"Cree a aquellos que buscan la verdad, duda de los que la han encontrado" (André Gide)
"No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defendería con mi vida tu derecho a expresarlo" (Voltaire)

"La religión es algo verdadero para los pobres, falso para los sabios y útil para los dirigentes" (Lucio Anneo Séneca)
"Cualquier hombre puede caer en un error, pero solo los necios perseveran en él" (Marco Tulio Cicerón)
"Quien no haya sufrido como yo, que no me de consejos" (Sófocles)
"No juzguéis y no sereis juzgados" (Jesús de Nazaret)
. . .

viernes, 2 de octubre de 2009

Carta a un enemigo.

"Estimado enemigo.

Te sorprenderá que te escriba estas letras, y más aún cuando te diga que lo hago con la intención de darte las gracias, pues no te puedes imaginar la cantidad de cosas que he aprendido de ti y quiero agradecértelo.

Con tu envidia hacia mi me has enseñado a no tener envidia de nadie, a que me conforme con lo que tengo. Con tu odio he aprendido a amar a los demás. Puedo asegurarte que se está muy feliz así, en serio. Además, he visto los efectos que la envidia y odio generan al cabo de los años en las personas que lo padecen y, sinceramente, no quisiera acabar así.

Jamás me lo pusiste fácil, y te lo agradezco triplemente, porque así me has hecho más fuerte: me has enseñado que no se consigue nada sin esfuerzo. Sin tu proponértelo has logrado que aspire a convertirme no tanto en un hombre de éxito -lo cual es algo fugaz y pasajero-, sino en un hombre de valor, que es un algo mucho mas importante e imperecedero, cosa que estoy descubriendo con el paso de los años.

A pesar de ti, y de otras personas como tu, aquí estoy, pues me has enseñado el valor de la lucha diaria. Y eso es de agradecer. Además, con tus continuos intentos de desacreditarme, has logrado que vea la luz: has conseguido que respete a mis compañeros, me has enseñado a no desacreditar a nadie y sobre todo a tener claro que, si bien es cierto que cuenta la opinión de los demás, lo que más ha de contar es lo que uno mismo piense de si.

Con tu soberbia me has enseñado la luz de la humildad. Y fundamentalmente, tambien he aprendido a distinguir a amigos de enemigos, porque te digo que, por astuto que uno sea, al que es enemigo se le ve el corazón en los labios.

Pero lo que más te agradezco es la fidelidad de tu enemistad. Se que es una enemistad sincera, sin mezcla de traición. Por eso prefiero tu compañia antes que la palmadita del traidor que se pone la máscara de amigo para luego traicionarte por la espalda. Tu, al menos, te has atrevido a dar la cara, quieran los dioses guardarnos, a ti y a mi, de enemigos ocultos.

Y desde luego, tambien prefiero tu compañia mucho antes que a los carroñeros que no sienten, y que se limitan a estar todo el día viendo como caen las cabezas de las demás, igual que hacian muchas mujeres en el París de la Revolución, cuando se sentaban a hacer punto esperando que el verdugo hiciera correr la guillotina.

Termino ya. No pienso vengarme de ti, no merece la pena, de modo que tranquilo, le dejo ese cometido a la vida. Los dioses te guarden, y a mi no me olviden."

Saludos.

jueves, 1 de octubre de 2009

El inaudito ánimo de D. Quijote ante los leones

Los jueves leemos el Quijote con Pedro Ojeda.

Para el grupo de lectura del Quijote en
La Acequia.

Este capítulo XVII de la Segunda Parte empieza con el simpático detalle de los requesones que Sancho coloca con las prisas en la celada de D. Quijote, y consiguiente susto de éste último cuando se coloca la celada y le parece que se le ablandan los cascos, o se le derriten los sesos. Me imagino la mirada de sorpresa de D. Diego, prudente y sagaz observador. Por cierto, Sancho sale bien parado y escapa muy astutamente de la cólera de D. Quijote.

