"Cree a aquellos que buscan la verdad, duda de los que la han encontrado" (André Gide)
"No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defendería con mi vida tu derecho a expresarlo" (Voltaire)

"La religión es algo verdadero para los pobres, falso para los sabios y útil para los dirigentes" (Lucio Anneo Séneca)
"Cualquier hombre puede caer en un error, pero solo los necios perseveran en él" (Marco Tulio Cicerón)
"Quien no haya sufrido como yo, que no me de consejos" (Sófocles)
"No juzguéis y no sereis juzgados" (Jesús de Nazaret)
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sábado, 13 de septiembre de 2008

La ciudad que humilló a las águilas.

Cuando eramos muy jovencitos, con 11 o 12 años estudiamos en la escuela la conquista de Hispania por Roma y, como no, la heroica resistencia de Numancia, que durante más de 20 años resistió a su poder. Lo estudiabamos muy a la ligera y sin contrastar los detalles. Sabíamos que España fue la primera tierra que invadió Roma (218 a. C), y la última en ser conquistada, pues fue Augusto, (29 a. dC, aproximadamente), quien terminó de pacificar a los cantabros, astures y pocos más que quedaban rebeldes. Y prácticamente ahí se acababa todo. Los maestros indicaban a los niños que Numancia pasó a la historia como símbolo de resistencia, de suerte que cuando una resistencia es fuerte o heróica, se dice que es una “resistencia numantina”.
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Y que conste que en ese concreto episodio, mi corazón está partido. Por un lado, adoro la antigua Roma, su cultura, su arte, el sabio legado que dejó a toda Europa en las ciencias, arte, cultura, derecho, lengua, humanismo, filosofia, y tantas y tantas artes. Y estoy agradecido a Roma, pues nos lo dió todo. Primero nos dio con la espada, es cierto; pero luego nos dió su corazón, su alma, y todo su saber, junto con ciudades impresionantes, monumentos, calzadas, infraestructuras, modernización, riqueza. Hispania era la perla del Imperio Romano, su más preciada posesión. Roma nos romanizó profundamente, y luego Hispania dio a Roma emperadores como Trajano y Adriano, y el mejor filosofo de todos: Seneca, que era cordobés. Pero por otro lado, como español que soy, y orgulloso de serlo, no dejo de contemplar con admiración y amor patrio a aquellos numantinos que en un acto heroico prefirieron morir antes que entregarse a los hijos de Rómulo y de Remo.
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Estudiemos los hechos. Hora es ya de rescatar la historia de lo acontecido, pues siempre he deseado saber más. Mi fuente ha sido wikipedia (podeis consultarla para saber más) y he consultado tambien algunas obras para contrastar fechas y algunos detalles históricos.
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Nos encontramos en el año 218 antes de Cristo y el mundo conocido tiembla ante la espantosa Segunda Guerra Punica, que enfrentó a las dos potencias del mundo conocido: Cartago y Roma. Hispania, por razones geoestratégicas y por su riqueza agrícola, forestal y mineral, es un motivo económico en los planes del Senado. En dicho año desembarca en Ampurias el primer romano: el general Escipión, con la intención de debilitar la retaguardia del general cartaginés Anibal. Derrotado Anibal, Escipión funda varias ciudades y divide su zona en Hispania Citerior en el norte y Ulterior en el sur. El sometimiento de los pueblos de la península a Roma, tenía sus excepciones. Pueblos como los arévacos, los vacceos, los tittos o lusitanos pusieron mucha resistencia, y ciudades como Numancia llegaron a mandar a Roma embajadas para tratar con el Senado romano. El cónsul Quinto Cecilio Metelo conquistó gran parte de las ciudades de los arévacos y vacceos, pero se le resistieron Numancia y Tiermes. Fue sustituido por Quinto Pompeyo (no confundir con el otro Pompeyo que se enfrentó a Cesar) pero tampoco consiguió someter a las dos ciudades celtíberas.
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Va pasando el tiempo. El año 153 antes de Cristo, habitantes de Segeda, ciudad que habían combatido a las órdenes del insigne Viriato en el país de los arevacos, dilataba el envío de soldados para servir en el ejército romano, se negaba a pagar impuestos al tiempo que se fortificaba iniciando la construcción de una nueva muralla, hizo frente a las legiones consulares del Cónsul Fulvio Nobilior, quien dejó 6000 hombres en la batalla siendo obligado a huir hasta que la caballería romana que iba a retaguardia convirtió en derrota el anterior triunfo, en la que murió el jefe de los arevacos.
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Los arévacos supervivientes se reunieron en Numancia y decidieron continuar las hostilidades. Tres días después, Fulvio Nobilior se presentó a las puertas de Numancia con un ejército en cuya primera línea formaban diez elefantes y 500 jinetes númidas.
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Los numantinos y sus caballos se asustaron por los elefantes y corrían a refugiarse en su ciudad hasta que una pedrada hirió a un elefante que, entrando en furor se revolvió contra los legionarios, siendo imitado por los restantes. Su ataque causó numerosas víctimas entre los propios asaltantes. El ataque que siguió a continuación a los desbandados romanos, hizo que las víctimas se fijaran en 4000 romanos y 2000 entre los numantinos. Además, fueron capaces de matar a 3 elefantes. Fulvio Nobilior no quiso intentar nada más e invernó en su campamento con escasez de víveres y recibiendo continuos asaltos de los numantinos.
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Llegada la primavera del año 152 antes de Cristo, y Quinto Pompeyo relevó a Nobilior por el Cónsul Claudio Marcelo, que llegó con 500 caballos y 8000 infantes. El pretor Quinto Pompeyo tenía 30.000 soldados y 2.000 caballos que fue perdiendo en las numerosas emboscadas hasta que cansado, dirigió sus tropas contra Tiermes y volvió a hostilizar a Numancia desviando por el llano un río para sitiar a la ciudad por hambre. Los numantinos no solamente lo evitaron sino que volvieron a causarle numerosas pérdidas. Trató de terminar la guerra intercambiando rehenes, prisioneros y desertores y recibió de los numantinos cierta cantidad de dinero. En definitiva, pactó con ellos.
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Al ser sustituido por Marco Popilio Lenas el pacto fue anulado por el Senado de Roma, que lo consideró vergonzoso, y se decidió seguir la guerra. A Popilio le sustituyó Cayo Hostilio Mancino cuyo fracaso fue superior a los anteriores puesto que cuantas veces como peleó con los numantinos, fue vencido. Fue encerrado en su campamento y, bajo amenaza de muerte para todo su ejército, aceptó la paz. Los numantinos se limitaron a desarmar al ejército romano a cambio de la paz. Fue llamado a Roma.
