"Cree a aquellos que buscan la verdad, duda de los que la han encontrado" (André Gide)
"No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defendería con mi vida tu derecho a expresarlo" (Voltaire)

"La religión es algo verdadero para los pobres, falso para los sabios y útil para los dirigentes" (Lucio Anneo Séneca)
"Cualquier hombre puede caer en un error, pero solo los necios perseveran en él" (Marco Tulio Cicerón)
"Quien no haya sufrido como yo, que no me de consejos" (Sófocles)
"No juzguéis y no sereis juzgados" (Jesús de Nazaret)
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sábado, 7 de junio de 2008

Reflexiones III

La famosa crónica novelada conocida como La Biblia, siempre nos ha hablado de un Dios (Yahvé) rencoroso y vengativo, que persigue los pecados de sus autores “hasta la cuarta o sexta generación”, y que enseña que hay que dar ojo por ojo y diente por diente. Parece como si Dios no tuviese otra cosa que hacer que dedicar su tiempo a estar exclusivamente pendiente de nosotros, miserables moléculas, y ademas, experimenta emociones humanas como amor y odio hacia las criaturas que "presuntamente" ha creado. ¡Que honor para nosotros, merecer tanta atencion!

El Nuevo testamento parece que dulcifica algo dicho mensaje, pero no mucho, pues los buenos van al cielo y los malos al infierno. Y dios sigue permanentemente pendiente de nosotros, los pecados siguen siendo castigados con terrible crueldad, leed a Dante Alighieri; parece que no tiene otra cosa que hacer que estar sempiternamente pendiente de lo que hacemos. Un dios rencoroso y vengativo, que tiene emociones humanas, en mi opinion no se merece que lo escriba en mayúsculas; siempre habia creido que dios era otra cosa.

Desde que era pequeño, siempre me he preguntado: ¿tanto valemos, como para que todo un dios no tenga otra cosa que hacer que estar pendiente de nosotros a cada instante? ¿Quien soy yo, simple ser humano, para que todo un ser que se supone infinitamente poderoso y sabio, experimente hacia mi una ira tan grande? ¿No será que todo es un cuento, creado por el orgullo humano, que no acepta que todo lo que tiene principio ha de tener fin? ¿No será que somos tan orgullosos que no aceptamos que hemos de morir un dia, queramos o no?

Yo soy padre, como tantos miles de padres que hay, y perdono a mis hijos. Si hacen alguna trastada, les riño amistosamente, pero nunca los condenaria a un mal permanente. Incluso en el caso de que mis hijos salieran malos ¡al fin y al cabo serian mis hijos, pero no los meteria en la carcel!
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Bien, pues he aquí que el dios de la novela la Biblia, según la iglesia, castiga al infierno por toda la eternidad al que muere en pecado. ¡Vaya ofensa mas grande! Tiene que ser algo terrible esa ofensa, para merecer ir al infierno por toda la eternidad. A mi me parece que este ofendido deberia de leer a Seneca un poco ("El sabio no puede recibir injuria").
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¡Es como si yo impusiera a mi hijo pequeño una pena de prisión consistente en cadena perpetua por haber derramado un simple vaso de zumo! Castigo desproporcionado para la levedad de la falta. Todo me parece muy irreal. No se si dios existe, pero si existe no creo que tenga un animo tan mezquino como nos quieren hacer creer algunos.
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Y más aún, cuando leo en Stephen Hawking que "La estirpe humana no es más que un sustrato químico en un planeta pequeño, orbitando alrededor de una estrella mediana, en los suburbios de una galaxia del centenar de miles de millones de galaxias que existen."
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Me parece que la iglesia sigue pensando que somos el centro del universo. Pobre Galileo... ¡siguen sin creerle!

Aquí hay algo que no cuadra.

Saludos.

