"Cree a aquellos que buscan la verdad, duda de los que la han encontrado" (André Gide)
"No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defendería con mi vida tu derecho a expresarlo" (Voltaire)

"La religión es algo verdadero para los pobres, falso para los sabios y útil para los dirigentes" (Lucio Anneo Séneca)
"Cualquier hombre puede caer en un error, pero solo los necios perseveran en él" (Marco Tulio Cicerón)
"Quien no haya sufrido como yo, que no me de consejos" (Sófocles)
"No juzguéis y no sereis juzgados" (Jesús de Nazaret)
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jueves, 26 de marzo de 2020

La renuncia

Hace pocos días conocimos por los medios de comunicación la noticia de que la Casa del Rey dio a luz un comunicado en el cual Felipe VI renunciaba a la herencia "que personalmente le pudiera corresponder" de su padre, el emérito rey Juan Carlos, por los motivos que todo el mundo conoce. 

 La Monarquia siempre ha defendido el deber de todos los españoles, desde el primero hasta el último, de actuar con escrupuloso sometimiento a la Ley y al Derecho, cumpliendo el principio de legalidad; pero curiosamente, la renuncia de Felipe VI a la herencia de su padre no tiene efecto legal ni jurídico, y me explico. A bastantes de los que llevamos ya muchos años de experiencia en el mundo de las Leyes, el documento de la “presunta” renuncia nos ha sorprendido, primeramente desde el punto de vista formal porque es un documento impropio de cualquier jurista que se precie, redactado con una dudosa técnica jurídica; y fundamentalmente, desde el punto de vista material, porque dicho documento conculca la Ley al contener una renuncia imposible en el Derecho español, donde eso no se puede hacer. Nuestra legislación es muy nitida: el Código Civil recoge de forma tajante que no es posible renunciar a una herencia hasta que no tiene lugar el fallecimiento de la persona que lega. El artículo 991 del Código Civil, deja claro que el anuncio hecho por Felipe VI es únicamente simbólico y carente de efectos legales, pues establece textualmente que "nadie podrá aceptar ni repudiar (la herencia) sin estar cierto de la muerte de la persona a quien haya de heredar y de su derecho a la herencia"; e igualmente no cumple con el artículo 816 del Código Civil, que también se refiere a esta cuestión, y que dice que "toda renuncia o transacción sobre la legítima futura entre el que la debe y sus herederos forzosos es nula ". Con lo cual es harto evidente que la Ley priva a dicha renuncia de valor y efecto jurídico. Ademas, el articulo 990 del C.c. impone que la aceptación o repudiación de la herencia han de ser totales, nunca parciales: o se acepta todo, o se repudia todo. Pero lo que esta claro, es que esa renuncia o repudiación, para que sea valida, debe de hacerse en el momento en que la Ley permite hacerlo, y nunca antes, esto es: solo cuando muere la persona cuya herencia se va a renunciar o repudiar. 

 Confieso mi perplejidad, porque no me cabe duda de que el Rey ha de contar, lógicamente, con el consejo de los mejores asesores legales, de modo que la pregunta salta por si sola: ¿Cómo es posible que Felipe VI formalice una renuncia que carece de valor y efecto juridico segun nuestras Leyes?   O ¿Que motivos reales ha tenido para actuar de esta forma?

Por lo que veo por ahi, las opiniones están muy encontradas. 

Mucha gente piensa que el anuncio era conveniente, dado que el Rey se ha preocupado siempre por preservar esa imagen de limpieza, que quiere dotar a la Corona, y desea mantener las dudas y suspicacias lo mas lejos posible; ha retirado la asignación al anterior Rey, el emérito D. Juan Carlos, y se preocupa por apartar de si toda imagen que sean incompatible con la integridad legal y moral que ha de tener la Corona. Esa ha sido su trayectoria cuando, p. ej., algunos otros miembros de la Familia Real han dado que hablar a los periodicos y a los medios. Ademas, ante el acoso mediático a la Monarquía, el Rey está haciendo un denodado y loable esfuerzo por salvaguardar la imagen de honestidad y ejemplaridad propia de la institución a cuya cabeza se encuentra. 

Por el contrario, tambien hay mucha gente que manifiesta sus dudas: si la intencion de Felipe VI era preservar la integridad y honorabilidad de la Corona  podia haber hecho las cosas mejor de otra manera sin necesidad de recurrir a tan extraña renuncia, pues en nuestro Derecho hay medios suficientes y adecuados para ello; ese documento parece un brindis al sol de cara a la galería.   Teniendo Felipe VI los mejores asesores legales, es completamente incomprensible como otorga un documento de tal naturaleza, con una renuncia que según nuestra Ley es nula, dado que  como antes se ha dicho  en España es imposible renunciar validamente a la herencia de alguien mientras ese “alguien”   este vivo; y si se hace (como D. Felipe ha hecho ahora) la renuncia es nula, no tiene efectos legales, y recordemos que todos, desde el primero hasta el ultimo ciudadano, incluido el Rey, están sometidos a la Ley, cuya ignorancia no exime de su cumplimiento. Resumiendo: Felipe VI solo podra renunciar válidamente a la herencia de su padre una vez que acontezca el fallecimiento de éste, esto es incontestable, de modo que ¿a qué viene este  comunicado?