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En sustitución de Mancino fue enviado a Iberia el cónsul Marco Emilio Lépido que al ser derrotado en Numancia, decidió seguir hasta la zona de los vacceos y sitió Palencia, donde tras cuatros años de ataques, también fracasó. Pero arrasaron los campos de cereal vacceos para evitar que se suministrara a Numancia. Tras diversas batallas, Mancino firma la paz, pero es desautorizado por el senado de Roma que la considera deshonrosa. Como castigo, es humillado por los propios romanos ante las murallas numantinas llegando a ser ofrecido a los numantinos para que hagan con él lo que quieran; lo dejaron desnudo con las manos atadas a la espalda. Los numantinos se quedaron sorprendidos ante la acción romana pero al negarse los numantinos a recibirle estuvo así hasta la noche.
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Estos 18 años de lucha con concesiones y dilaciones, hizo que quedara finalmente como unico baluarte hostil a Roma. Ya solo quedaba Numancia.
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Este cúmulo de constantes humillaciones decidió a Roma, que se vió obligada a enviar a su mejor soldado, el vencedor de Cartago, nada mas y nada menos que Publius Cornelius Scipio Aemilianus, (Publio Cornelio Escipión Emiliano) apodado en ese momento como Africanus. Desembarcó en Tarragona en el 135 antes de Cristo, con unos 5.000 hombres. La primera dificultad que se ofreció en Roma para designar a Scipio (Escipión) como jefe del ejército sitiador de Numancia fue que no tenía el tiempo prescrito para el consulado, pero el Senado decretó que los tribunos volviesen a derogar la ley en cuanto al tiempo, como habían hecho en la guerra de Cartago, y quedase en vigor para el año siguiente. El prestigio de tal general hizo que quisieran alistarse a sus órdenes multitud de romanos; pero no lo consintió el Senado, pues Roma andaba empeñada en otras guerras.
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Protestó por ello Escipión, que no hubiera querido hacer la guerra numantina con el ejército desmoralizado y vencido que le aguardaba en Iberia. Hubo de consentirle el Senado que juntase tropas mercenarias de otras ciudades y de otros reyes, escribe Apiano, que voluntariamente se le ofrecieron por conveniencia propia. Además con personas escogidas y fieles formó la llamada "cohorte de los amigos".
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Pidió dinero, pero se lo negó el Senado, consignándole solo ciertas rentas a la sazón no vencidas y, según Plutarco, contestó Escipión que "le bastaba el suyo y el de sus amigos". Tal fue el esfuerzo personal con que aquel experimentado soldado se aprestó a la empresa. Había reunido un cuerpo de ejército de 4000 hombres, adelantándose él con unos pocos a Iberia, donde le aguardaban fuerzas más numerosas. Así que llegó, tuvo que luchar con sus ejército antes que con los numantinos, pues como ya esperaba, lo encontró sumido en tal estado de indisciplina, superstición, molicie y desmoralización, que debió comprobar de donde venía tan repetido desastre y vergüenza como hasta entonces se había registrado en las Guerras Celtiberas. Los soldados cada vez más indolentes se enriquecen con la venta de los botines de guerra a los mercaderes asentados junto a los campamentos romanos. Escipión desterró, dice Apiano, a todos los mercaderes, rameras, adivinos y agoreros, a quienes los soldados consternados en tantos infortunios daban demasiado crédito; expulsó a los criados, vendió carros, equipajes y acémilas, conservando las puramente necesarias; prohibió ir en bestia en las marchas. A nadie permitió, escribe Apiano, tener más ajuar para comer que un asador, una olla de bronce y un vaso. Prescribió que las comidas fuesen de carne asada o cocida. Prohibió las camas, y él era el primero que dormía sobre una estera.
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Durante este periodo de prácticas y reforma de su ejército, Escipión no tuvo con los numantinos más que ligeras escaramuzas, las bastantes para darse a conocer entre ellos. Hizo todo lo que hemos referido, y cuando por fin tuvo moralizado a su ejército, sumiso y hecho al trabajo y a la fatiga, trasladó su campo cerca de Numancia, cuidando de no dividir sus fuerzas, como hicieron otros, ni de batirse sin antes explorar. -Es un disparate -decía- aventurarse por cosas leves. Es imprudente el capitán que entra en acción sin necesidad, así como aquel otro es excelente que se arriesga cuando lo pide el caso: así es que los médicos no usan sajaduras ni cauterios antes de las medicinas.
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Cauto y sagaz, Escipión concibió el plan de guerra de reducir, cercar y sitiar a los numantinos, hasta que faltos de fuerza se rindieran. Así, para quitarles apoyo y favor de otros pueblos, se dirigió primeramente contra los vácceos a quienes los numantinos compraban víveres, taló sus campos, recogió lo que pudo para manutención de sus tropas y amontonando lo demás, le prendió fuego. Como hostilizaran los pallantinos de Complanio a los forrajeadores romanos, mandó para rechazarlos a Rutilio Rufo, tribuno entonces y escritor de estos hechos, dice Apiano; y cubriendo la retirada el mismo Escipión, pudo salvarlo con su caballería.
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Vino por fin a invernar frente a Numancia y para cercarla construyó siete campamentos. Según Apiano, cercó la ciudad con siete fuertes, un foso y un vallado que tenía de contorno más del doble que tenía aquella. Todavía hizo otro foso por encima del primero y fortificado con estacas, fabricó un muro de ocho pies de ancho y diez de alto, sin almenas, sobre el cual construyó todo alrededor de unas torres a un plethron (30,85 metros) de distancia unas de otras, y no pudiendo echar un puente sobre el río Duero, por donde los sitiados recibían tropas y víveres, levantó dos fuertes y atando con maromas, desde el uno al otro, unas vigas largas, las tendió sobre la anchura del río... "En estas vigas, añade el historiador, había clavado espesos chuzos y saetas, las cuales, dando vueltas siempre con la corriente, a nadie dejaban pasar, ni a nado, ni buceando, ni en barco, sin ser visto.
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Tras quince meses de asedio la ciudad cayó, vencida finalmente por el hambre, en el verano del año 133 antes de Cristo. Sus habitantes prefirieron el suicidio a entregarse. Incendiaron la ciudad para que no cayera en manos de los romanos. Los pocos supervivientes fueron vendidos como esclavos. Escipión renunció a su título de el Africano, y asumió el de Numantino. Escipión regresó a Roma y allí celebró su triunfo desfilando por las calles con cincuenta de los numantinos capturados. Para entonces, Numancia ya se había convertido en leyenda.
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Los propios historiadores romanos confesarían después que si la Galia (Francia) fue conquistada por Julio César en 20 años, Hispania tardaría 200 años en serlo. No nos habian engañado los maestros de la escuela, no. De todas las provincias romanas, dijeron, fue “la primera en ser invadida, y la última en ser conquistada”. Y así fue.
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Saludos.
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viernes, 12 de septiembre de 2008

