"Cree a aquellos que buscan la verdad, duda de los que la han encontrado" (André Gide)
"No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defendería con mi vida tu derecho a expresarlo" (Voltaire)

"La religión es algo verdadero para los pobres, falso para los sabios y útil para los dirigentes" (Lucio Anneo Séneca)
"Cualquier hombre puede caer en un error, pero solo los necios perseveran en él" (Marco Tulio Cicerón)
"Quien no haya sufrido como yo, que no me de consejos" (Sófocles)
"No juzguéis y no sereis juzgados" (Jesús de Nazaret)
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sábado, 25 de diciembre de 2010

Henri-Frédéric Amiel

Se llamaba Henri-Frédéric Amiel (Ginebra, 27 de septiembre de 1821-Ginebra, 11 de mayo de 1881) y era un filósofo y moralista suizo.

Yo solo lo conocía de oidas,  por diversas citas suyas de las que suelen verse por la Red;  pero me parecieron tan sabias que en un momento dado me dio deseo de investigar un poco mas sobre él. De modo que me puse manos a la obra, y leí en la wiki que descendía de una familia hugonote que se trasladó a Suiza después de la revocación del Edicto de Nantes (Decreto firmado el 13 de abril de 1598 por el rey Enrique IV de Francia, que autorizaba la libertad de culto, con ciertos límites, a los protestantes calvinistas).

Huérfano desde temprana edad, Amiel viajó mucho, haciéndose amigo de líderes intelectuales europeos, y estudio especialmente filosofía alemana en Berlín. En 1849 fue designado profesor de estética en la Academia de Ginebra, y en 1854 profesor de Filosofía moral. Estos cargos, conferidos por el partido demócrata, le hicieron perder el apoyo del partido aristocrático, que dominaba casi toda la vida cultural de la ciudad.

Este aislamiento le inspiró un libro por el cual todavía conocen a Amiel, su "Diario Íntimo", que, publicado después de su muerte, obtuvo un gran éxito por toda Europa, despertando la simpatía que el autor no halló en vida. Tambien escribió poesia y  tratados sobre Erasmo de Rotterdam y Madame de Staël.

¡Fijaros!  He descubierto también que Gregorio Marañón escribió un libro sobre el, cuyo titulo era precisamente su apellido: “Amiel”. Creo que lo leeré este verano, promete ser muy interesante.

He aquí algunas de las citas de Henri-Frédéric Amiel.

Cuando mi amigo está infeliz, voy a su encuentro; cuando está feliz, espero que me encuentre.

El hombre se eleva por la inteligencia, pero no es hombre más que por el corazón.

Hacer con soltura lo que es difícil a los demás, he ahí la señal del talento; hacer lo que es imposible al talento, he ahí el signo del genio.

Mira dos veces para ver lo justo. No mires más que una vez para ver lo bello.

¿Qué es un espíritu cultivado? Es el que puede mirar las cosas desde muchos puntos de vista.

El amor es el olvido del yo.

Saludos.

viernes, 24 de diciembre de 2010

...y el chocolate espeso.

En mi humilde opinión no deberíamos de juzgar a los demás con nuestros propios patrones.  Porque lo que a mi me queda ancho, a ti te puede venir estrecho, o viceversa. Tampoco deberíamos de atribuir a los demás la finalidad intima que cada uno tiene para escribir: lo que para ti es escribir, o los motivos que tienes para hacerlo,  puede que no coincida con el concepto que yo tengo de escribir ni con mis motivos.Como tampoco la finalidad que cada cual tiene para escribir tiene que coincidir, porque hay tantas como estrellas en el cielo. Y cada uno tiene su propio por qué.

Yo creo que por ello nos equivocamos muchas veces, y yo el primero: porque pensamos, quizas inconscientemente, que los demás escriben teniendo los mismos complejos, opciones, opiniones o finalidades que nosotros, y por ello pensamos, erróneamente, que nos van  a entender a la primera. Y no es así, aunque reconozco que es un error muy común. 

Humildemente entiendo que cada cual puede opinar como desee, tener la ideologia que desee, pensar como le de la gana, escribir con las finalidades que desee (desahogo, denuncia, rellenar su tiempo libre, hacer amigos, inventarse historias, etc...); pero considero un craso error juzgar a los demás con nuestros propios patrones: podemos equivocarnos.