De la constancia del sabio

Sabado, 8 de la mañana. Me levanto y me dirijo al patio, los mios aún están durmiendo. En la mesa me encuentro mis tres objetos mágicos: tabaco, cenicero, y libro de Seneca. En esta serie de posts estoy transcribiendo algunos pasajes del maestro, lo unico que intento es suscritar el interés por su lectura. Lo abro por el libro IV, "De la constancia del sabio", y leo, entre otras, estas razones:
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"Por lo que toca a Catón, te dije que no había para qué te congojases, porque ningún sabio puede recibir injuria ni afrenta; y que los dioses nos dieron a Catón por más cierto dechado de un varón sabio, que en los siglos pasados a Ulises o Hércules: porque a éstos llamaron sabios nuestros estoicos por haber sido invictos de los trabajos, despreciadores de los deleites, y vencedores de todos peligros. Catón no llegó a manos con las fieras, que el seguirlas es de agrestes cazadores, ni persiguió a los monstruos con fuego o hierro, ni vivió en los tiempos en que se pudo creer que se sostuvo el cielo sobre los hombros de un hombre: mas estando ya el mundo en sazón, que desechada la antigua credulidad había llegado a entera astucia, peleó con el soborno y con otros infinitos males; peleó con la hambrienta y ambiciosa codicia de imperar que tenían aquéllos, a quien no parecía suficiente el orbe dividido entre los tres; y sólo Catón estuvo firme contra los vicios de la República, que iba degenerando y cayéndose con su misma grandeza, y en cuanto fue en su mano, la sostuvo, hasta que arrebatado y apartado se le entregó por compañero en la ruina, que mucho tiempo había detenido, muriendo juntos él y la República, por no ser justo se dividiesen; pues ni Catón vivió en muriendo la libertad, ni hubo libertad en muriendo Catón. ¿Piensas tú que a tal varón pudo injuriar el pueblo porque le quitó el gobierno y la garnacha, y porque cubrió de saliva aquella sagrada cabeza? El sabio siempre está seguro, sin que la injuria o la afrenta le puedan hacer ofensa.

Paréceme que veo tu ánimo, y que, encendido en cólera, te aprestas a dar voces, diciendo: «Estas cosas son las que desacreditan y quitan la autoridad a vuestra doctrina: prometéis cosas grandes, y tales, que no sólo no se pueden desear, pero ni aun creer. Decís por una parte con razones magníficas que el sabio no puede ser pobre, y tras eso confesáis que suele faltarle esclavo, casa y vestido. Decís que no puede estar loco, y no negáis que puede estar enajenado, y hablar algunas razones poco compuestas, y todo aquello a que la fuerza de la enfermedad le diere audacia. Decís que el sabio no puede ser esclavo, y no negáis que puede ser vendido, y que ha de obedecer a su amo haciendo todos los ministerios serviles; con lo cual, levantando en alto el sobrecejo, venís a caer en lo mismo que los demás, y sólo mudáis los nombres a las cosas. Lo mismo sospecho que sucede en lo que decís, que el sabio no puede recibir injuria ni afrenta; proposición hermosa y magnífica a las primeras apariencias. Mucha diferencia hay en que el sabio no tenga indignación, a que no reciba injuria. Si me decís que la sufrirá con gallardía de ánimo, eso no es cosa particular, antes viene a ser muy vulgar, por ser paciencia que se aprende con la continuación de recibir injurias. Pero si me decís que no puede recibir injuria, y en esto pretendéis decir que nadie puede intentar hacérsela, dígoos que dejando todos mis negocios me hago luego estoico.» Yo no determiné adornar al sabio con honores imaginarios de palabras, sino ponerle en tal lugar, donde ninguna injuria se permite. ¿Será esto por ventura porque no hay quien provoque y tiente al sabio? En la naturaleza no hay cosa tan sagrada a quien no acometa algún sacrilegio; pero no por eso dejan de estar en gran altura las divinas, aunque hay quien sin haber de hacer mella en ellas, acomete a ofender la grandeza superior a sus fuerzas. Yo no llamo invulnerable a lo que se puede herir, sino a lo que no se puede ofender. Daréte con un ejemplo a conocer al sabio. ¿Puédese dudar de que las fuerzas no vencidas son más ciertas que las no experimentadas, pues éstas son dudosas, y las acostumbradas a vencer constituyen una indubitable firmeza? En esta misma forma juzga tú por de mejor calidad al sabio a quien no ofende la injuria, que al que nunca se le hizo. Yo llamaré varón fuerte aquel a quien no rinden las guerras, ni le atemorizan las levantadas armas de su enemigo; y no daré este apellido al que entre perezosos pueblos goza descansado ocio. El sabio es a quien ningunas injurias ofenden; y así no importa que le tiren muchas flechas, porque tiene impenetrable el pecho, al modo que hay muchas piedras cuya dureza no se vence con el hierro; y el diamante ni puede cortarse, herirse ni mellarse, antes rechaza todo lo que voluntariamente se le opone; y al modo que hay algunas cosas que no se consumen con el fuego, antes conservan su vigor y naturaleza en medio de las llamas; y al modo que los altos escollos quebrantan la furia del mar, sin que en ellos se vean indicios de la crueldad con que son azotados de las olas; de esta misma suerte, el ánimo del varón sabio, estando firme y sólido, y prevenido de sus fuerzas, estará seguro de las injurias como las cosas que hemos referido..."
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Creo que estas vacaciones los voy a releer todos.
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Saludos.