"¡Mirá que sos boludo!"

El 20 % de la población mundial carece de agua potable.
El 30 % de la población no sabe leer ni escribir.
El 43 % de la población carece de servicios basicos.
El 45 % de la población no tiene una vivienda digna.
El 50 % de la población carece de televisión.
El 53 % de la población lucha con menos de 2 dolares al dia.
El 60 % de la población vive con escasez de agua.
El 80 % de la población vive en condiciones infrahumanas.
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Solo un 3 % de la población tiene conexión a Internet.
Solo el 30 % de la población es de raza blanca.
Solo el 14 % de la población mundial vive en el primer mundo, o sea, los paises ricos.
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Viendo el panorama, el que tenga comida en el frigorífico, ropa en el armario y cama donde dormir puede sentirse afortunado de ser más rico que el 75% del mundo. Y si ya tiene su propia cuenta bancaria, estará entre el 25 % mas rico del mundo.

Y muchos se quejan de que sus pantalones ya estan pasados de moda, de que el café que les han servido está muy fuerte, o sufren de depresión porque quieren un coche nuevo o una casa nueva, pues la casa o el coche del vecino es mas grande.

Dan ganas de decirles: “¡Pero mira que eres tonto…!” "¡Mirá que sos boludo!".

Saludos.
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P.D.) El titulo es un pequeño tributo a nuestros amigos de Argentina, parece que la frase "mira que eres tonto" de España allí se dice con esa curiosa, pintoresca y para mí simpática expresión. Susana, Edgardo, Paola y los demás amigos de allí me corregirán si me equivoco. Un abrazo para allá.
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jueves, 11 de septiembre de 2008

Los siete "pecados" capitales.

