"Cree a aquellos que buscan la verdad, duda de los que la han encontrado" (André Gide)
"No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defendería con mi vida tu derecho a expresarlo" (Voltaire)

"La religión es algo verdadero para los pobres, falso para los sabios y útil para los dirigentes" (Lucio Anneo Séneca)
"Cualquier hombre puede caer en un error, pero solo los necios perseveran en él" (Marco Tulio Cicerón)
"Quien no haya sufrido como yo, que no me de consejos" (Sófocles)
"No juzguéis y no sereis juzgados" (Jesús de Nazaret)
. . .

sábado, 14 de noviembre de 2009

Inolvidable Groucho

Una cita a ciegas puede convertirse en un cerdo con sombrero y un bolso de mujer.

Jamás aceptaría pertenecer a un club que me admitiera como socio.

¿A quien va usted a creer?, ¿a mi, o a sus propios ojos?

Estos son mis principios. Si a usted no le gustan, tengo otros.

Él puede parecer un idiota y actuar como un idiota. Pero no se deje engañar. Es realmente un idiota.

Nunca olvido una cara. Pero en su caso, estaré encantado de hacer una excepción.

Claro que lo entiendo. Incluso un niño de cinco años podría entenderlo. ¡Que me traigan un niño de cinco años!

Desde el momento en que cogí su libro me caí al suelo rodando de risa. Algún dia espero leerlo.

Es mejor estar callado y parecer tonto que hablar y despejar las dudas definitivamente.

Bebo para hacer interesantes a las demás personas.

Detrás de cada gran hombre hay una gran mujer. Detrás de ella, esta su esposa.

El matrimonio es la principal causa de divorcio.

¿Por qué debería preocuparme por la posteridad? ¿Que ha hecho la posteridad por mi?

La justicia militar es a la justicia lo que la música militar es a la música.

No piense mal de mí, señorita. Mi interés por usted es puramente sexual.

La televisión ha hecho maravillas por mi cultura. En cuanto alguien enciende la televisión, voy a la biblioteca y me leo un buen libro.

La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnostico falso y aplicar después los remedios equivocados.

Lo malo del amor es que muchos lo confunden con la gastritis y, cuando se han curado de la indisposición, se encuentran con que se han casado.

M. Dumont: Dime Wolfie, cariño, ¿tendremos una casa maravillosa? Groucho: Por supuesto, ¿no estarás pensando en mudarte, verdad? M. Dumont: No, pero temo que cuando llevemos un tiempo casados, una hermosa joven aparezca en tu vida y te olvides de mí. Groucho: No seas tonta, te escribiré dos veces por semana.

No permitiré injusticias ni juego sucio, pero, si se pilla a alguien practicando la corrupción sin que yo reciba una comisión, lo pondremos contra la pared... ¡Y daremos la orden de disparar!

Está loca por mí. ¡Qué mujer no lo está! Yo sé que va usted a preguntarme cuál es mi secreto... ¡Voto al diablo que sois osado! El secreto es no darles a entender que se las quiere. No ir nunca tras ellas. Que ellas vayan detrás de ti. Hay que avivar el cariño del amor con el abanico de la indiferencia... (Los Hermanos Marx en el Oeste)

Disculpen si les llamo caballeros, pero es que no los conozco muy bien.

¿Pagar la cuenta?... ¡Qué costumbre tan absurda!

Me casé por el juzgado. Debería haber pedido un jurado.

Es usted la mujer más bella que he visto en mi vida... lo cual no dice mucho en mi favor.

Hasta luego cariño... ¡Caramba!, la cuenta de la cena es carísima... ¡Es un escándalo!... ¡Yo que tú no la pagaría!

Nunca voy a ver películas donde el pecho del héroe es mayor que el de la heroína.

Saludos

viernes, 13 de noviembre de 2009

Dinero

O lo que es lo mismo, el más potente disolvente y/o la más letal sustancia corrosiva que existe en el mundo. Lo disuelve todo: buenas intenciones, altruismo, generosidad, fidelidad, nobleza de corazón, principios éticos o religiosos, en definitiva: todo lo que de noble y de bueno exista o pueda existir en el ser humano. Y su poder corrosivo es terrible: destruye amores eternos, tanto de pareja como familiares: padres enfrentados a hijos, y éstos entre si; amigos, vecinos.

