"Cree a aquellos que buscan la verdad, duda de los que la han encontrado" (André Gide)
"No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defendería con mi vida tu derecho a expresarlo" (Voltaire)

"La religión es algo verdadero para los pobres, falso para los sabios y útil para los dirigentes" (Lucio Anneo Séneca)
"Cualquier hombre puede caer en un error, pero solo los necios perseveran en él" (Marco Tulio Cicerón)
"Quien no haya sufrido como yo, que no me de consejos" (Sófocles)
"No juzguéis y no sereis juzgados" (Jesús de Nazaret)
. . .

sábado, 9 de mayo de 2009

Para tí.

Tienes la sensación de que estás cansada. Sientes que ya no puedes seguir. ¿Piensas que es un absurdo tu vida cotidiana? ¿Tienes la sensación de que son tantas las heridas que acumula tu alma, que no merece la pena seguir? ¿Crees que ya nadie te quiere?

¿Acaso te ves deprimida porque no terminas de encontrar las preguntas a las grandes interrogantes que te haces desde hace tiempo? No te preocupes, la humanidad lleva siglos buscando esas respuestas. El quid está en seguir tu propio camino; pero aunque no encuentres respuestas: no te deprimas por eso. Al revés, siéntete orgullosa de seguir tu propio camino y de no ser una mente adocenada.

¿Quizás tienes tantas obligaciones familiares que apenas tienes tiempo para ti? ¿Hace ya mucho tiempo que tu marido no te da ese beso de pasión que tu deseas? ¿Todo se ha convertido para tí en una monotona rutina? No eres la única, te lo aseguro. Pero escuchame: hoy quiero que te tomes el dia libre para ti. Solo para ti.

Animo. ¡Sigue adelante...! Aunque creas que no hay motivo para seguir, aunque objetivamente tu mente piense que ningun incentivo te invita a seguir, repito: sigue adelante. Hay un motivo para seguir…y ese motivo eres tú. Asi que respira el aroma de una flor; contempla un amanecer. Siéntete viva. ¡Siembra, siembra, siembra..! No dejes de sembrar. Es seguro: algo recogerás, pero has de tener paciencia.

La alternativa que tienes a esto…ya sabes cual es. Si no quieres problemas, date un breve paseo por un Camposanto. ¿Es eso lo que quieres? Claro que no, no es un panorama muy agradable ¿verdad? Tiempo habrá de eso.

Acepta las cosas. Este valle de lágrimas es lo que es. Y asi será. No te queda otra. Pero acéptalo con alegría, no con esa resignación perniciosa que te puede hacer más daño del que crees. No pienses en lo que el mundo te ha negado: piensa en lo que tu puedes hacer por él.

Y no seas egoísta: no pienses que todo se ha acabado ni que toda la creación es para ti: da, comparte. Abre tus ojos y veras que existen millones de personas que esperan de tu lucha, de tu compromiso, de tu sonrisa. De tu palabra, de tu amistad, de tu amor. De tu compañía.

Y a ti, si, a ti, tu que te sientes sola, no lo olvides: aquí hay un bloguero que piensa en ti, y que te ofrece su amistad. No estas sola, ¿me oyes? Así que deja esa tristeza; dúchate, maquíllate y ponte tus mejores galas. Rescata ese picardías rojo que tienes olvidado en el cajón: póntelo. Pintate las uñas; arreglate ese pelo; ponte el vestido verde, si, ese que no te has atrevido nunca a ponerte. Asi me gusta. Anda, te invito a comer ese plato de pasta que hace siglos no pruebas por la cuestión de la dichosa linea. A ver esa película de cine que te quedaste con ganas de ver. A dar ese paseo por el muelle que siempre quisiste dar.

Sientete guapa. Sientete viva. Sal al mundo y pisa fuerte.