Tradicionalmente los siete “pecados” capitales son los siguientes: Soberbia, Avaricia, Lujuria, Ira, Gula, Envidia y Pereza. Se les consideraba como ofensas a Dios (o a los dioses, como a mi me gusta decir, al igual que mis amados romanos antiguos), y merecedores de la pena del infierno.
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El caso es que yo no los veo como pecados (en su concepción clasica de ofensa a Dios), sino como VICIOS del comportamiento humano que tienden a la destrucción de los valores humanos y a la perversión de la pacifica convivencia entre nosotros, y que con el tiempo nos arrinconarán y harán que terminemos solos, y sin el amor ni la compañía de nadie.
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Todos sabemos en que consisten. La soberbia se identifica como un deseo por ser más importante o atractivo que los demás, cuando no una creencia en que somos más que nadie; mas guapos, mas listos, y “objetivamente” somos más que este y aquel, vamos, que no nos llegan ni a la suela de los zapatos. La avaricia es un inmoderado deseo de riquezas y de bienes materiales. Cogidos directamente de la mano de la avaricia vienen otros vicios: la deslealtad, la traición deliberada, el soborno, robo, alsalto, violencia, y, como no, la Simonía. En la Divina Comedia de Dante (que hoy he colocado como imagen del post) los penitentes eran obligados a arrodillarse en una piedra y recitar los ejemplos de avaricia y sus virtudes opuestas. La lujuria es el abundamiento en nuestra mente de pensamientos o deseos obsesivos o excesivos de naturaleza sexual, incluyendo deseo excesivo de placer genital. Puede ser un problema, porque la lujuria insatisfecha puede llevar a compulsiones sexuales o sociológicas y/o transgresiones. En la Divina Comedia, en el purgatorio de Dante el penitente camina entre flamas para purgarse a si mismo de pensamientos lujuriosos. La ira supone un sentimiento incontrolado de odio y enojo hacia los demas y/o hacia uno mismo, impaciencia y deseo de venganza fuera del trabajo del sistema judicial (llevando a hacer justicia por sus propias manos), fanatismos y generalmente deseando hacer mal a otros. Una definición moderna también incluiría odio e intolerancia hacia otros por razones como raza o religión, llevando a la discriminación. La gula o glotonería se identifica como el consumo excesivo de comida y bebida de manera irracional o innecesaria. En la Divina Comedia, a los golosos los obligaban a oler el aroma de la comida sin poder degustarla. La envidia también es un vicio codicioso, y se caracteriza porque aquellos que la sufren desean algo que alguien más tiene, y perciben que a ellos les hace falta. Para mi es uno de los vicios más terribles y odiosos, pues el envidioso desea lo que tiene el prójimo, y disfruta viendolo caer; y no perdona al que vale más que él, pues el envidioso siempre se las vale de mañas para procurar que el que verdaderamente vale caiga al abismo. Vienen de la mano: la injuria, la calumnia y el descrédito a los demás. Dante define esto como "amor por los propios bienes pervertido al deseo de privar a otros de los suyos." En el Purgatorio de Dante, el castigo para los envidiosos era el de arrancar sus ojos y cocerlos, por que habían recibido placer al ver a otros caer. Y por último, la pereza supone entristecemos o sentir desgana de las cosas a las que estamos obligados, o descuido notable las obligaciones y deberes.
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Todos estos vicios son nocivos; si bien, por salvar alguno (y lo digo con las debidas precauciones), salvaria a la lujuria, pues el instinto de acoplamiento está en nuestro codigo genetico desde que el homo sapiens es homo sapiens. El deseo sexual nos acompañará siempre a lo largo de nuestra existencia, aunque claro, todo hay que tomarselo con moderación, hay tiempo para todo.
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No estoy seguro de la existencia del Cielo o del Infierno; por ello pienso que quien comete tales vicios (me resisto a llamarlos "pecados") no esta ofendiendo a nadie: se está ofendiendo a si mismo. Lo va a tener muy difícil aquí en este mundo. Creo que conviene ser buena gente, bonus personae, y no por miedo a ningun presunto e inexistente castigo, pero conviene serlo por muchas razones: para sentirnos felices con nosotros mismos y por mil mas; y si no por convencimiento al menos por puro egoismo, si no queremos terminar solos como la una, pues hay que ser consciente de que necesitamos de los demás, y esos vicios son sumamente insolidarios con el prójimo. Creo que los peores son la soberbia, avaricia, envidia, ira y pereza. Con la lujuria y la gula, prefiero mostrarme un poco más benévolo.
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Un orgulloso que se crea más que nadie y que se acompleje de hablar con otro, solo porque lo considera inferior, de suerte que piense “que no le tiene ni que rozar el viento” es una persona antipatica y odiosa, pues deberia de saber que siempre hay alguien más listo que él; y además, es tonto: se está privando de su oportunidad de relacionarse y granjearse el cariño de su prójimo.
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El avaricioso terminará al final de sus dias pobre como una rata: sin amigos, sin amor, sin valores humanos; lo unico que le quedará sera eso, dinero, vil metal.
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La persona que padece la ira, siempre enfadado, no sera feliz, y los demas se apartarán de él porque sera muy difícil convivir con esa persona.
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El envidioso, para mi el peor de todos: siempre codiciando lo que tienen los demás, y gozando cuando caen. En el propio vicio lleva la penitencia y su sufrimiento, ya en vida, y es terrorífico porque siempre imagina a los demás más felices de lo que son en realidad. Se merecen el castigo del purgatorio de Dante.
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Y el perezoso tambien terminará mal, pues nadie se fiará de una persona que no esté dispuesta a trabajar y a cumplir con sus obligaciones.
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Insisto en que no creo que tales comportamientos sean tanto ofensas a Dios, sino ofensas a nosotros mismos y a los demás; ofensas a nuestra capacidad para amar a los demás; ofensas a nuestro sentido de la generosidad, de la lealtad; y sobre todo, ofensas al amor universal.
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Todos alguna vez podemos caer en algunos de estos vicios, no en vano somos humanos, débiles e imperfectos, y sujetos a la tentación. Que yo sepa, nadie nace con el certificado de perfección anudado al cuello. Es lógico caer en alguno de estos vicios de vez en cuando; pero conviene levantarse rápido y huir de ellos. Cualquiera puede caer en un error, pero solo los necios perserveran en él, que decia Cicerón. Si no somos valientes para levantarnos contra estos errores, y perseveramos en ellos, nadie nos castigará; al final, nosotros mismos seremos nuestro propio Juez. Pero, quizás ya sea demasiado tarde: dichos vicios se volverán contra nosotros. Y creo que si no hemos amado en esta tierra, solo nosotros nos sentiremos responsables.
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Quizás uno de los mayores problemas de este mundo sea su falta de generosidad.
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Saludos.
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miércoles, 10 de septiembre de 2008

¿Por qué...?

