡oh dioses inmortales, nada mas y nada menos que Rita Hayworth, Ingrid Bergman y Lauren Bacall…!. Los abrí con el máximo cuidado y delicadeza de que fui capaz, como si fueran reliquias o preciosos objetos arqueológicos largo tiempo sepultados bajo tierra, y casi me temblaban las mano
s.

Estas tres diosas de la belleza resurgieron del pasado con todo su esplendor. Y he de reconocerlo: la emoción me embargó e incluso, creedme, se me aceleró el corazón: casi se me cae la baba de nuevo con ellas, como cuando era un quinceañero.


Justo en ese momento, llegaron mis hijas y me preguntaron quienes eran esas mujeres, a lo que yo les contesté, informándolas. También mi mujer apareció por allí, pero con un rápido golpe de vista, comprendió inmediatamente la escena, se acercó a mi, me dio un rápido beso, diciéndome “no tienes remedio”, y se alejó sonriendo. Ella ya conoce de sobra mi reacción cuando en la televisión veo alguna película de ellas. Y allí me quedé yo, con estas tres bellezas, compleamente absorto.

Cuando era joven, en mi fértil imaginación me veía a mi mismo casado con estas tres bellezas y viviendo con ellas en el Paraíso de las Huríes, a la usanza árabe, aunque yo no era el típico coleccionista de posters o de objetos o películas de artistas, que llegaba a sentir una enfermiza e irrefrenable pasión por coleccionar todo lo atinente a ellas, no. Lo mio era otra cosa mucho más seren
a, mas sencilla y más natural: ¡es que estaba enamorado de ellas, de las tres! Ahora, con la perspectiva del tiempo, al rememorar aquellos anhelos juveniles, sonrío con sosiego y, por qué no reconocerlo, con una chispa de nostalgia. Pasado un ratito, enrollé de nuevo los posters, con mucho cuidado, y no dejé de reflexionar sobre lo que me había sucedido.


Intenté racionalizarlo todo. ¡Pero Cornelivs, que ya tienes 44 años! ¿Cómo puede ser? Indudablemente, los misterios del corazón a veces son inescrutables. A pesar de ser ya un hombre con la edad que tengo, casado y con tres hijos, cuando los desenrollé y los coloque juntos en la mesa, volví a quedarme embobado como en mis años de juventud, y un remolino de sensaciones y de emociones agitó mi alma. Aquello era increíble. Me quedé allí, sentado, mirándolas alternativamente a una y a otra, y la que más me impactó fue la mi
rada de Ingrid Bergman, esos ojos dulces, bellos, sugerentes y rebosantes de elegante femineidad, que me miraban fijamente, diciéndome mil cosas. Parecia que me hablaban. Esos ojos me contaban que, acaso, estaba triste y hastiada de ser artista, y deseaba ser solo una persona; que quizás anhelaban que apareciera un hombre que amara y reconociera a la mujer que había detrás de ellos, y no a la estrella de Hollywood; que detrás de ese caparazón de artista famosa había un ser sensible, con corazón, con sentimientos, que también necesitaba un brazo fuerte donde apoyarse y un corazón ardiente junto al que descansar. Aquellos ojos…me decían muchas cosas.


Incluso rememoré brevemente muchos detalles de la vida de todas ellas, imaginándome la tortura que estos tres ángeles tuvieron que sufrir, fundamentalmente Rita Hayworth, que tuvo un triste y desgraciado final. Ella se quejaba siempre de que los hombres se enamoraban de Gilda y se acostaban con Gilda, pero al dia siguiente se despertaban con Margarita Carmen Cansino, que era el nombre real de esta artista. Que pena, que terrible soledad debió de sufrir en muchas ocasiones.



En aquella época, yo hubiera dado cualquier cosa por haber estado toda mi vida con ella, pero no con Rita Hayworth la artista, sino con Margarita Cansino la mujer; pues Margarita era tan bella como Rita, quizás más timida e introvertida, pero seguro que infinitamente más dulce y humana que la primera.


Saludos.