No te rindas ¿me oyes? No te des por vencida, no capitules con la muerte antes de tiempo: ¡que espere a que llegue su turno! Solo tenemos esta oportunidad. Por eso, mientras tanto... ¡Vive, respira, siente! Y luego, cuando llegue la hora del olvido…¡que sea lo que sea!

¡Sacudete tu tristeza y ponte de pie! Tienes mucho que hacer...aún. Y recuerda...vales más de lo que crees. Mucho más. Solo tienes que recordarlo.

Saludos.

jueves, 7 de mayo de 2009

Un rato de nerviosismo.

Creemos que sabemos como somos. Creemos que sabemos por anticipado como reaccionaremos ante diversos estímulos. Nos imaginamos que sabemos dominar nuestras emociones. Creemos que lo tenemos todo controlado. Lo cierto es que nada hay mas lejos de la realidad.

Lo que me sucedió ayer es prueba inequivoca de ello. Veamos. Siempre he tenido un temperamento "aparentemente" tranquilo. Nunca me he alterado significativamente ante un partido de Fútbol. Eso si, me ha gustado verlo, disfrutarlo, y gozar de la compañía de los amigos con los que he presenciado el partido; pero ahí queda todo. Como un rato agradable. Durante la Liga mi actitud es tranquila, soy simple aficionado de a pie. Si gano, bien; y si no, mala suerte; ni me altero en exceso con lo primero ni me hundo con lo segundo. Además, pienso que solo es un deporte y, total, con lo que yo me echo al bolsillo con eso…no merece la pena amargarse en exceso ni pillar tampoco un subidón.

Por ello, lo que me sucedió ayer merece mi reflexión. Como el partido (Chelsea Barca) fue retransmitido por Canal +, y anoche no me apetecía demasiado salir, opté por oirlo por la radio. Mi reacción fue extrañísima: conecto la radio, veo que perdemos por 1 a 0, y la apago casi inmediatamente, asqueado. ¡Tranquilo, Cornelivs, solo es un partido de futbol! Sigo con mis cosas y empezamos a cenar tranquilamente, pero me noto a mismo nervioso. Mi mujer se queda sorprendida cuando de pronto me levanto de la mesa a medio cenar, doy un brinco y acudo casi corriendo a conectar de nuevo el aparato de radio. Está terminando la primera parte. Seguimos perdiendo 1 a 0.

Y asi todo el partido, nervioso, desasosegado, intranquilo, experimentando dentro de mi un absurdo sufrimiento, como si se tratara de un pariente mio que esta en el hospital, como si me fuera la vida en eso. ¿Eres tu, Cornelivs? Cada 10 minutos conecto la radio, veo que todo sigue igual y sin perspectivas de mejorar vuelvo a apagarla, para volverla a conectar a los siguientes 10 o 15 minutos. Poco a poco voy perdiendo la esperanza, y encima nos quedamos con diez jugadores, por expulsión. Cierto es que los últimos diez minutos fueron ininterrumpidos; pero como todo se estaba acabando, y las cosas pintaban muy mal para el equipo español, apago definitivamente la radio, aceptando lo inevitable.

Creo que todo ha terminado, pero no es asi. Estoy en el patio. Cierro los ojos y respiro hondo intentando tranquilizarme, y asumiendo lo inevitable. Me levanto con intención de conectarme y actualizar mi blog. Pero entonces, ¡Cual no será mi sorpresa cuando de pronto, contra todo pronóstico, desde el patio de luces oigo el grito mágico que algún vecino profirió, llevado de su entusiasmo: ¡Gooooool del Barça! Pero bueno ¿Qué es esto? ¡Existen los milagros! Conecto la radio a toda prisa y lo compruebo: estaremos en la final de Roma, el Barca sigue adelante. Examino mi pulso: acelerado. Mucha adrenalina. Me noto tenso, nervioso, angustiado, y con una sensación de incredulidad: ¿estaré soñando? ¡Dioses, que maravilla! Me siento feliz.

Al ratito, feliz por el triunfo de un equipo español, vuelvo al patio, me relajo un poco en la penumbra.