Sigue D. Quijote haciendo gala de mucha más prudencia e inteligencia que en la primera parte, tal y como comenté en el capitulo anterior. Ve las cosas tal y como son en realidad (no como antes, que solo veia lo que se le representaba en su imaginación, los molinos eran gigantes) los leones son leones, la jaula es una jaula, y las banderas del carro son las banderas del carro. Parece que sabe a que se enfrenta.

Por eso ahora me encanta la nueva, cuidada, sofisticada e inteligente forma que tiene D. Quijote de acometer las aventuras, lo hace mucho más sosegadamente y cuando sus interlocutores intentan frenarlo no se enoja con ellos, como antes, sino que se detiene a calmarlos muy reflexivamente. A D. Diego le dice : “que deje a cada uno hacer su oficio. Éste es el mío”; al leonero le deja ponerse a salvo y le insinua ”Oh hombre de poca fe”; nuevamente a D. Diego le manifiesta: “si vuesa merced no quiere ser oyente desta que a su parecer ha de ser tragedia, pique la tordilla y póngase en salvo.”; y Cervantes nos recuerda que “a éstas añadió otras razones, con que quitó las esperanzas de que no había de dejar de proseguir su intento”.

Ahora bien, muchas veces me he hecho esta pregunta: ¿Hubiera emprendido D. Quijote esta aventura si hubiera ido solo por el camino con Sancho, y no hubiera aparecido en escena el caballero del Verde Gabán? En la primera parte quizás si; pero en esta segunda lo veo más dificil, quizas no; creo que la presencia de D. Diego, caballero y hombre letrado, lo motiva aun más, ante lo cual D. Quijote, hombre de armas y con esa pizca de orgullo de caballero, decide demostrar su valentía. Pero una valentia elegante.

Yo creo que D. Quijote solo tenia miedo a una cosa: a que lo tomaran por cobarde. Quería hacerse respetar y esta aparentemente loca aventura de D. Quijote - no tan loca como parece- me lo confirma: el tiene que emprender una aventura tan desatinada y tan especial, que no sea propia de un loco corriente, sino de una persona que tenga un animo inaudito. Cervantes, genio maravilloso, va suavemente desplazando en la mente y en el inconsciente del lector el concepto que tenia de D. Qujijote, el cual ahora no parece tanto como loco, sino que va evolucionando hacia un hombre temerario.

Mi opinión es que Cervantes pensó así, démonos cuenta de que el capitulo empieza con un aviso para navegantes en su titulo, Cervantes no habla de locura alguna, ni de espantable o loca o temerosa aventura, no, nada de eso. Habla de “inaudito ánimo” de D. Quijote.

Primero nos asusta un poco (los leones eran enormes, y no habian comido ese dia), y luego nos llama la atención (“Hasta aquí llegó el estremo de su jamás vista locura…”) , pero en el fondo Cervantes está orgulloso de D. Quijote: “Tus mismos hechos sean los que te alaben, valeroso manchego, que yo los dejo aquí en su punto por faltarme palabras con que encarecerlos”.

D. Quijote muestra su prudencia, antes, durante y después de la aventura, la cual una vez felicemente acabada, le da pie de nuevo para que éste se excuse y quede bien con D. Diego. Oigámoslo.

-¿Quién duda, señor don Diego de Miranda, que vuestra merced no me tenga en su opinión por un hombre disparatado y loco? Y no sería mucho que así fuese, porque mis obras no pueden dar testimonio de otra cosa.

¡Que loco más maravilloso…! ¡Le preocupa lo que piensen de él...! La opinión que se puede tener de una persona resulta del conjunto global de apreciar sus palabras y sus hechos. Hasta ahora sus palabras eran cuerdas y sus hechos eran locos, ¡pero ahora vemos que con sus palabras trata de justificar sus hechos! D. Quijote defiende su honor y su honra, porque ahora sabe que lo están viendo. Para estar loco, habla con mucha cordura.

no puedo dejar de acometer todo aquello que a mí me pareciere que cae debajo de la juridición de mis ejercicios; y así, el acometer los leones que ahora acometí derechamente me tocaba"