Después de cenar y cuando todo está tranquilo, además de escribir mi post, suelo ojear las noticias para estar un poco al dia de lo que pasa en esta pequeña esfera giratoria en la que vivimos; pero veo que entre unos y otros me van a obligar a que abandone mi costumbre de leer la prensa.

Lo digo porque cuando estaba preparando el post de hoy leo una noticia que ignoraba, y que me ha dejado, literalmente, k.o. Una mujer de Ohio (EE.UU.) fue acusada de dar muerte a su bebé quemándolo en el microondas en el 2005. Ha sido condenada a cadena perpetua sin posibilidad de obtener la libertad condicional. Los que querais ver la noticia, pinchad aquí.

¿Por qué? ¿Por qué?
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¡¿Pero maldita sea, oh Dioses, por qué pasan estas cosas?!

¿Cuándo puñetas vas a perder tu capacidad de asombro Cornelivs?

Se me han quitado las ganas de postear. Hoy me limitaré a rezar una oración a esa nueva estrellita que luce en el cielo.

Saludos.
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martes, 9 de septiembre de 2008

Who wants to live forever?




Este fin de semana he vuelto a ver todo un clásico del cine: “Los Inmortales”, la primera de la saga. Es del año 1.986, dirigida por Russel Mulcahy. Como seguramente ya sabréis, narra las aventuras de una raza de humanos con el don de la inmortalidad, cuya muerte sólo puede suceder si se les separa la cabeza del cuello, y cuya leyenda reza que "sólo puede quedar uno". Tanto el director Russell Mulcahy como el protagonista Christopher Lambert eran unos desconocidos, y supuso todo un considerable éxito de taquilla en todo el mundo. Como banda sonora podemos escuchar, nada mas y nada menos, que a los inolvidables Queen, con Freddy Mercury a la cabeza. Ha tenido luego otras dos secuelas, pero mi preferida y en mi opinión, la mejor de todas, es la primera.

El protagonista, Conner Mc Leeod -el escocés- nació en el año 1.546 y es inmortal, pero el no lo sabía. Cuando "el Kurgan" lo atravesó con su espada de parte a parte, y al dia siguiente se levantó milagrosamente sano, lo echaron de su propia aldea, pues pensaban que era el demonio. Se fue de allí.

Ramirez (Sean Connery) le enseñó que era inmortal y que no podia morir jamás. Le enseñó a manejar la espada y a tomar conciencia de si mismo. Poco después Conner se enamora de esta auténtica preciosidad de chica que podeis ver en el video. Ramirez, anticipandose al sufrimiento futuro de Conner cuando ella fallezca, se ve obligado a avisarselo, y le cuenta el dolor que Ramirez ya sufrió cuando falleció su amada princesa japonesa: “Tienes que dejarla, hermano, quisiera ahorrarte ese dolor, deja a Heder”.

Pero Conner está demasiado enamorado de ella, y no atiende a razones. Ella fue la mujer de su vida. En el video podeis apreciar una de las escenas mas memorables de la película: la famosa secuencia en la cual, poco después de que el Kurgan matara a Ramirez, Conner y Heder rehacen su vida. El sigue igual de joven que siempre, no puede envejecer, no puede morir, es inmortal. Ella, poco a poco va envejeciendo, y finalmente muere.

La escena, con la voz del inolvidable Freddy Mercury cantando “Who wants to live forever” (¿Quién quiere vivir para siempre?) me sigue impactando.

Y, sí, Conner cumplió su promesa a Heder: hasta cuatrocientos años después, ya en pleno Siglo XX, poco antes de su combate definitivo con el otro inmortal que quedaba (el terrorifico Kurgan) todos los años, todos, el dia de su cumpleaños le encendía su vela a su amada.

Su amor por ella era inmortal, como él.

Saludos .

P.D. Nuestra amiga Esther, de Un lugar de Encuentro, me concede este premio, y me dedica en su blog unas palabras muy dulces y encantadoras. Muchisimas gracias Esther, regalos como este son como un soplo de aire fresco en medio del inmenso calor del verano. Tu también tienes un trocito de mi corazón, Esther. Gracias de nuevo y UN BESO ENORME.

lunes, 8 de septiembre de 2008

La eterna huida del dolor

El ser humano siempre ha huido de la calamidad, del dolor y del sufrimiento. Y se ha preguntado sin cesar el por qué suceden desgracias a hombres buenos o a criaturas inocentes, reputando siempre tales acontecimientos como intrínsecamente injustos, como errores de la naturaleza ó arguyendo otras mil hipótesis. Cientos de filosofos de todas las épocas han meditado esta cuestión, que ya fue estudiada en Roma; y no por cualquiera, sino por el más grande filosofo que dió al mundo: Lucio Anneo Séneca. Si sigues mi blog, ya sabes que es uno de mis oráculos.

Por ello me gustaría, estimado lector, que hoy leyeras tranquilamente, sin prisa, meditando un poco. Tómate tu tiempo. Te voy a regalar estas joyas incomparables de Séneca, con la sana intención de promover e incentivar la lectura de estas grandes obras. Son sus Tratados Morales, también conocidos como los “Siete Libros de la Sabiduría”. Familiarízate poco a poco con el lenguaje y con el estilo, y ten en cuenta que se escribieron hace dos mil años; pero no olvides, igualmente, que el corazón humano era, es y será siempre el mismo, de modo que algunas veces te parecerá que se han escrito ayer mismo.

Los libros son siete. Como no quiero cansarte, aquí te dejo párrafos sueltos del primero de ellos.