Luego, algo mas tranquilo, intento racionalizar lo sucedido. Hagamos un analisis frio de la situación, asi que piensa Cornelivs. ¿A la vejez viruelas, amigo? ¡Solo es un partido de futbol! ¿Cómo es posible que un simple partido de fútbol levante tal oleada de pasiones? Antes contemplaba con ironia las masas enfervorizadas celebrando este o aquel éxito; ahora las comprendo un poco. Porque a mi me ha pasado algo parecido ¿o no?. Lo que no termino de comprender es…por qué me ha pasado a mi tambien; precisamente a mí.

Largo camino el del "nosce te ipsum". Tarda uno una vida en conocerse a si mismo, y en dominarse tambien a si mismo. Dentro de nuestro corazón tenemos una explosiva caja: el mundo de los sentimientos. Quizás algun dia hable de ello.

Saludos.

miércoles, 6 de mayo de 2009

El viejo Centurión (Parte VIII)

Publio miró intensamente a Isania, que se puso colorada y bajó los ojos al suelo. Las mujeres la rodearon y comenzaron a hablar todas al mismo tiempo, sonriendo unas con curiosidad y las otras con evidente picaresca, produciéndose una no pequeña algarabía. Lucio miraba tambien a Drusila, pensando en que sus rasgos le recordaban muchísimo a los de Iulia, aunque Drusila era mucho más joven: tenia su mismo pelo negro azabache, como ella, y unos ojos inmensamente bellos y azules. El breve aperitivo duró cosa de una hora; tras de lo cual los hombres se encaminaron directamente al sitio donde tenian previsto asar a dos de los cuatro venados cazados ese dia, como a un tiro de piedra de donde habían colocado las mesas, pues la carne ya se habia enfriado lo suficiente. Al poco rato, un agradable olor a carne asada comenzó a esparcirse por el ambiente.

-¿Recordais aquella noche del 11 de Enero, en el Rubicón? –preguntó Lucio-.

-Ya lo creo que lo recuerdo –intervino Póstumo-. ¡Que tiempos aquellos, daría cualquier cosa por volverlos a vivir…! Fue tres años después de lo de Alesia. César siempre tuvo un temperamento tranquilo, sosegado, educado y era muy reflexivo, aunque cuando tomaba una determinación era muy rapido en ejecutarla. Por eso estábamos todos muy preocupados, porque aquella noche estaba fuera de si; nervioso, preocupado, irascible, y por si fuera poco la tarde anterior había sufrido otro ataque del mal de los dioses (1). Aquello no era propio de César. Parece que lo estoy viendo, a la orilla del rio, mirando al cielo y gritando de vez en cuando: “¡Oh, Dioses! ¿Que he de hacer? ¡Decídmelo!”

-No lo tenia facil, desde luego –añadió Marcelo-. El primer Triunvirato de Pompeyo, Craso y el propio César, que eran entonces los tres hombres mas poderosos de Roma, no duró mucho porque después de conquistar la Galia, Julia, su hija, falleció de parto y Craso también había fallecido en su campaña contra Persia. Cuando ese triunvirato se acabó ya sabíamos que los vientos de guerra soplaban en el horizonte, pues ya solo quedaban César y Pompeyo. Los conservadores eran contrarios a César, por eso se aliaron con Pompeyo, a quien los dioses maldigan, que siempre fue envidioso y receloso de la gloria de César. Cuando el Senado le ordenó devolver la legión que Pompeyo le había prestado y enviarla junto con otra de las suyas a Italia obedeció, desprendiéndose de dos legiones completas. Pero pidió garantías al Senado, y el Senado respondió anulando todas las leyes de César. Los tribunos de la plebe, que eran intocables por Ley, vetaron la orden y estuvieron a punto de ser linchados por los senadores. Recordad que huyeron a la Galia y se presentaron ante César con los vestidos rasgados y llenos de magulladuras, todos lo vimos. No olvidaré el rostro de sorpresa e incredulidad de César, que trató de llegar a un acuerdo con Pompeyo, pero éste se negó a dialogar. Entonces el Senado, envalentonado, ordenó que los legionarios galos fueran expulsados de las legiones de Roma y todo el ejército se volvió hacia César, su general, que estaba atónito, esperando una respuesta.

