"Cree a aquellos que buscan la verdad, duda de los que la han encontrado" (André Gide)
"No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defendería con mi vida tu derecho a expresarlo" (Voltaire)

"La religión es algo verdadero para los pobres, falso para los sabios y útil para los dirigentes" (Lucio Anneo Séneca)
"Cualquier hombre puede caer en un error, pero solo los necios perseveran en él" (Marco Tulio Cicerón)
"Quien no haya sufrido como yo, que no me de consejos" (Sófocles)
"No juzguéis y no sereis juzgados" (Jesús de Nazaret)
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sábado, 26 de abril de 2008

Cuento taoísta.

"Había una vez dos monjes que paseaban por el jardín de un monasterio taoísta. De pronto uno de los dos vio en el suelo un caracol que se cruzaba en su camino. Su compañero estaba a punto de aplastarlo sin darse cuenta cuando le contuvo a tiempo. Agachándose, recogió al animal.
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"Mira, hemos estado a punto de matar este caracol, y este animal representa una vida y, a través de ella, un destino que debe proseguir. Este caracol debe sobrevivir y continuar sus ciclos de reencarnación."

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Y delicadamente volvió a dejar el caracol entre la hierba.

"¡Inconsciente!", exclamó furioso el otro monje. Salvando a este estúpido caracol pones en peligro todas las lechugas que nuestro jardinero cultiva con tanto cuidado. Por salvar no sé qué vida destruyes el trabajo de uno de nuestros hermanos.

Los dos discutieron entonces bajo la mirada curiosa de otro monje que por allí pasaba. Como no llegaban a ponerse de acuerdo, el primer monje propuso: "Vamos a contarle este caso al gran sacerdote, él será lo bastante sabio para decidir quien de nosotros dos tiene la razón."

Se dirigieron entonces al gran sacerdote, seguidos siempre por el tercer monje, a quien había intrigado el caso.

El primer monje contó que había salvado un caracol y por tanto había preservado una vida sagrada, que contenía miles de otras existencias futuras o pasadas. El gran sacerdote lo escuchó, movió la cabeza, y luego dijo: "Has hecho lo que convenía hacer. Has hecho bien".

El segundo monje dio un brinco. "¿Cómo? ¿Salvar a un caracol devorador de ensaladas y devastador de verduras es bueno? Al contrario, había que aplastar al caracol y proteger así ese huerto gracias al cual tenemos todos los días buenas cosas para comer. El gran sacerdote escuchó, movió la cabeza y dijo "Es verdad. Es lo que convendría haber hecho. Tienes razón."

El tercer monje, que había permanecido en silencio hasta entonces, se adelantó. "¡Pero si sus puntos de vista son diametralmente opuestos! ¿Cómo pueden tener razón los dos?"

El gran sacerdote miró largamente al tercer interlocutor. Reflexionó, movió la cabeza y dijo: "Es verdad. También tú tienes razón."

De Bernard Werber. "El día de las hormigas". Ed. Plaza & Janés. 1994.
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Salu2

jueves, 24 de abril de 2008

Sonatina

Tengo tres hijos. Dos niñas de 9 y 8 años, y el pequeño, de casi 3. Mis dos hijas, para mi, son obviamente las niñas mas bellas del mundo, y me tienen encantado. El pequeño aun tiene 2 años y medio.
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Anoche, cuando se iban a acostar, recordé que por algun sitio tenia un libro de poesías de Rubén Darío. Lo cogí, y una vez metidas en su cama (antes de darles el besito de buenas noches, no se duermen si no se lo doy), les lei la famosa sonatina, de Rubén Dario, que aquí os voy a transcribir. ¡Si vieseis los ojos que pusieron! " ¡Que bonita! ¡Papa, papa! ¿nos puedes escribir esta poesia?" Les encantó.