viernes, 6 de junio de 2008

Guerra implacable.

Flotan en el aire vientos de guerra. El ejército enemigo se aproxima, pues el verano climatológico ha llegado, y es en esta época cuando la furibunda armada enemiga intensifica sus ataques contra victimas inocentes. La otra noche, en la calida oscuridad, se infiltró un explorador de la armada enemiga. Se dedicó a reconocer el terreno. Planeando con su avión suavemente y esquivando los radares, volando muy silenciosamente y a baja altura para no ser detectado, se posó sobre un pequeño sector del inmenso campo, y lo arrasó, dejando la tierra dolorida. Esta ha sido su primera incursión. Cuando a la mañana siguiente los vigías otearon el horizonte, el daño estaba ya hecho y no pudieron hacer nada. El enemigo había huido con un sustancioso botín, y es seguro que dicho explorador habrá informado del éxito de su misión a su Alto Mando.

El ejercito enemigo es cobarde pero astuto; nunca dan la batalla durante el día, abiertamente; se presentan sobre todo por la noche, cuando sus victimas están inermes, descansando, y sus acciones se ajustan a un plan de batalla minuciosamente preparado.

Se han confirmado mis peores temores, pues esta noche han sido tres los exploradores del ejército enemigo que han acudido realizar sus actos de rapiña. Tras una pequeña escaramuza, uno ha podido ser destruido, pero los otros dos, inteligentemente, han regresado con sus aviones poco después, por una ruta distinta, justo cuando los vigías acababan de recoger los restos del avión enemigo siniestrado, y han arrasado otro sector del campo, dejando otra vez la tierra dolorida y humeante, y portando en la panza de sus aviones un gran botín.

La guerra va a ser terrible. Ahora ya no tengo ninguna duda de que a la vista del éxito de la misión de los exploradores, vendrán muchos más. Cualquier noche acudirán escuadrillas enteras de aviones enemigos, surcando los cielos en perfecta formación, rumbo al inmenso campo.

La guerra es inevitable. Reunido el Consejo, se ha acordado reforzar la vigilancia, los radares y los cañones antiaéreos; y sobre todo se ha previsto utilizar armas y sustancias químicas para intentar destruir a estos fieros e implacables enemigos …

¡Malditos mosquitos…!

Saludos.
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jueves, 5 de junio de 2008