Nos aleja de nuestra condición de humanos el culto exclusivo al dinero, que es el punto más alto de la profunda cueva del materialismo: ese odioso “tanto vales cuanto tienes”, vomitiva frase que se ha adueñado de un mundo que niega todo lo espiritual, todo principio ético y todo afán de servir a los demás: ni lo entienden, ni ganas que tienen de entenderlo.

Estoy hartísimo de esa masa informe compuesta por miles de eunucos mentales que toman a los buenos por tontos (¡y una mierda...!, con perdón) porque no hacen lo que hace todo el mundo; que no cesan de aplaudir al poder del dinero y que no ven mas alla de su cortedad de miras mental y sobre todo espiritual: jamás sabrán conjugar bien los verbos ser y tener. Que se jodan: jamás podrán aumentar el ser a base de tener. Si, que se enteren de una vez: podrán ser ricos y tener mucho dinero, pero no por ello dejarán de ser lo que verdaderamente son.

No quisiera, lo juro por todos los dioses del averno, no quisiera morir tan pobre que al final de mi vida lo único que me quedara fuera eso…dinero.

Saludos

jueves, 12 de noviembre de 2009

Durandarte

Para el grupo de lectura del Quijote en La Acequia.

Cuando era un adolescente me entusiasmó este Capitulo XXIII de la Segunda Parte, que narra el bello sueño que D. Quijote tuvo en la Cueva de Montesinos. Era uno de mis preferidos y creo que fue el culpable -junto con otras lecturas, como "Flor nueva de romances viejos", de Menendez Pidal- de que me aficionara al romancero medieval español. ¡Que historia mas asombrosa la de Durandarte!

En la primera parte D. Quijote no tenía sueños, sino que sufría desaforadas y febriles imaginaciones caballerescas, incluso estando despierto: veia gigantes en vez de molinos y ejércitos en lugar de ovejas. Sin embargo, en esta segunda parte ¡que cambio más súblime introduce Cervantes en la imaginación del hidalgo manchego! Hasta el subconsciente de D. Quijote ha evolucionado, pues ahora sueña con los protagonistas de un antiguo y bellísimo romance medieval: Durandarte, Belerma y Montesinos.

Pero ¿Quiénes fueron estos personajes? Según la wikipedia, Durandarte, o Durandal, fue el nombre de la espada de Roldán (muerto en la batalla de Roncesvalles el 15 de Agosto del año 788) paladín y sobrino de Carlomagno. Aunque parece que el personaje con el que soñó D. Quijote es otro Durandarte, del Romancero Viejo, famoso por su relación con Belerma, personaje del romancero que designa a la dama ideal. Parece que este asunto era harto conocido en la literatura medieval.

Buscando más información en ésta página (entre otras numerosas) he averiguado que la historia del caballero enamorado que entrega a su amada su corazón es un tema muy frecuente en la literatura medieval europea. En España fué desarrollado en el Romancero del siglo XV en un famoso romance, en que un caballero anónimo, malherido, exige a su primo Montesinos, antes de morir que, como último acto de caballería, lleve su corazón a su amada Belerma. Tenía este comienzo: “¡Oh Belerma, oh Belerma/ por mi mal fuiste engendrada!/ ¡Siete años te serví,/ que de ti no alcancé nada,/ y agora que me querías/ muero yo en esta batalla! “

El enorme éxito de este romance dio lugar a que se creara un nuevo romance en el siglo XVI, a modo de segundo acto de “Oh Belerma, oh Belerma”, en que Montesinos cumple el encargo del muerto, a quien ahora se identifica como Durandarte. Este fue el que tuvo que conocer Cervantes. Con esta historia soñó Don Quijote en la Cueva de Montesinos.

Hasta aquí mis investigaciones.