La princesa está triste . . . ¿qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La princesa está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de su clave sonoro;

y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.
El jardín puebla el triunfo de los pavos reales.
Parlanchina, la dueña dice cosas vanales,
y, vestido de rojo, piruetea el bufón.
La princesa no ríe, la princesa no siente;
la princesa persigue por el cielo de Oriente
la líbelula vaga de una vaga ilusión.
¿Piensa acaso en el príncipe de Golconda o de China,
o en el que ha detenido su carroza argentina
para ver de sus ojos la dulzura de luz?
¿O en el rey de las Islas de las Rosas fragantes,
o en el que es soberano de los claros diamantes,
o en el dueño orgullosos de las perlas de Ormuz?
¡Ay! La pobre princesa de la boca de rosa,
quiere ser golondrina, quiere ser mariposa,
tener alas ligeras, bajo el cielo volar,
ir al sol por la escala luminosa de un rayo,
saludar a los lirios con los versos de mayo,
o perderse en el viento sobre el trueno del mar.
Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata,
ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata
ni los cisnes unánimes en el lago de azur.
Y están tristes las flores por la flor de la corte;
los jazmines de Oriente, los nelumbos del Norte,
de Occidente las dalias y las rosas del Sur.
¡Pobrecita princesa de los ojos azules!
Esta presa en sus oros, esta presa en sus tules,
en la jaula de mármol del palacio real,
el palacio soberbio que vigilan los guardas,
que custodian cien negros con sus cien alabardas,
un lebrel que no duerme y un dragón colosal,
¡Oh quien fuera hipsipila que dejó la crisálida!
(La princesa está triste. La princesa está pálida.)
¡Oh visión adorada de oro, rosa y marfil!
¡Quién volara a la tierra donde un príncipe existe
(La princesa está palida. La princesa está triste)
más brillante que el alba, más hermoso que abril!
--¡Calla, calla, princesa --dice el hada madrina--,
en caballo con alas, hacia acá se encamina,
en el cinto la espada y en la mano el azor,
el feliz caballero que te adora sin verte,
y que llega de lejos, vencedor de la Muerte,
a encenderte los labios con su beso de amor!


Salu2.

miércoles, 23 de abril de 2008

23 de Abril de 1.616

Hoy se cumple el 392 aniversario de la muerte de nuestro inolvidable Miguel de Cervantes Saavedra, autor de mi querido Quijote. Es, pues, inevitable referirse a él en un dia como hoy.

Fue mi abuelo quien me enseñó a amar y a comprender a D. Quijote de la Mancha, que ha sido una de las obras que más me ha impactado durante toda mi vida, y que en mi humilde opinión todo el mundo debería de leer. Yo lo adoraba, y efectivamente fue él, Juan José, con quien los veranos mantuve veladas inolvidables, el que me metió el gusanillo del Quijote, lo cual no supone sino un motivo más para que cada dia me acuerde más de él. Yo era un niño de 7 ú 8 años. La primera vez que cogí el libro me pareció un auténtico coñazo, pero mi abuelo me insistió a que tuviera paciencia, que perseverara, y que me lo leyera entero. Seguí su bendito consejo y asi lo hice, de lo cual me alegré.