Mariluz

Llevo muchas semanas frenando mi deseo de escribir algo sobre el tema de la niña de Huelva, Mariluz. Y me he frenado porque la ira irracional y visceral que experimenté los primeros dias me impedia pensar con claridad y, salvo los naturales errores que todos los humanos cometemos, no soy amigo de escribir con precipitación, o con algun sentimiento que pueda interferir el proceso logico del razonamiento.
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En un primer momento, cuando vi las imagenes me invadió, como a casi todos, una sensación de preocupación, frustración, y sobre todo de ira y rabia irracional. Si los hubieran dejado, muchisimas personas hubieran quemado vivo en la hoguera al autor, como en la Edad Media, y lo comprendo perfectamente. Al fin y al cabo, yo tambien soy padre, pues tengo tres hijos, y se me pusieron los pelos de punta. Los primeros momentos, a sangre caliente, son asi; y los humanos tenemos esa tendencia natural, harto comprensible, porque forma parte de nuestro ser. La prensa furibunda en los primeros dias, gran revuelo social, y e incluso creo recordar que alguien pidió la castración y/o esterilización de los delicuentes.
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Pero una vez calmado algo el ambiente, es cuando se deben de empezar a buscar las soluciones, con el animo tranquilo y la mente, si no fria, al menos templada, pues no cabe duda de que así se piensa más eficazmente.
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Y la primera conclusión que saco de todo esto es esta: mi aplauso y mi reconocimiento hacia el comportamiento extraordinariamente noble e inteligente del padre de esta niña, a quien desde estas lineas envio todo mi sentimiento de apoyo, y un muy cordial abrazo. Yo no se si en esos momentos hubiera actuado con la fortaleza de ánimo que este hombre ha demostrado para contenerse; su comportamiento ha sido, como decia Seneca, "de animo gallardo", ya lo creo, ha aguantado como un campeón, sin derrumbarse, tragandose su inmenso dolor a borbotones. Lo facil hubiera sido dejarse llevar por la ira; el hizo lo dificil: contenerse, comportarse como un autentico hombre, siendo dueño de si mismo en cada instante. Admirable.
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Y lo segundo que saco en claro es que a pesar de tratarse de un crimen repugnante, que genera el obvio y logico acaloramiento social, no podemos dejarnos llevar por emociones viscerales. Tenemos que buscar la mejor solución posible objetivamente. Mejorar el funcionamiento de la Justicia, dotandole de mecanismos de control y prevención de estas situaciones indeseables, y dotarla demás medios, para que deje de ser la "cenicienta" de los tres poderes del Estado.
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En cuanto a lo que pienso sobre la penalidad del delito en cuestión, (pena de muerte si o no, cadena perpetua si o no, y todas las cuestiones que preocupan en general), no soy amigo de inutiles reiteraciones, con lo cual me remito a lo que ya dije en mi anterior post
presunción de inocencia, que escribí en frío (lo notaréis) y antes de suceder los hechos. Entiendo que la mejor manera de luchar contra el crimen no estriba en linchamientos publicos, sino en un correcto, serio y eficiente funcionamiento de la maquinaria judicial, y el cumplimiento íntegro de las penas para los delincuentes.
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El Estado de Derecho ha de avanzar siempre y estar en su sitio; y no podemos consentir que algun criminal indeseable nos haga perder la cabeza a todos, por muy repugnante que sea su crimen.
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Saludos.

miércoles, 4 de junio de 2008

El machote.

Todos nos hemos tropezado en alguna ocasión con el machote, ese típico desalmado de lengua rapida y mente lenta que, copa en mano, no hace sino presumir de su presunta virilidad sin escrúpulo alguno, delante de otras personas, y siempre a costa de la reputación de alguna criatura del lindo sexo que no tiene la culpa de nada y que a lo mejor ni siquiera lo conoce. Algunos, incluso van acompañados de su corte de fieles aduladores.

Los conceptúo como pobres idiotas sin mucha masa encefálica, por no decir ninguna; y si alguna tienen, por un extraño error de la naturaleza, está ubicada unos veinticinco centímetros más abajo del ombligo, y no donde debiera. Es muy fácil detectarlos, pues huyen de su complejo de inferioridad compensándolo con sus soñados éxitos, y tratan de tapar sus deficiencias conceptuándose a si mismos como grandes seductores. Y el caso es que estos tontos casi se creen sus propias mentiras, lo cual no deja de ser una figura que raya en una patología psicológica.

Su conversación es pobre y absurda, y son muy propensos a hacer juicios temerarios sobre el prójimo, porque obviamente piensan que los demás son tan cortos mentales como ellos y que se mueven con sus mismos patrones. Estos ingenios resfriados tienen tendencia compulsiva a hablar siempre del mismo tema, sexo, sexo y más sexo, y cuando se cansan cambian de tema y para relajarse hablan de sexo otra vez, que coñazo más mayúsculo, siempre obsesionados con lo mismo, como si no hubiera más cosa en este mundo, como los pavos picoteando en el mismo montón. Su inmadurez psicológica y su ego aniñado no les permite comprender que si bien el sexo es algo maravilloso en el ser humano (y celestial en mi opinión si además va acompañado de amor en la pareja), no obstante es una necesidad mas entre muchas, y creo que no hay que darle ni mas ni menos importancia que la que tiene, sin perjuicio de que cada uno tenga derecho a pensar como quiera.