-Si –dijo Quinto-. César, no queriendo abusar de la situación, en un último intento por seguir contando con el apoyo de Pompeyo y prevenir una guerra civil, le ofreció la mano de una de sus sobrinas, pero Pompeyo se casó con Cornelia Metella, hija de Metellus Scipio, uno de los peores enemigos de César. Feas se ponian las cosas para nosotros.

-Lo recuerdo. César estaba enfurecido –dijo Lucio, con una indignación creciente-. El Senado al final tomó la decisión: exigió a César deponer su ejército, licenciar a las tropas y entrar en Roma como simple ciudadano, o bien declararse enemigo de Roma. Nunca me fié de esos perros del Senado, eternos desagradecidos. ¡Vaya manera de recompensar al hombre que conquistó a media Europa para Roma!

Los contertulios disfrutaban de aquellos recuerdos, fueron protagonistas directos de aquel memorable dia. Todos estaban entonces en la Décima, con César. En sus ojos brillaba la emoción del recuerdo.

-Que frío que hacia aquella noche –prosiguió Lucio-. Y encima, con la humedad del Rubicón, que se nos pegaba hasta en los huesos. Pero ninguno nos movimos de allí. Recuerdo la cara de preocupación que puso César cuando vio el Senatus consulto que está grabado en piedra, en el camino de Rimini a Cesena. Al leer que se entregaba a los dioses infernales y se declaraba sacrilego y parricida a cualquiera que con un ejercito, con una legión, o simplemente con una cohorte, cruzase el Rubicón, Cesar se detuvo en seco, y toda la Décima y las otras legiones hicimos lo propio; se quedó montado en su caballo, quieto, inmóvil, mirando al suelo. Los soldados estabámos en silencio. No se oía ni el aleteo de un pajarillo.

-Si, hacia mucho frío, tanto como la noche de la gran nevada en Massalia –Postumo le guiñó aquí un ojo a Lucio-. Pero naturalmente le tuvo que costar mucho trabajo aventurarse a cruzar el rio, porque nadie antes de él lo había hecho. A ningún general le estaba permitido cruzarlo con su ejército en armas. El rio era el limite del poder de César, que era el amo de toda la Galia, y cruzarlo era cometer una ilegalidad y un sacrilegio. Recuerdo su breve arenga: “Hermanos, todos sabeis como está la situación y lo que significa cruzar este rio. Hasta ahora os he ordenado y mandado como a mis soldados. Ahora os hablo como a hermanos. ¿Quién quiere seguirme?” Nuestro grito fue unanime: todos lo amabamos hasta el paroxismo, si nos hubiera pedido nuestra sangre se la hubieramos dado. Todos fuimos con él. Parece que fue ayer y sin embargo ya han pasado veinte años. ¡Veinte años, maldito Cronos…!

-Todos esperábamos su contestación –añadió Lucio-. Cuando pronunció “Alea iacta est”, la suerte esta echada, todas las legiones estallamos en gritos de júbilo. Era lo que estábamos esperando. Nos importaba un rábano el cumplimiento de la Ley: amábamos a Cesar y no teníamos más voluntad que la suya. Recuerdo su mirada, cuando dijo esta frase, mirando a las estrellas. En ese momento, me pareció un Dios. Esa madrugada, a la hora prima, todas las legiones seguimos a César y cruzamos el Rubicón.

Los viejos legionarios guardaron un breve silencio mientras le daban vueltas al asado. Añoraban terriblemente su vida militar y se sentian dichosos de haber participado en esa odisea que pasaría a la historia.