¿O acaso hay otra razones?

En fin, opiniones hay para los gustos, de modo que,  en definitiva, ¿Qué pensar?  Hoy vivimos en la sociedad de la información, y el pueblo español sabe discernir perfectamente lo bueno de lo que no lo es tanto, de modo que  “tu, lector, pues eres discreto, juzga lo que mas puesto en razón estuviere”. 

Pablo J. Gamez.

martes, 24 de marzo de 2020

Libertad de Expresión: a veces callamos cuando no deberiamos de hacerlo.

Cuando yo era más joven, discutia de muchos asuntos, y entre ellos, de política, con mis amigos y compañeros en la Universidad, recuerdo los encendidos debates que los alumnos de Derecho manteníamos en los pasillos de la Facultad (Sevilla, Promoción 1983-1988). Cada uno tenia sus ideas, y las exponíamos y las defendíamos con vehemencia, con furia, con la pasión propia de los benditos 20 o 21 años que teníamos entonces, pero todos nos respetábamos y después de la discusión, en la cual alguno salía vencedor –pocas veces- o bien quedaba todo en tablas –la mayoría de ellas- nos íbamos a tomar juntos unas cervezas. 

Algunas veces, cuando alguno de nosotros se sentía molesto porque, quizás, los argumentos contrarios eran mas fuertes que nos nuestros, nos replanteábamos nuestra defensa, y al dia siguiente volvíamos a la carga mas fuertes, con mas argumentos, intentando siempre doblegar a nuestros compañeros, y siempre terminaba la cosa de la misma manera: pacíficamente, entre cervezas. Uno de mis compañeros, tras uno de esos largos e interesantes debates, dijo una vez a otro compañero, de ideología diametralmente opuesta a la suya, lo siguiente: “¡Quillo”, que diferente pensamos, pero que buena gente que eres...!”. Ambos se abrazaron, porque a pesar de que políticamente estaban en las antípodas, se querían de verdad, con una buena amistad de buenos amigos. Y dicha amistad siguió con el paso de los años, doy fe. Aquello fue una lección para mí. 

Asi las cosas, veo el momento actual, y me muestro alarmado. La política, junto con la religión, se han convertido en un tema “tabu” para muchas personas. Cuando alguien habla de política, mucha gente se alarma y se aleja. No nos atrevemos a decir lo que pensamos. Cosa que me sorprende mucho, porque luego los mismos que se alejan, van a votar, lo cual indica que tienen su ideología. Pero…¿hablar de política? De eso nada. No comprendo esa creciente reticencia a hablar de política y noto en nuestra sociedad varios síntomas peligrosos. El primero es el miedo, es decir, salimos a la calle, nos tomamos el café, luego nos dirigimos al puesto de trabajo, y lo hacemos con asepsia política: cuando alguien habla de política, guardamos silencio y esquivamos el tema de conversación, como cuando alguien pasa por un sitio en el que no desea estar y se aleja rápidamente, quizas por miedo a "ofender" a alguien, o a que nos ofendan. Otro síntoma que detecto es la mala fe: alguien habla de política, y hay alguna gente que guarda silencio, pero en vez de rebatir esas ideas con argumentos mas o menos solidos, critica al contrario apenas se da la vuelta, quizás porque sus ideas no concuerdan con la suya, y ojo, no critica ya las ideas del contrario: critica a la persona. Otro síntoma mas que veo, y muy peligroso, es la intolerancia: cuando uno expone sus ideas, o bien se las descalifica abiertamente sin dar argumento alguno, o bien, y esto es peor, se levantan de la mesa y se van, abandonando el foro, en vez de aportar su punto de vista, lo cual supone una falta de respeto a los demas. Otro síntoma mas, y muy negativo, es que cuando exponemos nuestra idea y no es aceptada confundimos los términos y nos lo tomamos por el lado personal, sintiéndonos agraviados, y muchas veces, poco mas o menos que insultados. Otro síntoma mas es nuestra cortedad mental, la cual protagonizamos cuando juzgamos a alguien por su color político, y no por los valores humanos que tenga como persona. Pero el mas peligro síntoma de todos, y además un gravísimo error en mi opinion, es nuestra desgana, nuestra apatía, nuestro hartazgo de la clase política: la política para los políticos. Nos alejamos de ella como quien se aleja de la peste, o del coronavirus, y dejamos el interés publico exclusivamente entre las manos de los políticos. 

Algo falla en nuestra sociedad. Me parece que vamos para atrás, como los cangrejos. Me preocupa la intolerancia y el creciente odio que observo en algunas redes sociales, y el clima beligerante y de insulto estrepitoso que veo en algunos programas de televisión de poco gusto. De vez en cuando vemos a algun tertuliano que es "devorado vivo" por sus opiniones, algo lamentable. Quizas es que todos estamos demasiado nerviosos, y deberiamos sosegarnos un poco, y recuperar el espíritu de tolerancia, diálogo y consenso de la transición. Mi abuelo, ya difunto, que marcó muy positivamente mi infancia con su cariño y sus buenos consejos, me dijo una vez: "quiere a todo el mundo, sea de izquierdas o sea de derechas, a ti que te de igual eso: pide solo que tengan buen corazón". 