Y que conste a todos nos gusta mirar a las bellas chicas cuando pasan por la calle, es algo natural y se hace sin malicia, casi instintivo. A lo mejor comentamos “¡oye, has visto que belleza?" O bien, "¿uff, esta buena eh?” Pero ahí se acaba la cosa, cinco, diez segundos, alguna broma, algun chiste rapido y luego, sin darle la mayor importancia, seguimos con el mismo tema de conversación que teniamos antes. Pero es que estos tontos palurdos las miran a todas, sin importar la edad de la chica, y siguen hablando de la chica, de su prima, de su vecina y hasta de su abuela como si les fuera la vida en ello, incluso hasta mucho después. “Que pesaos…”. Como para hacer un viaje largo en autobús a su lado: ¡qué martirio! Incluso muchos (y esto es peor), ya están entrados en años, con lo cual se supone que no deberian ya dedicarse a ir haciendo el indio por ahí, cosa que hacen muy a menudo.

Algo de culpa de esta especie de sobreexaltación social del sexo la tienen los medios de comunicación y la publicidad, que saben que hay muchas mentes endebles que se abollan fácilmente; para anunciar un coche, un perfume, unas vacaciones, un detergente, una promoción inmobiliaria, o unos simples tomates salen en la televisión y en los carteles chicas absolutamente preciosas y esculturales. ¡Que puñetas tendrá que ver una linda y escultural chica con los tomates o con comprarse un piso! Jamas de los jamases lo he entendido, no veo la relación, que alguien me lo explique.

Con esa incesante necesidad de autoafirmarse, ellos mismos se han delatado: ni la mitad de la mitad de la mitad de lo que tanto cacarean. Y sobre todo, aun en el supuesto de que verdaderamente sea un seductor y tenga éxito con las chicas, ello no le autoriza a pregonar su intimidad, porque al hacerlo esta pregonando tambien la intimidad de otra persona. El mero hecho de pregonarlo ya le quita todo el merito, en el hipotetico caso de que alguno tuviere, cosa que dudo.

Personalmente pienso que el que verdaderamente vale ni lo cacarea ni necesita demostrárselo a nadie, porque él ya lo sabe. Con eso le basta.

Por eso no me gustan las generalizaciones ni los topicos, porque todos los hombres, afortunadamente, no somos iguales, ni muchísimo menos.

Recuerdo que en Granada, hace dos años, presencié en cierto restaurante una no pequeña discusión que se suscitó entre algunas personas a propósito del periodo final de la virilidad masculina y de la reacción que ello provocaba a quien lo experimentaba. Salió a colación la famosa anécdota que circula por ahí (no se si real o ficticia, seguramente algunos la habréis oido) de cómo afrontaron tal evento el famoso cineasta Buñuel y el no menos famoso torero Belmonte.

Uno de los contertulios comentó que al parecer, y digo “al parecer”, cuando ya viejos comprobaron que no experimentaban erecciones y que en definitiva, su potencia sexual había pasado a mejor vida, la reacción de ambos fue muy diversa: El torero se pegó un tiro porque ya no se consideraba hombre. El cineasta por el contrario hizo una fiesta, al verse por fin liberado de la esclavitud de las pasiones.

Mi sorpresa mayúscula fue el comprobar que algunos, con la cara desencajada por el pánico, opinaron que harían…¡lo mismo que hizo el torero!

Saludos.

martes, 3 de junio de 2008

Esos locos bajitos

Algunas noches a la hora de acostarme (sobre las 12,30) me encanta dirigirme a la habitación de mis hijos y observarlos un breve instante descansando. Ellos ya llevan más de dos horas durmiendo, y los observo con cariño y ternura. La mayor (9 años), tan soñadora, tan noble, durmiendo tranquilamente, feliz, en la misma postura de siempre; la mediana (10 meses mas joven que la primera), mas inquieta y traviesilla, con el pelo revuelto y en la misma postura en la que cae en la cama, cada vez una distinta; y por ultimo, el menor (casi 3), mi tocayo, que es el campeón de la risa, de la trastada y de la travesura.
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De pronto, algunas veces me invade una sensación de tristeza, al adivinar que un buen dia el destino inexorable hará que vuelen solos. No puedo evitar acordarme de la canción de Serrat, "esos locos bajitos", cuya letra os transcribo íntegra, y en especial el ultimo parrafo, que os marco en letra negrita.
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"A menudo los hijos se nos parecen,
y así nos dan la primera satisfacción;
ésos que se menean con nuestros gestos,
echando mano a cuanto hay a su alrededor.
Esos locos bajitos que se incorporan
con los ojos abiertos de par en par,
sin respeto al horario ni a las costumbres
y a los que, por su bien, (dicen) que hay que domesticar.
Niño, deja ya de joder con la pelota.
Niño, que eso no se dice,
que eso no se hace,
que eso no se toca.
Cargan con nuestros dioses y nuestro idioma,
con nuestros rencores y nuestro porvenir.
Por eso nos parece que son de goma
y que les bastan nuestros cuentos para dormir.
Nos empeñamos en dirigir sus vidas
sin saber el oficio y sin vocación.
Les vamos trasmitiendo nuestras frustraciones
con la leche templada y en cada canción.
Nada ni nadie puede impedir que sufran,
que las agujas avancen en el reloj,
que decidan por ellos, que se equivoquen,
que crezcan y que un día nos digan adiós".
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Saludos.