Pienso que el Quijote a un niño le hace reir, a un joven le hace pensar, y a una persona de cierta edad le hace llorar.
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Y eso fue lo que me sucedió a mí. Me he leido el Quijote varias veces, y he de confesaros que hasta hace pocos años, cuando lo releí de nuevo, no acerté a penetrar en el dolor profundo, desencanto, tristeza y angustia vital que padeció que Cervantes, y que pone en boca de su personaje.
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La primera vez que leí el Quijote me reí muchisimo, vaya con Sancho, que hombre más crédulo, que pedazo de tonto integral, que se lo creia todo (en la segunda parte de la novela, el bachiller Sanson Carrasco dice que cuando lo oyó hablar "...creyó todo lo que de el habia leido y confirmólo por uno de los más solemnes mentecatos de nuestros siglos"). Y D. Quijote, loco de remate, esquizofrénico perdido, confundiendo los rebaños con ejercitos de Miramamolín, y pensando que los molinos son gigantes. Me dolia el estómago de los ataques de risa.
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Luego, y de esto hace poco, cuatro o cinco años, lo leí por segunda vez, despacio, recreandome; y esa lectura fue la que más me ha impactado, me metí en el pellejo de Cervantes como nunca y, lo confieso, me hizo llorar; al Quijote se le saca partido cuando el lector ha madurado, esa es mi opinión. Cervantes (que se definia no como padre sino como padrastro de D. Quijote), utiliza contra sus dos personajes un lenguaje ácido, mordaz, criticón, sumamente travieso y en apariencia despreciativo, que mueve a risa; pero ello no hace sino esconder un profundo cariño por su personaje, y una profunda tristeza del autor.
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Creo que el Quijote es una tragedia. Es la tragedia de la vida. Cela decia de Cervantes que era un escritor “al que Dios le reveló el Evangelio del Quijote”. Y es verdad. El Quijote es la crónica de la vida misma. Y luego si tenemos en cuenta las vicisitudes personales de su autor, se comprenden muchas de las cosas que se dicen en la inmortal novela. Tras la epoca militar de Cervantes (participó con gran mérito en la Batalla de Lepanto), y su cautiverio en Argel, regresa a España. Cuando esperaba un premio a sus servicios militares, empieza una carrera de sinsabores que le van dejando profunda huella. Vive en Madrid, luego pasa a Portugal, lo meten en la carcel, no encuentra un empleo fijo y satisfactorio y su vida familiar es un problema, pues sus hijas le dan sinsabores un dia si y otro tambien. Cervantes es un escritor tardío, pues empieza a escribir con casi 40 años de edad. La primera parte del Quijote la escribió con 58 años, once años antes de su muerte, y la segunda parte con 68 años, uno antes de su muerte.
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Luego los últimos años de su vida tuvo que sufrir las envidias de los demás, que le tildaban de viejo y manco. El se defendia diciendo "...lo que no he podido dejar de sentir es que me llamen viejo y manco, como si hubiese estado en mi mano detener la maquina del tiempo, que no pasase para mi, o como si mi manquedad hubiese nacido en alguna taberna, sino en la mas alta ocasion (Lepanto) que vieron los siglos pasados, presentes, ni esperan ver los venideros".

Y Cervantes se murió sin saber que habia hecho una obra genial, auténticamente genial. Como siempre, para la mayoria de los genios, el reconocimiento llega demasiado tarde.

Aquí esta, pues, mi humilde tributo. Se lo dedico a su memoria.

Salu2

martes, 22 de abril de 2008

Romance sonámbulo.

"Verde que te quiero verde. Verde viento. Verdes ramas. El barco sobre la mar y el caballo en la montaña. Con la sombra en la cintura ella sueña en su baranda verde carne, pelo verde, con ojos de fría plata. Verde que te quiero verde. Bajo la luna gitana, las cosas la están mirando y ella no puede mirarlas. Verde que te quiero verde. Grandes estrellas de escarcha, vienen con el pez de sombra que abre el camino del alba. La higuera frota su viento con la lija de sus ramas, y el monte, gato garduño, eriza sus pitas agrias. ¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde...? Ella sigue en su baranda, verde carne, pelo verde, soñando en la mar amarga. Compadre, quiero cambiar mi caballo por su casa, mi montura por su espejo, mi cuchillo por su manta. Compadre, vengo sangrando desde los puertos de Cabra.Si yo pudiera, mocito, este trato se cerraba. Pero yo ya no soy yo, ni mi casa es ya mi casa.Compadre, quiero morir decentemente en mi cama. De acero, si puede ser, con las sábanas de holanda. ¿ No veis la herida que tengo desde el pecho a la garganta?Trescientas rosas morenas lleva tu pechera blanca. Tu sangre rezuma y huele alrededor de tu faja. Pero yo ya no soy yo. Ni mi casa es ya mi casa.Dejadme subir al menos hasta las altas barandas, ¡Dejadme subir!, dejadme hasta las altas barandas. Barandales de la luna por donde retumba el agua. Ya suben los dos compadres hacia las altas barandas. Dejando un rastro de sangre. Dejando un rastro de lágrimas. Temblaban en los tejados farolillos de hojalata. Mil panderos de cristal, herían la madrugada. Verde que te quiero verde, verde viento, verdes ramas. Los dos compadres subieron. El largo viento dejaba en la boca un raro gusto de hiel, de menta y de albahaca.¡Compadre! ¿Dónde está, dime? ¿Dónde está tu niña amarga?¡Cuántas veces te esperó! ¡Cuántas veces te esperara, cara fresca, negro pelo, en esta verde baranda! Sobre el rostro del aljibe, se mecía la gitana. Verde carne, pelo verde, con ojos de fría plata. Un carámbano de luna la sostiene sobre el agua. La noche se puso íntima como una pequeña plaza. Guardias civiles borrachos en la puerta golpeaban.Verde que te quiero verde. Verde viento. Verdes ramas. El barco sobre la mar. Y el caballo en la montaña."
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De Federico Garcia Lorca.
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Salu2.