De hecho,  yo me he equivocado muchas veces. Y las que me quedan. Pero tengo una cosa que me caracteriza:  no me gustan los rodeos,  me gusta decir las cosas abiertamente, sin subterfugios. Que el camino mas corto entre dos puntos es la línea recta, y a mi jamás me han gustado los vericuetos. De hecho, algunos de mis mejores amistades en la blogosfera comenzaron con gente que, abiertamente -a veces incluso de modo beligerante- discrepó frontalmente de lo que yo decia. Valoro la sinceridad mas que el oro, y siempre he preferido una verdad dolorosa antes que una mentira piadosa. Y consecuentemente respeto cualquier forma de pensar. Cualquier forma, sea la que sea. "No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderia con mi vida tu derecho a expresarlo", dijo Voltaire, y es una de las frases que tengo en la cabecera de mi blog.

Pero no me gusta que nadie  juzgue a nadie, ni que alguien de consejos que nadie le ha pedido (a no ser que sea alguien investido de la maxima sabiduria),   porque yo no lo hago tampoco, y no presumo de saber, sino de ignorar: hartas veces he dicho que me considero aprendiz de todo y maestro de nada.  Entiendo que todos somos libres para opinar y pensar como nos de la realisima gana, y para expresar llibremente nuestra opinion, claro que si. Pero no para juzgar, a no ser que seamos jueces profesionales, porque una cosa es opinar y otra muy distinta juzgar. "No juzgueis y no sereis juzgados", dijo Jesus de Nazaret. Y me parece perfecto. ¿Quien es nadie, para juzgar a nadie?

Feliz nochebuena para todos.
 

jueves, 23 de diciembre de 2010

Mitad cigarra...

...y mitad hormiga. Y me explico. La frase en si dice esto: "En esta vida hay que ser mitad cigarra y mitad hormiga”. Esta frase popular de mi pueblo, que de niño oí en boca de mi abuelo y de otros  viejos  para mi siempre ha sido una sabia enseñanza. Parece decirnos que todo exceso es pernicioso: la cigarra se dedica a cantar todo el verano y no trabaja, asi llega el invierno y al no haberse proveido de alimento, muere,  lo cual es malo. Por el contrario, la hormiga es el otro extremo: está siempre trabajando, triste vida la suya, porque no disfruta nada, cosa que tambien es mala. Para mi suerte o desgracia, yo tengo mas de hormiga que de cigarra: es lo que me han enseñado. Aunque poco a poco, sin descuidar mi deber ni olvidar que soy un padre de familia, tambien estoy aprendiendo a pasar algunos ratitos como cigarra.

Que curiosa es la experiencia que dan los años. Por ello  los recuerdo con infinito cariño, como a mi abuelo,  que me decia que los años dan experiencia, pero no sabiduria, "porque nadie nace enseñado, nieto" -me decía-, "...yo ya  tengo 87 años y  aprendo todos los dias cosas nuevas".  Mientras más años cumplo,  más lo admiro y lo comprendo. Era lo suficientemente humilde como para no creérselo; que hay viejos que por el mero hecho de serlo ya creen saberlo todo, creyendose investidos de una autoridad que no se han ganado.  El los reprobaba,  recuerdo sus palabras una por una: "...que no por ser mas viejo soy mas listo ni tengo mas razón que nadie, que todos los dias se aprende, y hay tambien muchos de mis años que tontos se fueron a la guerra y tontos vinieron de ella". Parece que lo estoy oyendo. 

De nuevo me doy cuenta de que vivo en un orden muy viejo. Volviendo al tema de la cigarra y de la hormiga. Cuando pienso que la frase antes expuesta  es un invento del siglo XX, me encuentro con la sorpresa de que hace mas de dos mil años, los viejos griegos decian lo mismo. ¿Que no? Oid a Platón:

“El hombre es un auriga que conduce un carro tirado por dos briosos caballos: el placer y el deber. El arte del auriga consiste en templar la fogosidad del corcel negro (placer) y acompasarlo con el blanco (deber) para correr sin perder el equilibrio”.

Saludos.

P.D. IMAGEN TOMADA DE INTERNET.
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miércoles, 22 de diciembre de 2010

Nueva legislación antitabaco

Saludo con alegría y entusiasmo   la aprobación de la nueva ley antitabaco, que prohibirá fumar en todos los espacios públicos a partir del dia 2 de Enero de 2011. (Para mas información, clik aquí.)