¿Que pensaba D. Miguel de Cervantes del Romancero? Indudablemente que lo conocia, y muy bien por cierto. Pero dejo a los expertos esta cuestión. Yo veo algunos detalles que denotan burla o ¿ironía? por parte de Cervantes hacia esos romances tan viejos, como por ejemplo estos: de un lado, dice que a Durandarte, una vez le sacan el corazón, le echan sal para que no oliese mal y llegue “amojamado” al menos hasta Belerma, que cosa mas rara, parece ironía pura; más adelante, cuando habla de Belerma, diciendo que estaba descolorida, pero no por tener la menstruación (“mal mensil” dice Cervantes) que “…ha muchos meses y aun años que no le tiene ni asoma por sus puertas”, sino por despecho por su malogrado amante (¿La está llamando “vieja”? ¿Está D. Miguel de broma de nuevo?); y vemos que cuando Montesinos le dice a Durandarte que D. Quijote estaba allí, y que quizás por su mediación se terminase su encantamiento, Durandarte responde algo extrañísimo: “Cuando así no sea, paciencia y barajar”, ese “cuando así no sea”, o bien es de nuevo ironía pura, o bien es que Durandarte no apostaba ni un céntimo por D. Quijote.

Quizás me equivoque, pero mi humilde opinión es que Cervantes, ironizando sobre estos antiquísimos romances, liquida o ayuda a liquidar la era de los romanceros medievales, los cuales ya se estaban quedando amojamados, como el corazón de Durandarte. Los tiempos ya eran otros; se habia descubierto América, el Renacimiento tocaba a su fin con el umbral de la Edad Moderna, y además el propio Cervantes ya habia inventado la novela moderna.

Por lo demás, sucede algo importante. Cervantes habla de nuevo del encantamiento de Dulcinea, con quien también sueña nuestro hidalgo. Al fin y al cabo es la dama de sus sueños. Pero Sancho no cree ni una sola palabra del sueño de D. Quijote, pues fue el propio escudero el verdadero mago y encantador de ese encantamiento.

Sancho esta rabiando por hablar de otra cosa, quizás temiera que se le descubra su burla, le dice a D. Quijote una y otra vez que no crea en esos sueños, que le tienen vuelto el juicio, etc, en definitiva, Sancho se sube a las barbas y pretende que D. Quijote se olvide, de una vez, del encantamiento de Dulcinea. Lo pasmoso del caso es que D. Quijote, en vez de reaccionar cosiendo a Sancho a lanzazos, no se enfada con él. Bueno…¡el futuro nos dirá que sucede con este encantamiento!

Saludos.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

¡Recuerda...!

En la antigua Roma, cuando un general romano entraba en la ciudad por la porta triumphalis, tras haber regresado triunfante y exitoso de alguna expedición militar contra el enemigo, desfilaba orgulloso hacia el Capitolio en su carroza triunfal. Lo acompañaban los senadores, los lictores, los portadores de los estandartes, de las águilas imperiales y de los demás signos y emblemas sagrados, banda de música y demás parafernalia. El aire se perfumaba con el incienso que salia de los templos. Era un acto muy solemne. El general portaba una corona de laurel en la cabeza. Pero detrás del general, y en la misma carroza, un esclavo se encargaba de recordarle al oido, una y otra vez, esta frase: Respice post te! Hominem te esse memento! (¡Mira tras de ti! Recuerda que solo eres un hombre y no un dios"). Sabia costumbre, por muchisimos motivos, que seguro que todos comprenderéis.

Quizás por eso llegaron tan lejos: nunca se les subió el éxito a la cabeza.

Dos mil años después, apenas transcurridos cinco minutos desde que enciendo la televisión, observo la estupidez completa, absoluta e irredimible de algunos miembros de la clase politica actual en España; y conste que no estoy generalizando, pues me refiero a miembros muy concretos y determinados de esa clase politica, cuyo nombre prefiero no recordar. Me turba y me espanta su absoluta idiotez, y lo que es peor: que no haya nadie que les diga a la cara lo que son; porque el problema es que son tan obvias, tan palpables y tan evidentes sus deficiencias, que no puedo comprender -a no ser que sea cosa de magia- el por qué razón están donde están, ocupando el cargo que ocupan. ¿El sistema electoral? Ah, claro, lo olvidaba, el sistema. Lo que yo pienso es que estamos como en el cuento de Andersen "El traje nuevo del emperador", nadie tenía narices de decirle al emperador que iba desnudo, solo un niño al final se atrevió.

Que pena que se haya perdido la antigua costumbre romana, puesto que a más de un personaje (o "personaja") de la actual clase politica que hablan con tan absurdo e incomprensible endiosamiento, alguien deberia de recordarle precisamente eso: que solo son hombres, y no dioses. Y lo veo dificil; pero quizás asi algunos dejarían de ser lo estúpidos que son; o al menos, su cota de estulticia disminuiría sensiblemente. (¡Te lo tengo dicho Cornelivs! ¿Para qué enciendes la television?)