lunes, 21 de abril de 2008

Don Zipote.



"En un lugar de nuestra España, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivia un autentico imbécil de los que no hay en el mundo entero, codicia antigua, estómago flaco, seso débil, y de habla muy porfiador. Jugosas y abundantes cuentas bancarias hacian reluciente su economía; pero a la hora de comer, una olla de algo más de acelgas que de conejo, gachamigas aguadas los viernes, algun trozo de chorizo duro los sabados, cocido el lunes, y restos del mismo cocido el martes, el miércoles y el jueves. Frisaba la edad de nuestro hidalgo los 66 años. Dedicábase diariamente nuestro pobre hidalgo a comprobar como los saldos de sus cuentas bancarias crecian sin cesar, mientras que su estómago, seco y amojamado, daba gritos espantables, y la nuez de su garganta parecia que se le iba a salir, forzada por la necesidad, a tomar alimento por su cuenta.

Es, pues, el caso, que en los ratos que estaba ocioso, que era todo el año, dedicábase nuestro hidalgo a la lectura de los libros de economía. Desvelabase y marchitabase su intelecto cuando leía las cifras macroeconómicas, de inflación y de crecimiento del p.i.b., pero su pobre juicio, por más que lo intentaba, no acertaba a adivilallas ni a comprendellas. Lo unico que su codicia sí entendia era cada bajada de los tipos de interés, que para el eran peor que las puñaladas, tantas imposiciones a plazo tenía. Y de tanto leer libros de economia, de claro en claro y de turbio en turbio, y de tanta ida y venida a los bancos y cajas de ahorro, vino a perder el juicio. Llenósele la fantasía de todo lo que leia en dichos libros, razones que jamás entendió ni comprendió, aunque él presumía de ser muy leído. En fin, pudiendo su locura más que razón alguna, ya se imaginaba nuestro pobre caballero nadando entre oro.

Rematado ya su juicio, diole en pensar como incrementar sus ya de por si gordas, rollizas y hermosas cuentas bancarias, y dedicábase a dar paseos por su ciudad, como león en busca de su presa. En esto, que un buen día descubrió en una esquina del parque a una muchacha, no de muy buena vista y mal vestida, que no hacia sino babear y dar síntomas evidentes de que su juicio se había extraviado. Esta muchacha enseñaba sin cesar un montón de papeles de colores. Picada la curiosidad de nuestro hidalgo, se acercó, y comprobó que se trataba de billetes de 500 Euros, que, al parecer, la pobre desgraciada vendía, como estampitas, al primero que se presentase.

Nuestro hidalgo, con los ojos como braseros, preguntóle a la muchacha que cuantas estampitas tenia. Esta respondió que unas cien. Haciendo rápidos cálculos, que para eso si era un lince el majadero, pensó que cien billetes de quinientos euros hacen un total de cincuenta mil euros.