-César nos amaba, era nuestro padre –intervino Póstumo- . Todas las noches le rezo una oración. No habrá otro igual que él, los dioses lo bendigan. Fijaros, era el aristócrata de más alta cuna que había en Roma, pero siempre defendía al pueblo, y lloraba ante los cadáveres de nuestros compañeros de armas. ¡Cuantas veces lo hemos visto llorar derramando enormes lágrimas cuando uno de los nuestros caia! Siempre nos ensalzaba. Era el mas grande general que ha dado Roma, y sin embargo acordaros de que dormía en el suelo, al raso, con nosotros, y comía el mismo rancho frio que comíamos todos. ¡Hablaba siempre con nosotros como si fuéramos sus iguales! Pero luego fue demasiado bueno, porque durante la Guerra Civil no proscribió a sus enemigos, ni los encarceló ni confiscó sus bienes. Cuando ganamos la guerra civil los mantuvo en sus puestos, algo completamente ilógico en Roma, y eso le costó la vida. ¿Recordáis a Marco Antonio como se lo reprochaba una y otra vez? “¡César, eres demasiado confiado, al enemigo se le aplasta, no le des oportunidad alguna!”. Pero jamás lo escucho. Nunca se le puede dar la espalda a un enemigo y César lo hizo. Hubo en Roma quien le atacó cruelmente, como Cicerón y Cátulo, que le acusaron de tirano y César, incomprensiblemente, les protegió. Fué muy confiado tratando con estos miserables.

-Si, todos adorábamos a César. Y luego -añadió Publio, especialmente dolido- esos malditos envidiosos lo acusaron de haberse convertido en amante del rey Nicomedes de Bitinia, porque le sirvió de copero. ¡César, el más terrible fornicador que ha dado Roma! Esos acusadores tienen que estar ardiendo en el fuego del averno, por mentirosos, aunque no me extraña que esa mentira fuera inventada por aquellos a los que César ponía los cuernos. Todos lo conociamos: no era raro que se prestara a esas ceremonias que a el no le importaban nada, pero que en esas tierras lejanas tenían importancia. ¡César era un hombre, un hombre de verdad! ¡Maldita la envidia, que hizo que acusaran a Cesar de homosexual, cuando lo cierto es que él se acostaba con las mujeres de esos retorcidos! ¿Recordais lo que cantábamos cuando volvíamos de la Galia? “A casa traemos al puñetero calvo…romanos, encerrad a vuestras esposas...”. Nosotros lo conocíamos bien...
CONTINUARÁ.

Saludos.

(1) Epilepsia. Siempre se habia pensado que Cesar sufria de ataques de epilepsia. Y es muy posible, pero nuevas investigaciones lo ponen en duda. Lo que si está claro es que sufria frecuentes migrañas, mareos y dolores de cabeza.

martes, 5 de mayo de 2009

Un derroche de imaginación.

Hay veces en las que me sorprende la creatividad e imaginación de algunas personas. Lo digo porque hace pocos dias he recibido un correo que no me resisto a compartir con vosotros, aún a riesgo de que algunos ya lo conozcáis.

La cosa no tiene desperdicio. Debeis de leer este correo de arriba abajo, y luego, oh sorpresa, de abajo arriba; es decir, cuando hagais la primera lectura, normalmente, luego lo leeis al revés, empezando por la ultima frase y subiendo linea a linea. Ya me contaréis el resultado.



LOS POLITICOS.

En nuestro partido politico cumplimos con lo que prometemos.
Solo los imbéciles pueden creer que
no lucharemos contra la corrupción.
Porque si hay algo seguro para nosotros es que
la honestidad y la transpariencia son fundamentales
para alcanzar nuestros ideales.
Demostraremos que es una gran estupidez creer que
las mafias seguirán formando parte del gobierno
como en otros tiempos.
Aseguramos sin resquicio de duda que
la justicia social será el fin principal de nuestro mandato.
Pese a eso, todavia hay gente estúpida que piensa que
se pueda seguir gobernando con las artimañas de la vieja politica.
Cuando asumamos el poder, haremos lo imposible para que
se acaben las situaciones privilegiadas y el tráfico de influencias.
No permitiremos de ningun modo que
nuestros niños tengan una formación insuficiente.
Cumpliremos nuestos propósitos aunque
los recursos económicos se hayan agotado.
Ejerceremos el poder hasta que
comprendan desde ahora que
Somos la "nueva politica".