lunes, 2 de junio de 2008

Añoranzas (y II)

Al dia de hoy no me quejo, pues no ignoro que la vida hasta ahora se ha portado bastante bien conmigo y doy gracias a los dioses por ello. Pero cada ser humano es hijo de su pasado, y de sus circunstancias. Mi alegre niñez (a la cual me referí en mi anterior post Añoranzas), se esfumó a partir de los 13 o 14 años, justo cuando comencé a madurar y a percibir la realidad desnuda, tal cual era. Mis padres desde hacia años no se llevaban bien. La triste realidad y la comprensión del problema me golpearon de improvisto en la cara y en el alma donde más me dolia y se me vino encima como una pesadísima losa. Adiós para siempre a los juegos de mi niñez, a mi candidez, a mi inocencia. Adiós a mi alegría. El entorno familiar, duro, y más para el niño que yo era entonces, me dejó el corazón lleno de cicatrices y de heridas que algunas veces, sin yo querer, se reabren y sangran.

Mi receta para sobrellevar aquello consistió en huir hacia adelante, aunque fuera con el corazón hecho añicos; me refugié en el estudio, que era mi evasión. Se trataba de pasarlo lo menos mal posible y de que la mente estuviera ocupada como fuese, teniendo a raya mi gran imaginación; así que el mejor antídoto para combatir la “depre” consistía en darle a la máquina de escribir hasta que echase humo, ó la lectura; y sobre todo en una ración doble de estudio (¡no sufras, estudia!, me decía a mi mismo una y otra vez). Así pasé, sin ningún tipo de problema, por el bachillerato y por la Universidad en mi adorada Sevilla, mientras que simultáneamente el corazón estaba hecho jirones. Seguía luchando de rodillas y sangrando, pero luchando. Soledad y mucho Séneca en mis ratos libres.

Mientras que todos mis compañeros deseaban que llegase Junio para gozar de las vacaciones en sus pueblos, yo, sin embargo, deseaba que llegara Octubre para irme a Sevilla. ¡Cuántos cafés con Casi, Estanis, Manolo, y Paco en el Bar San Fernando, enfrente del Rectorado, justo al lado de la Puerta de Jerez! Eran mis “médicos”, además de mis amigos, y tengo la inmensa suerte de que aún cuento con su amistad.

No deberíamos de mirar el pasado; pero es inevitable que de vez en cuando se convierta en una especie de mosca cojonera que te amarga un poco.

Con el tiempo, y tras una pesada “digestión” que duró años, todo se supera o digiere (”incluso hasta después del llanto mas sublime acaba uno sonándose las narices”, que decía Confucio). Al final...vencí, y conseguí regresar de la batalla. Conocí a la que ahora es mi mujer, me casé, vinieron mis hijos y encontré con ello la paz emocional.

Ahora trato de revivir esa adolescencia perdida a través de mis hijos, e intento y procuro que tengan ese ambiente familiar cálido y de paz del que yo carecí. Pero, aunque siempre me quedará mi feliz primera niñez para recordar, no ignoro que por muy bien acompañado que esté ahora como de hecho lo estoy (y últimamente aún mas, con mis estimados amigos de este blog); por mucho que ames a los tuyos y éstos te correspondan, y por muy bien que te trate la vida, siempre habrá un pequeño rincón de mi corazón en el que seguirá haciendo frío.