¡Válgame Dios, y cuanto disimulo fue menester para que el bellaco aparentase tranquilidad y que no se le notase la codicia que le rebosaba por todo el cuerpo! En esto estaba la conversación, cuando otro caballero, elegantemente vestido, al que el nuestro no conocía de nada, acercóse al lugar de la escena, y enterándose de lo que se trataba, sugirióle a nuestro ingenioso hidalgo comprar a la muchacha todas las estampitas por 6.000 Euros, a pagar por mitades nuestro caballero y el elegantemente vestido. La muchacha se resistió, hizo muy bien su papel, pero las razones del elegante caballero la convencieron.

Nuestro caballero no corria sino que volaba hacia el banco para sacar sus tres mil euros. Llego jadeante y casi sin habla al lugar donde lo esperaba el caballero elegante, y juntos buscaron a la muchacha. Dióle nuestro caballero sus tres mil euros, y la muchacha la bolsa con los cien billetes de quinientos euros.

Cuando nuestro caballero, exhausto, llegó a su casa, jadeante después de la carrera, abrió codiciosamente la bolsa y se encontró solo con un montón de papel higiénico dentro. ¡Habían desaparecido los cien billetes, allí no había nada! ¡Mala burla le hicieron los encantadores que lo perseguian! ¡Ay de nuestro pobre caballero! Allí fue la guerra de Troya, allí los espantables gritos que daba alarmaron a todo el vecindario. Mas, como la risa, la rechifla y el escarnio de sus vecinos llegaron a mosquearlo, pudo al fin su sentido de la vergüenza y del ridículo, y decidió callar; eso si, salió corriendo endiabladamente hacia al parque, pero la muchacha había desaparecido como por arte de encantamiento.

Pobre D. Zipote. Pasados unos dias, y algo más tranquilo, volvió a su vida, a sus bancos y a sus paseos y a comulgar con su sempiterna codicia. Y siempre se le veia en la Iglesia rezando al Nazareno para que lo librara de los malos follones y encantadores que solo piensan en el dinero."

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In memoriam et in laudem D. Miguel de Cervantes Saavedra, autor de Don Quijote, nuestra inmortal novela, y a cuyo ilustre personaje, Alonso Quijano, pido humildemente perdón por haberlo usado como molde para hablaros de este bellaco moderno de D. Zipote. Es una novelación libre que he realizado basada en algunos sucesos reales, de análogas circunstancias, publicados en la prensa algunas veces. Se conoce que estamos en crisis, pues aumentan los timos y el numero de imbéciles que caen en ellos. (ver diario veinte minutos). No me alegro del mal del vecino, y es reprobable ser victima de un fraude; pero mucho peor es que existan aún estos bellacos majaderos avariciosos y codiciosos que tratan de aprovecharse siempre de una persona desvalida. Hay que ser bellaco, insisto. Anda y que te zurzan D. Zipote, te está bien empleado.

Salu2.

domingo, 20 de abril de 2008

La eterna pregunta

El otro dia, despues de cumplir mis obligaciones laborales, estuve tomandome una cerveza con dos compañeros mios. Uno agnóstico y el otro creyente. El primero decía que cuando se afirma que Dios existe, hay que demostrarlo. El otro, indignado, esgrimió la bandera de su fe. Indudablemente, es un tema apasionante. Y vaya por delante mi absoluto respeto hacia ambas concepciones. Pero como soy curioso por naturaleza, la conversación introdujo en mi el espiritu de investigar sobre las teorias existentes sobre la existencia de Dios, y lo que he descubierto es, cuando menos, inquietante.
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La Filosofía ha encontrado enormes dificultades para probar la existencia de Dios. Ya dijo Platón, en uno de sus Dialogos que "...si fuesemos razonables, Hermógenes, confesariamos que nada sabemos acerca de los dioses, ni de sus personas, ni de sus nombres".
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Entonces veamos lo que arguye la teología.