Le está diciendo que no ha sido un disparate fruto de un momento de irreflexión suya, sino que se lo pensó bien antes de hacerlo, siendo una acción completamente propia y natural de su oficio. Trata de desdramatizar. Y para terminar de quedar como un auténtico caballero, reconoce que el ya sabia que le pareció una temeridad exorbitante el acometer semejante empresa. El loco sabia lo que hacia. ¿Cómo? ¿Qué un loco sabe lo que hace? Si. Lo dice él mismo:

“...puesto que (aunque) conocí ser temeridad exorbitante, porque bien sé lo que es valentía, que es una virtud que está puesta entre dos extremos viciosos, como son la cobardía y la temeridad; pero menos mal será que el que es valiente toque y suba al punto de temerario, que no que baje y toque en el punto de cobarde”.

“créame vuesa merced, señor don Diego, que antes se ha de perder por carta de más que de menos, porque mejor suena en las orejas de los que lo oyen «el tal caballero es temerario y atrevido» que no «el tal caballero es tímido y cobarde».

Si sabia a que se enfrentaba (y así era indudablemente) entonces es que era verdaderamente valiente, o temerario, si queremos. Hay que tener muchas agallas para hacer lo que hizo, y con la sangre fria con que lo hizo. Y en consecuencia, Alonso Quijano defiende su valentía ante D. Diego. Podrán acusarlo de loco, pero desde luego no de cobarde. Y humildemente opino que Cervantes, como antes he dicho, hace que paulatinamente vayamos viendo a nuestro heroe más como temerario que como loco, desplazando en el subconsciente del lector la opinión que antes teniamos.

D. Quijote se esta elevando de la vulgar locura irresoluta: ahora sus hechos son valerosos, nobles, altos, y su evolucionada locura es una locura reflexiva, serena, altiva, orgullosa, valiente. Inmortal.

Saludos

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Lluvia y nostalgia

Salgo a andar sobre las tres y cuarto de la tarde aproximadamente, justo después de comer y lo hago durante una hora diaria a paso ligero, mis seis kilómetros de rigor. Mi ruta es esta: voy hasta el cementerio (1,5 Km) que bordeo, y luego giro hacia la derecha, por el camino de El Paso, por donde llego hasta los invernaderos (3,2 km), para posteriormente seguir por El canónigo, hasta la carretera de circunvalación, que cruzo a a altura del Centro de Salud (5 km), y finalmente, llego a casa un kilometro después (6Km). Los fines de semana, ando un poquito más.

El caso es que el tiempo amenazaba lluvia pero, desafiante, he salido a andar de todos modos. Pantalón corto azul, camiseta del mismo color calcetines blancos y zapatillas de deporte. Nunca me llevo el móvil. El paisaje es precioso, en medio del mar de olivos y con la Sierra de la Golondrina como mi vigía.

Llevaba poco tiempo andando (unos quince minutos, o lo que es lo mismo kilometro y medio aproximado, pasado ya el cementerio), cuando empieza a llover: una insistente lluvia que calaba. Como no era muy fuerte, aunque si persistente, he optado por seguir andando y hacerme la ruta entera, los seis kilómetros, desafiándola. He llegado a casa completamente mojado y empapado, pero feliz, porque tenia muchas ganas de hacer algo asi, y hoy lo he conseguido: jamás he estado tanto rato bajo la lluvia, la cual caia dulcemente sobre mi, mojándome por completo.

Andar bajo la lluvia por un camino rural, en completa soledad es una buena experiencia. Para mi al menos ha sido maravilloso, he experimentado una sensación de profunda paz y sosiego, además de invadirme un agradabilísimo olor a tierra mojada. Me he sentido completamente a merced de la naturaleza, no se cómo explicarlo, algo asi como estar tranquilamente dormido en el regazo de tu madre.

Normalmente mucha gente anda por la misma ruta que yo, pero hoy no había ni un alma. Solo el loco que os escribe, con ganas de mojarse, ha hecho la ruta integra.

La lluvia seguía cayendo. No venia acompañada de aparato eléctrico (rayos, truenos y demás), porque ha sido una lluvia muy pacifica, mansa y placentera. Quizás sea muy raro, pero ¡he disfrutado mojándome...!