Saludos.

domingo, 1 de junio de 2008

"¡Varo, Varo, devuélveme mis legiones!"

Pero tambien las águilas romanas sufrieron alguna humillación de vez en cuando. Viene a mi memoria la batalla del bosque de Teotoburgo (del 9 al 11 de Septiembre del año 9 dC), en la que Roma perdió 3 legiones completas, la XVII, XVIII y XIX, con toda la impedimenta y tropas auxiliares, unos 20.000 hombres. Este desastre marcó durante mucho tiempo la política romana en Germania, y su eco resonó grandemente en el Senado de Roma y en el Foro.
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Publio Quintilio Varo, de origen patricio, debió su ascenso al César Augusto, del cual se mostró partidario muy pronto, reforzando los lazos con su matrimonio con la hija de Agripa, Vipsania Marcela, que a su vez, era nieta del emperador. Así consiguió la amistad del propio Augusto y de su suegro Agripa, siendo Varo el encargado de leer el elogio fúnebre de éste. Fue elegido cónsul en el año 13 aC. Augusto lo envió en el año 9 dC como legado a la provincia de Germania, zona que había sido añadida al imperio tras las incursiones de Druso primero y Tiberio después. Sin embargo, esa dominación era más nominal que real y Varo debía ratificar el dominio y recaudar impuestos, pero su extrema codicia, su falta de sensibilidad y el uso de métodos de romanización demasiado expeditivos le hicieron incurrir en diversos errores de gobierno que le llevaron finalmente a provocar el descontento general y a convertirse en una figura muy impopular entre la población germana.
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El ejército que guarnecía la región de Westfalia fue atacado por los queruscos, que se habían rebelado. Varo se internó imprudentemente en territorio hostil engañado por Arminio (Hermann) con tres legiones, la XVII, XVIII y XIX, que fueron masacradas tras una sangrienta emboscada en el bosque de Teutoburgo. Varo, herido en la batalla, ante el riesgo de caer manos germanas, optó por suicidarse arrojándose sobre su espada. Su cabeza fue cortada y remitida como trofeo de guerra a Marobod, rey de los marcomanos, pero este, temiendo la ira romana, la envió a Roma donde fue finalmente enterrada en el panteón familiar. Tras esta derrota la frontera romana quedó fijada en el Rin, retrocediendo desde el Elba, donde se conservaría hasta el fin del imperio romano.
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Este desastre supuso un duro golpe para el prestigio militar de Roma, hasta tal punto que los números de las legiones derrotadas (la XVII, la XVIII y la XIX) jamás fueron vueltos a utilizar en toda la historia militar del Imperio.
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Las consecuencias de la derrota fueron claras: la derrota de Varo alteró al Emperador Augusto más que ninguna otra cosa en su larga vida. El historiador romano Suetonio dijo que aquél se tomó el desastre tan a pecho que "siempre celebró el aniversario como un día de profundo pesar", y en muchas ocasiones se le veia alteradisimo, chillando, y dandose golpes con la cabeza contra la pared mientras exclamaba: "¡Varo, Varo, devuélveme mis legiones!"
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Augusto envió a su sobrino Germánico, hermano de Claudio, a rescatar las águilas de las tres legiones, que eran objetos sagrados para los romanos, y lo envió al mando de ocho legiones con la intención de hallar el lugar de la batalla, dar a los muertos el destino necesario y recuperar lo posible y, sobre todo, para no dar una imagen de debilidad. Parece ser que Germánico cumplió con todo lo encomendado, en especial encontrando el sitio del desastre. La ocasión la describe Tácito en sus Anales:

"No lejos estaba el bosque donde se decía que los restos de Varo y de sus legiones quedaron sin sepultura. A Germánico le vino el deseo de tributar los últimos honores a Varo y a sus soldados. Esta misma conmiseración se extendió a todo el ejército de Germánico, pensando en sus parientes y amigos, en los azares de la guerra y en el destino de los hombres... En medio del campo blanqueaban los huesos, separados o amontonados, según que habían huido o hecho frente. Junto a ellos yacían restos de armas y miembros de caballos y cabezas humanas estaban clavadas en troncos de árboles. En los bosques cercanos había bárbaros altares, junto a los cuales habían sacrificado a los tribunos y a los primeros centuriones."
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Germánico recuperó las águilas.
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Saludos