Al menos, los antiguos romanos consiguieron la victoria y el engrandecimiento de su país. Pero éstos, ¿que puñetas han conseguido éstos?

Saludos.

martes, 10 de noviembre de 2009

Aquel atardecer

Llevaba semanas sin salir a la calle. Pero aquella tarde, resuelto a acabar con la monotonia, decidió dar un paseo e irse al parque, concretamente al mirador que ofrecia el bello paisaje de la sierra de su pueblo y el valle del Guadalquivir.

Jamás había gozado de tanta belleza como en aquel atardecer, bajo aquel sol rojizo que le recordaba su niñez. Si, era el mismo sol de su infancia, el que lo vió nacer. Sentía su calor en el rostro y su mente percibía todos los detalles de aquella incomparable belleza. Era tal la hermosura de aquel paisaje y tantos los recuerdos que afloraban a su mente, que perdió la noción del tiempo.

Gozó de esa belleza como nunca.

Y una solitaria lágrima asomó por sus ojos. Pensó: si el mundo no es capaz de percibir la belleza de un atardecer… ¿cómo va a ser capaz de captar la belleza de quien había creado todo aquello?

Estuvo allí, disfrutando de aquel bello atardecer, hasta que el sol se puso.

Profundamente reconfortado, se levantó, cogió su bastón de ciego, y lentamente se dirigió por la acera del parque hacia su casa, ayudado de su perro-guia.

Aquella noche…soñó con su niñez de nuevo, cuando sus ojos aún podian ver.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Un romano muy especial.

Estamos en el siglo del estrés, del agobio, de la falta de tiempo, de la inquietud emocional, de la incertidumbre económica y del vértigo existencial, todo sucede demasiado deprisa y muchas veces no tenemos tiempo para pararnos a reflexionar tranquilamente. Nos agobia el futuro, sentimos gran incertidumbre hacia el porvenir, y muchas veces carecemos de brújula que nos señale un buen norte. Pero, por extraño que parezca, estos son viejos problemas, conocidos ya por el ser humano desde hace milenios. El hombre siempre ha huido de la calamidad, del dolor y del sufrimiento. Y se ha preguntado sin cesar el por qué suceden desgracias a hombres buenos o a criaturas inocentes, reputando tales acontecimientos como intrínsecamente injustos, como errores de la naturaleza ó arguyendo otras mil hipótesis.

En nuestra época actual investigamos las posibles rutas hacia la felicidad, y nos parece que lo hemos inventado todo. Pero olvidamos que esas rutas hacia la felicidad o, si se quiere, hacia la paz interior, ya fueron investigadas por los seres humanos de antiguas civilizaciones y, como no, también por el Imperio Romano, hace mas de dos mil años. A poco que nos esmeremos, comprenderemos que solo ha evolucionado la ciencia y el avance tecnológico, pero NO así el corazón humano: los sentimientos que brotan de él siguen siendo los mismos ahora que hace dos mil años.

Y las respuestas que Roma ofreció al mundo fueron tan ingeniosas y tan sabias que, en mi opinión, muchas de esas enseñanzas están de plena actualidad en el S. XXI, y son de obligada lectura para el hombre post-moderno.

¿Cómo se enfrentaban los romanos ante la adversidad? ¿Cómo es que tenían ese carácter tan frio y sereno en medio de las dificultades, como adquirir esa misma presencia de ánimo, esa fortaleza ante la vida y ante las dificultades? ¿Como podian sosegar su ánimo ante los problemas?

Responderé con el aval de un romano excepcional e inmortal, en mi opinión, el mas grande filósofo que Roma ha dado al mundo, y el más brillante de todos los estoicos, que contemplaba la realidad con una mirada muy especial: Lucio Anneo Séneca. Viene de muy antiguo mi devoción por él (y quizás algun dia os cuente el por qué, que todo tiene su causa y su explicación en esta vida). Como veremos, Séneca, que contemplaba la realidad con una mirada muy especial, comprendió muy bien el mundo. Y el mundo de su época no se diferenciaba tanto de nuestro mundo actual.