Como ex-fumador, soy comprensivo con los que aún padecen  la esclavitud de la nicotina -yo también fui esclavo del cigarro- y los respeto, que sigan fumando si quieren, pero que no molesten con su humo al projimo que nunca ha fumado o que ha dejado de hacerlo, pues  exijo el mismo respeto para los que ya no somos esclavos de la nicotina.  Defiendo abiertamente la idea de que en caso de colisión entre el derecho a fumar del fumador y el derecho a respirar aire limpio del no furmador, ha de prevalecer el derecho de estos segundos a respirar aire limpio.

No hace España sino sumarse a la -cada vez mas numerosa- lista de paises que prohiben fumar en los espacios publicos. Y dejémonos de alarmismos injustificados, que no se ha hundido en dichos paises el sector hostelero ni mucho menos. Lo que me parece intolerable es que a estas alturas haya quien prefiera asegurar sus beneficios importándoles un pimiento la salud pública.

Respeto al que piense distinto, pero yo pienso asi, de modo que, insisto, celebro por todo lo alto la aprobación esta nueva legislación. Para mi sera una alegria entrar a un restaurante o a otro local público con los mios  y estar un rato agusto respirando aire limpio y puro, sin que tengan que soportar, ni ellos ni yo, el humo del cigarro de nadie.

Ya era hora...

Saludos.

martes, 21 de diciembre de 2010

Bautizo espiritual

Distancia recorrida: 11,5 km. Tiempo empleado: 62 minutos y 55 segundos. ¡No, si al final me veo con Lander y Cia. en la media maratón de Sevilla! Quien sabe...

Cerrado el Despacho a la hora acostumbrada (13,30 horas) me cambio y me voy a correr, y he regresado a las 14,45 horas, una hora estupenda.  Cuando he salido, el sol iluminaba todo; pero está el tiempo tan irregular y desapacible que al salir me he hecho a la posibilidad de mojarme de nuevo (aunque esto ya  casi me da igual,  no me molesta la lluvia para correr siempre que sea una lluvia no muy intensa, claro).  Mis temores se han confirmado,  porque cuando llevaba 6 km. recorridos y me encontraba en el punto más lejano de Jódar, y ya regresando,  el sol me ha dado esquinazo y una  lluvia fina y persistente se ha encargado de que llegue a casa "hecho una sopa", como suele decirse.

Me he cruzado con dos compañeros, los habituales. Tampoco perdonan ni al agua; pero esos si que son galgos de verdad: ¡Que manera de correr! Parece que flotan, ¡Que estilazo! me encanta verlos correr, y no me despido de irme algun dia con los dos, aunque tengo mucho que aprender  aun de ellos. De resistencia ya estoy bien, ahora quiero un poquito mas de empuje, de modo que a primero de Enero quiero empezar con las series. Mi  amigo Faustino tambien sale a diario, llueva, truene o haga sol; pero ese sale mas tarde que yo y no le puedo acompañar, porque a las 16,30 vuelvo al Despacho.

No me desagrada el mojarme, al reves, me ha venido muy bien; ademas luego una buena ducha lo arregla todo.  Pero  reconozco que para los que no practican deporte, puede parecer cosa de locos  (o de muy fanáticos deportistas) el correr bajo la lluvia: ¡a quien se le ocurre!  La lógica parece desaconsejarlo. Y asi me lo manifiestan algunos de mis convecinos.  Y comprendo su perplejidad, porque es incomprensible para un profano en estas lides  el entender lo que siente un corredor en esos momentos, si no tienes costumbre de correr.  Pero alegaré varias razones: Primera, cuando he salido hacia un buen sol, de modo que no busco mojarme ab initio, pero si luego vienen algunas gotitas, bienvenidas sean. Segundo: no se pasa frio, porque el agua hace que suba la temperatura, y no le temes ya a los helazos que te da el raso (cuando el cielo está sin una nube); y Tercero: que tu propio sudor y la ropa de entrenamiento te crea una capa termica protectora, con lo cual vas corriendo tan agustito. Añadire una cuarta razón: me gusta correr, es una delicia.

Pero me faltan palabras: por mucho que intente explicarlo, hay emociones que solo sintiendolas uno puede saber en qué consisten. Probad  un dia a hacer deporte bajo la lluvia, y luego me contais, ¿Ok?  Claro, siempre que sea una lluvia fina y digerible como hoy,  no un auténtico diluvio, es obvio, que en condiciones meteorologicas tan adversas no se debe correr. Es un consejo de un buen amigo.  Haced la prueba. Eso si: si no os fiais ahora, porque es invierno y hace frio, probadlo en la primavera o verano,  si lo deseais, y no os lleveis paraguas: mojaros, sentid el contacto del agua de la lluvia directamente sobre vuestro cuerpo. Y no hace falta que corrais tampoco: andando a paso ligero también va bien.