Y he vuelto a acordarme de mi padre: le gustaba ver llover. Yo tenia pocos años, y recuerdo aquellas noches de invierno en las que abría la ventana de su habitación, muy de noche ya, y veía la dulce y mansa caída del agua. A veces me llamaba, sabia que también a mi me gustaba ver aquello. De pronto, el agua de la lluvia se ha mezclado con las dulces lágrimas de su recuerdo.

He llegado a casa a las cuatro y cuarto aproximadas. Una rápida ducha caliente, café solo, y a las cinco de la tarde marcho al Bufete. El agua seguía cayendo y, quizas por este otoño que tan melancólico nos pone a mas de uno (a mi, en concreto, me ataca en extremo), he experimentado una profunda tristeza y melancolía. ¡Como me hubiera gustado que estuviérais aquí, conmigo, e invitaros a un café y a una larga conversación…!

Saludos.


martes, 29 de septiembre de 2009

El desafio.

A veces culpamos injustamente al mundo de nuestros errores. Buscamos a nuestros enemigos por muchos sitios, en el bar, en el trabajo, en el cine, hasta en casa.

Olvidamos con ello que en muchas ocasiones nuestro peor enemigo, con diferencia, se esconde dentro de nosotros: somos nosotros mismos.

A veces hemos de atrevernos a luchar con ese enemigo interior, invisible, a fin de arrancar de nosotros todo aquello que nos haga infelices; todo aquello que nos quite la paz interior, o que nos impida crecer y madurar como seres humanos.

Es un desafio que se nos planteará en muchas ocasiones. Y para ello deberemos de aprender el nosce te ipsum, esto es, conocernos a nosotros mismos, lo cual tampoco es nada fácil.

"Vencerse a sí mismo un hombre es tan grande hazaña, que sólo el que es grande puede atreverse a ejecutarla". (D. Pedro Calderón de la Barca).

Saludos.

domingo, 27 de septiembre de 2009

Perlas de Sabiduria (IV)

Los fines de semana que puedo y tambien en vacaciones, me gusta leer y también pensar y meditar las frases pronunciadas por hombres y escritores famosos. Se podrá estar o no de acuerdo con ellas, pero detrás de algunas se esconden años de experiencia y una profunda sabiduría.

Las tres primeras son de Khalil Gibran, y las tres siguientes de André Gide.

Protegedme de la sabiduría que no llora, de la filosofía que no ríe y de la grandeza que no se inclina ante los niños.

No busques al amigo para matar las horas, sino búscale con horas para vivir.

Del hablador he aprendido a callar; del intolerante, a ser indulgente, y del malévolo a tratar a los demás con amabilidad. Y por curioso que parezca, no siento ninguna gratitud hacia esos maestros.

Cree a aquellos que buscan la verdad, duda de los que la han encontrado.

El secreto de mi felicidad está en no esforzarse por el placer, sino en encontrar el placer en el esfuerzo.

Muchas veces las palabras que tendríamos que haber dicho no se presentan ante nuestro espíritu hasta que ya es demasiado tarde.

Termino ya. Lo hago con un viejo amigo de todos: Albert Einstein.

Todos somos muy ignorantes. Lo que ocurre es que no todos ignoramos las mismas cosas.

¡Triste época la nuestra! Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio.

La vida es muy peligrosa. No por las personas que hacen el mal, sino por las que se sientan a ver lo que pasa.

Hay dos cosas infinitas: el Universo y la estupidez humana. Y del Universo no estoy seguro.

Los grandes espíritus siempre han encontrado una violenta oposición de parte de mentes mediocres.

Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad.

Intenta no volverte un hombre de éxito, sino volverte un hombre de valor.

¿Qué sabe el pez del agua donde nada toda su vida?.

Educación es lo que queda después de olvidar lo que se ha aprendido en la escuela.

Lo importante es no dejar de hacerse preguntas.

Cada día sabemos más y entendemos menos.

Si no chocamos contra la razón nunca llegaremos a nada.

Saludos.