“Me preguntas, Lucilo, cómo se compadece que gobernándose el mundo con divina Providencia, sucedan muchos males a los hombres buenos. Te daré razón de esto con más comodidad en el contexto del libro…

“…yo quiero ponerte en amistad con los dioses, que son buenos con los buenos; porque la naturaleza no consiente que los bienes dañen a los buenos. Entre Dios y los varones justos hay una cierta amistad unida, mediante la virtud: y cuando dice amistad, debiera decir una estrecha familiaridad, y aun una cierta semejanza; porque el hombre bueno se diferencia de Dios en el tiempo, siendo discípulo e imitador suyo; porque aquel magnífico padre, que no es blando exactor de virtudes, cría con más aspereza a los buenos, como lo hacen los severos padres. Por lo cual cuando vieres que los varones justos y amados de Dios padecen trabajos y fatigas, y que caminan cuesta arriba y que al contrario los malos están lozanos y abundantes de deleite, persuádete a que al modo que nos agrada la modestia de los hijos, y nos deleita la licencia de los esclavos nacidos en casa, y a los primeros enfrenamos con melancólico recogimiento, y en los otros alentamos la desenvoltura; así hace lo mismo Dios, no teniendo en deleites al varón bueno, de quien hace experiencias para que se haga duro, porque le prepara para sí.

“¿Por qué sucediendo muchas cosas adversas a los varones buenos, decimos que al que lo es no le puede suceder cosa mala? Las cosas contrarias no se mezclan; al modo que tantos ríos y tantas lluvias, y la fuerza de tantas saludables fuentes no mudan ni aun templan el desabrimiento del mar, así tampoco trastorna el ánimo del varón fuerte la avenida de las adversidades, siempre se queda en su ser; y todo lo que le sucede, lo convierte en su mismo color, porque es más poderoso que todas las cosas externas. Yo no digo que no las siente; pero digo que las vence, y que estando plácido y quieto se levanta contra las cosas que le acometen, juzgando que todas las adversas son examen y experiencias de su valor. ¿Pues qué varón levantado a las cosas honestas no apetece el justo trabajo, estando pronto a los oficios, aun con riesgo de peligros? ¿Y a qué persona cuidadosa no es penoso el ocio? Vemos que los luchadores, deseosos de aumentar sus fuerzas, se ponen a ellas con los más fuertes, pidiendo a los con quien se prueban para la verdadera pelea que usen contra ellos de todo su esfuerzo: consienten ser heridos y vejados; y cuando no hallan otros que solos se les puedan oponer, ellos se oponen a muchos. Se marchita la virtud si no tiene adversario, y se conoce cuán grande es y las fuerzas que tiene cuando el sufrimiento muestra su valor. Sábete, pues, que los varones buenos han de hacer lo mismo, sin temer lo áspero y difícil y sin dar quejas de la fortuna. Atribuyan a bien todo lo que les sucediere, conviértanlo en bien, pues no está la monta en lo que se sufre, sino en el denuedo con que se sufre. ¿No consideras cuán diferentemente perdonan los padres que las madres? Ellos quieren que sus hijos se ejerciten en los estudios sin consentirles ociosidad, ni aun en los días feriados, sacándoles tal vez el sudor y tal vez las lágrimas; pero las madres procuran meterlos en su seno y detenerlos a la sombra, sin que jamás lloren, sin que se entristezcan y sin que trabajen. Dios tiene para con los buenos ánimo paternal, y cuando más apretadamente los ama, los fatiga, ya con obras, ya con dolores y ya con pérdidas, para que con esto cobren verdadero esfuerzo.

Pero porque cuando pasemos más adelante con el discurso te haré demostración que no son males los que lo parecen, digo ahora que estas cosas que tú llamas ásperas y adversas y dignas de abominación son, en primer lugar, en favor de aquellos a quien suceden, y después en utilidad de todos en general, que de éstos tienen los dioses mayor cuidado que de los particulares, y tras ellos de los que quieren les sucedan males; porque a los que rehúsan los tienen por indignos. Añadiré que estas cosas las dispone el hado, y que justamente vienen a los buenos por la misma razón que son buenos. Tras esto te persuadiré que no tengas compasión del varón bueno, porque aunque podrás llamarle desdichado, nunca él lo puede ser. Dije lo primero, que estas cosas de quien tememos y tenemos horror son favorables a los mismos a quien suceden, y ésta es la más difícil de mis proposiciones. Me dirás: ¿cómo puede ser útil el ser desterrados, el venir a pobreza, el enterrar los hijos y la mujer, el padecer ignominia y el verse debilitado? Si de esto te admiras, también te admirarás de que hay algunos que curan sus enfermedades con hierro y fuego, con hambre y sed. Y si te pusieres a pensar, que a muchos para curarlos les raen y descubren los huesos, les abren las venas y cortan algunos miembros que no se podían conservar sin daño del cuerpo. Con esto, pues, concederás que he probado que hay incomodidades que resultan en beneficio de quien las recibe; y muchas cosas de las que se alaban y apetecen se convierten en daño de aquellos que con ellos se alegran, siendo semejantes a las crudezas y embriagueces, y a las demás cosas que con deleite quitan la vida.