Séneca ya distinguía entre dos clases de deseos: los naturales necesarios, relacionados con la supervivencia, y los naturales no necesarios, que provienen de la cultura, la política y de la vida social. La satisfacción de los deseos es lo que nos produce placer, sin embargo existen placeres que son completamente vanos y que nos producen un dolor mayor que el placer inicial; estos placeres producen intranquilidad y deben ser evitados por la razón ya que nos alejan de la ataraxia, y la filosofía es una vía hacia la ataraxia, ya que esta es considerada como la tranquilidad espiritual propia del sabio que distingue los deseos naturales de los que no lo son y es capaz de alejarse de aquello que es vano.

Para los estoicos, el objetivo es llegar a la ataraxia, y para ello el camino es la virtud, que consiste principalmente en adecuar los deseos propios a la racionalidad de la naturaleza aprendiendo a diferenciar las cosas que dependen de nosotros de las que no, ya que no tiene ningún sentido preocuparse por las segundas puesto que al hacerlo nos alejamos de la tranquilidad del alma.

También es necesario para encontrar la ataraxia, eliminar los miedos a Dios y la muerte y no quejarse por las inclemencias del destino.

Los Romanos eran valientes, decididos, no tenían miedo a la muerte, caminaban rectos hacia el enemigo con una valentía y un coraje personal individual que hoy, por desgracia, no existe. Por eso, el estoicismo se adaptaba tan bien a su carácter nacional. El estoicismo enseña a echarle valor y arrojo a la vida. Los estoicos defendían que la bondad se basa en el conocimiento y que los hombres verdaderamente sabios son indiferentes a los cambios de fortuna.

La filosofía de Séneca era muy elaborada, de hecho eran ideas muy adelantadas para la época, pues en aquel tiempo de esclavitud, los Estoicos avanzaron la noción de la humanidad universal, una hermandad entre hombres. En una era de opulencia, los estoicos rechazaban la vida ostentosa y preconizaban una vida de absoluto control. Y es que, como decía Séneca, y eso pasa hoy también, desperdiciamos la vida en lujos inconscientes, en la insaciable avaricia o en la cuidadosa diligencia de inútiles trabajos. Muchos se rinden ante la ociosidad o ante los placeres, mientras que a otros les preocupa unicamente la ambición de fortunas ajenas o el llegar a ser rico. Otros son inconstantes y vacilan entre varios pareceres; hay algunos a quienes, no agradándose de ocupación alguna que dirija su carrera, la muerte les sobreviene por sorpresa.

Dos mil años después, Séneca nos sigue enseñando la sensatez, la tranquilidad del animo, lo cual es una virtud encomiable.

Leer a Séneca es un verdadero bálsamo. Sus enseñanzas estoicas son una autentica delicia, una "delicatesen" para el alma. Sus textos parecen tan actuales que pensaremos que es imposible que esas razones se hayan escrito hace dos mil años. En concreto, sus Tratados Morales, también conocidos como Los siete libros de la sabiduría, contienen el compendio de su pensamiento, y nos aportan paz, sosiego y tranquilidad de ánimo.

Son siete libritos. Sus títulos lo dicen todo:

De la divina providencia
De la vida bienaventurada
De la tranquilidad del ánimo
De la constancia del sabio
De la brevedad de la vida
De la consolación
De la pobreza

Escuchemos algunas breves razones del primero de ellos.

Entre muchas magníficas sentencias de nuestro Demetrio hay ésta, que es en mí fresca, porque resuena aún en mis oídos. «Para mí, decía, ninguno me parece más infeliz que aquel a quien jamás sucedió cosa adversa»; porque a este nunca se le permitió hacer experiencia de sí, habiéndole sucedido siempre todas las cosas conforme a su deseo, y muchas aun antes de desearlas.

Mal concepto hicieron los dioses de éste; le tuvieron por indigno de que alguna vez pudiese vencer a la fortuna, porque ella huye de todos los flojos, diciendo: «¿Para qué he de tener yo a éste por contrario? Inmediatamente rendirá las armas; para con él no es necesaria toda mi potencia; con sólo una ligera amenaza huirá; no tiene valor para esperar mi vista; búsquese otro con quien pueda yo venir a las manos, porque me desdeño encontrarme con hombre que está pronto a dejarse vencer.»