Deberiamos de recordar que debemos ser tolerantes y que vivimos en un Estado de Derecho donde la libertad ideologica y la libertad de expresión es un derecho fundamental, todo el mundo tiene derecho a expresar libremente sus ideas, las cuales, sean del color politico que sean, merecen respeto. Y tambien deberíamos de ser un poco mas humildes y menos egocentricos: si alguien piensa en un color y me lo dice a mi, que soy de un color distinto, no por eso me esta atacando, ni humillando, que yo no soy el ombligo del mundo; simplemente está expresando su opinión, y he de aceptarlo, porque tiene todo el derecho del mundo a hacerlo, como yo tengo derecho a hacer lo propio. ¡Que aburrido seria todo si todos pensáramos de la misma manera…! 

Hemos cometido un grave error dejando la política para los políticos, pues pienso que la politica no es solo para ellos, sino también, y fundamentalmente, para el pueblo. ¡Si! Primeramente porque la soberanía reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado, según nuestra Carta magna, y los políticos están ahi porque los hemos elegido nosotros, el pueblo llano; y en segundo lugar, porque en el Congreso de los Diputados, en el Senado, no se están debatiendo los intereses de los políticos, sino los nuestros, los de todos los españoles.

A mi no me gusta excesivamente la política, pero no rehúyo hablar de ello con quien procede, y cuando procede, cuando surge la ocasión; que todos los ciudadanos tenemos derecho a tener nuestra ideología, sea del color que sea, y defenderla, y obviamente ser respetado por ello, aceptando participar en algún debate político amistoso, sin miedo, sin prejuicio alguno, sin miedo a ser señalado. Hay que tener en cuenta todas las situaciones, obviamente; pero cuando se presente una buena ocasión, mi opinión es “aceptar” el debate y participar en él. El debate es enriquecedor. Si yo me niego a debatir, estoy privando a los demás de mi punto de vista, y no acepto tampoco el punto de vista de los demás, con lo cual perdemos la oportunidad de aprender mutuamente los unos de los otros. Las ideas estan para eso, para ponerlas encima de la mesa, para discutirlas, rebatirlas, examinarlas desde todos los puntos de vista, para atacar y contraatacar, dialécticamente hablando; el debate politico en si, es bueno. Cuando alguien tenga alguna idea para debatir, o algun argumento sobre algun tema,   que sirva para desmontar esa idea, o bien para sostenerla, por favor, que lo exponga abiertamente, sin miedo, sin prejuicios: pues asi esta contribuyendo al debate político y en la diferencia esta la riqueza. Cuatro ojos ven mas que dos. 

Yo quiero vivir en un mundo en el cual la libertad de expresión sea real y efectiva, y la consecuencia de la libertad de expresión es el respeto hacia la idea que no concuerde con la que uno pueda tener. La libertad de expresión será real y efectiva en una sociedad democrática cuando expongamos nuestras ideas con libertad, sin miedo a que nos hagan el boicot o a sufrir consecuencias por las mismas, y no perdamos la capacidad de respeto: tolerar que el otro exponga su idea, lo mismo que nos gusta que nos oigan cuando nosotros exponemos nuestra idea, y hacerlo con educación y respeto, y sin insultos ni alharacas. Con respeto, con educacion, sin insultos; no a gritos, como ahora veo por ahi. Deportivamente.  Desde luego que nadie esta obligado a hablar de politica, o declarar cuales son sus ideas, el respeto siempre por delante; si es que no le apetece hacerlo, porque no quiere, esta en su derecho, y punto. Pero si alguien, por prejuicios o por miedo, queriendo hacerlo, no se atreve a exponer sus ideas, cuando procede, y guarda silencio, o bien deja de asistir a algun acto politico por esos mismos prejuicios, esta ayudando a los que atacan la libertad de expresión, y sinceramente pienso que eso no deberiamos de consentirlo jamas. La libertad de expresion, y sobre todo, la libertad, es algo sacrosanto que entre todos deberiamos de proteger y cuidar.  

Y no perder nunca de vista que, pensemos como pensemos, al final todos somos españoles, y nos une nuestra nacionalidad y nuestra bandera. Unámonos todos, como españoles que somos, y seamos tolerantes, y participemos en las tertulias que puedan presentarse, sin prejuicio ni miedo alguno, rescatando el valor de la tolerancia, es decir, respetar la idea contraria, y no romper el dialogo, abandonando la mesa del dialogo so pretexto de que una idea expuesta no nos guste. La multiplicidad enriquece a todos. Y que después de debatir, manteniendo cada uno firme su postura, podamos decir, o nos puedan decir a nosotros, aquello de: ¡“Quillo”, que diferente pensamos, pero que buena gente que eres...!”. 

 Un cordial saludo. 

 Pablo Jesus Gamez.