Entre muchas magníficas sentencias de nuestro Demetrio hay ésta, que es en mí fresca, porque resuena aún en mis oídos. «Para mí, decía, ninguno me parece más infeliz que aquel a quien jamás sucedió cosa adversa»; porque a este tal nunca se le permitió hacer experiencia de sí, habiéndole sucedido todas las cosas conforme a su deseo, y muchas aun antes de desearlas. Mal concepto hicieron los dioses de éste; le tuvieron por indigno de que alguna vez pudiese vencer a la fortuna, porque ella huye de todos los flojos, diciendo: «¿Para qué he de tener yo a éste por contrario? Al punto rendirá las armas; para con él no es necesaria toda mi potencia; con sólo una ligera amenaza huirá; no tiene valor para esperar mi vista; búsquese otro con quien pueda yo venir a las manos, porque me desdeño encontrarme con hombre que está pronto a dejarse vencer.» El gladiador tiene por ignominia el salir a la pelea con el que le es inferior, porque sabe que no es gloria vencer al que sin peligro se vence. Lo mismo hace la fortuna, la cual busca los más fuertes y que le sean iguales: a los otros déjalos con fastidio: al más erguido y contumaz acomete, poniendo contra él toda su fuerza.

Las cosas prósperas suceden a la plebe y a los ingenios viles: y al contrario, las calamidades y terrores, y la esclavitud de los mortales, son propios del varón grande. El vivir siempre en felicidad, y el pasar la vida sin algún remordimiento de ánimo, es ignorar una parte de la naturaleza. ¿Eres grande varón? ¿De dónde me consta si no te ha dado la fortuna ocasión con que ostentar tu virtud? Viniste a los juegos Olimpios y en ellos no tuviste competidor: llevarás la corona olímpica, pero no la victoria. No te doy el parabién como a varón fuerte: te lo doy como al que alcanzó el consulado o el corregimiento con que quedas acrecentado. Lo mismo puedo decir al varón bueno, si algún dificultoso caso no le dio ocasión en que poder demostrar la valentía de su ánimo. Te juzgo por desgraciado si nunca lo fuiste: pasaste la vida sin tener contrario; nadie (ni aun tú mismo) conocerá hasta dónde alcanzan tus fuerzas; porque para tener noticia de sí es necesaria alguna prueba, pues nadie alcanza a conocer lo que puede sino es probándolo.

El intento de Dios es persuadir al varón sabio que las cosas que el vulgo apetece y las que teme, ni son bienes ni males. ¿Se conocerá el ser bienes si no los diere sino a los varones buenos, y ser males si no los diere sino a los malos? La ceguera fuera detestable si ninguno perdiera la vista sino aquel que mereciese le fuesen sacados los ojos. Carezcan finalmente de luz Apio y Metelo. Las riquezas no son bienes, pues téngalas Eliorufian, para que cuando los hombres consagraren su mejor dinero en el templo, le vean también en el burdel. El mejor medio de que Dios usa para desacreditar las cosas deseadas es darlas a los malos y negarlas a los buenos. Bien está eso; pero parece cosa injusta que el varón bueno sea debilitado, herido y maltratado, y que los malos anden libres y afeminados. Si eso dices, también seria cosa inicua que los varones fuertes tomen las armas, y que pasen las noches en la campaña, asistiendo en el batallón con las heridas atadas, y que en el ínterin estén sosegados y seguros en la ciudad los eunucos que profesan deshonestidad. Y tampoco parecerá justo que las nobilísimas vírgenes se desvelen de noche para los sacrificios, cuando las mujeres de manchada opinión gozan de profundo sueño. El trabajo cita a los buenos, y el Senado suele estar todo el día en consejo, cuando en el mismo tiempo el hombre más vil deleita su ocio en el campo, o está encerrado en el bodegón, o gasta el tiempo en algún liviano paseo. Lo mismo, pues, sucede en esta gran República del mundo, en que los varones buenos trabajan y se ocupan, y sin ser forzados siguen voluntariamente a la fortuna, igualando con ella los pasos, y si supieran a donde los encaminaba, se le adelantaran. También me acuerdo haber oído esta fortísima razón de Demetrio: «De solo esto me puedo quejar, oh dioses inmortales, de que antes de ahora no me hayáis hecho notoria vuestra voluntad, para que hubiera venido primero a estas cosas a que ahora estoy pronto. ¿Queréis quitarme los hijos? Para vosotros los crié. ¿Queréis algún miembro de mi cuerpo? Tomadle: y no hago mucho en ofrecerle, habiendo de dejarlos todos muy presto. ¿Queréis la vida?; ¿por qué no la he de dar? Ninguna detención habrá en restituiros lo que me disteis. Todo lo que pidiereis, lo recibiréis de mí, que con voluntad lo doy. ¿Pues de qué me quejo? De que quisiera darlo por voluntaria ofrenda, más que por restitución. ¿Qué necesidad hubo de quitarme lo que podíais recibir? Pues aun con todo eso no me habéis de quitar cosa alguna, porque no se quita sino al que la retiene. Yo en nada soy forzado, y nada padezco contra mi gusto, ni en esto os hago servicio: me conformo con vuestra voluntad, conociendo que todas las cosas corren por una cierta ley promulgada para siempre.»
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Saludos.
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domingo, 7 de septiembre de 2008