El gladiador tiene por deshonra el salir a la pelea con el que le es inferior, porque sabe que no es gloria vencer al que sin peligro se vence. Lo mismo hace la fortuna, la cual busca los más fuertes y que le sean iguales: a los otros déjalos con fastidio: al más erguido y contumaz acomete, poniendo contra él toda su fuerza.

Las cosas prósperas suceden a la plebe y a los ingenios viles: y al contrario, las calamidades y terrores, y la esclavitud de los mortales, son propios del varón grande. El vivir siempre en felicidad, y el pasar la vida sin algún remordimiento de ánimo, es ignorar una parte de la naturaleza.

En cuanto a la fortaleza de carácter, Séneca nos enseña a tener valor ante la vida, sin acobardarnos.

¿Eres grande varón? ¿De dónde me consta, si no te ha dado la fortuna ocasión con que ostentar tu virtud? Viniste a los juegos Olímpicos y en ellos no tuviste competidor: llevarás la corona olímpica, pero no la victoria. No te doy el parabién como a varón fuerte: te lo doy como al que alcanzó el consulado o el corregimiento con que quedas acrecentado. Lo mismo puedo decir al varón bueno, si algún dificultoso caso no le dio ocasión en que poder demostrar la valentía de su ánimo. Te juzgo por desgraciado si nunca lo fuiste: pasaste la vida sin tener contrario; nadie (ni aun tú mismo) conocerá hasta dónde alcanzan tus fuerzas; porque para tener noticia de sí es necesaria alguna prueba, pues nadie alcanza a conocer lo que puede sino es probándolo.

Sobre el despego a los bienes y la aceptación de nuestro destino, nos dice lo siguiente:

El mejor medio de que Dios usa para desacreditar las cosas deseadas es darlas a los malos y negarlas a los buenos. Bien está eso; pero parece cosa injusta que el varón bueno sea debilitado, herido y maltratado, y que los malos anden libres y afeminados. Si eso dices, también seria cosa injusta que los varones fuertes tomen las armas, y que pasen las noches en la campaña, asistiendo en el batallón con las heridas atadas, y que mientras estén sosegados y seguros en la ciudad los eunucos que profesan deshonestidad. El trabajo cita a los buenos, y el Senado suele estar todo el día en consejo, cuando en el mismo tiempo el hombre más vil deleita su ocio en el campo, o está encerrado en el bodegón, o gasta el tiempo en algún liviano paseo. Lo mismo, pues, sucede en esta gran República del mundo, en que los varones buenos trabajan y se ocupan, y sin ser forzados siguen voluntariamente a la fortuna, igualando con ella los pasos, y si supieran a donde los encaminaba, se le adelantaran.

Dos mil años han transcurrido desde que Lucio Anneo Seneca escribiera las anteriores razones. Parece mentira, pero asi es. Y escribió muchísimo más.

Leyéndolo, no puedo dejar de pensar en él como en un ciudadano de nuestra época, que por arte de magia vivió hace dos mil años en la antigua y eterna Roma.

Saludos

domingo, 8 de noviembre de 2009

Algunas noches...

Hay noches en las que es mejor no escribir, pues las musas se toman un pequeño descanso y te dejan solo, como anoche. No se si alguna vez os habrá sucedido. Sentí el deseo de escribir sobre algo determinado, y efectivamente, lo hago. Era una entrada corta, muy corta y en ella hablaba de la tristeza. Pero apenas colgada en el blog observo que no refleja exactamente lo que yo quiero decir, de modo que cambio esta frase aqui y esta palabra allá: pero el resultado es desesperanzador, aquello cada vez se parece menos a lo que quiero expresar.

Hago un último intento y añado un tercer párrafo, pero me da la impresión de que cambia el sentido por completo. ¡Que me está pasando! ¡Oh dioses, comienzo a sentirme como Orbaneja, el famoso pintor de Ubeda! Si, aquel que menciona Cervantes en la 2ª Parte de D. Quijote, que tenia que escribir debajo de su pintura con letras góticas lo que habia pintado para que se supiera que era aquello.

Finalmente, hastiado, opto por borrar la entrada. Localizo tres comentarios de tres amigos, a quienes pido disculpas por haberla borrado; pero es que, mientras más la leía menos me gustaba, aquello no era lo que yo queria expresar.

Decididamente, hay momentos en los que es mejor...no escribir.

Saludos.