Salvando las distancias y dicho sea con todos los respetos, el contacto  con el agua de esa lluvia fina...ha sido para mi algo asi como una especie de bautizo espiritual. Es relajante, tonificante,  es algo mágico e  indescriptible la paz que puedes llegar a sentir en esos momentos, el dejar tu mente despejada sin pensar en nada y concentrarte tan solo en lo que estas haciendo: correr. Y como el ritmo de hoy ha sido  tranquilón (138 -139 pulsaciones/minuto de media), mejor que mejor. 

Si decidis probar...ya me contareis.

Saludos.

lunes, 20 de diciembre de 2010

¡Vanidad, pura vanidad! (2ª Parte).

Ayer domingo fue un dia extraño. Un raro desasosiego (aunque viejo conocido mio) me perturbaba. Por si fuera poco, el tiempo no acompañó: lluvia, viento, un clima muy desapacible, y parece que mi espiritu se contagió.

Terminado de colgar ayer mi entrada “¡Vanidad, pura vanidad!”, esa extraña sensación fué in crescendo, por lo cual opté por darme un paseo. Me apetecía irme solo. De modo que bien abrigadito fui a pasear por las afueras de la ciudad.

Las palabras del Eclesiastés retumbaban en mis oídos, me parecía oir al Cohelet, gritando una y otra vez: “¿Que provecho saca el hombre de todo el esfuerzo que realiza bajo el sol?"

Verdades como puños. Nada somos y nada sabremos. Ay que tremendo, Cornelivs, me dice nuestra querida  Abejita, a quien le mando un beso enorme. Naturalmente que es tremendo, querida amiga.

Nada somos y nada sabremos: no podias resumirlo mejor. Lo único que podemos hacer es procurar que este camino sea lo más llevadero posible; viajar por sitios en los que el paisaje sea agradable de ver, frondoso a la vista; aunque la meta nunca sea visible, sin perder de vista que por este mismo camino transitaron ya decenas y cientos de generaciones que nos precedieron: todos murieron y pasaron. Mas ¿donde estan ahora?

Y como siempre,  para mi eterna maldición, soy de los que no se conforman con su ignorancia, y no cesan de preguntarse: ¿pero por qué estoy aquí? ¿pero donde voy? ¿Quién mueve los hilos de mi existencia? ¿Quién maneja la maquina del tiempo? ¿Por qué estamos aquí? ¿Somos una casualidad cósmica? ¿Es verdad que somos producto de la creación de un Padre amoroso, que nos creó a su imagen y semejanza? ¿O no será que fué al reves, y que fuimos nosotros, como decia Nietzsche, los que, en nuestro orgullo, creamos a Dios a nuestra imagen y semejanza?

Espero que esta vida no sea una gran estafa...

De pronto me vi detenido a la salida del pueblo, una lluvia fina me tenia empapado y yo, absorto en mis pensamientos, ni me di cuenta de ello. "¿Por me siento tan pequeño?" Y  me inundó la tristeza, hija de mi ignorancia y de mi impotencia para atrapar esa verdad ten esquiva, que tanto tiempo  (y lo que me queda...) llevo buscando.

Descartes dijo que: “Daria todo lo que se por la mitad de lo que ignoro”. Yo me conformaria con mucho menos, quizas con solo unos gramitos de esa verdad que está ahi afuera...

Pero nuestro amigo Izara a quien mando un fuerte abrazo, vino en mi ayuda con su comentario; si, amigo mio, todo es vanidad,

"....excepto el alma tranquila
que nada llevó a su nido
pues como el viento voló
para acariciar sonrisas.
Vanidad, todo es vanidad,
menos la mirada limpia,
de los ojos que lloraron,
y me ofrecen sus pupilas,
para mirarme al espejo,
Y aferrarme a la vida."

-¡Vive, bebe y goza  Cornelivs! Y no te dejes seducir tanto por tu melancolía: que bastante castigo tenemos ya con lo que tenemos como para, encima, tener que vivir eternamente buscando lo que jamás encontraremos. Pero mucho me temo que no tienes remedio.

Saludos.

domingo, 19 de diciembre de 2010

¡Vanidad, pura vanidad!