1º) Criterio teleologico. Para este el universo esta organizado respondiendo a determinadas Leyes, por lo cual tiene que existir un planificador, un diseñador. William Paley comparó el universo con un reloj y a Dios con un relojero, pero un reloj es un aparato y por tanto no puede evolucionar, al reves que el universo que está en constante evolución. A mayor abundamiento, algunos "diseños" del universo, cuando menos, nos hacen no hablar bien del "diseñador", como el hecho innegable de que por todos lados abunda el sufrimiento, el dolor la enfermedad y el mal.
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2º) Criterio Cosmológico, o de la primera causa. Fue defendido por Tomas de Aquino, y consiste en afirmar que todo lo que existe tiene un causa que, a su vez, tiene otra causa y asi sucesivamente hasta llegar a la "causa primera", o sea Dios. Pero con este argumento Dios seria una causa que se causa a si misma, con lo cual se llegaria al imposible de que un ser que no existe se hace existir a si mismo.
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3º) La Revelación. Segun la cual Dios se revela, a veces, a ciertos hombres dandoles instrucciones y leyes, pero estas experiencias personales jamas han podido ser demostradas, pudiendo tratarse de visiones y que tienen una explicación psicologica.
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4º) Criterio ontológico. Autor: Descartes y Anselmo de Canterbury, sostiene que no se puede concebir a Dios sino como un ser perfecto, omnipotente y eterno, y como la existencia es una perfección es necesario que el ser perfecto, o sea Dios, exista. Pero la existencia no es una perfección, pues la perfección es una propiedad y la existencia es un hecho en sí. Ademas de la idea de algo no se puede suponer su existencia, pues entonces todos los seres fantasticos existirían.
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5º) Teoria de los milagros. Un milagro es un acontecimiento que va contra las leyes de la naturaleza, provocado por Dios. Pero tambien es discutible, pues, primero, presupone la existencia de Dios, y segundo, nunca se ha conseguido realizar un milagro bajo control cientifico.
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El gran Karlheinz Deschner manifestó claramente que "...la teologia no es una ciencia, si lo fuera, seria la única que no consigue averiguar nada acerca del objeto de sus investigaciones", y dicha afirmación me parece completamente indiscutible.
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La iglesia mantiene que "Dios puede ser conocido con certeza mediante la luz natural de la razón humana a partir de las cosas creadas", pero se olvida de los maravillosos avances de la Ciencia, que desdice dicha afirmación, y que ha conquistado espacios que pertenecian en exclusiva a la religión, incrementandose enormemente las dudas sobre la existencia de lo trascendente. Acto seguido la propia iglesia se contradice, pues dice que "el hombre experimenta muchas dificultades para conocer a Dios con la sola luz de la razón y necesita ser iluminado por la revelación". ¿En que quedamos, nos basta con la razón o necesitamos algo mas?
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Además, parece que a la iglesia le molesta o le inquieta que el conocimiento cientifico avance, y añade lindezas como la que sigue: "las pruebas de la existencia de Dios no son las propias de las ciencias naturales". Cualquiera diria que quieren amordazar a Newton, a Hawking y a los demas, me remito al post de Easycure El tiempo de Planck y el gato de Schrödinger. Mi amigo agnóstico hablaba indignado cuando recordó que Tomas de Aquino aseguraba que "...el afan de conocimiento es pecado, cuando no sirve al conocimiento de Dios". Y eso que la iglesia dice que "la fe es cierta, mas cierta que todo conocimiento humano", pero me resisto mucho a aceptar dicho postulado, porque si la fe es cierta, entonces es demostrable, con lo cual deja de ser fe.
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En esto que terminó la conversación, me despedi de mis dos buenos amigos, y me volví para mi casa. Uno se fue con su bandera de su fe; el otro, con su pensamiento racional inconmovible. ¿Y yo? Tendré que hacer un post sobre lo que yo creo.
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En fin, esto es el mundo, navegamos por un oceano de dudas.
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Salu2