Es increible...¿verdad?

Saludos.

lunes, 4 de mayo de 2009

El hombre de la máscara

Todas las mañanas seguia la misma rutina. Se levantaba e iba al cuarto de baño. Se daba una ducha rápida y luego se afeitaba. Cuando se miraba al espejo se veia tal cual era, sin máscara ni disfraz. Era él. Y él queria ser siempre así.

Pero desde pequeño le habian sugerido una y otra vez el eterno y conocido cántico de que habia que protegerse del mundo. ¡Hay gente muy mala por ahí, niño, no le puedes decir la verdad a todo el mundo, tienes que tener más idea…! Y asi, movido por éstos y otros consejos similares, aprendió a ponerse la máscara. Al principio le incomodaba enormemente, pues era rugosa y artificial y le impedía expresarse con libertad: la máscara no le dejaba ser él mismo. Pero con el tiempo se acostumbró a ella, y tambien se consoló: no era el único que la llevaba, antes al contrario: todo el mundo iba por la calle con su máscara puesta.

De modo que salia con ella a la calle y lo acompañaba allí donde fuera: al trabajo, a la casa, al restaurante, al cine; a la universidad, en fin, a todos los sitios. Por la noche, cansado y agobiado, se quitaba la máscara para volvérsela a poner al dia siguiente. Si, aparentemente aquello funcionaba bien. Evitó muchos sobresaltos y disgustos, esquivaba bien los ataques y esa aparente imperturbabilidad daba sus buenos resultados.

Pero llegó un momento en el que ya no sabia si el era el o era el hombre de la máscara. De tanto llevarla puesta empezó a pensar que no era el quien poseia la máscara, sino la máscara la que lo poseía a él. Y un buen dia se dio cuenta de que ya no era él; y el deseaba ser él mismo, con sus virtudes y sus defectos, con sus grandezas y miserias. Ir por el mundo con máscara le habia dado buenos resultados, pero habia tenido que pagar un alto tributo por ello.

Aquella lejana tarde, lo vió claro. Comprendió que no merecia la pena seguir con la máscara puesta. Perdió todos sus miedos. Habia estado en un error: su máscara habia sido hija de su miedo y nieta de su cobardía. Decidió ser valiente y a media jornada se la quitó, tirándola al mar. Decidió ir por el mundo sin máscara. Y pronto comprendió que respiraba, vivia y sobre todo sentia y se sentía mucho mejor. Era auténtico. Era él. Y una sensación de placentera paz se apoderó de su espíritu.

Pensó que si todo el mundo tuviera la valentía de quitarse la máscara que llevaban puesta, quizás el mundo fuera de otro modo.

Fue una de las decisiones más acertadas de toda su vida.

Saludos.

domingo, 3 de mayo de 2009

¡...y Casillas de portero!



Tarde histórica de futbol la que se vivió ayer en el Estadio Santiago Bernabeu, de Madrid, el reino del Real Madrid, y este blog no puede permanecer impasible ante esa maravilla de partido que pudimos ver.

El choque inicialmente se presentaba igualado, e incluso empezó marcando el Real Madrid. Pero fue un espejismo. Este Barça en olor de santidad, con ese fútbol maravilloso e inenarrable, y ese Messi divino, niño mimado de todos los dioses, pronto hizo que el sueño madridista terminara y se impusiera la realidad.

Y Casillas (segun muchos el mejor portero del mundo) bajo los palos. Si no llega a ser por él, quizás el resultado incluso hubiera sido más abultado.

Este Barça ha sentenciado esta liga.

Saludos.