""¡Vanidad, pura vanidad!,  ¡Vanidad, pura vanidad! ¡Nada más que vanidad! ¿Qué provecho saca el hombre de todo el esfuerzo que realiza bajo el sol?

Una generación se va y la otra viene, y la tierra siempre permanece. El sol sale y se pone, y se dirige afanosamente hacia el lugar de donde saldrá otra vez. El viento va hacia el sur y gira hacia el norte; va dando vueltas y vueltas, y retorna sobre su curso.

Todos los ríos van al mar y el mar nunca se llena; al mismo lugar donde van los ríos, allí vuelven a ir.

Todas las cosas están gastadas, más de lo que se puede expresar. ¿No se sacia el ojo de ver y el oído no se cansa de escuchar?

Lo que fue, eso mismo será; lo que se hizo, eso mismo se hará: ¡no hay nada nuevo bajo el sol!

Si hay algo de lo que dicen: "Mira, esto sí que es algo nuevo", en realidad, eso mismo ya existió muchísimo antes que nosotros.

No queda el recuerdo de las cosas pasadas, ni quedará el recuerdo de las futuras en aquellos que vendrán después.


... ...

Yo me dije a mí mismo: "Ven, te haré experimentar el placer; goza del bienestar". Pero también esto es vanidad.

De la risa, dije: "No es más que locura", y de la alegría: "¿Para qué sirve?"

Decidí estimular mi carne con el vino, manteniendo la mente lúcida, y dejarme llevar de la insensatez, hasta ver qué les conviene hacer a los hombres bajo el cielo, en los contados días de su vida.

Emprendí grandes obras: me construí mansiones y planté viñedos; me hice jardines y parques, y planté allí toda clase de árboles frutales;

me fabriqué cisternas, para regar el bosque donde crecían los árboles;

compré esclavos y esclavas, y algunos me nacieron en casa; poseí también ganado en abundancia, más que todos mis predecesores en Jerusalén.

Amontoné además plata y oro, y tesoros dignos de reyes y de provincias; me conseguí cantores y cantoras, y muchas mujeres hermosas, que son la delicia de los hombres.

Llegué a ser tan grande, que superé a todos mis predecesores en Jerusalén. Sin embargo, la sabiduría permanecía siempre conmigo.

No negué a mis ojos nada de lo que pedían, ni privé a mi corazón de ningún placer; mi corazón se alegraba de todo mi trabajo, y este era el premio de todo mi esfuerzo.

Pero luego dirigí mi atención a todas las obras que habían hecho mis manos y a todo el esfuerzo que me había empeñado en realizar, y vi que todo es vanidad y correr tras el viento: ¡no se obtiene ningún provecho bajo el sol!

Entonces volví mis ojos hacia la sabiduría, hacia la locura y la insensatez. Porque ¿qué hará el sucesor del rey? Lo mismo que ya se había hecho antes.

Y vi que la sabiduría aventaja a la insensatez, como la luz a las tinieblas: el sabio tiene los ojos bien puestos, mientras que el necio camina en tinieblas. Pero yo sé también que a los dos les espera la misma suerte.

Y me dije a mí mismo: si la suerte del necio será también la mía, ¿para qué, entonces, me hice más sabio? Y pensé que también esto es vanidad.

Porque no perdurará el recuerdo ni del sabio ni del necio: con el paso de los días, todo cae en el  olvido. Así es: ¡el sabio muere igual que el necio!

Y llegué a detestar la vida, porque me da fastidio todo lo que se hace bajo el sol. Sí, todo es vanidad y correr tras el viento. 

... ...

Todo el esfuerzo del hombre va a parar a su boca, pero el deseo no se satisface jamás.

¿En qué aventaja el sabio al necio? ¿Qué ventaja tiene el pobre que sabe enfrentarse con la vida?

Vale más lo que se ve con los ojos que lo que se imagina con el deseo. También esto es vanidad y correr tras el viento.

Lo que existe, ya ha sido llamado por su nombre. Ya se sabe lo que es el hombre, y que él no puede entrar en pleito con aquel que es más fuerte que él.

Donde abundan las palabras, aumenta la vanidad, ¿y qué aprovecha eso al hombre?

Porque, ¿quién sabe lo que es bueno para el hombre en la vida, durante los contados días de su vida fugaz, que él pasa como una sombra? ¿Quién puede, en efecto, indicar al hombre lo que habrá después de él bajo el sol?""

Libro del Eclesiastés. Diversos fragmentos.

Saludos.