Golpe de Estado

Su nombre era Lucio Sergio Catilina y vivió entre los años 108 a.C. y 62 a.C. Perteneciente a una familia patricia, y bisnieto de Marco Sergio Silo, heroico combatiente de la Segunda Guerra Púnica, su familia había perdido posteriormente su prestigio social y económico. Para describirlo tomaremos en cuenta las expresiones de Salustio, que vivió en la convulsionada epoca de Cicerón y de cuyos relatos conocemos gran parte de lo acontecido en esos días, aunque de modo demasiado subjetivo. Es un historiador que escribe con enseñanzas morales, criticando a muchos personajes por sus costumbres y carácter, cuando él mismo, estuvo inmerso, cosa que él reconoce, en esa Roma despojada de virtudes. Así, aparece Catilina como una persona sumamente inteligente, hábil y de ambiciones desmedidas. Fuerte en su cuerpo y en su personalidad, calculador y frío.
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Lo que sí es cierto es que Catilina se destacó por su muy meritoria carrera militar, desempeñándose en las fuerzas del cónsul Cneo Pompeyo Estrabón y participando en las guerras civiles que enfrentaron a Mario y a Sila, combatiendo en las filas de este último. Junto a Sila realizó una ascendente carrera política, desempeñándose en el cargo de cuestor durante su mandato dictatorial, donde fue acusado por Plutarco de haber cometido crímenes aberrantes contra sus adversarios políticos. Sus ideas eran en defensa de la plebe empobrecida y endeudada, a la que ofrecía reparaciones económicas, como la condonación de deudas. Según Salustio, siempre hostil a Catilina, su entorno estaba conformado por adúlteros, homicidas, sacrílegos, y todo tipo de miserables.
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Desde su juventud, estuvo involucrado en actos contrarios a las buenas costumbres y al pudor, como el cometido contra una sacerdotisa de Vesta, probablemente cuñada de Cicerón. Se lo acusó además del asesinato de su propio hijastro, para casarse con Aurelia Orestila.
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Fue designado pretor, en el año 68 a.C y luego propretor de África, lugar del que regresó en el año 66 a.C., siendo acusado ante el senado por desempeño abusivo de su mandato. Habiéndosele impedido acceder al consulado en el año 65 a. C., se cree que Catilina organizó una conspiración, participando en un Golpe de Estado para acceder al Consulado, esto es, al poder de Roma. Fue durante el consulado de Lucio César y Cayo Figulo, y fue urdida probablemente por Craso, hombre rico y poderoso, quien ansiaba proclamarse dictador. Fue seguida de otra posterior y ambas fracasaron. Los conspiradores pretendian asesinar a los candidatos electos el mismo día de su elección, tomando ellos sus lugares como Cónsules.
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Cuando en al año 63 a.C., logró Catilina presentarse a las elecciones acompañado de Cayo Antonio Híbrida, fue vencido por Cicerón y Antonio. Más que probablemente, bajo la protección de César, presidente del tribunal, pudo salir exculpado de las acusaciones que recayeron sobre él por los delitos de homicidio cometidos durante la guerra civil en que luchó junto a Sila. Enarbolando la bandera de defensa de las clases populares, reunió entre sus adeptos a todos los opositores políticos de Pompeyo y del senado romano. Cayo Manlio, logró aportar más hombres a la causa, luego de la conspiración de Etruria, lugar que sería elegido como escenario para sus luchas revolucionarias, para luego dirigirse a Roma.
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La parte más ambiciosa del plan consistía en el asesinato de Cicerón hecho que acontecería el 7 de noviembre de año 63 a.C. Sin embargo Cicerón fue alertado por Fulvia una mujer de la nobleza, amante de Quinto Curio, partícipe de la conspiración, quien tenía una vida escandalosa, y por ese motivo había sido echado del Senado por los censores. Había contado a Fulvia sobre los planes contra Cicerón. La mujer delató lo que iba a acontecer, y Cicerón logró salvarse.
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Cicerón acusó a Catilina ante el Senado, y el acusado tras una reacción violenta, huyó de Roma hacia Etruria para reunirse con Manlio. Son las famosas "Catilinarias". El discurso de Cicerón comienza con una de sus frases más recordadas y famosas : Quo usque tandem abutere, Catilina, patientia nostra? Quam diu etiam furor iste tuus nos eludet? quem ad finem sese effrenata iactabit audacia? (¿Hasta cuándo, Catilina, abusarás de nuestra paciencia? ¿Hasta cuándo esta locura tuya seguirá riéndose de nosotros? ¿Cuándo acabará esta desenfrenada audacia tuya?)
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Catilina estaba presente cuando Cicerón pronunció el discurso en el templo de Júpiter Stator: al entrar en el mismo, los demás senadores se apartaron de él y lo dejaron sólo en su escaño. Catilina trató de replicar el discurso, pero los senadores lo interrumpieron una y otra vez acusándolo de traidor. Tantos fueron los insultos que vertieron contra Catilina, que éste tuvo que salir corriendo del Senado, y poco después abandonó la ciudad y se dirigió al campamento de manlio, quien estaba al mando del ejército rebelde. En los siguientes comicios fueron elegidos cónsules Marco Tulio y Cayo Antonio, mientras Catilina seguía urdiendo planes contra Roma. Atrajo también a su causa a Sempronia, la hermosa, lujuriosa y culta esposa de Junio Bruto, quien se había desempeñado como cónsul. Sempronia murió en Módena asesinada por Marco Antonio.
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La conspiración en Roma fue desbaratada, hallándose cartas que incriminaron a cinco rebeldes, que fueron ejecutados, a petición de Catón. Catilina y Manlio fueron declarados por decreto, enemigos de la República, quedando privados de sus derechos civiles y sometidos al derecho de guerra.
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En Pistoria, las tropas de Catilina se enfrentaron a las de Antonio, quien por hallarse enfermo de gota, entregó el mando del ejército a Marco Petreyo. en lo que sería para Catalina, su último combate. Primero fueron muertos sus camaradas, Manlio y el Fiesolano y luego él mismo, quien en un acto más de coraje, que de real posibilidad de victoria, se enfrentó en forma suicida con los pocos hombres que quedaban a las tropas leales a la República romana.
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Asi terminó uno de los episodios más conocidos de los convulsos ultimos tiempos de la Republica de Roma. Faltaban muy poquitas décadas para que Augusto inaugurara el Principado.
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Saludos
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